12.15.2008

invierno

Al principio todo era muy extraño, las cosas tenían formas, gustos y dimensiones diferentes. El aire era distinto, los árboles, las voces y sus tonos. En medio de todo esto trataba de conocer y familiarizarme; sobre todo con el gris del ambiente, la ausencia del sol, la tonalidad extensiva de todo cuanto veía. Aún intento entender el invierno, verlo como a alguien que ha vivido conmigo desde mi infancia y a quien le conozco todas las manías y exentricidades; pero el invierno o otoño ( estas distinciones aún no puedo percibirlas) se me muestra esquivo, como alguien extranjero con quien tengo que convivir. Yo sé que tarde o temprano terminaremos hablando el mismo idioma y este entendimiento seguro tendrá aun especial descubrimiento, porque tal vez sea este el único invierno que viva.

A veces sueño con el trópico, saboreo el calor de la arena y el manso sonido de las olas. Estos sueños, aclaro, no son nostalgia, sencillamente son una parte de mi identidad, aquella de quien me he separado teniendo que seguir siendo yo misma. Pero al igual que con las playas, o lo que quiera pensarse también he perdido muchas cosas importantes porque se me ha dictaminado a mí y a los demás.Así siempre todos fingimos que seguimos siendo iguales aunque la marca del tiempo demuestre lo contrario.

Así que están bien las playas en los sueños y el sentir el presente de otoño-invierno, ese extraño con quien convivo, y al que me apego, debe de reconfortarme. Y así está bien, no he de quejarme, siempre es bueno la irrupción de lo nuevo, el divertimento de la inexperiencia, la sensación de vitalidad producida por la certeza de que la vida no se ha acabado,´que aquello y esto no lo son todo.

12.04.2008

Asesinan al Fast Food


Miro un programa de televisión, es de mañana, la presentadora dice: “por primera vez se obtiene una disminución en la incidencia de cáncer en EEUU”. Pienso entonces inmediatamente que esta es la mejor noticia de todas; sueño o divago, en pocos minutos, con las millones de lágrimas ahorradas, de angustias, de entierros y sufrimientos. La presentadora agrega: “Se cree que esta baja es debida a los mejores tratamientos, los avances en la ciencia, el desarrollo de la industria farmacológica y los cambios de los hábitos de vida de las personas, ahora, se han vuelto más saludables”. Por primera vez en mucho tiempo me siento feliz, imagino a muchas personas tirando el cigarrillo en la bacinilla, corriendo en parques y comiendo brócoli y tomate crudo. “Su tumor es benigno, señora” ---dice el médico--- Esta es la más dulce y epifánica sentencia que alguien le puede dar a otra persona---me digo yo---.

Todo es transitorio, sin embargo. Como decía Héctor Lavoe todo tiene su final y lo tiene. Pero qué importa, es la esperanza, es el alivio y experimentarlo bien vale la pena.

11.26.2008

Lo jut(S) t o

Es difícil encontrar una idea adecuada, que defina la siesta interminable del mundo. Porque todos duermen en mazmorras, porque todos sólo piensan en sí mismos. Tal vez sea mejor comprender que a veces es bueno el retroceso. El mundo debe servirse de la austeridad (pero esto ya no lo queremos), porque antes gastábamos más (esto queremos superarlo), teníamos demasiado a nuestra disposición (esto queremos mantenerlo). Ahora, ahora, ahora, manejamos entre velas, apagamos los impulsos de debajo de los mares, comprendemos la comodidad y el placer de lo justo ¿Qué es lo justo?

11.12.2008

Retrato de la mujer de las uñas moradas

La mujer de las uñas moradas carcomidas, desconchadas y brillantes. Entró en el metro dando traspiés, su estatura era mediana, ensillaban la punta de su nariz un par de gafas grandes de grueso vidrio. Su boca medio pintada estaba crispada, su mirada ausente, nublada de entendimiento. El cuerpo, cubierto de una cantidad generosa de abrigos, se mecía constantemente con el temblor de los rieles del tren.

La mujer de las uñas moradas cargaba una bolsa que contenía almohadas pequeñas, miraba de repente con una penetrante intensión asesina. Pensé que estaba trastornada y en ese momento, con mórbido estupor, empecé a imaginarla loca, en su piso diminuto, clavando el cuchillo en la carne de cerdo con vehemencia psicópata. Aquella mujer, una desequilibrada que más de una vez siente el deseo escandaloso de ahorcar a su propio hijo que llora chillón e inocente en la cuna.

Supongo que no podría ser entonces una prostituta vestida de actriz, una ninfómana sadomasoquista o una satisfecha ama de casa. Pasar, pasar y yo alejándome rápidamente del ritmo de los rieles, pensando en que cada día alguien acuchilla una carne pronta a cocinarse con toda lla intensión de hacerla pagar todas las culpas.

11.04.2008

Paseo de metro


He querido tomar fotos aquí en Madrid pero no tengo ninguna cámara fotográfica. A veces se me han presentado oportunidades inigualables para detener en el tiempo momentos memorables para mi visión; hombres vestidos estrafalariamente con cabellos achiclados y uñas gastadas, mujeres viciosas a flor de piel, deslumbrantes lectores de metro, paisajes encumbrados de hojas sepia, paseantes distinguidos, risas incongruentes, viejos particulares. La cámara no ha estado.

Trato de retener en mi memoria todos estos acontecimientos cotidianos para los madrileños pero nuevos para mi. Es mi extrañamiento dentro de una nueva mecánica cotidiana a la que tengo que acostumbrarme temporalmente. Sé que mi perspectiva y mis deseos de fotografiar con mi memoria ciertas imágenes a medida que pasa el tiempo, conservando ciertas reminiscencias, son absolutamente subjetivos. Son mi lente y mi ojo los que remembran continuamente aquello visto, los que me impulsan a describir a toda esta gente extaña, a tratar de retrarlos tristes, con sus caras somnolentas, con sus millones de putadas encima, es todo esto lo que me obliga a traspasar el tiempo con la escritura. He intentado entonces decirles que he tomado muchas fotografìas en mi mente, sin emargo me quedan miles de variospintos sabores e imàgenes fugaces. entre todo, si hiciera una mescolanza, me quedaría con una sensación sencilla de melancolía matizada con alegría.

ya escogeré una imagen cada tanto para describir, prometo no decepcionar.

10.26.2008

Aquí en Madrid

En Madrid es mejor acostumbrarse a las diversidades; la cantidad de gente friqui que vive en esta ciudad es inmensa, aparte el metro es una fauna de canciones mañaneras con gente que se concentra hasta la indencia en lecturas de diversas características. Mis impresiones de Madrid la verdad serían muy particulares, para mi las ciudades tienen el cariz que cada quien le impregna con sus predisposiciones psicológicas y sus movidas particulares. Creo que Madrid baila siempre y se contenta cuando el que vive en ella se contenta. Puede llorar también contigo cuando estás triste, te consuela.

En Madrid no he tenido tiempo, me he visto como en medio de una lluvia de papelillos con un mensaje diminuto escrito en su diminuta también superficie. Todo me dice algo, pero no tengo tiempo de descubrirlo. Aquí si te conformas con lo la diversidad de lo cotidiano no te alcanza la vida para describir los millones de estímulos. Creo que estos nueve meses serán más cortos de lo que pensé.

9.21.2008

Porque me voy

Estimados merodeadores Blogueros:

Por motivos de mi viaje y futura estancia estudiantil en la capital española, dejaré de escribir por un período de tiempo incierto. En realidad tal vez (aclaro) todo esto sea pura bulla y yo no pueda separarme de mi blog y sobre todo de todos ustedes que me visitan. He escrito un texto un poco largo, está abajo en forma de entradas sucesivas, pueden comentar cuando gusten ( me gustaría que lo hicieran) y yo, que seguro no dejaré de escribir porque no puedo estaré pendiente.

Esta despedida es de mentiritas y forsoza porque tengo que viajar, buscar una casa y hacer un montón de cosas. Mudarse a otro país es un chollo, una cosa del corazón y de papeles y trámites, algo muy estratégico y un poco acojonante, como dicen los españoles. Allí están entonces mis sucesivas entradas, y se les quiere mucho.

Esto es algo escrito

En este momento pienso que esta página en blanco es el recipiente de mi novela, mi primera novela, la que no he escrito, la que no tengo ni idea de cómo puede empezar, la que añoro y a la que no soy capaz de encontrar por miedo, por resignación, por temor. Hay muchos indicios que deberían decirme que estoy lista, que este es el momento, sin embargo yo sigo sin atreverme, sin lanzarme, sin considerar que hay que empezar a pensar que es posible.
Así comencé yo mi blog, porque necesitaba que alguien me leyera, porque tal vez mi alma estaba hambrienta de mostrar lo interno a lo externo, yo tenía sed de diálogo, tenía sed de canto, tenía sed de comunicación. Había una especie de tapón que reverberaba tórridamente, porque tenía muchas presiones dentro de mí, en ese entonces se encontraban en mi adentro muchas necesidades que no se remitían a las cosas materiales. En verdad nunca he pensado en las cosas materiales como algo importante, siempre he considerado que son proyecciones absurdas de una escasez interior; cuando no hay nada interno que nos satisfaga, recurrimos a tratarnos de sentir plenos con las cosas materiales. Escribir era una necesidad de búsqueda de refugio. Necesitaba encontrar un hogar psicológico, llegar a conclusiones estables sobre las situaciones que me rodeaban, entonces escribí. Pero yo insisto, necesito una novela, ya no me satisface escribir sobre mis conclusiones internas que sí, me atormentan, pero creo que necesito ya canalizarlas en forma de arte.
Realmente quiero que todos sepan que yo no quiero escribir porque no puedo, realmente me gustaría comenzar una novela, he pensado en varios temas, uno de ellos es la soledad---ya sé que está trillado--- de la amistad desde el enmudecimiento del yo. Una soledad producida por el término del la plenitud amistosa. Se acaba entonces la amistad, o se desvanece, esfuma (esto en la mayoría de los casos), se pierden los vínculos porque nos esforzamos por tener una familia, por criar hijos que pueden ser instrumentales y nos pueden servir de algo, pero en la mayoría de los casos: si alguien va a tener un hijo con este fin que se olvide. Y bueno, ahí está la mujer cualquiera, corriente, casadota, con su maridote, teniendo hijos copiosamente, fornicando copiosamente, pariendo y pariendo, gritando, chasqueando, pintándose las uñas, produciendo en cada uno de sus instantes una vida vil, absurda, abúlica, una vida infeliz signada con la bendición divina de la sociedad y de la cultura.
Creo que cada mujer debería preguntarse si hay regreso para volver a ser ella misma, si hay un camino de retorno hacia lo que cada quien es en realidad, si la mecánica perversa de la producción de bienes y servicios sirve realmente para algo, para vivir, para consumir, para desechar. Lo más paradójico es que nos molestan los desechos. Nos estorban los desechos. Cuando nos incineran somos desecho, cuando nos aniquila nuestro cuerpo: morimos, somos desecho, y para disfrazarnos bonito la cosa nos meten en un pipote de caoba, o madera rudimentaria, un pipote con una cubierta de vidrio, y allí, todos, con los ojos cerrados cómo ángeles, somos desecho. Como desecho vamos a parar a un hueco de tres metros, subterráneo, y ahí mismo pernoctamos por el resto de los tiempos en forma de desecho.

Esto es Ficción

Me desvío, quería hablar de la amistad, o tal vez presentarme, o decir quién soy, o hablar de lo que quiero escribir, o querer que esto sea un cuento, o simplemente mentirles a ustedes. Me presento, algunas cosas ya he dicho de mí, ya saben que tengo un blog, que quiero escribir una novela pero no puedo y que pienso que todo es desecho. Tras este recuento de mi persona, les digo que soy una pobre imbécil. Una mujer, si es que antes no sabían mi sexo. Una pobre imbécil que no entiende la mecánica de nada, porque ha vivido en el mundo de Alicia en el país de las maravillas. Tal vez entiende demasiado, por eso quiere entender cómo dejar de entender unas cosas y empezar a entender otras un poco menos absurdas, más reales, tocables, terrenales. Y bueno, quería hablar desde un principio de la novela que quería escribir y que trata de la amistad, realmente es una historia un poco triste, quizá melancólica, apacible, donde no pasa mucho excepto la pobre frustración de un personaje gris, anodino, digno de lástima.
El personaje en cuestión es un fantasmal ser humano que hurga su vida pasada con el fin de encontrar un pus divino que lo haga recrearse en su condición de víctima. Mi personaje quiere sufrir, es un abuelo corroído, pero no se conforma con lo normal, necesita lacerarse psicológicamente, para eso se escarba, se mancilla la memoria, hasta que encuentra un poderoso motivo para el dolor: la soledad, la pérdida de la amistad sincera y profunda. Entonces este hombre empieza a repasar su vida completa y se da cuenta que no tiene con quién hablar de Los Leones del Caracas, no tiene con quién compartir una cervecita, no tiene con quién salir a apostar caballos, sellar el cuadrito, perrearse a una buenamoza mujercita que le pela el diente a quien sea. Mi personaje debe llamarse Marcos. Se me ocurrió que un personaje con tal nombre debería ser un digno personaje, con laceraciones internas, tormentos interesantes, un conflicto digno de un lector turbulento y pedigüeño de aventuras rocambolescas.

Esto es Ficción sobre...

Yo pienso en Marcos. Pienso en Marcos, repito. Y pienso en su soledad, entonces me imagino a mí misma frente a la computadora escribiendo algo sobre Marcos y no puedo seguir escribiendo nada, porque en mi imagen de él, él me parece soso, incongruente, indigno de ser retratado a través de mis letras. Yo, pienso más aún en mí, me detesto porque Marcos me detesta porque no puedo escribirlo. No puedo hacerlo hablar. Entonces me siento como una cruel asesina, sólo en ese preciso instante soy la pobre imbécil que antes dije que era, pero en realidad no lo creía cuando lo dije, porque en serio yo solo quería impresionarlos a ustedes que me leen e imaginan que siento un fracaso muy grande porque no puedo escribir nada de Marcos, viejo viril psicológicamente pero absurdamente chueco físicamente; Marcos, viejo solo, no puedo escribirte.
Al menos supongo entenderán cómo me siento, sabiendo que soy una pobre imbécil con anhelos. No hay nada más triste que ser una imbécil con anhelos. Porque ser pobre imbécil sin desear ser nada es maravilloso, es la mejor bendición que le puede ocurrir a cualquiera. Una persona es nadie y no desea ser alguien. Una persona es imbécil y no quiere ser distinta. Una persona es quien es y está orgullosa de serlo. Volviendo a Marcos mi anhelo principal en la vida es escribirlo, hacer una magnífica novela sobre él. Marcos un viejo solo sin amigos, que ha perdido paulatinamente a todos, mira sus rostros, y no los recuerda, mira su vida y se siente más patético, miro a Marcos y me miro a mí, soy un patético personaje, debería en vez de escribir sobre Marcos escribir sobre mí, la pobre imbécil, este hermoso nombre con apellido que yo me he auto impuesto heroicamente, justamente.

Esto es Ficción sobre Ficción (...)

Esta página en blanco solo ha quedado como un recipiente inerte. Marcos debe reescribirse en mí, apoderarse del universo ingrávido de la nada, tratando de volver, debe exigir nacer, es un ser extraordinario porque existe sin haber nacido. Es como el hijo que pensamos tendremos algún día pero que no existe mientras no lo tenemos, se encuentra en la imaginación, es una posibilidad, no existe, repito, no existe, no existe, no existe. A quien quiera leer, Marcos nacerá si finalmente el espermatozoide fecunda al óvulo inexistente, Marcos tal vez nunca ha existido, o sí, ya existe, pero está enfermo, no puede asistir por eso a esta disertación de su nacimiento, no pudo venir, por eso es pensamiento. Un pensamiento que trata de materializarse en esta página que estaba en blanco y que pretendía ser una novela, esta página de computadora Word. La imposibilidad de un nacimiento deviene de la imposibilidad de crear algo. Tal vez quien esto escribe se encuentre atrapada entre paredes estériles, tal vez se haya bañado con un agua infinita de gris y anti reproductor químico, tal vez tenga una cuenta pendiente con muchas cosas y necesite saldarlas para salir adelante y crear, tal vez qué se yo, las cosas ocurren porque sí, las causas de las cosas a veces son secretos que no debemos nunca saber.

9.12.2008

Gunter Eich

De Gunter Eich puedo decirles que es alemán, nació en 1907, por lo que pueden deducir que vivió todos los horrores de su tiempo. De Gunter Eich quiero mostrarles esto, ustedes juzguen si era o no un verdadero poeta:

I

Recuerda que el hombre es el enemigo del hombre
Y que suya es la destrucción.
Recuérdalo siempre, recuérdalo ahora,
En este momento de abril,
bajo este pesado cielo,
mientras te parece oír el crecimiento como un mensaje
/crujido
Y las campesinas arrancan los abrojos
bajo el canto de las alondras;
recuérdalo siempre también en este momento.


Cuando saboreas el vino en las bodegas de Rander
[sacker
O cortas naranjas en los huertos de Alicante,
Cuando coges el sueño en el Hotel Miramar juanto a
[la playa de Taormina,
O alumbras una vela el día de Todos los Santos en
El cementerio de Feuchtwangen,
Cuando tú, pescador, levantas la red en Doggerbank,
O en Detroit arrancas un tornillo de la cinta deslizante,
Cuando plantas arroz en los escalonados campos de
O cabalgas en mulo por los Andes. [Sechuán,
Recuérdalo.

Recuérdalo cuando dulcemente te acaricia una mano,
Recuérdalo cuando abrazas a tu mujer,
Recuérdalo al oír la risa de tu hijo.

Recuerda que al cabo de las mayores destrucciones
A cualquiera le será fácil demostrar que es inocente.

Recuérdalo:
En lugar alguno sobre el mapa quedan Corea y Bikini,
Solo en tu corazón.
Recuerda que también tu eres culpable del terror
Que lejos de ti alguien ejerce.

9.07.2008

PASTORAL AMERICANA. PHILIP ROTH (Impresiones)


Para: Douglas y la Sirena Varada, con afecto


Como ya dije hace poco se me ocurrió leer a Philip Roth. No conocía al autor, tenía el libro simplemente allí, agarrando lluvia y polvo. Un día leí una crónica sobre uno de sus libros “Everyman”, entonces quedé profundamente conmovida con el argumento y con la hondura y la exhaustividad con que el autor plasma la vida humana, en su cruel sentido.
Leí “Pastoral Americana” porque era el único libro que tenía, confieso que busqué “Cada hombre” por todas las librerías de Caracas sin éxito. Pensé al terminarlo que debía escribir algo sobre él, pero no podía hacerlo inmediatamente, las razones son muchas, una de ellas; que el libro te deja tocado del coco, es decir, una vez cierras el cartón de la contraportada te respondes a ti misma muchas cosas que antes no comprendías de la vida, de las personas y del mecanismo social que cargaremos hasta morir. No podía escribir sobre “Pastoral Americana” en ese instante porque sabía que no diría completamente lo que tenía que decir de esta novela y ahora no sé si tampoco.
La historia es metaficcional (hay una historia metida dentro de otra historia) y esta es contada por Skip Zuckerman, un escritor reconocido, con una operación de cáncer de próstata y cuya motivación a escribir esta específica historia se ve impulsada por el impacto de la contradicción entre lo que creía de alguien a quien había admirado profundamente y lo que realmente era . El relato en cuestión se centra en un personaje real convertido en ficción, conocido de Skip: el Sueco Levov, un deportista abnegado, líder en todas las competencias, exitoso hombre de negocios, esposo maravilla, en fin…
Las distintas caras del personaje del Sueco, un perfecto espécimen del decoro, son escudriñadas puntillosamente por el autor, quien a través de los contrastes muestra a nuestro lector lo que puede llegar a sufrir una persona profundamente “afortunada”. La novela que está estructurada en distintas capas, separadas por tiempo y puntos de referencia narrativos y va adicionando perspectivas a la vida de este hombre maravilla. Dichas perspectivas relacionan, en sus distintos ángulos las distintas facetas de la sociedad norteamericana tomando al Seymour Levov “El Sueco” como metáfora del triunfo y la tragedia.
El sueco es un afortunado, que se cree afortunado pero que en realidad (en medio de su paraíso circunstancial, genético y volitivo) ha comprado los boletos de abordaje de una vida de infierno. El sueco ha asistido sin querer a una vida de escenografía, con un mundo de cartón piedra que llegado el momento se derrumba con el advenimiento terrible de tener una hija terrorista que lo reniega y aborrece y que de paso desaparece de su vida. Y la tragedia de la hija es solo el comienzo de su padecimiento por aquél camino de espinas que lo define y que finalmente caracteriza a este hombre desde todos sus ángulos; el sueco judío (¿redentor de su sociedad americana?), rico; el sueco esposo de Miss New Jersey, el sueco padre sacrificado de una hija asesina y Jainita, el sueco extorsionado, el sueco cornudo, el sueco divorciado y por siempre atormentado. No cabe duda que Roth nos ha regalado una obra de arte a través de la cual no sólo podemos pasar un rato agradable, sino también obtener una lección de vida, de realidad, de máscaras, de espejos refulgentes que proyectan la cruz interna que cada quien padece.

9.01.2008

Normal


Me he estado preguntando últimamente qué es realmente ser normal. La campana de Gauss no pudo explicarme. Si yo soy normal (esto es un ejemplo) no puedo ser pureza normal porque ser pureza normal es estar metida en la barriga de la campana en todas las variables posibles que pueden definirme, entonces dudo que yo sea normal (esto es parte del mismo ejemplo).
La normalidad, según mi humilde criterio, va de la mano del aburrimiento y el aburrimiento es lo más gris, uniforme y castigador que hay. Prefiero entonces no ser normal absolutamente; sin embargo, si tuviera que esperar a alguien que me haga compañía preferiría que lo fuera. La normalidad es predictiva, y en el fondo, aunque nos cueste aceptarlo, a nosotros, sí, también a mí (y aquí soy normal) no nos gusta sobresaltarnos con cosas anormales. Las cosas anormales causan incertidumbre y la incertidumbre continuada es una desdicha (al menos para la gente normal en este tema).
Lo anormal tiene algo de divertido, desastroso y siniestro. No es bueno ser demasiado normal, ni anormal, habría que estar en la media, es decir, habría que estar en la barriga de una campana cuya variable o línea infinita mida la normalidad ¡Qué rollo! Mejor me despido y no los sigo agobiando, pero será por poco tiempo, no se librarán de mí, tal vez las vacaciones me sigan haciendo pensar en cosas ridículas o normales como estas.
Por cierto, leí a Philip Roth: “Pastoral Americana” preparo algo con lo que pueda dar definición a esa novela y a lo que sentí al leerla, ha sido increíble, aún pienso en ella, ha sido increíble.

8.27.2008

Impresiones de un viaje en autobús


Montada en el autobús de Rodovías, en mi viaje de Caracas –Cumaná, me atreví tímidamente a abrir la cortina de la ventana. En estos autobuses se prohíbe terminantemente abrir las cortinas, las razones que dan los que confeccionaron este reglamento son varias: En el día; el sol penetra directamente con la cortina abierta y termina haciendo un calor enorme a pesar de que el eficiente aire acondicionado (no se sabe cómo pero siempre están a -3) hace de las suyas. Si cualquier distraído pasajero osa entreabrir con las yemas de sus dedos un diminuto ángulo de la cortina, inmediatamente, un copiloto trajeado con un uniforme de aviador deslucido hace su aparición y regaña humillantemente al pasajero prohibiéndole que abra la ventana.
De noche la cosa se pone intensa, la razón principal es una modalidad de delincuencia que consiste en el lanzamiento de una piedra de grandes magnitudes hacia una de las ventanas del autobús en marcha, con esto se busca que el accidente haga detener al autobús y por consiguiente pueda ser atracado con suma facilidad. Esta regla prolijamente confeccionada (sólo en este caso) sirve para exhortar a los pasajeros desprevenidos a cerrar hermética y claustrofóbicamente las ventanas del autobús con el fin de preservar sus integridades físicas. De esta manera se manejan las reglas viajeras en cualquier autobús de rutas extraurbanas en Venezuela (mi querido país).
Era de día, yo no puedo con estas normas, abrí la ventana poco después de sentir el autobús en marcha y respirar con alivio pensando que el deslucido copiloto estaba distraído. Observé entonces la colección de ranchos en los cerros caraqueños. Vi las sábanas, miles, oreándose en las tímidas ventanas de bloques rojizos, todas de colores vivos propios del trópico. Pensé en cómo se debe de vivir lavando aquellas sábanas, trepada una en rancho de esos, cómo puede alguien subir esas empinadas escalinatas todos los días, llegando a las once de la noche de un perro trabajo, con cuyo salario apenas se puede comprar el detergente para lavar y la carne pellejuda y grasienta para mal comer. Cómo se puede vivir en la noche, escuchando el silbido de los disparos, cómo con el miedo, la rabia y la impotencia de sentirse inocente, huérfano y tener que aceptar un destino (¿Es que hay otra forma de vivir?) no elegido.
Entonces el autobús pasó Guatire, Guarenas, y siguió adentrándose en las carreteras mirandinas, miraba entonces por la rendija de la cortina el escenario rural, sábanas y ropa vieja dispuestas en extensas cuerdas alargadas en los patios pobres, llenos de perros flacos, sillas viejas. Solo una palabra se me vino a la mente: deterioro con todos los recursos, con toda la bonanza genética territorial. Deterioro; social, urbano, moral, educativo; deterioro. Tal vez hubiera sido mejor que nunca hubiéramos tenido las cosas fáciles, tal vez la historia nos dé un castigo y nos haga aleccionarnos, tal vez seamos demasiado jóvenes en tradición, tal vez no hemos aprendido.

8.18.2008

Jugando a los dados

El azar es el comienzo, ningún comienzo deja de ser azar, aquél que pareciera ha existido siempre, incluso desde antes del nacimiento, se materializa a manera de circunstancia en azar. Ese encuentro fortuito, esa mirada que se capta y es interpretada, ese juego de la seducción que se transforma en un estímulo que desencadena el sentimiento amoroso de ese receptor. El azar progresa, hace que esos dos cuerpos se interesen, conecten, comulguen; empiecen a compartir un modo de relación más estrecha, que se vuelve finalmente íntima. Entonces, en este caso (porque estoy usando esto como una nota de ejemplo y lo utilizaré para otros fines literarios) el azar es negativo. Estaba predestinado aquél encuentro, aquella mirada primigenia a fracasar, sea por las razones que sean. Viene la decadencia, los árboles se encojen, el cielo, todo el color que tiene el mundo, y se produce la forzada ausencia. Se ha acabado, hay que empezar el duelo en todas sus etapas. Allí, en medio de ese duelo, con esa resignación tan grande y obscena hay que sobrevivir y el hombre como es dócil, imbécil en el fondo, trata de recuperarse. Y así se desarrolla aquella historia amorosa. Aquél estado que fue iniciado por el azar: se tiraron los dados, fue un juego de probabilidades y redes interconectadas por coeficientes de correlación. Esa es la vida en términos estadísticos y ese, no escapa a la estadística y porqué había de hacerlo, es el amor.
Entonces concluyo que el amor es matemática, estadística, probabilidad y dados. En un principio, claro, en un principio.

8.11.2008

Finalmente un poema Piaroa

Tenía días pensando qué colocar en la entrada. Estaba aletargada, sin motivaciones poderosas que almacenaran pulsiones lo suficientemente fuertes para escribir algo adecuado, interesante, lleno de sentido existencial o literario. Con los días, el letargo aumentó y un cansancio progresivo se fue apoderando de mi alma, entonces, pensé en escribir, me vi frente a la hoja digital de Microsof Office Word y no podía siquiera atinar un sólo carácter. Entonces, me puse a leer, desesperadamente, con ansia infinita, leí de todo un poco, recabé en mi memoria y encontré este poema, perdido y como dejado al descuido en una revista literaria de hace mucho tiempo. Es un poema de la etnia Piaroa, realmente pienso que los piaoras eran verdaderos poetas. Verdaderos.


Si tu me miras
soy como la mariposa roja;
si me hablas,
soy el perro que escucha:
si me amas,
soy como la flor que se abre
en tus cabellos;
si me rechazas,
soy la canoa vacía
que va sobre la corriente,
y se rompe en la roca


Poema Piaroa

8.02.2008

Premios Dardo 2008


PREMIO DARDO "Este premio reconoce los valores que cada blogger muestra cada día en su empeño por transmitir valores culturales, éticos, literarios, personales, etc.., que en suma, demuestra su creatividad a través de su pensamiento vivo, que está y permanece innato entre sus letras, entre sus palabras rotas". Quiero agradecer, sinceramente, a la amiga Vanessa Martínez por haberme otorgado este premio que me llena de agrado y contento. A Vanessa gracias por tal gentil gesto, viniendo de ti un honor absoluto.

Como las condiciones del premio incluyen: 1. La vinculación de aquél que otorgó el galardón,2) La puesta en escena del poster del premio 3. la premiación de los blogs que considero cumplen con las condiciones: Así que aquí van los 10 ganadores según mi humilde opinión, sin orden específico:

1) Petru´s Blog: Montañas de Silencio profundos ríos de palabras http://profundosriosdepalabras.blogspot.com/ Este blog me encanta porque siempre me hace reflexionar, sacarle el jugo a mi cerebro con cosas que no sabía y que descubro precisamente cuando me encuentro frente a los posts de Petru. Visítenlo.

2)Natashas´s blog: Vademécum . http://natasha-t.blogspot.com/La escritura de Natasaha es delicadeza, su calidad literaria, su perfección me encantan y soy adicta a su blog, creo que es una escritora de esas por las que hay que pagar mucho para leer un cuentico de una cuartilla o un poema. Debería ser editada por Alfaguara. A mi modo de ver es un nombre que sonará fuertemente en la literatura venezolana. Siempre es un orgullo para mí estar en contacto con ella a través del blogger world.

3)Gilda`s blog: Es indiscutible decir que Gilda tiene un talento bárbaro. Cada artículo suyo despunta creatividad, calidad y asombro. Siempre Gilda me sorprende y me encanta. Adoro leer a esta periodista nata. No hablo más de ella porque es evidente que es necesario consultar su blog y comprobar su calidad.

4) Leonardo Melero´s blog : Este blog siempre está con lo actual, pero desde la particular y especial mirada de Leonardo Melero, este educador que nos escribe siempre y nos renueva constantemente a través de su página. Lo recomiendo ampliamente.

5) Tres Musa´s Blog: La Musa Rella no necesita presentación, es auténtica y su blog es único. Siempre hay de dónde buscar, siempre hay qué descubrir. Musa ya es reconocida en sí misma y lo que yo diga ya lo sabe cualquier lector que haya pasado por su espacio, por eso también la premio.

6) Ophir´s Blog: Ophir es una POETISA. Sus selecciones, canciones de escritura, percepciones y fotograías, merecen muy bien un galardón de mi parte. Estuvo perdida un tiempo y la extrañé, siempre decepcionada porque Ophir no regresaba, entonces retornó y ahora estoy feliz de poder leerla frecuentemente.

7)Sirena´s varadas blog: A medida que aunmento mi conteo me sorprendo de que la mayoría son elegidas y no elegidos. Sirena es una mujer más de mi lista : una talentosa escritora y periodista. La admiro y siempre siento un poco de envidia por ver lo bien que escribe.

8) Noemí´s Blog: Lo que más disfruto del blog Boquitas pintadas son las reseñas, estoy convencida de que Noemí tiene un talento especial para esto, aparte de que su visión de algunas parcelas de la realiad me estimulan mucho y eso siempre es de agradecer.

9)Clarice Blog: Clarice es mágica, yo siempre voy a su blog a pensar y distraerme, a veces hasta he llorado de sentimiento.

10) Cacho de Pan: Bueno, Cacho sabe que lo admiro mucho y que lo premio por lo fan que soy suya, sin ningún tipo de cordura, irracionalmente enamorada del blog de Cacho y de como escribe.


Perdonen todos aquellos a quienes no premié, sé que en esta lista merecían estar algunos más, lo sé, solo había diez puestos, y considero que mi seguimiento ha sido más largo con los galardonados. Por eso puedo hablar con más propiedad de ellos y por consiguiente premiarlos. Besos mil a todos los premiados y espero les haya agradado el obsequio que les doy.

8.01.2008

Margarita está linda a la mar...


Recuerdo ahora aquél poema de Rubén Darío, ese dedicado a Margarita Debayle y cómo recibí aquél cuento (poema)desde que era chiquita, y miré mil veces los dibujos que acompañaban a las estrofas; con aquellos trazos firmes, generosos en cantidad, que dibujaban los largos y oscuros cabellos de la princesa Margarita.
Recité muchas veces aquél poema imaginando el palacio de diamantes, la estrella y el prendedor anhelado. Me encantó el bosque del palacio y la corona del rey, pero lo que más me gustó fue el dibujo del mar con las olas rompiendo a los pies de un árbol de uvas de playa, y la alondra sobrevolando el cielo rosado (pues ese era el color del papel de arroz de las páginas del libro).

Ahora vuelvo a leer el poema de Margarita, lo repaso en mi mente y busco en Google las imágenes que pudieran relacionarse con el cuento (poema). Siempre, tomaba como refencia en mi búsqueda a aquellos dibujos hechos con marcador negro punta fina, tan prolijamente presentados, tan rítmicamente acompasando a aquella marcha impuesta por el poema de Rubén Darío.
Les dejo,en ausencia de aquellas hermosas ilustraciones, la foto de la niña a quien fue dedicado este hermoso, maravilloso y fantástico poema, además de una invitación a leerlo entero, en cualquier página, yo, por ahora, me limito a transcribir la primera estrofa: degusten.

Margarita

Margarita, está linda la mar,
y el viento
Ileva esencia sutil de azahar;

yo siento
en el alma una alondra cantar
tu acento.
Margarita, te voy a contar
un cuento.

7.19.2008

Por la carretera


Una vez pasaba por la carretera Cumaná- Maturín y vi un velorio de caserío. Dos hombres salían de una pequeña casa de vivienda, uno se acomodaba el puño de la camisa, el otro esperaba impaciente con el cabello mojado, señal de que se había recién bañado. Más adelante, específicamente a dos casas de distancia, se aposentaba el coche fúnebre; un poco destartalado, con letras rojas en forma de arcoíris decorando las ventanas laterales. Mujeres con camisas cortas, negras y cabellos pintados hacía mucho tiempo esperaban saliera el entierro. Un grupo sostenía una corona de flores. Ningún familiar lloroso y apesadumbrado se asomaba por la parte foránea de la casa. Supongo que se encontraban adentro, llorando al muerto, dándole el último adiós antes de que se lo llevaran. Había un autobús más adelante que seguramente recogería a los presentes y los trasladaría al cementerio de Cumanacoa, el pueblo más cercano.
En la noche, en medio de un vibrante sonar de grillos, los vecinos contarían alguna historia de aparecidos y los niños miedosos rezarían con más ahínco el Ave María y el Padrenuestro antes de dormir. Tal vez la abuela les diría que los muertos no salen, pero por si las moscas, nunca está de más encomendarse al ángel de la guarda. El muerto de al lado no aparecería, pensarían ellos. El muerto de al lado no sale, el muerto de al lado está en el cementerio. La muchacha adolescente pensaría en el viejo enfermo y no querría verlo más. La abuela, sin embargo, piensa que no queda mucho tiempo, escucha a los grillos y reza el Padre Nuestro, luego el Ave María “Santa María, madre de Dios ruega por nosotros…” Yo voy por la carretera, pienso en mí, pienso en la abuela, en el miedo de la abuela con su cáncer y su sentencia de muerte: su muerte. Pienso que todas las abuelas deben de pensar igual, todas las abuelas con su miedo, todas rezando el Ave María, todas sin querer morirse, con los brazos arrugados, el cuerpo roto, cansado, trabajando a media máquina. Entonces, extraño a la abuela, hace ya tres años sin verla, y pienso en ella y no quiero acordarme porque se me arruga el corazón. Se me pone muy chiquito, y mejor no hubiera visto el entierro en la carretera, mejor no pensar, sí, mejor no pensar que se fue.

7.14.2008

Las cosas que se me ocurren mientras corrijo

Y si tengo los ojos cansados, con los montones de telarañas que abruman mi visión. Me despierto de un sueño extraño, sueño que sueño, pienso en cosas rojas que pasan por un tamiz que en realidad es un caleidoscopio; las cosas se confunden, todo deja de ocupar su lugar para aposentarse en otro. No es que el pasado tenga un espacio, sin embargo, yo sueño que sueño que lo tiene, y entonces los montones de telarañas empiezan a borbotar como fuentes furiosas hacia el espacio.
Yo estoy cansada y sueño que sueño. Quiero que no haya más injusticias, me monto la película en un foto proyector por el que han pasado millones de células de luz que también fueron tamizadas, y entonces pienso que el pasado tiene un espacio real y el futuro también. Siento que el pasado ocupa el espacio de la injusticia y el futuro el del amor. Sueño que sueño muchas cosas pero me salen telarañas en la boca y se me hace difícil hablar, finalmente trato de crearme nuevamente pero limpia de telarañas y no puedo, creo que he quedado atrapada en el pasado, ahora no puedo ocupar ningún espacio presente, el sueño es un carcelero inteligente y no me permite ni siquiera ver las llaves.

7.04.2008

T.V.


He visto televisión: lo confieso. Últimamente, en estos días depresivos, de auténtico malestar emocional, me han hecho advertir que pasar los canales como una autómata distraída te hace sentir peor. La verdad, no sé si esto me había ocurrido antes, tal vez sí y yo no lo recuerdo: El poseer con todos mis documentos de propiedad la sensación de absoluto vacío mientras paso y paso canales sin que pueda decir que algo es divertido, sin que pueda satisfacerme o interesarme con nada.
Tal vez mi percepción esté contaminada, sin embargo, he tratado de ser objetiva, hoy precisamente que me siento un poco mejor. Sacar la cabeza a la luz y seguir pasando los canales a modo de prueba me ha hecho darme cuenta de que la era televisiva de los reality shows es absolutamente detestable ¿Es que no pueden buscar testimonios de gente menos estúpida? Sinceramente no sé hasta cuándo tendré que soportar obscenas cantidades de vidas idiotas mostradas en todo su esplendor en la pantalla. Es pestilente y da un asco absoluto ¿Hasta cuándo?

6.24.2008

Querido James Joyce:



Creo que James Joyce no me ayuda a escribir. Lo tengo en la pantalla del computador, circunspecto, con sus grandes y abultados anillos, aquella mano que cae levemente, casi etérea, su sombrero y sobre todo su mirada, él no está mirando al fotógrafo, mira la lontananza; sus músculos faciales actúan a consecuencia de sus pensamientos, sin embargo, no sé lo que piensa. Sostiene un bastón y ahora miro sus lentes de montura oscura, redondos; su boca semi abierta. Por un momento pierdo la memoria y me olvido que murió, me olvido de que es un objeto hecho imagen y pienso sin embargo que está más vivo que nunca; claro, es Joyce y no puede morir es Dios Joyce con sus Dublineses, con su Finnegans Wake y con su Ulises.
Creo sinceramente que esto de rezarle a Joyce no me da resultados. Pasan los días ingrávidos, yo me siento en la pequeña mesita de madera y lo observo largo rato, trato de pensar luego a ver si él me ha transmitido alguna idea desde el más allá pero al parecer Joyce no quiere acordarse de mí, no quiere transmitirme nada. Yo lo invoco y lo invoco, susurro su nombre en mi mente ininterrumpidamente pero no viene nada. Creo que me ha olvidado y me ha dejado en este rincón inconcluso, en esta vida inconclusa con mi computadora recién comprada, tan bonita, que no puede producir nada porque es mi mente la que está abarrotada o entumecida con millones de líneas mal redactadas, con errores ortográficos e ideas insustanciales. Esto de corregir lo detesto y vuelvo a mirar a Joyce y lo veo perverso como pensando en algo muy interesante y entonces yo lo envidio profundamente, desde mis más hondos y recónditos lugares cerebrales en donde se pudiesen alojar las envidias fisiológicas del cuerpo humano. Ahora me lamento, llena de resentimiento y sigo viendo a Joyce con la esperanza de que me ayude, sea del más allá o desde su Ulises. Quiero escribir un 10 % como tú, tener un 5 % de ti, Joyce, dame una manito, sé bueno.

6.21.2008

Sobre el amor...

"Nada hay que ocupe y ate más el corazón que el amor. Por eso, cuando no dispone de armas para gobernarse, el alma se hunde, por el amor, en la más honda de las ruinas"(p.282).

Umberto Eco(1985) "En nombre de la rosa" Barcelona: Lumen.

6.15.2008

Madrid


Hasta ahora no he internalizado totalmente lo que me espera. Este año debo renunciar a mi trabajo y viajar a otro país para vivir en él durante nueve meses. La oportunidad que se me ofrece es única, estaré estudiando un Master en Filología Hispánica en el Instituto de Lengua Española becada con la Fundación Carolina. Creo que soñé durante mucho tiempo con esta beca y ahora que la consigo, siento una especie de vértigo, puesto que pienso que ser una inmigrante temporal te hace cambiar de perspectiva de vida por el resto de tu existencia. Aunque he visitado varias veces España nunca he vivido en ese país. No sé realmente cómo será sentirse extranjera, caminar por calles que no son mías, escuchar otro acento por mucho tiempo, alejarme de todo y de todos a lo que usualmente estoy acostumbrada; vivir sola, la soledad es buena cuando quieres crear, cuando quieres reflexionar, cuando quieres profundizar y descubrir quién eres realmente tú. He tenido que estar sola por mucho tiempo, ahora mismo lo estoy, a mí me gusta pero no de manera prolongada, sé que la vida tal vez me depare cosas distintas y la experiencia promete ser variada y enriquecedora, sin embargo, no puedo evitar sentir ese vacío en el estómago, ese miedo insipiente.
Ahora estoy en Maturín y llueve, me encanta el olor de la tierra húmeda, lo disfruto tanto o más que un exquisito perfume; soy feliz en soledad. Cuando esté allá me pregunto si lo seré igual, si estar en otro país y en una ciudad como Madrid me hará feliz. Soy optimista, hay muchas líneas aún por escribir:cosas nuevas y buenas se avecinan en mi vida.

6.07.2008

La Mancha De Púrpura de Ramon Lopez Velarde


Poema La Mancha De Púrpura de Ramon Lopez Velarde



Me impongo la costosa penitencia
de no mirarte en días y días, porque mis ojos
cuando por fin te miren, se aneguen en tu esencia
como si naufragasen en un golfo de púrpura,
de melodía y de vehemencia.

Pasa el lunes, y el martes, y el miércoles… Yo sufro
tu eclipse, ¡oh creatura solar!, mas en mi duelo
el afán de mirarte se dilata
como una profecía; se descorre cual velo
paulatino; se acendra como miel; se aquilata
como la entraña de las piedras finas;
y se aguza como el llavín
de la celda de amor de un monasterio en ruinas.

Tú no sabes la dicha refinada
que hay en huirte, que hay en el furtivo gozo
de adorarte furtivamente, de cortejarte
más allá de la sombra, de bajarse el embozo
una vez por semana, y exponer las pupilas,
en un minuto fraudulento,
a la mancha de púrpura de tu deslumbramiento.

En el bosque de amor, soy cazador furtivo;
te acecho entre dormidos y tupidos follajes,
como se acecha un ave fúlgida; y de estos viajes
por la espesura, traigo a mi aislamiento
el más fúlgido de los plumajes:
el plumaje de púrpura de tu deslumbramiento.

5.28.2008

¿Por qué volví a leerme El extranjero ?



Cuando descubrí este extraordinario libro, vivía en Caracas y sabía muy poco de la vida. Era un persona inocente (aún), tenía más amigos que ahora y pensaba que la muerte era lo único que nos igualaba a todos (yo estaba convencida que el mundo era una bacinilla putrefacta con caca).
El libro me fue regalado y recomendado con bastantes aspavientos; se me obligaba prácticamente a leerlo en ese mismo instante puesto que: “había sido conseguido en un remate, por pura suerte de la vida…”. Como la edición era sumamente humilde---papel de prensa; un cartón débil, escueto; color chillón y un dibujo difuso en la portada--- no me llamó la atención ¡qué ignorante era! Sin embargo, pese a mi indiferencia, la insistencia de mi padre fue tal que decidí abordarlo en un viaje en autobús Cumaná- Caracas: Y ocurrió entonces mi revelación.
El señor Meursault se transformó para mí (una adolescente de 18 años) en alguien extraordinario que sabía mucho de la vida, aún y cuando sus valores fueran totalmente extraños y los resultados de su conducta, desastrosos; era un hombre acorde con el verdadero sentido de la existencia, alguien que podía ver más allá, que había internalizado lo que de verdad significaba vivir, que sabía de qué se trataba la mecánica del mundo, del universo e incluso de Dios.
El señor Meursault me desnudó la vida como cuando de un trancazo se corre la sábana para dar paso a una desfachatada y monstruosa escultura. Yo terminé el libro, llegué a Caracas y seguí pensando en el señor Meursault; vi el cielo lleno de luces, aquellos nacimientos trepados en los cerros; escuché los disparos en las noches de Catia, me levanté temprano, asistí a clases, hablé con mis amigos; comí lasaña y mientras hacía todo esto, siempre, pensaba en el señor Meursault. Por momentos lo envidaba, me parecía un ser listo, despojado de todas las emociones terribles de la vida. Le tenía rabia porque a él no le importaba la muerte como a mí. El señor Meursault sabía que no importaban las injusticias, que no importaba nada de lo que sucediera porque en realidad todos somos un trámite entre el nacimiento y la muerte.
Ahora, luego de casi 12 años de eso, volví a recordar a Meursault y decidí inmediatamente volver a leer este maravilloso libro de Albert Camus. No tenía la novela, la había prestado presa de un arrebato de emoción por mi descubrimiento (por supuesto, nunca me la devolvieron); la busqué entonces en internet.
Recorrí sus páginas de manera distinta a como lo hice en aquél viaje en autobús. En el fondo, ya había conocido en mi vida a algunos señores Meursault. Me pareció que el hombrecillo argelino seguía siendo un héroe, pero también como héroe-mártir- inocente--- por poseer el don maldito de la absoluta capacidad para ser sincero--- era un ser peligroso y amenazante. Ese ello solapado que se destapa en la conducta de Meursault fue, a mi modo de ver, una forma de descubrir nuevamente ¡Sí, una vez más! que somos todos peligrosos en esencia. Sin embargo, Meursault (ahora que lo veo) jugó un papel de anticristo en donde todos eran supremamente más blasfemos, hipócritas, incongruentes, crueles y absurdos que él. Y mientras leía y leía admiraba con cada palabra más y más a Camus, me daba cuenta de su genio, del poder de la palabra y de lo hermoso que es despertar a través de sus líneas el espíritu de admiración por la literatura. Quise que mis alumnos lo leyeran y ellos también se emocionaron como yo volví a hacerlo, fue realmente mágico infundirles mi emoción y contagiarles el interés por la historia, el personaje, la filosofía y la literatura: Nada hay más hermoso para mí que eso.

5.21.2008

JIMENA, MUJER




La historia de Jimena es simple: una mujer nació en una familia castradora padeciendo, por años, la terrible angustia de sentirse una abúlica, frígida e insípida solterona. Jimena nunca quiso verse allá abajo; no quería constatar que su sexo, tantas veces imaginado y comparado con el de otras solteronas, podría estar arrugado como una pasa.
Cuando la madre murió Jimena no quiso llorar, en el fondo, ante el duelo, había sentido cierta cosquilla de placer en la parte baja de su vientre, un ligero ardor en los labios inferiores, un encrespamiento y una lava que caía sin querer, que estaba allí, fangosa, moviéndose en la espesura de sus adentros. Había muerto su madre y por primera vez Jimena se atrevió a reconocer un deseo, unas ganas grandes de que algo la poseyera, o alguien.
Guardó luto cerrado por un año mientras practicaba en la soledad de su casa las distintas formas de divertirse con lo prohibido. Gimió, sus manos habían lamido, hurgado, tocado; se habían retorcido de amor y para su sorpresa, aquella vulva arrugada tenía sensaciones antes desconocidas para ella. Cuando hubo sentido aquello sin creer que era pecado; salió desesperada por la calle, miraba, olía el sudor de los hombres. Comprendió entonces que la tarea no sería fácil; no quería que fuese cualquiera, tenía que gustarle. Jimena se convirtió en un animal a la espera observando siempre el estímulo específico que pudiera llevarla hasta su propósito. Ella tenía esa certeza en el corazón: iba a suceder, lo sabía.
Y apareció él; atento, amable, colaborador. Era casado pero eso no tenía importancia para Jimena, no estaba interesada en tener una vida con alguien ¿Para qué? Él la miró con ojos sudorosos, ojos de deseo, constató que el culo aún estaba en buenas condiciones; ella captó la señal. Cuando llegó el ansiado momento él la trató con paciencia, comprendió su situación. Ella jadeó, se contorsionó, se abrió como una flor, sus manos se crisparon, sus pechos fueron manoseados, por primera vez. Terminado todo sintió que aquella nube densa, poblada de infinitas partículas de prejuicios estaba disipada. Se había quitado miles de toneladas que pesaban en su vulva y que reclamaron desaparecer desde su más tierna adolescencia cuando, incólume, las había acallado; primero con miedo, luego con amargura.
Se sentó en un sillón y buscó en su cajón escondido un cigarrillo que había reservado durante años para aquella ocasión. Lo encendió con avidez y se quedó pensando en su sexo húmedo mientras veía las matas de mango que poblaban el patio de su casa. Al cigarrillo le dio una calada y dos; la sensación de mareo era insignificante, estaba feliz. El aire estaba quieto, todo en silencio; entonces Jimena pensó en su madre, en su cara amancillada, en su diminuta boca apretada como un puño, siempre. La recordó largo rato muerta con los ojos cerrados detrás del cristal del féretro. El cigarrillo se acababa y Jimena apuró la calada para aprovechar el residuo antes de que llegara al filtro, advirtió que a pesar de todo seguía feliz. Estaba muerta, muerta, muerta. Y repitió esto largo rato hasta que cayó la tarde y el cielo fue pintándose de rosado amarillento, para luego oscurecerse y quedar azulado.

5.15.2008

OTRA ENTREGA DEL CUENTO DE LA VENTANA


Me pidió por favor esperaba a que se vistiera, que si podíamos hablar en otro sitio, tal vez un café o un restaurante. Asentí y pensé inmediatamente en la situación incómoda a la que me exponía con su mujer y con los demás. No quise, sin embargo, discutirle. Salimos al poco rato. Mislevis me despidió con un saludo agrio, apenas un leve agitar de los dedos y una escueta sonrisa.
Escogí un sitio apartado pero acogedor, nadie nos escucharía. He de repetir que yo era y soy una mujer reservada y no quería que nadie conocido me viera con un jovencito. Juanito me miró impaciente, estaba nervioso. Le insté inmediatamente a que hablara de una buena vez, yo quería saberlo todo. Juanito no hablaba, sólo me miraba a los ojos fijamente con una mueca de disculpa, pensé en ese momento que tal vez quería dinero ¡Cómo podía haber sido tan tonta! No obtendría una versión verídica sin dinero. Le dije entonces lo que él esperaba escuchar: “¿Cuánto?”. Me respondió penoso, casi a modo de queja, con una cifra comedida, insignificante para mí. Hice un cheque al instante pero no se lo extendí, necesitaba primero la información. Juanito entonces se distendió, dio una excusa ridícula por la extorción y empezó a relatarme los hechos.
La mujer y el hombre habían aparecido, una noche de jueves, no recordaba la fecha. Al principio se había sorprendido, los dos sujetos eran atípicos, extrañamente armónicos, unas piezas de arte hechas seres humanos. Juanito no esperaba que le llamasen desde el intercomunicador a esa hora. Sin saber cómo aquellos dos sujetos sabían su nombre, le habían dicho:
―Hey, Juanito, ven aquí, queremos hablar contigo―
Juanito los miró y quedó fascinado, era como haberse encontrado con dos seres carismáticos, fuera de su alcance, frente a frente. Encima estos dos seres maravillosos se atrevían a hablarle,a llamarlo por su nombre,a reparar en él.

5.11.2008

"La enfermedad" Alberto Barrera Tyzska


He leído la novela ganadora del premio Herralde 2006 “La Enfermedad” de Alberto Barrera Tyszka, así que les lanzo esta crítica, que no pretende ser especializada, cuidada, atinada. Parte entonces esta bloguera de tierras cumanesas, de un marco observador y lector muy particular, informal, relajado.
***
Por casualidades de la vida la novela llegó a mi biblioteca pero yo nunca había osado leerla; ni siquiera agarrarla por el lomo, hurgar dentro de ella, ojear sus páginas. Vine a mi casa en Cumaná a pasar el fin de semana de la madre y no había traído nada qué leer, así que estaba la novela allí, invitándome. Fueron horas deliciosas de lectura puesto que la novela es verdaderamente corta y suave, su río argumental es liviano y sus constantes situaciones impiden el temido y común aburrimiento por parte del lector.
El argumento es sencillo: un médico, Andrés Miranda, se enfrenta al terrible diagnóstico de la enfermedad terminal de su padre. A partir de esta funesta noticia el protagonista debe sortear una innumerable cantidad de dilemas poblados de dudas, divagaciones éticas y recuerdos del pasado. Se debate entonces entre la verdad ante un paciente (no cualquier paciente) y la mentira placebo que aminore esa terrible carga que significa la enfermedad.
La otra trama importante también se enlaza al protagonista, Andrés Miranda. Un paciente suyo, Ernesto Durán, sufre constantes ataques de pánico que lo han llevado a un estado de ansiedad perenne, en donde cree perder la vida en cualquier momento. Su única esperanza: este médico atento, que lo examinó en un principio hasta que dictaminó su perfecta salud y la inutilidad de posteriores chequeos. Sin embargo, el paciente no entiende, se ofusca y se obsesiona hasta llegar al punto de abrumar al médico llamándole, siguiéndole y mandándole largos y desgarradores emails, que por supuesto, Miranda ni se digna a leer. Es entonces cuando la secretaria de Miranda (que atiende todas las llamadas y correos del paciente obseso), se empieza a introducir en la historia de Durán, a imaginarlo, a fantasear con su existencia e incluso involucrarse hasta el punto de usurpar la identidad de su jefe y contestar ella misma a los emails de Durán.
El desarrollo de la historia, por supuesto, está plagado de anécdotas pasadas del protagonista, recuerdos y sucesos oníricos que están íntimamente relacionados con la tragedia que representa La Enfermedad cercana y el abismo de la muerte de un ser querido.
Desde un punto de vista panorámico la novela retrata de manera muy vívida ese transcurrir del tiempo que irremediablemente lleva a ese estadio antecesor a la muerte. La Enfermedad es pensada, enhebrada en múltiples agujas que terminan construyendo un tapiz verídico y trascendental de un momento tan terrible como esa etapa de la enfermedad terminal.
A excepción de algunos pasajes de experiencias pasadas que me parecen francamente innecesarios, pero que si se piensa, dan un poco de frescura a la invencible amargura del argumento, la novela es estremecedora y cercana al lector; pone sobre la mesa de la narración muchas emociones porque apela a una experiencia inevitable, común a todos los seres humanos: la muerte y la enfermedad. De manera tal que esta ficción que se presenta con palabras sencillas, despojada de oraciones enrevesadas, es sin embargo un libro estremecedor, sobre todo para aquellos que hemos perdido a alguien querido por culpa del cáncer. La novela de Tyzka, entonces, es un símbolo, un retrato policromático de la enfermedad, un cristal literario que simbólicamente nos involucra, nos pone a pensar y nos muestra sin tapujos una realidad sencilla y terrible, antipática y contradictoriamente curativa.

5.05.2008

Ventana- Otro cap.

Le pedí la dirección a Esteban, el portero de la noche; me la dio dubitativo, extendiendo la mano con desconfianza. Lo miré fijo a los ojos y le dije que necesitaba averiguar sobre unas personas que me estaban acosando. Luego de haberle soltado aquella información me sentí torpe, había revelado algo confidencial ¡Qué insensata!
Manejé apresurada, no quería pensar en ellos, sólo observaba a los distintos transeúntes de aquellas calles sucias que vistos desde el lustroso cristal de la ventana del carro se me hacían ajenos. Quise entonces salirme de mi auto, ser ellos, seguir el camino de todos los seres desconocidos que por casualidad me tocaba ver. El sitio donde vivía Juanito era un barrio pobre alejado de la ciudad; los suburbios, a medida que el carro avanzaba, se hacían cada vez más deformes, de colores menos uniformes y la gente visible más numerosa. Ya había estado en sitios como aquellos, mi visita a los barrios no era la primera, mi pasado no había comenzado con el negocio pudiente que poseía. Tal vez yo no lo recordaba todo porque a veces era mejor olvidarse de la mayoría de las cosas dolorosas; tal vez yo recordaba demasiado y había decidido ser otra persona, con otra vida distinta.
Llegué finalmente a la casa de Juanito. Su mujer estaba cocinando y los dos hijos brincaban en el mueble de la sala. Todo estaba limpio y la comida olía bien. Mislevis, así se llamaba la mujer de Juanito, me hizo sentarme en el sillón en mejor estado de la sala y me dijo que llamaría a Juanito en breve. Su cara al principio fue de extrañeza y miedo, yo sabía que estaba preocupada por mi visita, así que la calmé diciéndole que sólo quería conversar con Juanito sobre su guardia de ayer. Le agregué que había ocurrido algo que a mí me interesaba y quería más información. La mujer no se calmó, seguí sus pupilas inquietas y el temblor de sus manos. A los pocos minutos apareció Juanito con cara somnolienta. Me miró y dio un respingo en el mismo sitio donde se encontraba. Nunca en la vida hubiera esperado encontrarme sentada en su sala. Respetuosamente me extendió la mano y me preguntó de la manera más educada qué se me ofrecía. Le dije que dos jóvenes de buena presencia habían irrumpido en el edificio y me estaban molestando, le pregunté si los había visto y le rogué fuera lo suficientemente sincero y explícito. Juanito contrajo los músculos de su cara, miró hacia abajo. En ese momento me dije que algo había pasado y que efectivamente no eran producto de mi imaginación: Juanito los había visto.

5.01.2008

EL ECLIPSE DE LA POESÍA




Comparto la idea que tienen algunos de despreciar el correo chatarra, las películas que desafían nuestra idiotez y los artículos amarillistas donde fotografías de escandalosos interfectos coronan una rudimentaria crónica de sucesos. Tal vez sean éstos formas loables de divertimento, instrumentos maravillosos que facilitan una catarsis en masa, productos del show bussines que nos reflejan lo que somos nosotros mismos. Pero independientemente de todas las bondades de las extra ligeras y morbosas formas de escape hay siniestramente una mecánica que nos propone un llamado de atención a lo que como cultura hemos elegido y ensalzado para divertirnos.

Es tal vez conmovedor y triste ver cómo la juventud actual desprecia a la literatura y sobre todo a la poesía como forma expresión artística del lenguaje. Leer un poema es realmente un sacrilegio para unos muchos, más aún hacerles entender por la fuerza que la esencia de la poesía está dentro de nosotros mismos y que enriquece de alguna manera nuestra sensibilidad y nuestro ser el encontrarnos con ella.

El eclipse de la poesía es una realidad que debemos asumir. Y utilizo la palabra eclipse para hacer mención al término que utilizara el poeta Eugenio Montejo en una entrevista concedida al periódico “El País” de España, en el año 2002. En dicha entrevista el poeta venezolano nos plantea la idea de la oscuridad transitoria de este género literario. Las atenciones de la sociedad actual están exclusivamente orientadas hacia los medios audiovisuales y desafortunadamente el esfuerzo por decodificar el conjunto de versos o líneas que compone un poema es nulo para la mayoría. Pero el hecho de plantear la idea de eclipse también nos alenta a la esperanza de la finitud de este período avasallantemente audiovisual y mercantilistamente estúpido. Premiar la idiotez conviene a muchos porque esto nos conduce a la sumisión y la irreflexión acerca de las cosas que nos rodean. Afortunadamente la poesía es parte nuestra cultura, y ha estado desde tiempos antiguos incluso antes de la existencia de la escritura. El canto es parte de nosotros, por eso es de esperarse que en un tiempo futuro irrumpa nuevamente la necesidad de enriquecimiento que nos haga despertar del letargo material y audiovisual, a fin de cuentas como dijo en aquella ocasión Montejo: “La poesía es la última religión que nos queda”.
Por Tarántula

4.26.2008

continúa "la ventana" Ya casi es un policial

Escuché un sonido, unas voces diáfanas, cristalinas. Una mujer y hombre, evidentemente. Rieron. Yo supe con toda seguridad que eran ellos. Escuché mi nombre. A pesar de aquél miedo, me sentía hermosa en sus voces. Sabía que eran ellos, pero no importaba ya qué quisieran hacer de mí. Los sonidos de sus susurros eran celestiales, el sonar de la conversación hacía que todas mis terminaciones nerviosas se dispararan como cohetes artificiales. Estaba complacida. Me dormí plácidamente sin importar nada.
A la mañana siguiente al salir al trabajo observé un sobre de papel artesanal que habían deslizado por la rendija de mi puerta. Lo tomé y busqué inmediatamente el remitente, no tenía. Lo abrí con avidez, presentía que tenía que ver con ellos. No había ninguna carta, ninguna hoja de papel, tan sólo dos fotografías tipo carnet de dos niños pequeños. Aquello me pareció muy extraño. Eran dos niños muy hermosos. Tan hermosos como ángeles. Me quedé mirando las fotos por un largo rato. Eran ellos. La situación se me hizo demasiado enigmática ¿Para qué me perseguían? ¿Qué querían conseguir con aquél juego psicológico absurdo? ¿De dónde habían salido?
Estaba molesta, aquella situación no me estaba pareciendo graciosa. A pesar de toda la fascinación que me producían no me gustaba el juego. Decidí investigar con el portero. Tenía que preguntarle el porqué la seguridad del edificio había caído en semejante forma. Tenía que informarme por alguien más, otra persona, sin duda alguna, tenía que haberlos visto. Sin dilación salí enfurecida, dispuesta a insultar a quien hiciese falta. El portero, como era de esperar, no había oído ni visto ninguna pareja bien parecida entrar al edificio a ninguna hora. Sin embargo, me comentó que Juanito, el joven tímido y somnoliento que hacía las guardias de noche, le había comentado algo de una mujer muy hermosa, la más hermosa. Sin duda Juanito los había visto, pero se acababa de ir a su casa y yo no podía esperar ni un minuto, mucho menos un día entero para hablar con él. Le pedí la dirección a Esteban, el portero de la noche.

4.24.2008

Aquí estoy

En estos momentos, en todos los canales de televisión el ilustrísimo presidente Chávez, impone una perorata extensa, dicharachera, y me digo; Chávez ¿A quién engañas? ¿Crees que esos montones de rojos rojitos, que te celebran todas las "gracias" están allí por nada o por los billetitos que les pasas? ¿Crees que no sabemos, nosotros, aquellos que no se benefician con el petróleo a 120 $ (La mayoría del país), que has sido un incompetente? ¿Crees que no nos da rabia sentir miedo todo el tiempo, limitar nuestra vida, perder nuestra libertad porque el hampa está desbordada y no hay ley? No hay ley, no hay ley y ese esa la desgracia más grande.

Ah, la otra es la siguiente ¡ Tú no te ocupas de que la haya!

4.19.2008

Tercera entrega del cuento de la ventana


En la noche, ya muy tarde, advertí que alguien tiraba piedras pequeñas contra el cristal de la ventana de mi habitación, que daba hacia la calle. Por supuesto, una angustia muy grande me atravesó el pecho. La frecuencia de los golpes empezó siendo baja, en primera instancia, luego se fue haciendo progresivamente más numerosa, hasta llegar al punto de sostener una lluvia artificial de golpes. No sabía qué hacer. Por un momento pensé en llamar al portero pero dudé de mi cordura. Aquél evento era imposible. Mi edificio tenía una fortaleza prácticamente inquebrantable y yo no imaginaba cómo alguien había podido entrar en medio de la noche en el jardín para tirar piedras a mi ventana. El punto de referencia de la calle era también improbable puesto que mi ventana quedaba a una altura lo suficientemente alta como para impedir una frecuencia de golpes, y puntería, tan numerosa. Por tanto, incapacitada para hacer nada, me metí dentro de mi densa cobija y traté de lograr dos empresas verdaderamente imposibles: calmarme y dormirme. Sin embargo, una idea me sobresaltó; si habían llegado el domingo anterior a mi puerta ¿Qué dificultad había que estuvieran muy cerca, tirando piedritas a mi venta? Me aterroricé. Quería llamar a alguien desesperadamente.

4.18.2008

Continua "LA VENTANA" y sigue...

No quise decirme absolutamente nada luego de la visita, sencillamente me puse muy nerviosa. Fui hasta la cocina, tomé un vaso de agua fría y luego en el sofá traté de calmarme. Una vez relajada tomé el teléfono y llamé a Jonás, un buen y fiel amigo. Traté de comentarle la experiencia pero no sabía cómo explicarle las particulares características de los dos seres sin que él me tildara de idiota. Finalmente, omitiendo alguno que otro detalle, le solté la situación, advirtiendo que su reacción era de extrañeza y preocupación. Me dijo que debía decirle, de manera confidencial, cuánto dinero poseía. Yo no quería confesarle nada, puesto que aunque Jonás era un entrañable y fiel amigo, en aquellos momentos no confiaba en nadie. Sólo respondí a modo de broma que era la cantidad suficiente para atraer a presentables secuestradores. Rió nerviosamente y luego quiso que le confesara ciertas cosas de mi vida personal. Yo, como persona introvertida, solitaria y reservada, pocas veces tenía la disposición de ventilar mis secretos íntimos, mis anhelos, mis deseos y mis gustos románticos.
Era una persona sola, ya lo dije y lo sigo repitiendo y había en mi personalidad una inclinación elevada hacia la soledad. Yo sencillamente no recordaba haber tenido pasiones, ni vivencias extremas, mucho menos aventuras, infidelidades, diatribas románticas y qué cosas más sé yo. No tenía interés sino por los negocios y por la vista de mi ventana.
Jonás me aconsejó en la medida de sus posibilidades, lo vi preocupado y me ofreció sensiblemente su casa para poder resguardarme de cualquier posible situación peligrosa. Yo, por supuesto, rechacé el ofrecimiento; no podía de ninguna manera ir a molestar a su casa, con dos niños pequeños. El motivo de la visita de los dos personajes seguía existiendo, aquellos dos seres volverían y yo tendría que pensar en una manera de poder afrontar la situación ante ese nuevo encuentro.
Mis días posteriores transcurrieron con absoluta normalidad. Como siempre mi ajetreada vida me hizo alejar mi atención al evento del domingo. No obstante, llegado el sábado me puse muy inquieta porque ahora más que miedo tenía curiosidad. Llegó el domingo, nadie se presentó, nadie pasó por mi calle. Mi estado, es comprensible, era de extrema inquietud; me puse muy nerviosa, intranquila, caminaba de un lado a otro siempre viendo a través de la cortina hacia la calle.

4.10.2008

La ventana (titulo tentativo de un cuento que no sé si voy a terminar)


Me mantengo unida a la ventana, no sé por qué razón pero cada cierto tiempo tengo que asomarme por ella. La sensación de sosiego me conmueve y a la vez me aterra. Creo que en cierta medida he desarrollado una extraña adicción visual, que me hace evadirme por unos instantes para luego hacerme recobrar el sentido de la realidad, sé quién soy pero la ventana me absorbe sin motivo.

Hace un tiempo compré el periódico: noticias de terribles catástrofes, asesinatos, problemas sociales; me vi sola sin poder comentar aquellos sucesos impresos con nadie. No tenía razones en esos momentos para entristecerme, todo marchaba extrañamente bien. La temporada se estaba mostrando magnífica para el negocio, y yo era la máxima empleada, la dueña. Mi vida se hacía tranquila y eso para mí era algo extraordinario; los ajetreos y la socialización excesiva la verdad es que me irritaban.
No era amiga de las temporadas “felices” en las que había que compartir todo el día, todos los días con la gente. Siempre pensé que tal estado significaba una carga, una enorme esclavitud que me obligaba constantemente a ser gentil, a tener una conversación oportuna, a hacer favores y a participar en situaciones que no me gustaban; y si la vida es tan corta, para qué desperdiciar el tiempo en situaciones ajenas al gusto personal. Bueno, entiendo perfectamente que esta actitud ermitaña, egoísta sobremanera, no se presentaba todo el tiempo en mí; cuando mis temporadas de soledad se prolongaban durante mucho tiempo, pensaba entonces en aquellas otras personas y en lo agradable que se sentiría compartir, hacer cosas colectivas, vivir en comunidad. Confieso que esos momentos eran limitados en mi vida y que la mayor parte del tiempo disfrutaba de la soledad; sin embargo, aún viviendo sola, necesitaba a la ventana. Ella es la frontera entre mi ser cartujo y aquél social, expansivo.
Aquél día, luego de leer el periódico me dispuse a dormir, puse música de relajación y me acosté en la cama. Era domingo y tenía todo el día para hacer lo que quisiese: a mí sólo me apetecía dormir. Una vez recostada, con la cabeza en la almohada, empecé a pensar en el tiempo y su inevitable transcurrir, pensé en la muerte y entonces no pude conciliar el sueño. Sentí unos deseos terribles de ir hasta la ventana. Quería mirar hacia la calle, ver el pedazo de espacio que le correspondía por vista a mi apartamento, sentir los taconeos de la gente, el transitar de los carros. Me levanté sin ningún preámbulo y observé: el día estaba quieto, no había ni un alma en la calle. Yo lo miraba todo desde allí; incluso los sonidos y la fricción de las ruedas de los automóviles con el asfalto.
Una mujer vestida con ropas extrañas apareció, transitaba despacio, su traje era armónico e inigualable, no podía decir con exactitud a qué grito de la moda o a qué época pertenecía, era excéntrico y a la vez maravilloso. Mi único deseo por un momento fue que no desapareciera nunca, que nunca avanzara y se perdiera de la limitada vista de mi ventana, quería seguirla mirando por un tiempo indefinido. La mujer, por supuesto, no advirtió mi presencia, ella sencillamente miraba hacia un punto que yo no podía advertir porque la perspectiva de mi sitio de referencia no lo permitía. La miré de perfil y vi su magnífico rostro, su cabello largo. No me daría nunca tiempo de bajar y llamarla, sentarme a hablar con ella, preguntarle de dónde había podido salir.
He de aclarar que en mí no existía ningún sentimiento romántico, no soy homosexual y nunca he tenido, no sé si para mi desgracia, ninguna pasión hacia alguna otra mujer. Mi reacción al advertir a aquella joven fue de admiración y descubrimiento. Una vez desaparecida su imagen de mi vista tuve la poderosa certeza de que aquella era, sin duda, la mujer más bella del planeta tierra. No la había visto en ningún concurso de belleza y seguro yo no había contemplado a todas las mujeres del mundo, pero estaba segura, aún desde mi limitado conocimiento que no podía existir ninguna mujer más hermosa. Aunque yo sólo la había visto de perfil, aunque yo sólo había podido observarla durante un escaso minuto, podía asegurarlo con exactitud. Mi impresión ante aquella imagen, una vez desaparecida, fue extrema. Me senté en el sillón y rememoré una y otra vez su perfil. No quería pensar que yo era una mujer aislada sin cosas en qué fijarme, no era eso. El hecho es que aquella era la mujer más bella.
El domingo siguiente, luego de haber tenido una semana realmente ajetreada, pensé en la mujer. La había olvidado por completo durante aquellos días llenos de pedidos, clientes que atender y supervisión de empleados. Pero el domingo, mi día de estar en la casa, la recordé. Esta vez tenía que ordenar unas facturas y mi tiempo de descanso era limitado. Llegado el cansancio advertí que se acercaba la hora en la que había visto a la mujer, me inquieté. Quería nuevamente verla. Esta vez, deliberadamente y sin ninguna promesa de remuneración, me asomé a la ventana con la esperanza de que reapareciera y yo pudiese admirarla, sin embargo, tuve en cambio otra visión extraordinaria que me dejó perpleja y que hizo ponerle a dar vueltas y vueltas a mi cabeza.
A la misma hora, ese otro domingo vi a un hombre. Estaba vestido con un traje impecable, cuya moda no podría precisar. Su forma de caminar era acariciante, su cabello tan bien peinado, su perfil apolíneo. Era un hombre perfecto y joven, la versión exacta, en proporción de belleza, de aquella mujer que había visto la semana anterior. Las dos visiones me dejaron contrariada, estaba segura de que el hombre era maravilloso y creo que el principal argumento de aquella certeza se basaba únicamente en su fenomenal imagen. No quería dejar de verlo, no podía dejar de beberme desaforadamente su estampa mientras caminara por la limitada vista de mi ventana. Una vez desaparecido de mi vista me sacudí ¿Sería una coincidencia? No podía ser posible, a mi juicio. Tanto la mujer como el hombre eran absolutamente hermosos, fuera de lo común, inmensamente extraños comparados con los rasgos físicos de la gente a la que yo estaba acostumbrada a ver los domingos en la mañana, en la vista de mi ventana.
Ese día traté de ordenar las facturas pero no pude. Por momentos me sentí ridícula, pensando en algo tan intrascendente como el haber observado a aquella pareja de seres humanos hermosos. Descarté entonces mis intentos de pensamientos, traté de ver una película aburrida y me quedé dormida, finalmente. Al despertar observé mi gran departamento, decorado con aire moderno, pulcro; y entonces, de pronto, una cachetada me sobrevino y me hizo decantar mis abrumadoras certezas en un terrible golpe moral: yo era una mujer demasiado sola. Volví a pensar nuevamente en aquel par de desconocidos y me quedé dormida. Varios golpes secos a mi puerta me despertaron, me asusté mucho, puesto que era prácticamente imposible que alguien tocara; el edificio tenía seguridad y debía primero el portero llamarme por teléfono para decirme quién me visitaría. Casi nunca nadie me visitaba. Pensé que tal vez podría ser la vecina para decirme cualquier cosa. Me levanté de golpe y fui a abrir la puerta.
Mi impresión cuando observé por la mirilla de la puerta fue estupefacción. No podía dar crédito a lo que me ocurría, podía reconocerlos aunque sus caras estuvieran deformadas por el diminuto cristal de la mirilla. Allí, frente a mi puerta, estaban los dos personajes que había observado por mi ventana. La mujer y el hombre, juntos, frente a mí. Por un momento pensé que estaba empezando a volverme loca y que todo aquello era producto de mi imaginación, en fracciones de segundos traté de recordar las enfermedades mentales que aquejaron a todos mis antepasados y ninguno había sido catalogado de loco de remate. Sus narices enormes se erigían ante mí esperando mi respuesta, cualquiera fuera. Yo no atinaba palabras ni movimientos, sencillamente estaba extrañada y con un poco de miedo. Segundos después atiné a preguntar, con voz temblorosa, quiénes eran mis visitantes. Ninguno respondió, sus narices seguían allí, sin atinar palabra, frente a mi puerta. Pasó un minuto, dos y mis visitantes no se marchaban. Yo volví a preguntar, esta vez sólo recibí la siguiente contestación: “nosotros”. Por supuesto empecé a pensar que aquello era una broma de mal gusto, traté de buscar un posible culpable, hallé varios entre amigos y compañeros de trabajo, pero ninguno podía jactarse de hacer bromas de semejantes características. Pensé que podrían ser unos secuestradores, me dio un miedo paralizante, no estaba dispuesta a abrir la puerta si no me decían sus identidades y así se los hice saber. Pasó un tiempo y vi por la mirilla que la fabulosa mujer cuchicheaba algo inteligible con el igual fabuloso hombre. Al poco rato dijo el joven:”Es mejor que nos abra, por su bien, no podemos decirle quiénes somos, es importante que nos deje pasar, dentro le contaremos”. Ante tal respuesta, callé mi inmensa curiosidad y asombro y les dije que de ninguna manera abriría así la puerta. Al cabo de un rato la chica dijo: “volveremos”. Se marcharon.

2.25.2008

Mi día con los Oscar

Ayer enfermé, no fue algo terrible pero sí incómodo. Estuve mucho tiempo tratando de normalizar mi organismo, dejarlo en un estado de equilibrio, sin embargo, no cedían mis síntomas. Yo en el fondo estaba contenta porque quería descansar y no tener ningún tipo de pretexto para moverme; tumbarme en la cama sin hacer nada era en ese momento una delicia para mi ánimo. Llegó la tarde y somnolienta lo único que escuchaba era la voz de Chávez por la televisión; en algún momento, impreciso para mí ahora, levanté la cabeza y vi al comandante montado en un caballo blanco, trotando a paso lento en lo que para él (seguro) debía de haber sido el descendiente del equino de Bolívar. Luego desperté por completo y entré en Internet, sólo para darme cuenta de que ese día era la entrega de los Premios Oscar. Tuve entonces la curiosidad y el deseo de mirar todo el despliegue de glamour publicitario.

Finalmente me quedé mirando inerte los premios porque, como ya he dicho antes, estaba enferma y no podía moverme mucho de la cama: confieso que no he visto casi ninguna de las películas que allí se nominaban, y me excuso porque no es mi culpa. En los cines locales sólo transmiten basura. Los que vivimos en ciudades carentes de un ambiente cultural decente, no tenemos otra opción que refugiarnos en ir al cine, ese ritual magnífico para mí, pero ¿Qué pasa cuando no podemos ver algo así vayamos al cine porque no hay nada? Nos transmiten y transmiten las mismas jodidas películas por semanas enteras: películas idiotas o sencillamente documentales que perfectamente podemos ver un domingo en Discovery Chanel sin pagar un centavo.

Pero no era de esto de lo que quería escribir, sino de los Oscar, esta ceremonia que por inercia vi (por primera vez, también confieso) hasta el final. Comparada con las otras entregas, esta fue mucho más deslucida, bajo perfil, casi susurrante. Había un silencio transparente, como una malla de plástico que cubría desde la punta del techo del teatro hasta la última suela del tacón de alguna distinguida asistente. No brilló. Me gustaron sin embargo los premios, hubo ciertamente algunas sorpresas, espero comentar con propiedad cuando haya visto las películas ganadoras y perdedoras, pero remitiéndome estrictamente a la ceremonia, no hubo mucho.

Es curioso cómo toda la industria del cine y la televisión depende de los guionistas, el ingenio escrito: ¿Qué es un vestido de Valentino sin el verbo del guión? Valdría la pena utilizar este momento de crisis (resuelto recientemente satisfactoriamente) para destacar la importancia de aquellos que no se ven frente a las cámaras, de aquellos escritores que hacen posible la industria del cine y a los cuales ( según mi humilde opinión) no se les ha destacado en su importante papel; qué curioso, tuvieron que hacer huelga para que todos reaccionaran y entendieran que sin historia no hay cine, sin cuento no hay cámaras, no hay tomas, no hay glamour, no hay Globos de Oro, Valentinos, y escenas de lágrimas al recibir la codiciada estatuilla.

2.08.2008

Yo y de mí

Un sin fin de cosas. La vida es apasible, a veces. Siempre estoy esperando que algo malo ocurra cuando supuestamente todo lo que me ocurre es bueno ( o medianamente aceptable) ¿Por qué siempre he de ser tan pesimista?

He de aprender a controlar mis emociones, a pensar que lo mejor es llegar a ser algún día un robot, a nunca equivocarme, a seguir por esa senda abierta de caminos mojados y dueños de alfombras de grama, la lluvia, la lluvia, la lluvia...

Hoy la vida es apasible o tenue, la lluvia me gusta siempre acompañada de una taza de humeante café, pienso entonces en la suavidad de la brisa del mar, en la calma de no sentirse adolorido, en la maravilla de estar vivo: soy pesimista, y cada instante pienso en el terrible momento en que la calma se acabe, se esfume, en que todo se vaya dibilitando, envejeciendo (todos envejecemos, esa es la verdad) y ya. La vida apasible, la lluvia y la tasa de humeante café, sigo pensando entonces en eso y en que soy pesimista y en que inevitablemente dejará de llover y el café se enfriará, como siempre.

2.07.2008

Porque soy una angustia...

Porque salir por aquí asusta, sobre todo de noche; las calles están desiertas y en el ambiente se respira el sudor del miedo a lo que no se sabe, a peligro, a lo real, a la violencia. Porque supongo que todos tememos por nuestra integridad y nos preguntamos qué pasó con ese país que a pesar de todo era distinto.

Nunca quise ser pesimista, siempre pensé, desde niña y con esperanza, que el país sería diferente, que vendría alguien con buenas intensiones y lo arreglaría, lo trataría como a una propiedad conseguida con mucho esfuerzo: pero no.

Nadie ha querido a este país y mucho menos aquellos que han tenido más poder. Todos quieren conseguir fortunas mal habidas, comodidades, respeto ¿Qué respeto se les puede tener a estos culpables? ¿Soy culpable yo? Y es que no sé calibrar realmente si de verdad hay una cuota de culpa en todos nosotros. Tal vez seamos llevados por un río que perversamente nos ha traído hasta aquí, tal vez el destino nos ha signado esta situación.

No me siento de ninguna manera orgullosa de lo que está sucediendo actualmente en Venezuela; debemos ser responsables, debemos reprendernos y no taparnos con paños de aguas evasivas que consiguen montarnos ese cuento absurdo de que somos super arrechísimos pero lamentablemente hemos tenido mala suerte, no, no me lo creo. No hacemos trabajo, no hacemos amor por lo que hacemos, no fabricamos eficiencia y orden.

Cada día veo cómo el país se deteriora, camino por las calles sucias y llenas de gente que bebe con aspecto de delincuentes y escucho, sin querer, la frase de una chica sentada en una caja de cartón, con las piernas abiertas: "Tengo ganas de cagá", dice, y un coro de gente a su alrededor se ríe, la aplaude y celebra la gracia, rápidamente vienen a mi mente todas las páginas aprendidas de conductismo (se celebra la ordinariez, se deploran las buenas costumbres, el respeto) y me digo entonces que tiene y tenía razón Rafael Cadenas cuando escribió su ensayo "La quiebra del lenguaje", si se enaltece la vulgaridad, el lenguaje soez, si leer es prácticamente un oprobio, vaya usted a saber en qué nos iremos a convertir.

Porque el presidente habla chabacano, porque hablar ordinario, ser ordinario es chévere, porque todos somos "este", "osea", "EHH", "tabanos" , "estábanos", y así sucesivamente; ya.

No hay motivos para no sentir esta angustia, no hay motivos para no sentirnos culpables, no hay razones para no vivir cada día más en nuestra concha, en nuestro refugio, si tenemos la suerte de tenerlo.

Así que aunque esta realidad sea una infamia para aquellos que con esfuerzo y trabajo han podido hacerse un panorama de visión más amplio, tendremos que irnos acostumbrando al cambio, tendremos que aceptar la idea, ir cambiando paulatinamente, siendo parte de la masa, acostumbrándonos a este deterioro, así es la supervivencia "En el país donde fueres haz lo que vieres".

1.22.2008

20 minutos

Tengo exactamente 20 minutos para hacer esta entrada, no tengo derecho a corregir, tengo permiso de escribir y escribir como cuando corro en una sabana grande, verde; se me antoja una pradera con florecitas de esas parecidas a una foto de windows Xp.

Ya agoto el tiempo, y sé que se gasta, se va,son sólo veinte minutos que tengo y la verdad se me ocurre escribir del tiempo y de la frustración. Tal vez esté viendo todo de color gris, o azul pálido, pero el tiempo no sé si deprima, sólo sé que se gasta y se gasta.

En algún lado escuché que el tiempo no era tan uniforme y hasta podía ser tangible, que estaba constituido de protones y no sé qué cosas más electrónicas ( y se gasta) y aquí no podemos saber si el tiempo de verdad es el tiempo ¿Y si no existiera dentro de los vocablos inventados en los idiomas? ¿Sí la gente viviera sin medidas? ¿Si no fuera necesario saber que nos ponemos viejos (y que se nos gasta), que nos vamos desmoronando, arrugando como una pasa, ajándonos, olvidando hasta que pasados cientos de años no seamos ni siquiera un recuerdo.

Cuando leo un libro; cuando leo un poema y siento el vibrar de su ritmo, el repiqueteo de sus sonoras expansiones, siento, sólo entonces que el tiempo se detiene, que el minuto no pasa, que ya no hay partículas eléctricas, ni vejez, ni siquiera vida humana, en el ritmo de la poesía siento algo cósmico, universal, tal vez conectado al supremo origen, tal vez conectado al sentido de la existencia del hombre.

1.12.2008

A otro sitio

Mi ausencia está más que justificada: he tenido que recorrer calles, avenidas, anuncios clasificados; llamar a voces descoloridas, estridentes, cautelosas; hurgar, escudriñar, dudar, pensar más allá. He tenido que buscar un apartamento en alquiler, qué tarea tan difícil en un país como este y creo que en muchos otros. De todas maneras y como mi condición de arrimada (persona que vive con todos sus peroles empaquetados como una hallaca en un rincón de lo más chiquito para no molestar) lo ameritaba tuve que buscar con empeño, dedicación y luego desesperación un apartamento sitio y barato ¡Qué calamidad!

La búsqueda fue al principio infructuosa pero también representó en mi haber de historias una verdadera aventura; me vi en un taxi paseando por calles desconocidas, marginales, donde miles de seres hambrientos hacían colas enormes para comprar un poco de leche, carne, pollo, azúcar o lo que sea que no exista en los anaqueles de un super mercado. Me tocó ver sitios nunca explorados de Maturín, mirar gente distinta, ver por primera vez calles pobladas de casas antiguas con mesita de centro y pañito de ganchillo. Me tocaron, en fin ,muchas cosas y mientras sucedía para mí esta búsqueda estaba también inmersa en un letargo de abstracción que me impedía acercarme siquiera a un libro. Por eso, cuando apenas me faltan 3 páginas para terminar El cuarteto de Alejandría sigo llevando el libro a todas partes, como si en cualquier momento, presa de un sortilegio, decida finalmente leer estas últimas 3 páginas terminando al fin los 4 volúmenes de lo que a mi parecer debe ser la obra maestra de Lawrence Durrell. Y aunque no pienso dejar estas tres hojas sin leer, dejo el momento del sabor más dulce, del punto álgido, del clímax del placer de la vida, para un precioso momento, un momento sin preocupaciones, en donde al lado de unas llaves de colores esté tumbada en mi nuevo sitio.

Y ahora, luego de una extenuante mudanza, sin prácticamente ningún objeto, disfruto de la calma y la tranquilidad que me da el haber encontrado ( a costa de mi bancarrota, pero no importa) un lugar donde vivir.

Así que después de esta charla me despido, no sin antes prometer disfrutar de un momento preñado de sabores divinos; un momento que me brindará la lectura de las últimas tres páginas de Clea, el último libro de El cuarteto de Alejandría.

1.02.2008

¿Es acaso importante?

Torrealba es un ser tímido, álgido, disconforme. Generalmente camina con la cabeza gacha, los ojos fijos en el suelo. Sus manos siempre están vacías, no le gusta nunca cargar nada. Dicen que es taciturna, dicen mucho. Torrealba tiene el labio superior partido, es hermosa a pesar del evidente desgaste de su dignidad y su cordura; flaca en extremo, autista, divorciada del exterior.

Empezó consumiento pastillas, tal vez por curiosidad--es lo que se dice--tal vez por débil. Luego entraron en su repertorio los tabacos de hierbas incansables y las inmaculadas rayas de cocaína. Siempre con amigos ricos y bellos, ni un pelo fuera de su sitio, ni una prenda de vestir barata. Al poco tiempo se hizo fastidiosa, ya no la querían en ningún círculo--se había gastado todo el dinero--; empezó a venderse: uno primero, luego varios, después cronometraba para ganar más. Este trabajo, al contrario de lo que podía pensarse, le dio un poco de orden.

Y llegó su vida plagada de noche,llegaron los sueños raros, las noches de vistas hacia el cielo, jadeantes; dejó de menstruar. Las estrellas la habían abandonado,no podía trabajar, tenía barriga. Con el poco dinero que podía conseguir tomaba piedra, la concaína: ya no estaba a su alcance, su aspecto: un despojo macilento, melancólico, llorón, sucio.

Se había terminado toda posibilidad de obtener dinero. No había alhajas, no podía recurrir nunca más a su madre. Se le abrieron las piernas, muy abiertas, y salió del hueco sangriento una niña. La llamó Indira. No sabía porqué.

Salió del hospital pensando en droga con aquella niña a cuestas, esto le impedía tener movilidad y le encendía por dentro de cólera. No había rumbo posible, el bulto con cara le pesaba y le costaba dinero, encima tenía que atenderlo.Se le ocurrió una idea: venderla. Una mujer fea que la conocía le dijo que podían pagarle mucho, ella aceptó. Ahora estaba sin nada que cargar, con dinero, pensando en droga.

La noche venía, iba, le traía tabacacos de marihuana, pastillas, rallas; le traía coitos con orgasmos fingidos construidos con suspiros obligatorios mientras sentía el músculo gordo que se movía dentro de ella. Un hombre, muchos, no los distinguía, pensaba sólo en droga.

Había alquilado una habitación en una pensión peligrosa, una guarida oscura de gente ruin, salvaje. Era lo único que podía pagar. Allí dormía,tomaba café ,pan con mermelada de guayaba. A veces se iba a la esquina y compraba un estropajo de sopa por 5 bolívares; cuando el hambre apretaba, aprovechaba para reparar las fuerzas. Torrealba se había vuelto un organismo, un recipiente de droga y miembros masculinos. Su cabeza sólo sentía el deseo imperioso de consumir, de callar la gran ansiedad.

Su salud estaba debilitándose, así que Torrealba buscó sin aliento una salida porque sintió que no lo resistiría. Recordó entonces que había sido en algún momento una persona; que había parido a alguien que no estaba ya con ella. Se preguntó dónde estaba aquella niña cuya cara no recordaba. Se sintió ifame, derrumbada, amarrada a una tragedia que le abria los ojos de golpe, que le daba enérgicas y terribles bofetadas. No había salida.

Volvió a la guarida, como siempre, con los ojos fijos en el suelo pero ya con la conciencia de quién era; fue terrible. No había marcha atrás, tocaba volver a pensar en droga, a recibir músculos erectos en su culo, en su vagina. Había de festejar siempre con la mayor cantidad de destrucción,con la mayor cantidad de olvido.

Ahora Torrealba puede que esté en una cama de hospital ¿O en el infierno? ¿O en la cárcel? ¿O con un cliente? ¿Inyectándose heroína?

No se sabe.Tiene tiempo sin salir a trabajar, se presume que ha muerto de sobredosis, se presume, no ha portado por el cuartucho. A nadie le importa ¿A usted le importa? Vamos, si sólo es un personaje, usted terminará de leer y pensará: "No tienes nada que hacer, al menos me hubieras dicho qué pasó" ¿Acaso es muy difícil saberlo? ¿Y qué importa? Nadie sabe a ciencia cierta qué pasó con la pobre infeliz ¿Era acaso un ser importante?