4.22.2010

solo recomendar

He estado leyendo un libro de viajes de Cees Nooteboom, y ahora que leo su nombre, pareciera que las vocales que lo componen se prolongaran como un eco escurridizo, que finalmente se pierde en una nube de polvo.

Un fragmento:

" Lo que en cualquier otro lugar era un sistema bipartidista, aquí era una lucha con veneno, mentiras, perjurios, difamaciones, escándalos. Los periódicos se tenían cogidos del cuello los unos a los otros, los jueces eran parte, el dinero fluía por cloacas subterráneas y, al mismo tiempo, todo era un teatro, ópera bufa: directores de periódico filmados con ropa interior femenina, el Estado como secuestrador fallido, ministros que eran juzgados pero que nunca acabarían en la cárcel. Era el gran guiñol, algo que siempre había formado parte del país, una adicción de la que uno sólo podía liberarse con dificultad, mientras que todo el mundo ya estaba harto. Los problemas reales se encontraban en otro lugar, en un pequeño grupo de enconados asesinos que dominaban la vida cotidiana con sus atentados con bombas, sus disparos en la nuca, sus secuaces poseídos por el odio. "