11.28.2014

Vejez

Por qué te quejas de dejar a tus hijos solos, abandonados, si algo te pasase.

La vida es tan cruel que mermando ya en tus energías, en el término de tus edades, tu piel llena de surcos, tus ganas abandonadas, tus pañales, tu visión contenida en esa pequeña cuadratura, la de tus casi nulas posibilidades, no hay besos.

Qué dirían si pudiesen verte trepidando en tu respiración cansada, en tu silla de ruedas, mientras una inmigrante pobre te alimenta y cuenta los minutos para que termine su turno.


Podrías subirte a un árbol y volverte una hoja que cae descuidadamente en el sombrero de tu descendencia. Una ráfaga de aire haría invisible entonces tu delicada caída.

Afortunadamente, no están tus padres para verte.
Qué ilusos fueron pensando que siempre todo sería así como cuando eras niño.

Lo Cruel
en
realidad
es
lo más hermoso









11.24.2014

Mis horribles poemas

Este poema se me ocurrió porque estoy haciendo una actividad para mi página web de español.

El día está gris y es francamente horrendo.  Pero me pongo nostálgica, sentimental, supongo a todo el mundo le pasa.

Ahí va...

Estaba explicando el en cuanto...

y se me ocurre...

En cuanto tú me miras
abro yo más los ojos
eres un muñeco de goma
de pupilas caramelo
pero veo mejor...
Eres tú, sí. 
Nuevamente tú,
cada día.
Nunca me había fijado en tus zapatos
pero ahora trato de recordarlos
Tú barba está en el mismo sitio de antes
me estás mirando
y esto es una confirmación 
mientras se desgasta la vida
Comprobar tu exactitud me mantiene de pie.
Saber que mañana escucharé tu llave
mover la cerradura
mañana otra vez


siempre es bueno tener malos poemas para los días depresivos de otoño.


11.21.2014

Cosas que hago cuando hacen menos de 7 horas de sol para no deprimirme.

1. He comenzado a tomar vitamina D.
2. Escucho canciones pachangosas, es decir, desde Juan Luis Guerra, Pop puro y duro, mucha percusión.
3. Trabajar en mi proyecto.
4. Salir con los niños.
5. Buscar recetas de cosas ricas que preparar.
6. Ver un poco de tele en español.
7. Comer de manera descarada chocolate.
8. Hacer un poco de respiración que termina en meditación.
9. Salir a correr, pero cuando hace mucho frío, me pongo una rutina de yoga.
10. Cuidar mis plantas y mirarlas.
11. Preparar un café aromático.
12. Jugar juegos de mesa con mis niños.
13. Intentar quedar con gente, aunque ya quedo tanto que me canso un poco y necesito mi soledad.
14. Besar mucho a mis niños.
15. Hacer tartas o dulces.
16. Comer tartas y dulces.
17. Abrazar a mi esposo para dormir.
18. Tomar la decisión de empezar a leer otra vez en español, tal vez me ponga a buscar una selección de libros latinoamericanos.
19. Ver programas cómicos.
20. Salir a pasear en tranvía.
21. Comprar regalos de navidad.
22. Envolver los regalos.
23. Aunque no lleguen las encomiendas que mando a Venezuela, mandar algunas cosas a amigos.








11.16.2014

Confusiones extranjeras

Añadir leyenda
Cuando vas por la calle y estás en un país lejano, cuando normalmente tienes mucho tiempo sin visitar tu país de origen, cuando llega la navidad, y tienes más de 365 días sin ver a alguien de tu familia que no sean tus hijos y tu marido, entonces empiezas a ver cosas. Son como especie de alucinaciones voluntarias.

Camino por una calle del centro de Karlsruhe. Está repleta de gente porque se acerca la navidad y los alemanes no compran los regalos el día antes, no, se preparan concienzudamente, organizan en un Kalendar el tiempo que tienen libre y salen con el presupuesto medido, el papel de regalo planificado, la lista. Hay colas para pagar, para caminar, para montarte en el tranvía. Las colas me gustan, sobre todo porque los alemanes no salen mucho y cuando todo está lleno me siento acompañada. Es normal porque la vida aquí se hace mucho en casa, las calles repletas de gente traen a mi cabeza palabras distintas en distintos idiomas. Con el tiempo he aprendido a nombrar a las cosas según sea más preciso el término. Y he descubierto con el tiempo que hay términos más precisos o mejores para nombrar en un idioma o en otro.

Miro a la gente pero no con la fascinación de costumbre, no, los miro con algo que me ha ido pasando desde hace algún tiempo y que solo ahora empiezo a reconocer: Algunos tienen  los rasgos de gente conocida mía en Venezuela. Una mujer tiene el pelo de mi tía Rosita, o la boca de mi mamá, esos sujetos habituales me acechan, de pronto aparece un muchacho en el tranvía que se me parece a un amigo del liceo de mi hermano. Creo que es él, lo juro, es él, pero descubro que el muchacho no debe tener más de 18 años, la misma edad en la que recuerdo haberlo visto por última vez. Es curioso pero la distancia termina siendo como la fotografía.

Mis recuerdos se han quedado detenidos allá y yo los busco aquí, aún los sigo buscando. Es una reconstrucción voluntaria, apaciguadora, que tiene un mal final porque cuando veo los rizos y la boca de mi tía Rosita en una mujer en la calle, juro que va a hablar con mi acento, pero la escucho de pronto, y una ráfaga me trae su alemán sin rastro de acento extranjero.

Otra vez ocurre: Una mujer  se parece muchísimo a una muchacha de la universidad y termina siendo una madre  con cochecito que viene de la Schwarzwald.

Me encanta ese segundo previo, en el que no puedo escuchar aún sus voces, ese momento anterior en el que todo es posible, y voluntariamente me convenzo de que todo lo es, ese minuto es mi gran disfrute, mi encuentro con la melancolía.