2.28.2013

Lista de fracasos cotidianos

Hoy parecía que me levantaba con el pie que no es. Ayer fue un día cansado y dormí mal. Las noches últimamente para mí son un trecho sin mucho significado que trata de ser descanso y se interrumpe frecuentemente por mis ganas de ir al baño. No sé qué me pasó, desde que estuve embarazada voy al baño una, dos y hasta tres veces por noche. Antes era la sensación de descontrol al tener a un recién nacido muy cerca de mí, la conciencia de ser una nueva madre, de que estuviese respirando, que el vientre se moviera. Luego los llantos, los berrinches exigiendo compañía, y ahora, que duerme plácidamente, yo sigo yendo al baño, sin saber mucho porqué, perseverando en la dolorosa costumbre del descanso interrumpido. Así todos los días y mi cabeza se merma, lo percibo. He dejado de recordar incluso nombres de personas que recién conozco (antes era infalible con esto); caras, novelas que leí, palabras en alemán a las cuales les dediqué un espacio precioso de mi tiempo en aprenderlas. Como vienen se van, sin siquiera saludar, sin dejar su estela en mi cabeza en ruinas.

Hoy parecía que todo salía mal, mi composición en alemán, a la que le dediqué una hora de tiempo, estaba absolutamente errada, mi incomodidad al llegar a la guardería a recoger a Nico y no poder saludar bien, preguntar bien, despedirme bien. Mi clase con mi alumno americano, que pintaba ser un desastre hasta que me valí de preguntas más o menos creativas, que no sé si lo eran, pero dieron resultado.

Sigo sintiéndome minúscula, temerosa, dominada por el torrente de lenguaje que escucho y no entiendo, que quiero expresar y no puedo, la forma que no alcanzo a abarcar, a entender, la torpeza que a veces es intermitente, a veces constante. Mis renuncias diarias me duelen y me hacen pensar en la punta de los dedos de una que fui  y que se despidió por un tobogán oscuro a un destino incierto.

Todo esto y pienso que mañana es viernes y he sacado de la biblioteca unas revistas de cocina. Pienso en ellas. Ahora es de noche, Nico duerme, Raúl está en el curso de alemán, y yo pienso en la comida que vamos a disfrutrar mañana, en ese acto estratégico, logístico, creativo, que es cocinar para alguien, con cariño, para disfrutar del momento en la mesa, mirando Karlsruhe desde la ventana, sin sol, pero los tiempos cambian y el sábado promete salir, venir a nosotros después del frío invierno.

2.10.2013

La mirada de las palabras

Pensando en las cosas chiquiticas, en los seres pequeños, las mujeres menudas con piernas delgadas, hijares puntiagudos.

Supongo que lo más menudo en realidad es lo que pretende ser grande.

Los mares sí son ininteligibles, por su inmensidad.

Ellos sí.

Pero se hacen los chiquitos con sus lenguetazos perennes.

Las cosas chiquitas son para mí una palabra nueva aprendida en alemán. Es una cosita, claro, entre
la inmensidad del lenguaje, entre las infinitas formas que permiten los elásticos materiales del tiempo
del habla.

Las cosas chiquitas, para los pobres, siguen siendo chiquitas, jamás van a ser grandes, aunque
con ahínco junten un centavo, y otro, y otro.

Es así para mí y la mirada que anhela poseer esa inmensidad, que es como los cinco océanos juntos, que está llena de palabras compuestas, que empiezan por SCH,

nunca reparé, nunca, antes de venir a esta tierra sombría.