1.22.2008

20 minutos

Tengo exactamente 20 minutos para hacer esta entrada, no tengo derecho a corregir, tengo permiso de escribir y escribir como cuando corro en una sabana grande, verde; se me antoja una pradera con florecitas de esas parecidas a una foto de windows Xp.

Ya agoto el tiempo, y sé que se gasta, se va,son sólo veinte minutos que tengo y la verdad se me ocurre escribir del tiempo y de la frustración. Tal vez esté viendo todo de color gris, o azul pálido, pero el tiempo no sé si deprima, sólo sé que se gasta y se gasta.

En algún lado escuché que el tiempo no era tan uniforme y hasta podía ser tangible, que estaba constituido de protones y no sé qué cosas más electrónicas ( y se gasta) y aquí no podemos saber si el tiempo de verdad es el tiempo ¿Y si no existiera dentro de los vocablos inventados en los idiomas? ¿Sí la gente viviera sin medidas? ¿Si no fuera necesario saber que nos ponemos viejos (y que se nos gasta), que nos vamos desmoronando, arrugando como una pasa, ajándonos, olvidando hasta que pasados cientos de años no seamos ni siquiera un recuerdo.

Cuando leo un libro; cuando leo un poema y siento el vibrar de su ritmo, el repiqueteo de sus sonoras expansiones, siento, sólo entonces que el tiempo se detiene, que el minuto no pasa, que ya no hay partículas eléctricas, ni vejez, ni siquiera vida humana, en el ritmo de la poesía siento algo cósmico, universal, tal vez conectado al supremo origen, tal vez conectado al sentido de la existencia del hombre.

1.12.2008

A otro sitio

Mi ausencia está más que justificada: he tenido que recorrer calles, avenidas, anuncios clasificados; llamar a voces descoloridas, estridentes, cautelosas; hurgar, escudriñar, dudar, pensar más allá. He tenido que buscar un apartamento en alquiler, qué tarea tan difícil en un país como este y creo que en muchos otros. De todas maneras y como mi condición de arrimada (persona que vive con todos sus peroles empaquetados como una hallaca en un rincón de lo más chiquito para no molestar) lo ameritaba tuve que buscar con empeño, dedicación y luego desesperación un apartamento sitio y barato ¡Qué calamidad!

La búsqueda fue al principio infructuosa pero también representó en mi haber de historias una verdadera aventura; me vi en un taxi paseando por calles desconocidas, marginales, donde miles de seres hambrientos hacían colas enormes para comprar un poco de leche, carne, pollo, azúcar o lo que sea que no exista en los anaqueles de un super mercado. Me tocó ver sitios nunca explorados de Maturín, mirar gente distinta, ver por primera vez calles pobladas de casas antiguas con mesita de centro y pañito de ganchillo. Me tocaron, en fin ,muchas cosas y mientras sucedía para mí esta búsqueda estaba también inmersa en un letargo de abstracción que me impedía acercarme siquiera a un libro. Por eso, cuando apenas me faltan 3 páginas para terminar El cuarteto de Alejandría sigo llevando el libro a todas partes, como si en cualquier momento, presa de un sortilegio, decida finalmente leer estas últimas 3 páginas terminando al fin los 4 volúmenes de lo que a mi parecer debe ser la obra maestra de Lawrence Durrell. Y aunque no pienso dejar estas tres hojas sin leer, dejo el momento del sabor más dulce, del punto álgido, del clímax del placer de la vida, para un precioso momento, un momento sin preocupaciones, en donde al lado de unas llaves de colores esté tumbada en mi nuevo sitio.

Y ahora, luego de una extenuante mudanza, sin prácticamente ningún objeto, disfruto de la calma y la tranquilidad que me da el haber encontrado ( a costa de mi bancarrota, pero no importa) un lugar donde vivir.

Así que después de esta charla me despido, no sin antes prometer disfrutar de un momento preñado de sabores divinos; un momento que me brindará la lectura de las últimas tres páginas de Clea, el último libro de El cuarteto de Alejandría.

1.02.2008

¿Es acaso importante?

Torrealba es un ser tímido, álgido, disconforme. Generalmente camina con la cabeza gacha, los ojos fijos en el suelo. Sus manos siempre están vacías, no le gusta nunca cargar nada. Dicen que es taciturna, dicen mucho. Torrealba tiene el labio superior partido, es hermosa a pesar del evidente desgaste de su dignidad y su cordura; flaca en extremo, autista, divorciada del exterior.

Empezó consumiento pastillas, tal vez por curiosidad--es lo que se dice--tal vez por débil. Luego entraron en su repertorio los tabacos de hierbas incansables y las inmaculadas rayas de cocaína. Siempre con amigos ricos y bellos, ni un pelo fuera de su sitio, ni una prenda de vestir barata. Al poco tiempo se hizo fastidiosa, ya no la querían en ningún círculo--se había gastado todo el dinero--; empezó a venderse: uno primero, luego varios, después cronometraba para ganar más. Este trabajo, al contrario de lo que podía pensarse, le dio un poco de orden.

Y llegó su vida plagada de noche,llegaron los sueños raros, las noches de vistas hacia el cielo, jadeantes; dejó de menstruar. Las estrellas la habían abandonado,no podía trabajar, tenía barriga. Con el poco dinero que podía conseguir tomaba piedra, la concaína: ya no estaba a su alcance, su aspecto: un despojo macilento, melancólico, llorón, sucio.

Se había terminado toda posibilidad de obtener dinero. No había alhajas, no podía recurrir nunca más a su madre. Se le abrieron las piernas, muy abiertas, y salió del hueco sangriento una niña. La llamó Indira. No sabía porqué.

Salió del hospital pensando en droga con aquella niña a cuestas, esto le impedía tener movilidad y le encendía por dentro de cólera. No había rumbo posible, el bulto con cara le pesaba y le costaba dinero, encima tenía que atenderlo.Se le ocurrió una idea: venderla. Una mujer fea que la conocía le dijo que podían pagarle mucho, ella aceptó. Ahora estaba sin nada que cargar, con dinero, pensando en droga.

La noche venía, iba, le traía tabacacos de marihuana, pastillas, rallas; le traía coitos con orgasmos fingidos construidos con suspiros obligatorios mientras sentía el músculo gordo que se movía dentro de ella. Un hombre, muchos, no los distinguía, pensaba sólo en droga.

Había alquilado una habitación en una pensión peligrosa, una guarida oscura de gente ruin, salvaje. Era lo único que podía pagar. Allí dormía,tomaba café ,pan con mermelada de guayaba. A veces se iba a la esquina y compraba un estropajo de sopa por 5 bolívares; cuando el hambre apretaba, aprovechaba para reparar las fuerzas. Torrealba se había vuelto un organismo, un recipiente de droga y miembros masculinos. Su cabeza sólo sentía el deseo imperioso de consumir, de callar la gran ansiedad.

Su salud estaba debilitándose, así que Torrealba buscó sin aliento una salida porque sintió que no lo resistiría. Recordó entonces que había sido en algún momento una persona; que había parido a alguien que no estaba ya con ella. Se preguntó dónde estaba aquella niña cuya cara no recordaba. Se sintió ifame, derrumbada, amarrada a una tragedia que le abria los ojos de golpe, que le daba enérgicas y terribles bofetadas. No había salida.

Volvió a la guarida, como siempre, con los ojos fijos en el suelo pero ya con la conciencia de quién era; fue terrible. No había marcha atrás, tocaba volver a pensar en droga, a recibir músculos erectos en su culo, en su vagina. Había de festejar siempre con la mayor cantidad de destrucción,con la mayor cantidad de olvido.

Ahora Torrealba puede que esté en una cama de hospital ¿O en el infierno? ¿O en la cárcel? ¿O con un cliente? ¿Inyectándose heroína?

No se sabe.Tiene tiempo sin salir a trabajar, se presume que ha muerto de sobredosis, se presume, no ha portado por el cuartucho. A nadie le importa ¿A usted le importa? Vamos, si sólo es un personaje, usted terminará de leer y pensará: "No tienes nada que hacer, al menos me hubieras dicho qué pasó" ¿Acaso es muy difícil saberlo? ¿Y qué importa? Nadie sabe a ciencia cierta qué pasó con la pobre infeliz ¿Era acaso un ser importante?