5.27.2009

ya

es tarde y no quiero escribir la tesis porque estoy haciendo algo peor que escribir la tesis: estoy corrigiendo una capítulo.

Tengo que acabar pero no me dan muchas ganas. Mañana cumple años mi amigo Sergio y quiero celebrarlo con él, caminar por paseo recoletos todo lo que tengo que decir ya dicho. Quiero hacerlo todo con las cosas terminadas, pero resulta que soy débil y me zumban los oídos de dolor por estar sentada, sentada, sentada, pensando en párrafos y en vialidades para oraciones subordinadas.

Son casi las 12 y en Madrid hace un clima estupendo y quiero aprovechar que tengo dinero para tomar un café y que puedo caminar sin temor. Pero no. Todo sería más bonito si tuviera la tesis terminada.

5.11.2009

Pasada de Aldaba


Nunca he tenido valor. He de aceptar, a mi pesar, que no tengo la suficiente valentía ni para salir a un frente de batalla, ni para decir cosas hirientes ni para confesar evidencias que sé no van a caer bien.

Hoy, sin embargo, he sido capaz de revelar un dato de mi vida, algo que parece inofensivo, pero que sin embargo para mí significó una batalla dura y cruenta contra montañas de miedos. Creo que el hecho de ser cobarde me hace una ruinosa. Me quedo como el hierro que se oxida por el salitre, me desgasto, me hago hollín.

Hoy dije a la hermana de mi ex novio que tenía novio, y por consecuencia, al decir eso, en todos los recónditos rincones de mi conciencia, se velaban las puertas de mi pasado. Aquél intenso pasado vivido por ocho años con aquél, ese que de vez en cuando volvía para hacerme sentir una nostalgia insoportable e innecesaria.


Como dije, tal vez esto es nada. Seguro. Yo soy muy feliz. Lo soy más ahora. He podido pasar el pestillo a pesar de que en ocasiones la cobardía me empequeñece, me hace disminuirme hasta el punto de convertirme en un gas imperceptible. Finalmente recobro mi color original.