1.26.2012

Mi libro electrónico

Tengo un libro electrónico, sí. Por mucho tiempo dudé en comprármelo hasta que un amigo me habló de sus múltiples maravillas (puedes almacenar muchísimos libros, no te cansa la vista, puedes subrayar, escuchar música clásica mientras lees, puedes pasar las páginas sin ningún tipo de incomodidad, etc).

En realidad lo compré  como un acto desesperado cuando daba pecho a mi bebé recién nacido y no tenía televisión, y me quedaba viendo al techo, obstinada, durante casi 12 horas al día. El hecho es que siempre fui en contra de los libros electrónicos y ahora, reconozco, que en mitad de la noche, cuando el insomnio me acecha, no me queda otra que encender mi débil lámpara de sal y apelar por el pequeño aparato sin moverme ni cambiar de postura, cosa que tenía que hacer con los libros de papel. Y por esta y no por otra razón los últimos 5 libros que he leído los he leído a través de mi libro electrónico AmazonKindle. Lo mejor es que pude aprender muchísimo inglés con este aparatejo, porque los libros de Lord Byron que me leí, los leí con el lector electrónico speech mientras mis ojos recorrían las múltiples páginas. Y en un idioma como el inglés, el ver la palabra a la vez que la escuchas significa una ayuda incalculable.

Pero a pesar de todas las bondades de todo esto, puedo decir que los libros en papel tienen el sabor de aquello que es más palpable. He comprado, por recomendación del excelente blog entre montones de libros , un libro en papel que pedí por Amazon (Traducción de La hija de Robert Poste); como está en español me sale por un ojo de la cara, pero en fin, lo pedí y creo que voy a pausar mi etapa del libro electrónico para volver a sentir entre mis dedos las páginas que se deslizan y poder subrayar los pasajes que me gusten con un lápiz de grafito y poder dibujar florecitas en las esquinas de las páginas y poder tocar, con toda su gorda maginitud, las páginas juntas, llenas de cosas interesantes, de paisajes descritos, de aventuras y diálogos, en su extensión real, en su coposición química palpable y sin cifrar  0 o 1nos. Creo que va siendo tiempo de alejarme de las montañas de información para deleitarme con lo tangible.


1.17.2012

Heilderberg y Oporto

El fin de semana pasado estuve en Heilderberg (Una ciudad que tiene la universidad más antigua del país y un centro histórico que no tiene pérdida); cuando llegué a la estación de trenes (Banhhof), me di cuenta que había dejado la cámara fotográfica en mi casa.

Es curioso pero antes nunca se me olvidaba, la llevaba a todas partes y en mi estridencia de semi adolescente tardía, era capaz de maquillarme para verme mejor en las fotos.Ahora no hago eso (¡Oh, señor ! ¿¿soy más seria??), siempre olvido llevarla, pero supongo que por un lado tiene también sus ventajas, puesto que al no tener un fijador de imágenes automáticas, hay un mayor esfuerzo de la memoria por retener aquello que es inusual, nuevo, y que acapara la atención. 

Del castillo (Heilderberg tiene un castillo), puede decirse que sufrió un cataclismo castillezco por parte de los franceses, a quienes les gustaba mucho destrozar castillos ajenos. Esto fue en el año 1693. El castillo está compuesto por varias ruinas y lo que me pareció más curioso, porque sinceramente, a mi los castillos en ruinas, como hay tantos en Europa me interesan solo cinco minutos, fue que la segunda puerta fue construida en solo una noche, por orden del señor Federico V, que quería sorprender a su esposa (fíjate tú lo buen marido que era) y así erigió esta joya arquitectónica. 

 Tienen también un tonel de cerveza de  220.000 litros de capacidad. El tonel se construyó hace 200 años y tenía un sistema con bomba que les permitía llevar el líquido directito a las mesas opíparas de los salones reales.


La foto esta no es Heilderberg, es Oporto, donde estuve de luna de miel, por allá por el 2010. Se me pareció mucho la ciudad a aquella otra portuguesa que visité en muy distintas circunstancias.  Las dos me parecieron encantadoras, creo que las ciudades partidas por ríos tienen un encanto mayor. Algo hermoso, maravilloso, patente aquí en Europa donde todo intenta tener un cierto decoro estético.

Oporto
En América Latina, donde pululan países subdesarrollados, semicomunistas, donde en algunos sitios lo que importa es sobrevivir, el día a día y no el más allá, es normal encontrar debajo de esos puentes que cruzan los ríos un mundo subterráneo alucinante, donde todas los bajos sentimientos y la cara cruel del ser humano sale a la luz. La cara de abajo de estos puentes suele ser sombría, dantesca, terrible.  No quiero enumerar las cosas que en algún momento de mi mediana existencia, tuve que saber sobre este submundo, solo he de decir, que aquello peor que imaginen, agregad una pizca de chile con bachaco picante indígena y más, más, más.

A la salud de los puentes bien habidos, reflejados por miles de fotos turísticas, esos donde aún no ha llegado la extrema pobreza.




1.12.2012

Entender un idioma (El alemán)

el Super detrás de casa, muchas biciletas, todo muy apacible.
A veces la repetición de los días puede hacer que los sueños que tienes cuando duermes se hagan más extraños. No sé si es porque al carecer de experiencias que me conmocionen termino por echar mano del inconsciente, y de todo el patuque de recuerdos extraños, impresiones, obseciones y fantasías que he experimentado a lo largo de mi vida.
Esos ojos despiertos son los de  mi pequeño Nicolás. Lo cuido todo el día, le invento juegos, le leo los cuentos de TEO, aunque sean para un niño de dos años. Investigo en internet sobre los ejercicios que debe hacer, lo ayudo a que gatee pero mi trato humano se limita a él y a mi marido, cuando llega de trabajar. Comienzo a sentirme como en una isla desierta. Cuando voy al parque, no quiero que me hablen, me siento nerviosa, porque no me gusta decir que Ich Kain Nich Spreche Deutsch (Si está mal escrito, perdonen).

Hasta ahora, intento escuchar las conversaciones en la calle, lo que se dicen y responden, intento leer "El amor en los tiempos del cólera" en alemán, aunque no entienda nada, solo para familiarizarme con las estructuras ( Y que feo es en alemán, un libro que era tan bonito en español).

Hasta ahora, intento tragar como a una medicina todos los programas de tele basura  (no comulgo con la tele) para solo escuchar hablar.

Sigo sin enterarme.

Super! (ellos dicen Supa!)
La vista desde mi ventana






1.09.2012

La comida en Alemania

Mi desayuno.

En realidad, la comida alemana no me ha dejado una gran impresión. Cuando vine de Venezuela a España me llevé la sensación de que los españoles comunes, con el poco tiempo que tenían, optaban por comerse unos ñoquis prefabricados pasados por el microondas al menos cinco minutos. Pero la verdad es que en España la gente que puede prepara su comida y lo hace comprando en esos grandes mercados de barrio que tienen de todo (Yo iba al mercado de las Ventas, que es genial), dícese cestas de madera con frutas de todo tipo, al precio que tu quieras pagar según la calidad.

En Alemania hay de todo, pero no es lo mismo, la mayoría de la comida es prefabricada, te pueden vender hasta las sopas de lentejas (que también las hay en España) con salchichas, metidas en una latica que compras y usas según el apuro, y cuando las pruebas, saben desabridas y no te dejan ese frescor calentito de la comida casera. 


En Alemania se comen salchichas, hay salchichas por todos lados, y no solo eso, jamones de salchichas y unas coles moradas que comen hasta más no poder. 

He comido en buenos restaurantes alemanes y la comida es deliciosa, pero es curioso que los restaurantes italianos (hay muchos italianos aquí) y los turcos sean la mayoría, al menos aquí en Karlsruhe que es donde vivo yo. 

1.02.2012

Fin de año en Alemania

Los alemanes beben mucho. Es lo que he podido ver en mi primer fin de año que paso en el país teutón. La relación de los alemanes y la bebida responde a un tópico ampliamente conocido: La cerveza. Alrededor de 131,7 litros por persona al año. Quien no se haya deleitado con una cerveza alemana en su vida debe hacerlo, son deliciosas y la variedad es enorme . En cada pueblo, por muy pequeño que sea, se fabrica una cerveza autóctona deliciosa.
Pero los alemanes no son solo cerveza, y como son muchas cosas, yo solo me voy a ceñir a lo que mi ojo avisor conoció en la noche de fin de año (Silvester, para ellos): ya se sabe que me gusta ver a través de las ventanas, y generalmente para mí Alemania tiene mucha diversión porque los alemanes hacen muchas cosas en su casa, de alguna forma la casa es su templo y, como las calles están vacías y las farolas son débiles,  las casas tienen un contrapunto, están bien iluminadas y cualquier fisgón como yo puede observar lo que hay dentro de ellas. En una noche de fin de año generalmente se reunen amigos o familia reducida alrededor de una mesa muy bien decorada y comen, también ven la tele, y antes de que sean las doce están ya en pijamas (al menos en las 8 edificios que pude ver a través de las ventanas del piso de mi cuñado).
A la una cierran todo, apagan las luces y deduzco que solo los más jóvenes salen a tomar CERVEZA. No hay muchos cohetes estruendosos, sí puedes ver antes de las dos de la tarde del último día del año a la gente más osada (dícese gente con pinta de motorizado, tatuada, con barba de 4 años años sin peinar y piercings, niños malcriados y padres tocapelotas) comprando una paleta de lo más variada de cohetillos.  También los italianos, seres osados por naturaleza, tiran cohetes, pero los alemanes no dicen ¡Feliz año! a todo gañote, no; lo hacen bajito, tal vez se mirándose a los ojos y se desean lo mejor por siempre jamás en el nuevo año. Al otro día, nadie se atreve a estar en pie antes de las 8, las calles están vacías, absolutamente vacías. Creo que no les gusta madrugar los días festivos, ya trabajarán el resto del año.