7.19.2008

Por la carretera


Una vez pasaba por la carretera Cumaná- Maturín y vi un velorio de caserío. Dos hombres salían de una pequeña casa de vivienda, uno se acomodaba el puño de la camisa, el otro esperaba impaciente con el cabello mojado, señal de que se había recién bañado. Más adelante, específicamente a dos casas de distancia, se aposentaba el coche fúnebre; un poco destartalado, con letras rojas en forma de arcoíris decorando las ventanas laterales. Mujeres con camisas cortas, negras y cabellos pintados hacía mucho tiempo esperaban saliera el entierro. Un grupo sostenía una corona de flores. Ningún familiar lloroso y apesadumbrado se asomaba por la parte foránea de la casa. Supongo que se encontraban adentro, llorando al muerto, dándole el último adiós antes de que se lo llevaran. Había un autobús más adelante que seguramente recogería a los presentes y los trasladaría al cementerio de Cumanacoa, el pueblo más cercano.
En la noche, en medio de un vibrante sonar de grillos, los vecinos contarían alguna historia de aparecidos y los niños miedosos rezarían con más ahínco el Ave María y el Padrenuestro antes de dormir. Tal vez la abuela les diría que los muertos no salen, pero por si las moscas, nunca está de más encomendarse al ángel de la guarda. El muerto de al lado no aparecería, pensarían ellos. El muerto de al lado no sale, el muerto de al lado está en el cementerio. La muchacha adolescente pensaría en el viejo enfermo y no querría verlo más. La abuela, sin embargo, piensa que no queda mucho tiempo, escucha a los grillos y reza el Padre Nuestro, luego el Ave María “Santa María, madre de Dios ruega por nosotros…” Yo voy por la carretera, pienso en mí, pienso en la abuela, en el miedo de la abuela con su cáncer y su sentencia de muerte: su muerte. Pienso que todas las abuelas deben de pensar igual, todas las abuelas con su miedo, todas rezando el Ave María, todas sin querer morirse, con los brazos arrugados, el cuerpo roto, cansado, trabajando a media máquina. Entonces, extraño a la abuela, hace ya tres años sin verla, y pienso en ella y no quiero acordarme porque se me arruga el corazón. Se me pone muy chiquito, y mejor no hubiera visto el entierro en la carretera, mejor no pensar, sí, mejor no pensar que se fue.

7.14.2008

Las cosas que se me ocurren mientras corrijo

Y si tengo los ojos cansados, con los montones de telarañas que abruman mi visión. Me despierto de un sueño extraño, sueño que sueño, pienso en cosas rojas que pasan por un tamiz que en realidad es un caleidoscopio; las cosas se confunden, todo deja de ocupar su lugar para aposentarse en otro. No es que el pasado tenga un espacio, sin embargo, yo sueño que sueño que lo tiene, y entonces los montones de telarañas empiezan a borbotar como fuentes furiosas hacia el espacio.
Yo estoy cansada y sueño que sueño. Quiero que no haya más injusticias, me monto la película en un foto proyector por el que han pasado millones de células de luz que también fueron tamizadas, y entonces pienso que el pasado tiene un espacio real y el futuro también. Siento que el pasado ocupa el espacio de la injusticia y el futuro el del amor. Sueño que sueño muchas cosas pero me salen telarañas en la boca y se me hace difícil hablar, finalmente trato de crearme nuevamente pero limpia de telarañas y no puedo, creo que he quedado atrapada en el pasado, ahora no puedo ocupar ningún espacio presente, el sueño es un carcelero inteligente y no me permite ni siquiera ver las llaves.

7.04.2008

T.V.


He visto televisión: lo confieso. Últimamente, en estos días depresivos, de auténtico malestar emocional, me han hecho advertir que pasar los canales como una autómata distraída te hace sentir peor. La verdad, no sé si esto me había ocurrido antes, tal vez sí y yo no lo recuerdo: El poseer con todos mis documentos de propiedad la sensación de absoluto vacío mientras paso y paso canales sin que pueda decir que algo es divertido, sin que pueda satisfacerme o interesarme con nada.
Tal vez mi percepción esté contaminada, sin embargo, he tratado de ser objetiva, hoy precisamente que me siento un poco mejor. Sacar la cabeza a la luz y seguir pasando los canales a modo de prueba me ha hecho darme cuenta de que la era televisiva de los reality shows es absolutamente detestable ¿Es que no pueden buscar testimonios de gente menos estúpida? Sinceramente no sé hasta cuándo tendré que soportar obscenas cantidades de vidas idiotas mostradas en todo su esplendor en la pantalla. Es pestilente y da un asco absoluto ¿Hasta cuándo?