7.19.2012

Otra vez Deutschland

Estoy con Detuschland como cuando se tiene un nuevo novio, en un estado de extañamiento con el país, viéndole las cosas nuevas, que en realidad eran viejas, descubriendo  lugares y detalles que antes no conocía. Aquí en Karlsruhe, que es la ciudad donde yo vivo, solo hay 300.000 habitantes, parece pequeña y en realidad lo es, aunque comparada con los pueblachos que abundan en Deutschland, es una metrópoli. El aburrimiento que transmite esta ciudad es mayúsculo, pero eso depende de lo que cada quien espere de una ciudad.Yo diría que una de las palabras que puede definir a Karlsruhe es quietud. Aquí todo sucede como se supone que deben suceder siempre las cosas, y los días, en realidad, por lo menos para mí, se encadenan en una suerte de cotidiana normalidad, que, repito, para mi se transforma en una cotidiana alegría. Me gusta, en este momento de mi vida, lo esperable.

Los domingos tendrías que meterte en la casa de los alemanes para poder verlos porque  cuando sales a la calle solo encuentras tres que van o vienen de una casa a otra. Todo es desierto, y eso muchas veces solo transmite una sensación de que la cotidianidad en realidad es demasiada, porque la excesiva rutina es tristeza de ver a la vejez venir, sin que nada cambie.

Pero, cómo volverlo a decir sin cansarle a usted. Me gusta el verde de los parques, y el clima  nublado hasta en los días de julio, y es que a mí me gustan estos sitios porque también, cómo no, te dan la oportunidad de tener siempre el derecho de ser meláncolico, y yo soy meláncolica por naturaleza, una romántica que aunque no sepa cuándo sabrá alemán, disfruta esta cotidianidad de silencio, quietud y rutina, porque creo que termina teniendo algo que nunca había experimientado, el tener la ilusoria y momtánea sensación de seguridad.