9.21.2008

Porque me voy

Estimados merodeadores Blogueros:

Por motivos de mi viaje y futura estancia estudiantil en la capital española, dejaré de escribir por un período de tiempo incierto. En realidad tal vez (aclaro) todo esto sea pura bulla y yo no pueda separarme de mi blog y sobre todo de todos ustedes que me visitan. He escrito un texto un poco largo, está abajo en forma de entradas sucesivas, pueden comentar cuando gusten ( me gustaría que lo hicieran) y yo, que seguro no dejaré de escribir porque no puedo estaré pendiente.

Esta despedida es de mentiritas y forsoza porque tengo que viajar, buscar una casa y hacer un montón de cosas. Mudarse a otro país es un chollo, una cosa del corazón y de papeles y trámites, algo muy estratégico y un poco acojonante, como dicen los españoles. Allí están entonces mis sucesivas entradas, y se les quiere mucho.

Esto es algo escrito

En este momento pienso que esta página en blanco es el recipiente de mi novela, mi primera novela, la que no he escrito, la que no tengo ni idea de cómo puede empezar, la que añoro y a la que no soy capaz de encontrar por miedo, por resignación, por temor. Hay muchos indicios que deberían decirme que estoy lista, que este es el momento, sin embargo yo sigo sin atreverme, sin lanzarme, sin considerar que hay que empezar a pensar que es posible.
Así comencé yo mi blog, porque necesitaba que alguien me leyera, porque tal vez mi alma estaba hambrienta de mostrar lo interno a lo externo, yo tenía sed de diálogo, tenía sed de canto, tenía sed de comunicación. Había una especie de tapón que reverberaba tórridamente, porque tenía muchas presiones dentro de mí, en ese entonces se encontraban en mi adentro muchas necesidades que no se remitían a las cosas materiales. En verdad nunca he pensado en las cosas materiales como algo importante, siempre he considerado que son proyecciones absurdas de una escasez interior; cuando no hay nada interno que nos satisfaga, recurrimos a tratarnos de sentir plenos con las cosas materiales. Escribir era una necesidad de búsqueda de refugio. Necesitaba encontrar un hogar psicológico, llegar a conclusiones estables sobre las situaciones que me rodeaban, entonces escribí. Pero yo insisto, necesito una novela, ya no me satisface escribir sobre mis conclusiones internas que sí, me atormentan, pero creo que necesito ya canalizarlas en forma de arte.
Realmente quiero que todos sepan que yo no quiero escribir porque no puedo, realmente me gustaría comenzar una novela, he pensado en varios temas, uno de ellos es la soledad---ya sé que está trillado--- de la amistad desde el enmudecimiento del yo. Una soledad producida por el término del la plenitud amistosa. Se acaba entonces la amistad, o se desvanece, esfuma (esto en la mayoría de los casos), se pierden los vínculos porque nos esforzamos por tener una familia, por criar hijos que pueden ser instrumentales y nos pueden servir de algo, pero en la mayoría de los casos: si alguien va a tener un hijo con este fin que se olvide. Y bueno, ahí está la mujer cualquiera, corriente, casadota, con su maridote, teniendo hijos copiosamente, fornicando copiosamente, pariendo y pariendo, gritando, chasqueando, pintándose las uñas, produciendo en cada uno de sus instantes una vida vil, absurda, abúlica, una vida infeliz signada con la bendición divina de la sociedad y de la cultura.
Creo que cada mujer debería preguntarse si hay regreso para volver a ser ella misma, si hay un camino de retorno hacia lo que cada quien es en realidad, si la mecánica perversa de la producción de bienes y servicios sirve realmente para algo, para vivir, para consumir, para desechar. Lo más paradójico es que nos molestan los desechos. Nos estorban los desechos. Cuando nos incineran somos desecho, cuando nos aniquila nuestro cuerpo: morimos, somos desecho, y para disfrazarnos bonito la cosa nos meten en un pipote de caoba, o madera rudimentaria, un pipote con una cubierta de vidrio, y allí, todos, con los ojos cerrados cómo ángeles, somos desecho. Como desecho vamos a parar a un hueco de tres metros, subterráneo, y ahí mismo pernoctamos por el resto de los tiempos en forma de desecho.

Esto es Ficción

Me desvío, quería hablar de la amistad, o tal vez presentarme, o decir quién soy, o hablar de lo que quiero escribir, o querer que esto sea un cuento, o simplemente mentirles a ustedes. Me presento, algunas cosas ya he dicho de mí, ya saben que tengo un blog, que quiero escribir una novela pero no puedo y que pienso que todo es desecho. Tras este recuento de mi persona, les digo que soy una pobre imbécil. Una mujer, si es que antes no sabían mi sexo. Una pobre imbécil que no entiende la mecánica de nada, porque ha vivido en el mundo de Alicia en el país de las maravillas. Tal vez entiende demasiado, por eso quiere entender cómo dejar de entender unas cosas y empezar a entender otras un poco menos absurdas, más reales, tocables, terrenales. Y bueno, quería hablar desde un principio de la novela que quería escribir y que trata de la amistad, realmente es una historia un poco triste, quizá melancólica, apacible, donde no pasa mucho excepto la pobre frustración de un personaje gris, anodino, digno de lástima.
El personaje en cuestión es un fantasmal ser humano que hurga su vida pasada con el fin de encontrar un pus divino que lo haga recrearse en su condición de víctima. Mi personaje quiere sufrir, es un abuelo corroído, pero no se conforma con lo normal, necesita lacerarse psicológicamente, para eso se escarba, se mancilla la memoria, hasta que encuentra un poderoso motivo para el dolor: la soledad, la pérdida de la amistad sincera y profunda. Entonces este hombre empieza a repasar su vida completa y se da cuenta que no tiene con quién hablar de Los Leones del Caracas, no tiene con quién compartir una cervecita, no tiene con quién salir a apostar caballos, sellar el cuadrito, perrearse a una buenamoza mujercita que le pela el diente a quien sea. Mi personaje debe llamarse Marcos. Se me ocurrió que un personaje con tal nombre debería ser un digno personaje, con laceraciones internas, tormentos interesantes, un conflicto digno de un lector turbulento y pedigüeño de aventuras rocambolescas.

Esto es Ficción sobre...

Yo pienso en Marcos. Pienso en Marcos, repito. Y pienso en su soledad, entonces me imagino a mí misma frente a la computadora escribiendo algo sobre Marcos y no puedo seguir escribiendo nada, porque en mi imagen de él, él me parece soso, incongruente, indigno de ser retratado a través de mis letras. Yo, pienso más aún en mí, me detesto porque Marcos me detesta porque no puedo escribirlo. No puedo hacerlo hablar. Entonces me siento como una cruel asesina, sólo en ese preciso instante soy la pobre imbécil que antes dije que era, pero en realidad no lo creía cuando lo dije, porque en serio yo solo quería impresionarlos a ustedes que me leen e imaginan que siento un fracaso muy grande porque no puedo escribir nada de Marcos, viejo viril psicológicamente pero absurdamente chueco físicamente; Marcos, viejo solo, no puedo escribirte.
Al menos supongo entenderán cómo me siento, sabiendo que soy una pobre imbécil con anhelos. No hay nada más triste que ser una imbécil con anhelos. Porque ser pobre imbécil sin desear ser nada es maravilloso, es la mejor bendición que le puede ocurrir a cualquiera. Una persona es nadie y no desea ser alguien. Una persona es imbécil y no quiere ser distinta. Una persona es quien es y está orgullosa de serlo. Volviendo a Marcos mi anhelo principal en la vida es escribirlo, hacer una magnífica novela sobre él. Marcos un viejo solo sin amigos, que ha perdido paulatinamente a todos, mira sus rostros, y no los recuerda, mira su vida y se siente más patético, miro a Marcos y me miro a mí, soy un patético personaje, debería en vez de escribir sobre Marcos escribir sobre mí, la pobre imbécil, este hermoso nombre con apellido que yo me he auto impuesto heroicamente, justamente.

Esto es Ficción sobre Ficción (...)

Esta página en blanco solo ha quedado como un recipiente inerte. Marcos debe reescribirse en mí, apoderarse del universo ingrávido de la nada, tratando de volver, debe exigir nacer, es un ser extraordinario porque existe sin haber nacido. Es como el hijo que pensamos tendremos algún día pero que no existe mientras no lo tenemos, se encuentra en la imaginación, es una posibilidad, no existe, repito, no existe, no existe, no existe. A quien quiera leer, Marcos nacerá si finalmente el espermatozoide fecunda al óvulo inexistente, Marcos tal vez nunca ha existido, o sí, ya existe, pero está enfermo, no puede asistir por eso a esta disertación de su nacimiento, no pudo venir, por eso es pensamiento. Un pensamiento que trata de materializarse en esta página que estaba en blanco y que pretendía ser una novela, esta página de computadora Word. La imposibilidad de un nacimiento deviene de la imposibilidad de crear algo. Tal vez quien esto escribe se encuentre atrapada entre paredes estériles, tal vez se haya bañado con un agua infinita de gris y anti reproductor químico, tal vez tenga una cuenta pendiente con muchas cosas y necesite saldarlas para salir adelante y crear, tal vez qué se yo, las cosas ocurren porque sí, las causas de las cosas a veces son secretos que no debemos nunca saber.

9.12.2008

Gunter Eich

De Gunter Eich puedo decirles que es alemán, nació en 1907, por lo que pueden deducir que vivió todos los horrores de su tiempo. De Gunter Eich quiero mostrarles esto, ustedes juzguen si era o no un verdadero poeta:

I

Recuerda que el hombre es el enemigo del hombre
Y que suya es la destrucción.
Recuérdalo siempre, recuérdalo ahora,
En este momento de abril,
bajo este pesado cielo,
mientras te parece oír el crecimiento como un mensaje
/crujido
Y las campesinas arrancan los abrojos
bajo el canto de las alondras;
recuérdalo siempre también en este momento.


Cuando saboreas el vino en las bodegas de Rander
[sacker
O cortas naranjas en los huertos de Alicante,
Cuando coges el sueño en el Hotel Miramar juanto a
[la playa de Taormina,
O alumbras una vela el día de Todos los Santos en
El cementerio de Feuchtwangen,
Cuando tú, pescador, levantas la red en Doggerbank,
O en Detroit arrancas un tornillo de la cinta deslizante,
Cuando plantas arroz en los escalonados campos de
O cabalgas en mulo por los Andes. [Sechuán,
Recuérdalo.

Recuérdalo cuando dulcemente te acaricia una mano,
Recuérdalo cuando abrazas a tu mujer,
Recuérdalo al oír la risa de tu hijo.

Recuerda que al cabo de las mayores destrucciones
A cualquiera le será fácil demostrar que es inocente.

Recuérdalo:
En lugar alguno sobre el mapa quedan Corea y Bikini,
Solo en tu corazón.
Recuerda que también tu eres culpable del terror
Que lejos de ti alguien ejerce.

9.07.2008

PASTORAL AMERICANA. PHILIP ROTH (Impresiones)


Para: Douglas y la Sirena Varada, con afecto


Como ya dije hace poco se me ocurrió leer a Philip Roth. No conocía al autor, tenía el libro simplemente allí, agarrando lluvia y polvo. Un día leí una crónica sobre uno de sus libros “Everyman”, entonces quedé profundamente conmovida con el argumento y con la hondura y la exhaustividad con que el autor plasma la vida humana, en su cruel sentido.
Leí “Pastoral Americana” porque era el único libro que tenía, confieso que busqué “Cada hombre” por todas las librerías de Caracas sin éxito. Pensé al terminarlo que debía escribir algo sobre él, pero no podía hacerlo inmediatamente, las razones son muchas, una de ellas; que el libro te deja tocado del coco, es decir, una vez cierras el cartón de la contraportada te respondes a ti misma muchas cosas que antes no comprendías de la vida, de las personas y del mecanismo social que cargaremos hasta morir. No podía escribir sobre “Pastoral Americana” en ese instante porque sabía que no diría completamente lo que tenía que decir de esta novela y ahora no sé si tampoco.
La historia es metaficcional (hay una historia metida dentro de otra historia) y esta es contada por Skip Zuckerman, un escritor reconocido, con una operación de cáncer de próstata y cuya motivación a escribir esta específica historia se ve impulsada por el impacto de la contradicción entre lo que creía de alguien a quien había admirado profundamente y lo que realmente era . El relato en cuestión se centra en un personaje real convertido en ficción, conocido de Skip: el Sueco Levov, un deportista abnegado, líder en todas las competencias, exitoso hombre de negocios, esposo maravilla, en fin…
Las distintas caras del personaje del Sueco, un perfecto espécimen del decoro, son escudriñadas puntillosamente por el autor, quien a través de los contrastes muestra a nuestro lector lo que puede llegar a sufrir una persona profundamente “afortunada”. La novela que está estructurada en distintas capas, separadas por tiempo y puntos de referencia narrativos y va adicionando perspectivas a la vida de este hombre maravilla. Dichas perspectivas relacionan, en sus distintos ángulos las distintas facetas de la sociedad norteamericana tomando al Seymour Levov “El Sueco” como metáfora del triunfo y la tragedia.
El sueco es un afortunado, que se cree afortunado pero que en realidad (en medio de su paraíso circunstancial, genético y volitivo) ha comprado los boletos de abordaje de una vida de infierno. El sueco ha asistido sin querer a una vida de escenografía, con un mundo de cartón piedra que llegado el momento se derrumba con el advenimiento terrible de tener una hija terrorista que lo reniega y aborrece y que de paso desaparece de su vida. Y la tragedia de la hija es solo el comienzo de su padecimiento por aquél camino de espinas que lo define y que finalmente caracteriza a este hombre desde todos sus ángulos; el sueco judío (¿redentor de su sociedad americana?), rico; el sueco esposo de Miss New Jersey, el sueco padre sacrificado de una hija asesina y Jainita, el sueco extorsionado, el sueco cornudo, el sueco divorciado y por siempre atormentado. No cabe duda que Roth nos ha regalado una obra de arte a través de la cual no sólo podemos pasar un rato agradable, sino también obtener una lección de vida, de realidad, de máscaras, de espejos refulgentes que proyectan la cruz interna que cada quien padece.

9.01.2008

Normal


Me he estado preguntando últimamente qué es realmente ser normal. La campana de Gauss no pudo explicarme. Si yo soy normal (esto es un ejemplo) no puedo ser pureza normal porque ser pureza normal es estar metida en la barriga de la campana en todas las variables posibles que pueden definirme, entonces dudo que yo sea normal (esto es parte del mismo ejemplo).
La normalidad, según mi humilde criterio, va de la mano del aburrimiento y el aburrimiento es lo más gris, uniforme y castigador que hay. Prefiero entonces no ser normal absolutamente; sin embargo, si tuviera que esperar a alguien que me haga compañía preferiría que lo fuera. La normalidad es predictiva, y en el fondo, aunque nos cueste aceptarlo, a nosotros, sí, también a mí (y aquí soy normal) no nos gusta sobresaltarnos con cosas anormales. Las cosas anormales causan incertidumbre y la incertidumbre continuada es una desdicha (al menos para la gente normal en este tema).
Lo anormal tiene algo de divertido, desastroso y siniestro. No es bueno ser demasiado normal, ni anormal, habría que estar en la media, es decir, habría que estar en la barriga de una campana cuya variable o línea infinita mida la normalidad ¡Qué rollo! Mejor me despido y no los sigo agobiando, pero será por poco tiempo, no se librarán de mí, tal vez las vacaciones me sigan haciendo pensar en cosas ridículas o normales como estas.
Por cierto, leí a Philip Roth: “Pastoral Americana” preparo algo con lo que pueda dar definición a esa novela y a lo que sentí al leerla, ha sido increíble, aún pienso en ella, ha sido increíble.