9.21.2013

Un cuento de fantasmas

Ya que estamos con los fantasmas, contaré la única cosa paranormal (o eso creo yo) que en realidad he experimentado.

Una vez, cuando era pequeña, acompaña a mi abuela por un camino lleno de árboles que daba a casa de mi bisabuela. Las dos vivían muy cerca y mi abuela llevaba a mi bisabuela, como era ya muy vieja y no podía cocinar, café con leche (que metía en un vaso de plástico), pedazos de pan cortados rústicamente con mantequilla, algún golfiado (este es un dulce típico que tenía un sabor parecido a la miel con caramelo) , pan dulce.

Y caminábamos por  ese camino ancho en el que sobresalían en sus lados unos cerros amarillos llenos de ranchos en la parte más alta, la calle solo tenía una escuela y una fábrica de refrescos abandonada donde vivían, en una casa continua, unas dos familias.

La escuela, como es natural, tenía un palo de hierro muy alto y fuerte donde se izaba la bandera del colegio y donde los niños, probablemente,cantaban el himno por la mañana.

El día estaba limpio, no se movía ningún árbol, el sol ya había dejado de arder, como es normal es esos pueblos costeros de Dios. Mi abuela y yo íbamos cogidas de la mano y yo pensaba que nunca en la vida las cosas dejarían de ser como eran en ese momento.

El palo de la bandera empezó a moverse justo cuando nosotros pasamos enfrente, al principio fue un movimiento tenue, para transformarse, poco a poco, en un violento vaivén que hacía que el hilo de la bandera y una borla de metal en su extremo sonaran con fuerza. Mi abuela no dijo nada, yo me quedé mirando aquél movimiento durante un rato, maravillada, buscando una explicación que no había porque en realidad, ninguna hoja de árbol, ninguna rama se movía. Pensé que alguien, abajo, en una cavidad subterránea podía mover el palo, pero luego pregunté y no había conexión ninguna entre ese palo de bandera con su base de cemento y alguien abajo azotando los cimientos. Alguien movía aquél palo de un lado a otro, con fuerza. A nadie podía ver yo.

El movimiento no cesó, ni siquiera cuando mi abuela y yo, agotadas del simple pero inquietante espectáculo, decidimos que era hora de llevarle café con leche a la abuela.


9.16.2013

las sombras

últimamente veo sombras en la casa. Esquivan mis ojos cuando las miro de frente. Creo que ya le perdí el miedo a los fantasmas. A medida que va pasando el tiempo man hat so vielen Problemen und  ein Geist ist nicht so relevant uno tiene muchos problemas y un fantasma no es muy relevante.

A veces pienso que me gustaría conocer en profundidad a un fantasma.

Pero no porque me sale un muerto que conocía de vivo ya muy bien, sino porque se me presenta, me dice que tal y en su condición de presencia se sienta con las piernas cruzadas y me empieza a contar su vida.

Repaso mentalmente todas las historias de fantasmas que he leído y todas me gustan.

Creo que por eso mi genuino  ídolo de adolescente siempre fue Poe.
Escribía tan bien sobre ellos...

Creo que el fantasma más digno de la literatura es Baterbly:

Yo me lo imaginaba mientras leía el cuento, tal cual así. Tal vez sí con la variante de una camisa gris con un discreto bolsillo de pico en la parte izquierda.




Aquí  no me gusta:

1. El chaleco rojo, le da una vivacidad de la que carece.
2. La vela apagada...las velas siempre son un puente cuando están encendidas, entre la luz del aquí y el más allá.
3. Aún tiene carne en los carrillos, Baterbly comía poco, galletas de jengibre...




 


Aquí no podemos ver su cara bien. El cuerpo carece de detalles, tiene un borde de trazos fuertes y sus rasgos son solo matices de marrones. La vela, en esta ocasión, sí está encendida.

Los fantasmas necesitan de al menos una pequeña luz para poder ser reconocidos. Supongo que por eso serán más frecuentes al amanecer con luz clara del alba. Así pueden ser visibles. Distinguirse de la negrura de la noche.


Imagino que sería curioso encontrarlos en botellas y poder comprarlos en una tienda, los venderán por ebay?

9.13.2013

La felicidad

Me gustaría definir un poco este sentimiento o estado de ánimo:

"No pensar que se está hambriento o enfermo, tener algo interesante que hacer, sentirse cómodo, compartir, amar",




No somos felices. Yo creo que la vida moderna con la sociedad occidental y la que no, han tejido el hilo con unas madejas confusas para la gente, le regalan mucha información para aprisionarlos, les marean y les prometen el perfeccionamiento de su especie a través de los teléfonos móviles, de la velocidad, de los trabajos de esclavitud que prometen hacerte mejor, de los sueldos miserables, de la desolación de mirarte ante la pantalla de facebook buscando amor.

Yo francamente me he resitido a comprarme un teléfono con pantalla grande y táctil, podría hacerlo, pero creo (y perdónenme porque puedo parecer una testigo de Jehová) que los tiempos actuales necesitan un frenazo. No hay equilibrio y las desigualdades son injustas para los diferentes competidores (ahora puedo parecer una luchadora sin aforo).

Entiendo lo que es la soledad. Me gusta en su justa medida, ahora todos somos unos solos, nosotros y nuestro teléfono, nosotros y la pantalla, ¿cuándo habíamos estado más rodeados rodeados de gente?

Pero nos gusta la gente. A mí también me gusta la gente. Pero vivo en Europa ( a mi pesar, juro que me gustaría irme a vivir a Trinidad y Tobago y dejar certificados, pruebas, alemanes, títulos, inalcanzables requisitos ¡ay, las estrellas y sus distancias luz! )

Si escribo ahora más a menudo es porque he terminado el curso de alemán, he buscado trabajo sin éxito, he solicitado una plaza en un master de español para extranjeros (me la han negado porque no me gradué en España), me he tenido que joder en grande y lo único que me quedan son los libros, sus mensajes, una bicicleta que manejo, mi familia (esto es muy importante y soy feliz de tenerla), una computadora donde escribo una novela, y mis propias piernas para hacer jogging.

Cuando salí por primera vez a correr (jamás había corrido en mi vida más de dos minutos) lo hice porque sabía que sino corría me iba a volver loca. Metida en una casa, sin amigos con los que te puedes echar unas cervezas sintiéndote en confianza, me dije que era mi única salvación así dejara el bofe en la acera y me descompusiera de cansancio.

No sucedió. Corrí escuchando música alemana bazofia, corro feliz, cantando en voz alta, bailando cuando la canción no es bazofia.

Me redimo con cada paso que doy y mi salud mental es sólida ( o eso parece).

Ahora leo una novela de Fante y me río con sus cosas, qué cosas las de los inmigrantes, o los hijos de estos.

9.09.2013

Por las cebollas



Ayer domingo leía el periódico alemán que llega gratuitamente a nuestra casa. Generalmente no lo leo pero ayer me llamó la atención la noticia de la acusación a Steinbrücks, el competidor de Merkel, sobre el grave delito de haber contratado ilegalmente (o en negro, supongo) a la señora que le limpia la casa.



En noticias cortas, un poco más abajo Egipto (me gusta esto de interpretar las noticias cuando no me entero mucho de lo que dicen porque estimulan mi imaginación, le pongo otra noticia más):


Un hombre que vende frutas en un mercado de Egipto, podría ser en cualquier calle del Cairo, se encuentra, al meter la mano entre un grupo de robustas cebollas, una granada calibre 7,5.


Me pareció tan poética la comparación y la imaginación que tienen algunos criminales, comparando cebollas con granadas, metiéndolas en el mismo saco de verduras, es un acto inspirador digno de cualquier reverenciado escritor.

Los traficantes de drogas son otros artistas de la poesía y quien piense lo contrario, que lo demuestre...

9.06.2013

Por los espacios vacíos o Francesca Woodman

Cuando hice mi tesis en el CSIC, se suponía que debía hablar de algo que me apeteciera, escribir sobre un libro, comprenderlo, relacionarlo con teorías, decir algo nuevo.
De allí se me ocurrió que Álvaro Mutis era el autor sobre el que trabajaría. Leí todas sus novelas, sus libros de poemas, siempre maravillándome de su exotismo, de su capacidad de condensar la filosofía con lo caribeño, el melancólico estado de ánimo con el sol denso, furibundo que traspasa los árboles, y llega como sombra de luz a los cáñamos de los ríos profundos y majestuosos de Suramerica.
El personaje Maqroll el Gaviero se encuentra al final del libro "La nieve del Almirante" con el espacio destruido, inhabitable nunca jamás de aquella choza con la que había compartido momentos memorables con su gran amor. Después de un viaje casi suicida, solventando miles de obstáculos, solo se mira ante el desastre y las ruinas.
Yo no me acuerdo totalmente de mi tesis, tengo ya tres años alejada del mundo académico, pero sí me acuerdo de la sensación de lectora al entender la transcendencia del significado de los espacios escamados por el tiempo, pero donde aún queda un sedimento de los rastros dejados por los antiguos habitantes.
Conecté aquello con la tragedia de Chernobyl, e incluso, me vi un vídeo donde se mostraban los espacios afectados por la radiación, absolutamente vacíos, allí me maravillaron las escuelas llenas de muñecas, cuadernos, pupitres rotos, las casas llenas de objetos para tomar el café, intactos aún, llenos de polvo, de abandono.

Y por mera casualidad fui a Madrid y leí un artículo de Vila Matas que recomendaba una exposición de fotografía. Decía encarecidamente "vayan", y entonces me di cuenta que podía ir, podía verla, y me encontré que el  Círculo de Bellas Artes de Madrid tenía una exposición adicional a la que Vila Matas había dicho,   sobre fotógrafas de vanguardia de los años 70. 


Entonces miré las fotos de Francesca Woodman,




La Francesca era una chavala cuando hizo estas fotos, una muchacha intensa, enamorada de la fotografía. 

Maneja el concepto poético y surrealista de los espacios abandonados y se coloca entre ellos, invirtiendo el abandono, transformando su significado.

Se hace fantasma, se difumina. Y a mi me fascinan también las fotos del siglo XIX, la recuperación de los que antes ocupaban nuestros lugares, porque todos somos suplentes de los idos.

Y a pesar de todo está la luz, incólume entre la inevitable tragedia que llegamos a ser siempre.
Y vuelve aparecer, con cubiertos heredados, que han sido lamidos por los que no están.

  y finalmente ella, desaparecer entre la luz.

Francesca Woodman 1958-1981