5.19.2017

Hoy de nuevo

Hace casi dos años escribí por última vez en este blog.

Pensé que lo iba a dejar definitivamente, lo olvidé por completo y no estuve aquí por muchísimo tiempo.

Me han pasado cosas durante estos dos años. Mis hijos han crecido, cada vez saben hacer más cosas y cada vez más se van perfilando, yo voy conociendo sus debilidades, temo secretamente.

 Intenté hacer un negocio dando clases de español, supongo ha sido mi propia persona la que ha debido influir en el hecho de que no he podido ganarme la vida con ello, me gustaba muchísimo, por Dios, cómo no podría gustarme, era mi vocación, pero no tengo un título europeo, no tengo ningún papel alemán, de nada sirve si vives en un sistema educativo sustancialmente diferente al título que habías conseguido. He hablado de ello bastante en este blog, ese trabajo que nunca llegó, a pesar de que invertí 7 años de mi vida preparándome para ello. Pero nada de lo que es mi realidad quita quien soy y lo que me gusta.

Durante mucho tiempo tuve muchísimos problemas de ansiedad. Leí libros sobre ello, visité una psicóloga y me alejé un poco del acontecimiento que me llevó a tener miedo (quería sacar mi licencia de conducir y no pudo ser).

No sé si es prudente ver la vida solo desde un resquicio. Allí creo que radica mi error. Me envuelvo siempre en esas cosas que no son hermosas y que nos pasan a todos. Las cosas hermosas pasan todos los días, las tenemos delante de nuestros ojos y son la antítesis de los problemas más incómodos de la vida. Si estamos sanos, qué mas importa, de verdad, eso ya es hermoso, debe pensarse así, eso es la vida.

Durante este tiempo empecé un Ausbildung que es como una cosa de formación profesional en donde
me encuentro con gente a quien no le gusto, y sinceramente no he aprendido a estar con gente a quien no le gusto. Es un error que muchos tenemos, cómo superar esa sensación incómoda.

Estuve en Londres este año y estaba acompañada constantemente durante dos días por esa sensación. Convivir con ello y que no se te salten las lágrimas, convivir con ello y no sentirte pequeño, no pensar que eres menos porque eso sucedió. Qué hermosas estas frases que no son verdad. No puedes convivir con ello y pensar que no sucedió a menos que tus genes te hayan regalado una personalidad lo suficientemente psicópata para no sentir dolor por ti mismo, porque evidentemente tienes que aceptarlo: es desagradable. La vida es un pedo raro, una indigestión emocional, a veces.
Ahora lo realista sería decirte es desagradable y dejar que el tiempo te aplaque. Entonces te dices a ti mismo: mientras leo un libro, miro el horizonte, me tomo un baño, beso a alguien. Recuerda que te seguirás sintiendo mal por un tiempo.

Durante mi vida he tenido una cantidad de fracasos considerable.
No importa cuán lento va mi cerebro, simplemente soy lenta y torpe, y aburrida. Pero ahí está, todos nos somos seres maravillosos, te puedes divertir contigo mismo siendo todo eso. Mi consejo: pasa de la gente a quien no le gustas, la vida puede regalarte personas con quienes de verdad te sientes bien. Espera.

Así suma la confianza. La tolerancia a la frustración es la cosa más importante que hay en la vida, alegrarte por saberte un fracasado que se enfrenta a un período de tiempo indefinido para aceptarlo todo, los éxitos, la muerte.

A pesar de eso, tu objetivo también debería ser buscar el sitio en la tierra menos doloroso posible. No hay países subdesarrollados o desarrollados, ni mejores o peores que otros (A menos que esten en guerra, no haya comida, ni medicinas, ni seguridad). Hay países compatibles. Ciudades combatibles, ahí se debe ir.

Para mí Alemania fue ese amor perfecto que luego se transformó en tedio, luego lucha, luego ...

Vivo en Alemania, Ich möchte raus.
No eramos compatibles, a pesar de eso, debo permanecer.

Para mí como para todos los seres de la tierra, en los procesos de dolor, exilio y adaptación: Viel Glück.


Hoy me ha provocado ver cine japonés.

3.05.2015

Emigrar de Venezuela . Basura. Quedarse en Venezuela, una Basura x 2.

Hoy no he podido dormir.

He pasado una noche mala.

Vi la hora en el despertador de al lado de la cama y marcaba las 3.46

Son las 5.49 y sigo aquí.

Lo he intentado todo.

He dado unas 300 vueltas en la cama, primero con cojines, segundo con la sábana.
Nico se despierta,  no me importa ir a ver qué le pasa.

Lo invito a venir a nuestra cama, de pronto con su calor y la sensación de tenerlo cerca me ayuda a dormir.

No funciona.

Algunos solo aspiran poder transportar unos cuantos litros de agua desde una gran distancia.

Algunos que no los maten un día más.

Otros poder ver la luz del sol.

Yo solo aspiraba algo que para mí era importante...

Tener oportunidades.

Sin embargo he tenido que aceptar como tras unos 3000 literales intentos no he podido obtener aquí en Europa una sola, pequeña, minúscula oportunidad.

Nunca pensé estar en esta situación.

Tal vez si mi país no se hubiese deteriorado tan rápidamente, tal vez hubiese sido mejor que hubiese estado siempre deteriorado.

Entonces siempre hubiese sido un sueño hermoso poder irse.

Mis padres hubiesen sido conscientes de ello, me hubiesen preparado desde que era niña, cuando de verdad lo aprendemos todo y podemos serlo todo.

Pero nunca nadie pensó que lo mejor que nos podía pasar era esto:

Intentar llegar a un país donde eres un intruso.

Solo por sentirte seguro.

Solo por tener qué cómer.

Solo por ir al supermercado y encontrar jabón y papel higiénico.

Solo por tener la oportunidad de comprar un Ibuprofeno.


Nadie lo supo. Si lo hubiese sabido, en vez de estudiar frenéticamente psicología o letras, o qué se yo todo lo que hice allá, para trabajar en mi país, me hubiese preparado concienzudamente para huir.

Nadie creyó que sería apremiante huir.

Nadie se imagina que ese país (en donde nadie se preocupa por obtener su liberación) sería tan terrible...

Y el futuro...lo puedo saber, ahora sí.


La opresión será mayor, la necesidad de salir cada vez mayor, la basura que es emigrar a Europa será cada vez la representación del paraíso  y la libertad.

Si lo hubiésemos sabido hubiésemos hecho un poco más.

¿Verdad?

2.05.2015

Mi nueva página de clases de español en Karlsruhe

Mi espacio de trabajo
Solo quiero presentar mi nuevo proyecto, uno que me está costando un mundo, porque con dos niños no se puede hacer mucho Spanisch Karlsruhe

Como sabrán mi camino por Europa no ha sido fácil. Estudié literatura, qué se le va a hacer, hay tantos literatos como estrellas brillantes en el firmamento...

He estado 3 años aprendiendo alemán y ahora puedo considerarme con un nivel aceptable del idioma aunque aún sufro, pero bueno, hay que lanzarse.

La cosa es que estoy trabajando en esta página que está principalmente dirigida a personas alemanas que estudian español. He decidido incluir bastantes textos en alemán, pero los textos correspondientes a niveles más altos están, por supuesto, en español.


Si pueden ayudarme a difundir esta página, se los agradezco enormemente. La he hecho principalmente con inicio de un proyecto que he querido montar aquí en Alemania y transformarlo en negocio. Creo que es una forma de poder darme a mí misma trabajo y , por qué no, emplear en un futuro a gente que quiera también dedicarse a esto.

Por ahora, he dispuesto una oficina en mi casa y estoy pensando en irme a Ikea y comprar algunos muebles que sirvan a los alumnos para dar mis clases.


Es un proyecto en el que tengo un año trabajando y lo hecho principalmente entre las cinco y las 7 am porque es el único momento en el que mis hijos me dejan libre y en el que funciono mentalmente mejor.

Mi ilusión es por supuesto poder conseguir suficientes alumnos para pagar los gruesos impuestos alemanes y de paso tener un dinero con el que me pueda sentir útil.

Pero bueno, el proyecto lo he empezado prácticamente a ciegas, mis alumnos particulares siempre han estado contentos conmigo, así que no veo por qué buscar más una vez mis niños vayan al colegio.

En fin, quiero darles las gracias por haber llegado hasta el final de este post. Gracias por el apoyo que me brindan entrando a esta página. Me encanta que entren a mi blog, no sé si lo he dicho antes abiertamente.




2.03.2015

La pastilla

Voy a una farmacia aquí en Karlsruhe. Quiero una caja de Paracetamol, tengo últimamente fuertes dolores menstruales.

La mujer me da una caja. Pregunto cuánto cuesta. Pasa el código de barras de la caja por un lector. Veo el número en letras verdes, son exactamente 2,78 (dos euros con setenta y ocho céntimos). Pregunto si puede darme otra.

Me dice que no. 

No quiero otra caja para tomarme las pastillas como si fuera coca cola. En realidad es para mis padres. En Venezuela no hay medicinas.  Estoy por mandar una caja a mi familia. Cuando comencé a vivir en Europa no mandaba a Venezuela absolutamente nada. Luego, con el tiempo, cuando la situación política se fue pareciendo más a lo que habían prometido, empecé a mandar pequeñas cosas esporádicamente. Me daba cuenta que mis padres aprovechaban y compraban ropa y zapatos cuando venían a visitarme, me decían que allá no había mucho. 

Ahora mismo, veo  que las promesas de crear el comunismo del hombre del siglo XXI se han hecho realidad. Todo se me parece cada vez más a los cuentos de ciencia ficción que nos llegaban de Cuba, por allá en el 95. Las realidades absurdas de limpiar una poceta con una concha de naranja. 

Me miro haciendo la caja. Instalo ordenadamente chocolates, champús, tubos de detergente, jabones, desodorantes, pequeños paquetes plásticos de crema de maní (estos para mi tía que gana un sueldo mísero y no llega a fin de mes), lavaplatos. 

Ese día el alemán me sale mejor. Soy muy tímida, normalmente no digo la mitad de las cosas que pienso, y no me atrevo a hacer ni el 10 % de lo que quiero hacer. Soy una persona bastante retraída.
Me atrevo a decirle a la mujer que vengo de Venezuela y que por favor, las pastillas no son para tomármelas yo sola, sino que tienen un destino altruista, son para mis padres, pobres personas, que viven en Venezuela y que no tienen paracetamol por si les duele algo. 

La mujer creía que Venezuela era un paraíso tropical.

Yo le digo que sí, que sí lo es, pero que allí no se consiguen medicinas, ni ropa, ni comida, y hay mucha violencia.

Se me queda mirando largamente, dentro de su mente alemana calcula las posibilidades de darme una nueva caja de Paracetamol. Toma la caja y me la vende. 


Yo salgo triunfal de la farmacia, aunque el significado de mi triunfo no sea la victoria sino la tragedia.

1.08.2015

Vecinos inconclusos

Mi hijo va a un Kindergaten justo debajo de mi edificio. Vivo en una construcción respetable de 17 pisos. Todas las mañanas bajo al pequeño que llora y se resiste con un pretexto distinto según el día. A las 13.30 de la tarde con extrema puntualidad se reúnen los padres de los infantes a esperar que se abra una puerta eléctrica y se agolpan desesperados tratando de llegar primero y así poder sacar de las sillas en corro a los impacientes niños. Mueven la cabeza de un lado a otro, soy una entre una multitud. Los alemanes suelen ser altos, a veces no consigo estirar suficientemente la cabeza para que Nicolás me vea.


En el edificio de al lado vive una mujer desgreñada con la que me he encontrado algunas veces. Al principio la vi arrastrar a tumbos a dos varones. Uno de ellos  con pies tremendamente torcidos y el otro siempre con un jolgorio, atolondrado, parece buscar unos pájaros imaginarios que le revolotean encima de la cabeza. Hace unos meses descubrí que uno de sus hijos va al mismo Kindergarten de mi hijo. Algunas veces cruzaba mi mirada con ella pero advertía que la mujer me esquivaba tenazmente. Su mensaje era de fastidio. En mi desesperada necesidad de hacer amigos pensé que hubiese sido una buena idea abordarla y preguntarle sencillamente "qué tal" pero desistí inmediatamente de la idea al reconocer que no había por su parte ningún tipo de simpatía y por otro lado  mi alemán era tan penoso que no lograría conversar con nadie cuya paciencia no fuese su gran virtud.

Hoy me he encontrado otra vez con ella y la he forzado a decirme los buenos días. No sacaré nada más que eso, pero en estos días de viento (que odio) y de ausencia absoluta de luz empiezo a imaginármela como una escritora atormentada, con esas canas repartidas, los pelos sin peinar a causa de una noche de desvelos, siempre usando el mismo abrigo de invierno. Se me ocurre esto y siento una especie de felicidad. La imaginación es sencillamente una droga poderosa.

Y pienso más cosas.

Es una auténtica artista incomprendida. Tiene 5 libros publicados. No concede entrevistas. Prepara en estos momentos la novela de su vida. Esta vez quiere abarcar el tema de la DDR porque extraña su lejana Dresden. Es sumamente tímida pero piensa en mí como un posible personaje para sus próxima novela sobre los inmigrantes. Soy una heroína.





12.18.2014

diario Cien años de soledad


Diario de cien años de soledad.


Hace algún tiempo comencé a leer por tercera vez la novela.

la primera vez la terminé y puedo recordar con precisión cómo afectó mis días cuando tenía 17 años y me sumergí una noche estival en las páginas y los años de Macondo. Recuerdo haberla terminado a las 5 de la mañana. Apagué entonces la luz y me acosté dormir sin que importara mucho el mundo, sin que nada externo hubiese cambiado. Había cambiado yo y mucho. Pasé los días siguientes alejada a todo, pensando en la estirpe de los Buendía, en Macondo, en Mauricio de Babilonia y los manuscritos de Melquíades.

La segunda vez la tomé y me pareció anodina. Creo que por aquel entonces estudiaba literatura en la universidad. No pude pasar de la página 20. Las tardes de calor me pedían libros donde yo me transportaba a espacios más bien románticos, yo estaba en la época descabellada en la que se busca el amor. 


La tercera vez la comencé a leer por un proyecto de trabajo con un alumno americano. En ese entonces ya me había mudado a Alemania. No había aprendido a hablar bien la lengua teutona. Estaba aislada y me había impuesto, en medio de aquellos inviernos, a leer solo en alemán. Y esos días que duraban muy poco y se desgranaban sin haberme otorgado los codiciados rayos del sol me daban de pronto la posibilidad y el permiso de leer un poco en español. Yo estaba deprimida. La situación de mi país era un desastre, no había visto a nadie de mi familia en un año y me encontraba absolutamente perdida con mi futuro profesional. Entonces estaba allí Macondo luminoso, en medio de la ciénaga, con esos colores y esas maneras de hablar de la vida que había dejado yo atrás para siempre. 

Transportarte cuando estás en un ambiente completamente ajeno a tu infancia siempre se agradece. EL pasado te devuelve y te centra. Entonces volví a abrazar a Cien años de soledad con el fervor de un creyente desesperado. Me aferré a cada uno de sus pasajes narrativos como si aquello hubiese sido una oración, un mantra que me mantenía en una letanía agradable, bienhechora.


Así mi corazón daba vueltas cuando Aureliano se marchó a la guerra, cuando Úrsula hizo su empresa de animalitos de caramelo. Me imaginaba las casas y las cosas, los letreros de las calles, el acento con el que articulaban las palabras los personajes. Todo tenía la calidez del trópico, ese sabor diáfano era algo dulce en mis días. 

11.28.2014

Vejez

Por qué te quejas de dejar a tus hijos solos, abandonados, si algo te pasase.

La vida es tan cruel que mermando ya en tus energías, en el término de tus edades, tu piel llena de surcos, tus ganas abandonadas, tus pañales, tu visión contenida en esa pequeña cuadratura, la de tus casi nulas posibilidades, no hay besos.

Qué dirían si pudiesen verte trepidando en tu respiración cansada, en tu silla de ruedas, mientras una inmigrante pobre te alimenta y cuenta los minutos para que termine su turno.


Podrías subirte a un árbol y volverte una hoja que cae descuidadamente en el sombrero de tu descendencia. Una ráfaga de aire haría invisible entonces tu delicada caída.

Afortunadamente, no están tus padres para verte.
Qué ilusos fueron pensando que siempre todo sería así como cuando eras niño.

Lo Cruel
en
realidad
es
lo más hermoso









11.24.2014

Mis horribles poemas

Este poema se me ocurrió porque estoy haciendo una actividad para mi página web de español.

El día está gris y es francamente horrendo.  Pero me pongo nostálgica, sentimental, supongo a todo el mundo le pasa.

Ahí va...

Estaba explicando el en cuanto...

y se me ocurre...

En cuanto tú me miras
abro yo más los ojos
eres un muñeco de goma
de pupilas caramelo
pero veo mejor...
Eres tú, sí. 
Nuevamente tú,
cada día.
Nunca me había fijado en tus zapatos
pero ahora trato de recordarlos
Tú barba está en el mismo sitio de antes
me estás mirando
y esto es una confirmación 
mientras se desgasta la vida
Comprobar tu exactitud me mantiene de pie.
Saber que mañana escucharé tu llave
mover la cerradura
mañana otra vez


siempre es bueno tener malos poemas para los días depresivos de otoño.


11.21.2014

Cosas que hago cuando hacen menos de 7 horas de sol para no deprimirme.

1. He comenzado a tomar vitamina D.
2. Escucho canciones pachangosas, es decir, desde Juan Luis Guerra, Pop puro y duro, mucha percusión.
3. Trabajar en mi proyecto.
4. Salir con los niños.
5. Buscar recetas de cosas ricas que preparar.
6. Ver un poco de tele en español.
7. Comer de manera descarada chocolate.
8. Hacer un poco de respiración que termina en meditación.
9. Salir a correr, pero cuando hace mucho frío, me pongo una rutina de yoga.
10. Cuidar mis plantas y mirarlas.
11. Preparar un café aromático.
12. Jugar juegos de mesa con mis niños.
13. Intentar quedar con gente, aunque ya quedo tanto que me canso un poco y necesito mi soledad.
14. Besar mucho a mis niños.
15. Hacer tartas o dulces.
16. Comer tartas y dulces.
17. Abrazar a mi esposo para dormir.
18. Tomar la decisión de empezar a leer otra vez en español, tal vez me ponga a buscar una selección de libros latinoamericanos.
19. Ver programas cómicos.
20. Salir a pasear en tranvía.
21. Comprar regalos de navidad.
22. Envolver los regalos.
23. Aunque no lleguen las encomiendas que mando a Venezuela, mandar algunas cosas a amigos.








11.16.2014

Confusiones extranjeras

Añadir leyenda
Cuando vas por la calle y estás en un país lejano, cuando normalmente tienes mucho tiempo sin visitar tu país de origen, cuando llega la navidad, y tienes más de 365 días sin ver a alguien de tu familia que no sean tus hijos y tu marido, entonces empiezas a ver cosas. Son como especie de alucinaciones voluntarias.

Camino por una calle del centro de Karlsruhe. Está repleta de gente porque se acerca la navidad y los alemanes no compran los regalos el día antes, no, se preparan concienzudamente, organizan en un Kalendar el tiempo que tienen libre y salen con el presupuesto medido, el papel de regalo planificado, la lista. Hay colas para pagar, para caminar, para montarte en el tranvía. Las colas me gustan, sobre todo porque los alemanes no salen mucho y cuando todo está lleno me siento acompañada. Es normal porque la vida aquí se hace mucho en casa, las calles repletas de gente traen a mi cabeza palabras distintas en distintos idiomas. Con el tiempo he aprendido a nombrar a las cosas según sea más preciso el término. Y he descubierto con el tiempo que hay términos más precisos o mejores para nombrar en un idioma o en otro.

Miro a la gente pero no con la fascinación de costumbre, no, los miro con algo que me ha ido pasando desde hace algún tiempo y que solo ahora empiezo a reconocer: Algunos tienen  los rasgos de gente conocida mía en Venezuela. Una mujer tiene el pelo de mi tía Rosita, o la boca de mi mamá, esos sujetos habituales me acechan, de pronto aparece un muchacho en el tranvía que se me parece a un amigo del liceo de mi hermano. Creo que es él, lo juro, es él, pero descubro que el muchacho no debe tener más de 18 años, la misma edad en la que recuerdo haberlo visto por última vez. Es curioso pero la distancia termina siendo como la fotografía.

Mis recuerdos se han quedado detenidos allá y yo los busco aquí, aún los sigo buscando. Es una reconstrucción voluntaria, apaciguadora, que tiene un mal final porque cuando veo los rizos y la boca de mi tía Rosita en una mujer en la calle, juro que va a hablar con mi acento, pero la escucho de pronto, y una ráfaga me trae su alemán sin rastro de acento extranjero.

Otra vez ocurre: Una mujer  se parece muchísimo a una muchacha de la universidad y termina siendo una madre  con cochecito que viene de la Schwarzwald.

Me encanta ese segundo previo, en el que no puedo escuchar aún sus voces, ese momento anterior en el que todo es posible, y voluntariamente me convenzo de que todo lo es, ese minuto es mi gran disfrute, mi encuentro con la melancolía.