6.24.2008

Querido James Joyce:



Creo que James Joyce no me ayuda a escribir. Lo tengo en la pantalla del computador, circunspecto, con sus grandes y abultados anillos, aquella mano que cae levemente, casi etérea, su sombrero y sobre todo su mirada, él no está mirando al fotógrafo, mira la lontananza; sus músculos faciales actúan a consecuencia de sus pensamientos, sin embargo, no sé lo que piensa. Sostiene un bastón y ahora miro sus lentes de montura oscura, redondos; su boca semi abierta. Por un momento pierdo la memoria y me olvido que murió, me olvido de que es un objeto hecho imagen y pienso sin embargo que está más vivo que nunca; claro, es Joyce y no puede morir es Dios Joyce con sus Dublineses, con su Finnegans Wake y con su Ulises.
Creo sinceramente que esto de rezarle a Joyce no me da resultados. Pasan los días ingrávidos, yo me siento en la pequeña mesita de madera y lo observo largo rato, trato de pensar luego a ver si él me ha transmitido alguna idea desde el más allá pero al parecer Joyce no quiere acordarse de mí, no quiere transmitirme nada. Yo lo invoco y lo invoco, susurro su nombre en mi mente ininterrumpidamente pero no viene nada. Creo que me ha olvidado y me ha dejado en este rincón inconcluso, en esta vida inconclusa con mi computadora recién comprada, tan bonita, que no puede producir nada porque es mi mente la que está abarrotada o entumecida con millones de líneas mal redactadas, con errores ortográficos e ideas insustanciales. Esto de corregir lo detesto y vuelvo a mirar a Joyce y lo veo perverso como pensando en algo muy interesante y entonces yo lo envidio profundamente, desde mis más hondos y recónditos lugares cerebrales en donde se pudiesen alojar las envidias fisiológicas del cuerpo humano. Ahora me lamento, llena de resentimiento y sigo viendo a Joyce con la esperanza de que me ayude, sea del más allá o desde su Ulises. Quiero escribir un 10 % como tú, tener un 5 % de ti, Joyce, dame una manito, sé bueno.

6.21.2008

Sobre el amor...

"Nada hay que ocupe y ate más el corazón que el amor. Por eso, cuando no dispone de armas para gobernarse, el alma se hunde, por el amor, en la más honda de las ruinas"(p.282).

Umberto Eco(1985) "En nombre de la rosa" Barcelona: Lumen.

6.15.2008

Madrid


Hasta ahora no he internalizado totalmente lo que me espera. Este año debo renunciar a mi trabajo y viajar a otro país para vivir en él durante nueve meses. La oportunidad que se me ofrece es única, estaré estudiando un Master en Filología Hispánica en el Instituto de Lengua Española becada con la Fundación Carolina. Creo que soñé durante mucho tiempo con esta beca y ahora que la consigo, siento una especie de vértigo, puesto que pienso que ser una inmigrante temporal te hace cambiar de perspectiva de vida por el resto de tu existencia. Aunque he visitado varias veces España nunca he vivido en ese país. No sé realmente cómo será sentirse extranjera, caminar por calles que no son mías, escuchar otro acento por mucho tiempo, alejarme de todo y de todos a lo que usualmente estoy acostumbrada; vivir sola, la soledad es buena cuando quieres crear, cuando quieres reflexionar, cuando quieres profundizar y descubrir quién eres realmente tú. He tenido que estar sola por mucho tiempo, ahora mismo lo estoy, a mí me gusta pero no de manera prolongada, sé que la vida tal vez me depare cosas distintas y la experiencia promete ser variada y enriquecedora, sin embargo, no puedo evitar sentir ese vacío en el estómago, ese miedo insipiente.
Ahora estoy en Maturín y llueve, me encanta el olor de la tierra húmeda, lo disfruto tanto o más que un exquisito perfume; soy feliz en soledad. Cuando esté allá me pregunto si lo seré igual, si estar en otro país y en una ciudad como Madrid me hará feliz. Soy optimista, hay muchas líneas aún por escribir:cosas nuevas y buenas se avecinan en mi vida.

6.07.2008

La Mancha De Púrpura de Ramon Lopez Velarde


Poema La Mancha De Púrpura de Ramon Lopez Velarde



Me impongo la costosa penitencia
de no mirarte en días y días, porque mis ojos
cuando por fin te miren, se aneguen en tu esencia
como si naufragasen en un golfo de púrpura,
de melodía y de vehemencia.

Pasa el lunes, y el martes, y el miércoles… Yo sufro
tu eclipse, ¡oh creatura solar!, mas en mi duelo
el afán de mirarte se dilata
como una profecía; se descorre cual velo
paulatino; se acendra como miel; se aquilata
como la entraña de las piedras finas;
y se aguza como el llavín
de la celda de amor de un monasterio en ruinas.

Tú no sabes la dicha refinada
que hay en huirte, que hay en el furtivo gozo
de adorarte furtivamente, de cortejarte
más allá de la sombra, de bajarse el embozo
una vez por semana, y exponer las pupilas,
en un minuto fraudulento,
a la mancha de púrpura de tu deslumbramiento.

En el bosque de amor, soy cazador furtivo;
te acecho entre dormidos y tupidos follajes,
como se acecha un ave fúlgida; y de estos viajes
por la espesura, traigo a mi aislamiento
el más fúlgido de los plumajes:
el plumaje de púrpura de tu deslumbramiento.