1.13.2014

Pobres vivos



Miro cochecitos para arriba y para abajo, mamás poniendo caras  de locas para hacer reír a sus hijos, bebés abrigados contra el duro invierno; llevan sacos, guantes, gorros, bufandas. Busco a Nico en la guarde, o lo llevo, lo mismo da, las madres quitan con paciencia las ropas de invierno de los pequeños. A veces en las tardes, como están alborotados, se ponen a correr cuando los vienen a buscar sin hacer mucho caso, entonces el padre/madre, sin un solo grito o amedrentamiento, espera pacientemente que el niño vaya hacia ellos, este tiempo suele durar unos 3 minutos, entonces dicen una palabra firme, que apenas entiendo y el niño sin chistar se acerca para ser vestido y salir de la guardería.
Cuando voy a los parques, me suelo encontrar un montón de niños que juegan con ayuda de padres vigilantes, que hacen preguntas, explican cosas. La mayoría está preparada para que si el niño tiene sed sea satisfecho, si tiene hambre, también.
Los niños alemanes son poco espontáneos, a veces un poco egoístas con sus cosas, no suelen ser demasiado zalameros con los extraños, ni extrovertidos, ni preguntones, han sido programados por esta cultura, se están preparando en ella para ser políticamente correctos. Un día vi en el tranvía cómo a una niña se le derramaba el jugo de naranja que había traído de su casa y sus amigas, en vez de burlarse de ella, mofándose por un acto que resultaba evidentemente embarazoso, buscaban toallitas y pañuelos para limpiar sus zapatos, su chaqueta y su pantalón lleno de jugo. No pude contener la emoción cuando, habiendo terminado este acto de higiene, le preguntaron a la niña, “¿Estás bien?”,   Y sentí una bofetada de injusticia en mi cara, me dieron ganas de llorar, porque recordé mi absurda infancia, mi sufrimiento que ha dejado unas profundas marcas en mí por las burlas y las torturas que recibí durante años, solo porque un día se me había derramado un similar jugo de naranja en mis regazos.
 Allí entendí que esta era una cultura distinta, que había recibido, evidentemente, una muy dura lección; que se había preparado con mucho sacrificio para ser lo que es. Siempre es, desde luego, más divertido burlarse de los demás, criticarles, arremeter contra el otro faltándole el respeto, rebajando su dignidad, el agresor se siente superior en inteligencia y fuerza, entonces él gana, en parte.
Tengo dos años en Alemania y lo que más lamento profundamente es no haber venido antes. Me hubiese gustado aprender alemán a los 15 años, por ejemplo, estudiar en una buena universidad alemana, poder optar, con más chance a un buen trabajo. Porque este país, para empezar,  cuida con muchísimo esmero a los niños. Son una especie de reliquia que debe ser preservada y bien conducida y me parece admirable que sea así, porque dentro de 10 años y 20 y siempre, tendrán una sociedad respetuosa, trabajadora, disciplinada, pacífica. Tal vez no sea la sociedad más divertida, ocurrente, y  la que se la pasa mejor en el mundo, pero tendrán algo que ellos valoran y creo que la mayoría del mundo también (ya que veo aquí a inmigrantes de todas partes);  cierta seguridad, respuestas a sus problemas,  profesionales que sabrán hacer su trabajo cuando se les necesite, sin intentar joder a nadie.
Ellos saben que no joder a nadie es una ganancia ¿Quién cree  que los alemanes son pendejos? Los beneficios de aquellos vivos (jodedores de los demás) son pocos comparados con las devastadoras consecuencias.
Mi país vive a diario los efectos de esos vivos. Mi país eligió ser así, chévere, quítate tú que me pongo yo, dame el carguito, cobro sin trabajar, te mato, te asalto, te violo,  me llevo la comisión, cuánto hay pa’eso, qué trabaje otro, y así me burlo del otro, de su dolor, de sus problemas, me da igual su enfermedad,  porque al final me terminan jalando bolas y eso me gusta.  Sin mencionar que tuvimos, como un estandarte idolatrado, al vivo- astuto-gigante en vileza mayor,  que estuvo en el poder 14 años haciendo cualquier bajeza posible, destruyendo todo lo que antes quedaba,para ganar alabanzas falsas, poder y dinero. Qué zamarro nuestro ex presidente. Y estuvo allí hasta la muerte.
 Y qué pendejos somos, en verdad, quien haya vivido en un país como Alemania, quien haya intentado observar día tras día como he hecho yo su cultura y la forma que tienen de comportarse, quien haga una simple comparación de nuestra cotidianidad, cómoda, simple, agradable, eso sí, siempre trabajando y siendo responsables, se dará cuenta que al final trabajamos menos que los que viven en Venezuela. Y me digo todos los días, como venezolana, que hemos sido solo unos pobres pendejos.