4.29.2009

La pelirroja y su amigo, Bótox e Imanol Arias.


Lo dicho es cierto y la conversación es transcrita tal cual sucedió.


Al lado de mi mesa hay una bandeja con los restos de lo que fue antes un canapé lleno de dandis y caramelos de chocolate. Estoy en una cafetería. Pido un pedazo café de canela que llaman Panna Canela, no sé pronunciar el nombre y mi timidez me impide pedir cosas que tienen nombres que nunca antes había escuchado. Acabo de hacer un amago de ponerme los audífonos, pero he desistido de la idea de manera automática. A mi lado hay una pareja de amigos que conversan. La mujer es muy llamativa, tiene el cabello ensortijado y rojo, los labios son gruesos, probablemente productos de la cirugía y la vanidad; sus ojos, coloreados de sombra negra obscura, hacen a su boca muy expresiva, al igual que a sus pestañas que se mueven constantemente mientras hace cada afirmación. Podría decir que es atractiva, sin embargo, tiene ese tipo de belleza y carisma variable, dependiendo del receptor, la situación y la cantidad de maquillaje. El hombre está de espaldas a mí por lo que no puedo advertir su cara, es mucho más viejo que la mujer, y por lo que habla un evidente soñador.
No sé qué haría ella si en este preciso instante yo le dijera que estoy copiando absolutamente todo lo que dice. Ha hablado de todo: del amor de Cristo, del amor, de la locura, del trabajo, de las amenazas y el maltrato doméstico, ante todos estos temas metafísicos y terrenales me decanto por una profesión vulgar, es abogada.

Mujer y hombre hablan de la vida. Ella es una romántica, y él se ha enamorado de una mujer más joven, mucho más joven. En este preciso instante le dice que le va a presentar una amiga al hombre:
---- Ojalá y seáis amigos, de verdad que deberían ser pareja. Tiene mi edad, es cuarentona, llevamos 18 años de amistad, era mi alumna y no paró hasta ser amiga mía. Esta chica…lo consiguió y de qué manera y con qué perseverancia. Es una tía sin defectos, tiene un solo defecto, uno solo: no sabe amar, es demasiado buena. Físicamente…déjame buscar que tengo una foto aquí…a ver… no es guapa pero tampoco tú lo eres… seamos claros…vas a conocer a José (su marido que según ella se parece a Imanol Arias) y todo, a ver…mi hija pequeña y mi hija mayor.

Este es José…
--- Pero mira que…
--- ¿Es esta?---pregunta.
--- No , pero qué dices, venga que es mi hija. No estoy tan vieja, Juan, por favor…la cuarentona es esta. Mi hija se ve jovencísima, cómo la vas a confundir, Juan, pero mira qué despistado eres…
--- ¡Lo siento, Lo siento!
--- Pero mira como eres, Juan, que me llamas vieja y no lo soy.

Que me llamas vieja… Juan… Vieja y no lo soy, no lo soy, no lo soy, por favor ¡No lo soy! ¿Tú crees que estoy vieja, Juan? Juan, dime la verdad…y sus súplicas perpetuas se extendieron hasta que dejé de escucharla y me fui a caminar por el retiro olvidándola, sin olvidarla…imaginando qué locos seguimos siendo todos, cuán locos seguiremos siendo todos.

4.22.2009

Epitafio




Las fotos de arriba corresponden:
uno) la cara de quien fuera en vida el poeta prusiano Henry von Kleist
dos) La tumba que contiene uno de los mejores epitafios de poetas. Kelist una buena mañana, luego de haber hecho un balance de su vida difícil( lo del balance son suposiciones de los cronistas), llena de injusticias, privaciones de libertad y frustraciones; ante el iminente desastre en la recepción de su última obra decide junto a su mujer (acosada por un cáncer en etapa avanzada) irse a la orilla de un río y pegarle un tiro para luego pegárselo él.

La romántica y shakespereana "realidad" histórica inmortalizó a este poeta: primero por haberse programado el romántico suicidio. Luego, como receptores de su obra, por nuestras morbosas esencias y el resultado de su furiosa, destellante y avasallante y legendaria defunsión.

Uno de los versos de su obrael príncipe de Hamburgo fue puesto en su epitafio.

Una contradicción y certeza, una paradoja aterradora y descomunalmente sabia que dice para siempre:


Ahora, ¡oh inmortalidad!, eres toda mía.

4.16.2009

el viajero empedernido o cómo meterse en la vida de Maqroll el Gaviero, mi dolor de cabeza, mi tema de tesis


Se cuenta que todo viajero empedernido es un errante; con causa o sin ella deambula por horizontes diferentes cuyos matices y atardeceres presentan distintos colores; y los rostros encontrados son miradas que poseen la carga de los múltiples pasados, relacionados siempre, claro está, con sus maneras distintas de ver el ambiente. Se encuentra el viajero empedernido con su propia trayectoria, llena de sabores y olores y vistas y cadenas habladas. El viajero empedernido es ese punto de contacto entre el riel y el tren. Por tanto, los caminos y las voces de los caminos son el pan del viajero. Su vida es cambiar, es tener siempre la certeza de no sentir el apego; es la subsistencia escogida que va perdiendo poco a poco la identidad y que se difumina en múltiples tiempos y espacios contenidos siempre en la estela dejada en el pasado; que se corta con el nudo del presente y que se extiende como un humo de incienso en el futuro.
Hoy no ha sido un buen día. Ha llegado el momento en el que la tensión de las lecturas continuadas, sus abigarramientos en mi ya detenido cerebro me han hecho mella. Hoy no he dormido bien y no tengo ganas de ser gente. No quiero ni puedo pensar y lo peor es que debo hacerlo. Tal vez sea narcisista por estar escribiendo esto. Hoy no quiero escribir ni producir nada, pero debo hacerlo. Mientras más escribo más me convenzo de la inutilidad de mi tarea, entonces no entiendo para qué sirve lo que hago.


NO sé qué hago.


No sé si hago algo.

EL sentirse inútil es lo más terrible que puede pasarle a alguien.


Tal vez sea bueno que escuche música.