6.13.2013

Aborto espontáneo

Mucho tiempo con ganas de crear una entrada. Estar en Alemania me ha alejado un poco de internet, de la vida que es vivida  con rápidez, al calor de los otros seres y sus voces y sus miradas. La soledad es para mí un tesoro, que aprecio, pero a veces se desplaza y se restriega y rueda como la pintura que se cae en el suelo, y la ves deslizarse con calma.

Hace algunas semanas esperaba un nuevo bebé y hace exactamente 16 días lo perdí. No es una linda experiencia cuando de verdad has decidido por voluntad hacer un espacio en tu cuerpo, en tu tiempo, en tu vida, en todo lo que eres tú como ser individual para compartirlo con otro, para dárselo todo a otro, que será parte de ti y te hará feliz.  Fue hace 16 días pero pensé que eran más porque he tenido que estar en casa y se pierde un poco la noción del tiempo.

Supongo muchas mujeres han perdido fetos en un aborto espontáneo, muchas muchas han tenido que saber que alguien ha muerto dentro de ellas, no de manera emocional, sino sentir que absolutamente algo muerto está dentro de ti y si lo dejas tu cuerpo lo rechazará, lo expulsará sin contemplaciones. Sé que la mayoría decide cortar con el embarazo porque su vida se ve afectada, por juventud o por sus aspiraciones y creo que esa situación es igual de traumática que aquella en la que se deseaba al bebé. Creo que somos mamíferos salvajes y animales naturales y es normal que alguna parte de todas nosotras haya deseado contener a la parte suya que crece y así, siempre habrá una culpa infinita que no se irá nunca.

Y yo no escribía porque la verdad había tenido un emabarazo horroroso. Abrumadoras cantidades de saliva venían a mi boca. Todo me sentaba mal, siempre tenía revuelto el estómago, y lo peor, tenía que comer de manera desaforada para amainar la desagradable sensación de tener que campear saliva que incluso rebosaba mi boca. Andaba con un trapo todo el día porque las servilletas eran insuficientes y ante olores más o menos desagradables, tenía que correr a vomitar.

Había tenido mucho dolor de caderas y espalda aquél día que ocurrió el aborto  y de pronto el montón de líquido que me corría y sangre.Pero lo peor apenas comenzaba; me quedé en un hospital donde nadie hablaba mi lengua, tuve que escuchar y tratar de entender que me decían que el bebé había muerto. Tuve que pasar una noche entre dolores horribles, sola, sin conocer mucho cómo funcionaban las cosas. Y luego expulsé la mayoría de todo y me bañé en sangre y una enfermera alemana muy eficiente y humana me acompañó y me pasó la mano por el hombro cuando finalmente hube de tirar a un cuerpo incipiente, aún deforme; la forma del humano que alguna vez hemos sido todos cuando no éramos nada. Qué poco poder hemos llegado a tener alguna vez, qué nada somos realmente cuando apenas comenzamos a vivir.

Tuve lo que supongo fue una hemorragia. Pero ahora que lo veo desde la distancia creo que compensa  el endemoniado alemán con el privilegio de poder disfrutar de una atención médica tan maravillosa y profesional. Son robots del trabajo y del deber, por eso me siento agradecida cuando debo utilizar un servicio, porque yo vengo de un país donde nada sirve porque la viveza y la usurpación han sido valores morales que durante décadas se han ensalzado y valorados como preciados tesoros, tesoros malditos.

A los dos días estaba en casa nuevamente tras una operación menor. Me hicieron unas pruebas y dijeron que estaba anémica, así que debo tomar diaramente hierro por un período de tres semanas. Me quedé con un montón de kilos demás y ahora intento vivir una vida redirigida.

Antes de salir del hospital una enfermera vino a mí y me mostró un catálogo donde me mostraba una foto con un jardín lleno de molinos multicolores, pájaros de cerámica en nidos de paja, rosales incipientes. Me explicó bastante despacio, para que yo pudiese entenderle, que el feto, tras ser analizado, tenía una patología, no me dijo qué y me dijo que en Deutschland se entierran a todos los fetos abortados de más de 10 semanas. Yo no quería saber nada más de aquello, quería irme y pensar en la gente que ha sufrido más que yo, en el fondo, agradecí profundamente que todo hubiese sido así, nunca estuve de acuerdo con traer a una vida dura a un ser frágil y enfermo, que probablemente hubiese sucumbido por obra y gracia de la azarosa y muchas veces caprichosa naturaleza.