8.17.2010

Por un camino de flores


Es importante pasar revista de las cosas aprendidas.

Hoy trataba de aprenderme unas palabras de otro idioma y entonces recordé que una buena regla memotécnica podía ser asociar estas nuevas palabras (que no se parecen en nada a mi idioma materno) con mi vida.

Busqué y repasé, anduve por corredores, pasillos, zaguanes, descubrí que mi vida poco tenía de emocionante y que curiosamente había olvidado casi todo lo que me había ocurrido en mis tiempos de adolescencia y juventud. No sé si fueron buenos o malos pero los momentos más vívidos para mi recuerdo son los de mi infancia, más específicamente, aquellos que pasé con mi abuela materna en mis vacaciones de coclegio.

(**) La infancia no sé si es importante o lo es todo, no me quiero poner freudiana pero suspongo que la mía define mucho lo que soy.

(**) Me pregunto cómo sería la infancia de aquellos que de adultos creen que son los reyes del universo, se la saben todas, tienen la verdad absoluta, la verdad no es Dios, son ellos porque están en todas partes, todo lo conocen y lo han experimentado, no saben ni conocen qué es la equivocación y la falacia ¡He conocido a tanta gente así!

(***) También he conocido gente humilde y buena cuya vida está lejos de ser maravillosa, han hecho de un pedazo de papel tualé de lija una flor especial, una rosa, como la de este jardín de Madrid que visité esta semana mientras me iba a leer un libro en inglés que se llama The Dog y es de la escritora sueca Kerstin Ekman, a quien no conocía, por cierto, y de quien leí la traducción al inglés. Veredicto del libro: Francamente prefiero leer clásicos del siglo XIX últimamente, no sé si me he vuelto decimonónica pero me las llevo bien con ellos.


Saludos

8.03.2010

la contradicción

Cuando un violín hace ruido, y la cuerda se tensa, y entonces se prolonga durante mucho tiempo un ahogado chillido, un pellizco al tímpano, el estiramiento imposible del cuerpo, la disfonía.Así creo que muchas veces el dolor físico y espiritual de la soledad de muchas cosas hacen que muchos se comporten en contradicción con su sentido del desprecio.

En el hondo y oscuro lecho del corazón, donde descansan las pasiones, se albergan entonces los resentimientos. Despreciamos a los ángeles y a los demonios, cortamos las cabezas de los niños, empieza entonces a cocinarse en nosotros cierta maldad. Andamos así por la calle,con una bolsa de cuero cosida a nuestra piel, de nuestro mismo color, nadie sabe que la llevamos, allí se conservan refrigeradas las municiones de contradicciones, dispuestas a rescatarnos noblemente ante el contacto con el otro, igual de opaco y cansino que nosotros, con la misma bolsa,o distinta, pegada al cuerpo, lista, presta, esperando solo la señal que marca el ataque.

¡Un saludo!