2.28.2009

Desde la distancia...


Ya no quiero ser lo que creí quería. Pienso en el aspecto siniestro de los académicos, de los profesores universitarios. Todos pasado el tiempo son recubiertos por un polvillo gris o amarillento, que es imperceptible a sus propios ojos.

Me gustaba más leer literatura sin pensar en lo que la obra implicaba. En la filosofía de su construcción y su forma, no quería entenderla, solo sentirla.

Sin embargo, muchas veces nos convertimos en lo que somos porque al elegir, no sabíamos en realidad los bemoles, las callejuelas, los recovecos que en realidad componían aquella cosa objeto de nuestro deseo.

O tal vez sí, con el tiempo, desde la distancia, todo se ve más glamoroso e ilustre. Tal vez sólo quería aquello que se miraba a través del espejo del tiempo. Cuando nos vamos poniendo viejos nos volvemos más ciegos, empezamos a ver todo desde la distancia, la subjetiva distancia.

2.19.2009

Un fragmento

“los hombres---pensé—cambian tan poco, siguen siendo tan ellos mismos, que sólo existe una historia de amor desde el principio de los tiempos, repetido al infinito sin perder su terrible sencillez, su irremediable desventura”

Álvaro Mutis ,La última escala del Tramp Streamer

2.04.2009

La carta


Podría escribir un tratado de lo que pienso mientras la maldita raya vertical titila. El abismo de aparecer / desaparecer hace que mis pensamientos hayan de significar para mí un constante reto. Hay múltiples o tal vez más que múltiples infinitas opciones de comienzo. Me desespero con la intermitencia, que crece a medida que pasa cada segundo; un segundo que aumenta aún más mi sensación de infertilidad. Mis extremidades inferiores, suspendidas y tensas en mis sienes, se congelan y se duermen con el pasar del tiempo. La línea vertical negra, de aproximadamente 2 cm, sigue allí. Hay un reloj en mi interior que clama, pide y ruega porque yo me reproduzca, porque yo diga quién soy a través de las palabras. La sequedad, la sensación de torpeza que va extendiéndose por mi cuerpo; en eso me convierto.
***

Han pasado dos horas, continúo enfrente a la portátil. Tengo que entregar un artefacto hecho de palabras, sin embargo, escucho una canción de moda por la radio, una canción que apesta, que no quiero que tenga contacto conmigo, pero que, sin embargo, tarareo. Ha sonado el teléfono hace apenas un segundo, yo no me he molestado en contestarlo puesto que he deducido quién llama. Si quiere saberlo alguien es mi ex marido, un bestia arribista, pero esto en realidad no tiene importancia, a excepción de mi justificación, lamentablemente infructuosa. Él es el destinatario de lo no escrito. Ahora mismo, siento que mis extremidades están congeladas, no son parte ya de mi cuerpo, no tengo autoridad sobre ellas, solo funcionan mis oídos y son prácticamente recipientes de esa canción pop, pop, pop despreciable.
***

La vida me ignora, la raya sigue allí y han pasado dos horas más. Sigue sonando la radio y no atino ya a escuchar nada, sólo escucho el ruido de aquél experimento cruel de desensibilización sistemática que trata de convertir a un ser normal en un loco catatónico frustrado. Mi ex marido ha optado esta vez por llamar a mi celular, ese armatoste que suena con la voz del demonio, haciendo un ruido desagradable como de alarma a las 4 am. Este intento debo entregárselo (me persigue y quiere que le escriba, él me requiere porque no puedo de ninguna manera decirle las cosas en la cara, por lo visto menos epistoladas).

***
No tengo hambre, me he impuesto el costoso ejercicio mental de no tenerla. Mi infertilidad, me he dicho a mí misma, debe extenderse en mi cerebro hasta llegar al punto de convertirme en una absoluta inútil, incapaz siquiera de sentir o tener la necesidad suficiente y básica de seguir en pie. El sueño no existe y es lo peor que puede sucederme.

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Quiero aclarar cómo puede usted, lector, descifrar estas palabras escritas en español. Se supone que hay una contradicción, supongo que ya ha pensado en ella: sino puedo escribir, cómo ha podido usted leer esto. No es esto una descripción de un estado pretérito a mi inspiración escrita. La respuesta es sencilla: está usted metido en mi mente. Ya sé que pensará que lo que hago es un truco barato pero créame, está usted metido en mi mente. Usted ha pulsado el link de esta página y ha decidido perder su tiempo conmigo, yo le he contado varias cosas de mí, por ejemplo, que trato de escribir una carta a mi ex esposo sin éxito alguno. Sin embargo, el recurso electrónico es una ilusión, usted es un vidente nato, tiene poderes especiales, sobre todo, aquellos que le confieren la facultad de meterse en mi mente. Y bien, sé que el resultado es decepcionante puesto que usted no está sacando nada en limpio de mí. Sin embargo, le ruego se contente con saber que puede usted hacer este tipo de cosas.

Ya sé: tiene usted un enigma. Le sigo repitiendo, soy infértil, el único aquí que sirve es usted, mi querido lector: puede usted meterse en mi mente. Ha usted descifrado lo único que hay detrás de todo, es decir algo así como esto:

**** 00001111 00001000

Puede usted adivinar, usted ha travesado los 7 confines cibernéticos que configuran la gran nube. Lo repetí: pudo hacerlo y yo sólo escucho la canción pop mientras mis extremidades magras se resecan y mis ojos solo divagan un titilar infrecuente.

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Ya sé: no me cree. Pues tal vez yo lo haya engañado, esta puede ser únicamente mi carta de despedida, una carta suicida, dirigida especialmente a un ex marido cruel. Crea usted lo que quiera, usted puede estar conmigo cuantas veces lo desee, ya sabe usted que yo estaré lejos, lejos, tal vez sin conciencia y sin cuerpo.