12.29.2007

El soldado de plomo


Por las alcantarillas se puede ver la ciudad subterránea. Observo al maloliente pez de color azul que me añora. Yo estaba antes en las alcantarillas. Me mecía en ellas, viajaba en una enorme embarcación que me transportaba en lo más adentro de los países obscuros, fangosos, pegostosos. La basura era mi reino y mi aventura, compartía el enorme júbilo con las cucarachas y me encantaba comer desperdicios. Yo no siempre fui de allí, antes y ahora, juego a ser un señorito decente a quien le gustan bastante las tardes de hojitas que caen y el canto de los pajaritos.

Me encantaba el olor de las flores y el ambiente vegetal. Pero la basura es mejor: no hay que estarse bañando, aseando, preocupándose, no hay que decir buenos días pequeño tirano, aquí estoy pequeño tirano, que bueno que me vas a golpear pequeño tirano.

Ahora, cuando me transportan por la calle, busco con anhelo a las cloacas, veo a la gente inconsciente, que huye enfadada de esa agua bendita para mí. El agua de las cloacas, que me ofreció alimento durante mis momentos más obscuros. A ella no le importaba quién era, ni mi cuerpo de plomo, ni mi condición de pobre soldado, ni mi frágil y deformada embarcación: ella me abrió sus brazos entregándome su amor fraterno, me acogió como a un hermano, como a un habitante más.

Y ahora, ahhhh, tengo que andar con un niño malcriado que se hace pipi en la cama, que me tira a la pared cuando no le parezco conveniente, que me golpea y me enfrenta con los otros soldados más malogrados que yo. Por un tiempo concentré todos mis esfuerzos en instarlos a la rebelión, pero los muy cobardes me fallaron. Traidores del demonio, vayan a sufrir ahora con el monstruo malcriado que come chocolates antes de dormir. Sufran mientras yo, en esos instantes pequeños de felicidad sueño con volver a las alcantarillas y encontrarme de nuevo con el gran pez azul que me sonreiría incrédulo de verme de nuevo y me diría con los ojos brillantes: qué bueno que has vuelto.

12.21.2007

DE TODO UN POCO

Ante todo, ilustres visitantes, quiero desearles que sean felices en esta navidad. Pero pensándolo bien, no sólo en esta navidad, sino en todos los días de sus vidas (lo más que puedan, en resumen).

Hace más de un año que abrí este blog para escribir lo que me preocupaba, hice dos o tres artículos y lo dejé de ese tamaño. Luego, por circunstancias de la vida, lo abandoné. Después volví cuando tenía tiempo libre y ahora lo hago para ejercitarme en la escritura y para saludar a buenos y gratos compañeros que he conocido en este mundo tan grande que no sabía que existía. Y bueno, estoy muy contenta de ser parte de esta red internáutica que se comunica y comunica y comunica (hermosamente, diría yo).

Les dejo mi mensaje de esta navidad y bueno, de paso les comento que no he tenido mucho tiempo porque he estado resolviendo problemillas que he tenido con compras que he hecho por internet y que tengo pendientes(Al final estoy harta y no las voy a hacer)luego de enterarme de la fabulosa medida del super intendente Trino Alcides Díaz de la anulación a partir del 31 de diciembre de las tarjetas de crédito prepago de Cadivi. Sólo dejaré en claro, que estos funcionarios me dejan cada día más estuperfacta con su desfachatez y su ridículo. Son tantas las anécdotas que puedo referirles con respecto a las cosas absurdas del gobierno, que podría llenar con ellas sesenta biblias ( no sé si exagero pero estoy cerca) escritas, con sus incomparables derroches e idioteces. No diré más, no voy a extenderme, estoy molesta de tener que vivir como vivo no teniendo la necesidad.

Quiero decirles que acabo de terminar el tercer volumen de El cuarteto de Alejandría y estoy la verdad encantada con lo exquisito del libro, las imágenes, la maravillosa forma de presentar a los personajes en distintas perspectivas, la terrible y a la vez alucinante descripción de las costumbres y maneras de vida de los Egipcios. Es Fabuloso, y una de las escenas más bellas que habré leído en mi vida, a mi gusto, es esa que leí en Montolive, ese pasaje en el cual Montolive va a buscar a Leila y se desplaza en su coche por la carretera alejandrina, recorriendo la ciudad mientras una lluvia tenue se esparce por el ambiente, Montolive entonces descubre el peso de las ciudades, del tiempo y de su propia vejez mientras expectante, se dirije al encuentro con su vieja y entrañable amiga, con esa ex amante a quien tiene muchos años sin ver.

Es maravilloso, recién comienzo Clea. Recomiendo a este escritor ampliamente y al El cuarteto de Alejandría para quien no lo haya leído y pase por estas páginas.

Feliz Navidad, lean mucho y vivan mucho.

12.15.2007

Las "haches" rupestres


He estado un poco falta de inspiración, mis lecturas sólo se han remitido a fijar de manera sólida e indeleble esas interminables reglas de ortografía que la Real Academia Española con tanto esmero nos ofrece “cada año”. Digo cada año porque es que son realmente una pesadilla todas esas normas mutables de acentos, comas, palabritas escritas con b/v, c/s/z, h, g/j, etc.

Cualquier mortal que intente creer---ilusamente--- que logrará de buenas a primeras saberse todas las acepciones con todas sus excepciones está muy equivocado. Cada uso de duplas o tríos de letras tiene sus singularidades y no es una, son varias. Aparte de esto cada regla de signo de puntuación también tiene subusos y amalgamados que terminan resultando una absoluta confusión mental para quien los lee. Bastaría entonces tener una mente prodigiosa para poder manejar de manera maquinal (recitando con cada uso, cada razón de acentuación, cada porqué de la coma, cada distinción de un paréntesis de un guión largo) las reglas de ortografía. Con la práctica y los años, obviamente esto se termina dominando, pero comprendo que para cualquier estudiante promedio termina siendo un verdadero castigo.

Sé que el ilustre escritor ganador del Premio Nobel Gabriel García Márquez abogó porque estas reglas fueran abolidas: porque esas “haches rupestres” terminaran de ser un deber en ciertas palabras, porque esas v/b fueran desterradas en sus diferencias, porque en fin, todas las letras fueran iguales; algo así como un socialismo de la ortografía (jeje). Salieron inmediatamente poderosos detractores, escritores de gran renombre e igual peso, académicos preocupados por no perder su trabajo (enseñando estas reglas fastidiosas que tanto hacen preocupar a quien quiera que no se las sepa). Y bueno, el cuento ya es sabido, a pesar de que era el mismísimo escritor de Cien años de soledad todo quedó absolutamente igual y las reglas de la Real Academia siguieron como siempre; cambiando, quedándose, obstinando y frustrando a tantos y tantos estudiantes de español en el mundo.

Afortunadamente todo quedó así (según mi humilde criterio) porque son necesarias y porque constituyen la base de la estandarización del código español. Sin embargo, en mi corazón, en mis tiernos sueños y en mis deseos más hondos y profundos estoy de acuerdo con Gabo; sí, porque también me parece que a veces tanta perfección, esmero y cuidado por las formas del lenguaje hacen de él un mamotreto acartonado, como un muñeco de torta, que muchas veces diluye la esencia de lo que se quiere transmitir, de la esencia semántica, del maravilloso poder de comunicación.

Yo siempre fui una vaga y siempre tuve errores ortográficos, lo confieso, y sé que he leído mucho más que muchos amigos que ostentan tener una perfecta ortografía. Pero es que yo nunca le hice caso a la forma en la que estaban escritas las palabras; yo me metía tanto en la historia, vivía tanto con los personajes, lloraba y me alegraba tanto con ellos y con el autor, con su estética y con su belleza literaria, que olvidaba por completo ponerle atención al lugar preciso en el que estaban escritas las comas o la forma en que se escribía la palabra lijane, por ejemplo. Así que sí, me costó mucho, y seguramente tenga que seguir estudiando, poniendo cuidado cada vez que lea---siendo buena chica y buena maestra---porque ni modo que se me vaya a castigar como una hereje por cometer un grosso y fatídico error : Una imprudente falta de ortografía.

12.07.2007

Robert Desnos / " Los espacios del sueño"


Este poema me parece tremendo, pertenece a una edición preparada por Mauro Armino, de la Antonlogía de la poesía surrealista, publicada por la casa editorial Alberto Corazón, estas traducciones son difíciles de conseguir y me parecen realmente excelentes. Pido concentración al leerlo, es un poema maravilloso que seguro dejará un gusto similar al de una excelente comida...

Disfrútenlo.

Los espacios del sueño Robert Desnos


En la noche están, naturalmente, las siete maravillas del
mundo y la grandeza y lo trágico y el encanto.
Los bosques chocan confusamente con las legendarias
criaturas ocultas en las espesuras.
Y estás tú.
En la noche está el paso del caminante y el asesino
y el del guardia de orden público y la luz del reverbero
y la de la linterna del trapero.
Y estás tú.
En la noche pasan los trenes y los barcos y el espejismo
de los países en que es de día. Los últimos alientos del
crepúsculo y los primeros temblores de la aurora.
Y estás tú.
Un aire de piano, un sonido de voz.
Una puerta golpea. Un reloj.
Y no sólo los seres y las cosas y los ruidos materiales.
Sino también yo, que me persigo o sin cesar me adelanto.
Y estás tú inmolada, tú a quien yo espero.
Extrañas figuras nacen a veces en el instante del sueño
Y desaparecen.
Cuando cierro los ojos, floraciones fosforecescentes cobran
vida y se marchitan y renacen como carnosos fuegos
artificiales.
Países desconocidos que recorro en compaía de criaturas.
Y estás tú sin duda, oh bella y discreta espía.
Y el anima palpable de la extensión.
Y los perfumes del cielo y de las estrellas y el canto del
gallo que tiene dos mil años y el grito del pavo en los
parques en llamas y los besos.
Y las manos que se estrechan siniestramente bajo una
luz blancuzca y los ejes que rechinan por tutas espan-
tosas.
Y estás tu sin duda, la que no conozco, la que conozco
al revés.
Pero que presente en mis sueños te obstinas en dejarte
adivinar sin aparecer.
´Tú que permaneces inasible en la realidad y en el sueño.
Tú que me perteneces por mi voluntad de poseerte en
imaginación, pero que de mi rostro sólo acercas al
tuyo mis ojos tan cerrados al sueño como a la realidad.
Tú que desprecias una retórica fácil donde la ola muere
en las playas, donde la corneja vuela por las fábricas
en ruinas, donde la madera se pudre crujiendo bajo un
sol de plomo.
Tú que eres la base de mis sueños y que conmueves mi
espíritu lleno de metamorfosis y que me dejas tu guan-
te cuando beso tu mano.
En la noche están las estrellas y el movimiento tenebroso
de la mar, los ríos, los bosques, las ciudades, las hier-
bas, los pulmones de millones y millones de seres.
En la noche están las maravillas del mundo.
En la noche no están los ángeles guardianes, pero sí el
sueño.
En la noche estás tú.
Y también en el día.

12.02.2007

Corresponsal informativo: referéndum de reforma constitucional en Venezuela


Hoy me sentía mal físicamente. Vengo desde hace un tiempo sintiéndome mal por el estrés al que he estado sometida últimamente, sin embargo, tenía una ilusión desde hace días: el día de hoy es para mí (creo que también para todos los venezolanos con dos dedos de frente) muy importante.

Hoy tenía que ir a votar por la opción que me parece es la más acertada. Estaba expectante y no podía dormir, sin embargo, ya a las dos de la madrugada pude conciliar el sueño. A las cuatro AM sonó la puerta de mi cuarto: era mi padre, con cara de preocupación diciéndome que se habían metido unos ladrones a mi casa (es decir, la posada de mis padres que es donde también vivimos o suelo vivir cuando no trabajo). De allí sentí el cuerpo más magullado y maltrecho, y no sólo el cuerpo sino también la mente; porque no sólo es importante la pérdida de bienes materiales sino también la pérdida de la tranquilidad espiritual; y la verdad es que no nos dimos cuenta pero estaban las rejas violadas y los porrones de matas que obstruyen el paso en un sitio distinto a donde los solemos colocar habitualmente.

Mi madre a las 5 AM me abre la puerta y me pregunta: “¿Sabes dónde están los cigarrillos?”, le digo, como es lógico, que no, puesto que tengo ya un mes luchando contra el vicio y ando limpia de cojones. Se va. A las 6 y 20 vuelve a abrir la puerta: “Se robaron la licuadora” y yo le digo: “Pues esa es una muestra de la seguridad que gozamos todos los venezolanos”. A las 9 am me preparo para ir a votar por imaginen qué, y me encuentro que no tengo bolso, ni cédula, ni tarjeta de crédito,ni libro de Vargas Llosa “La verdad de las mentiras”, que frustración: me enfurecí.

Amanecí robada sin mi bolso que había comprado en Barcelona, sin identificación y con la enorme decepción de sentirme imposibilitada para salir a votar. A mí la verdad es que no me importaba que me dijeran: harán trampa, no me importaba que me dijeran: no va a valer de nada, no me importaba que me dijeran nada; yo tenía que ir a votar porque así lo decidí y porque creo que era la mejor opción para sentirme aún en un país democrático. Y nada, no tenía cédula, no podía votar.

Desesperada, revolví todo, pateé mi maleta que traje de Maturín, lloré de la rabia y la impotencia. Entonces sucedió un milagro: encontré una cédula que saqué el preciso día en que cumplí 14 años es decir, hace 15 años. Aquello fue como ver a Dios, me sentí encantada, me sentí venezolana, me sentí con voz. Sin ningún problema pude salir a votar media hora después y la verdad, no me importan los bienes materiales, lamento únicamente perder más la ya perdida tranquilidad, lamento que no haya honestidad, lamento que sigamos viviendo en esta trampa ¡Que gane el mejor! Claro, honestamente

11.29.2007

La muchacha del parque

Merello/Retrato de Margot

Andrea está sentada en un banco. El parque de los Lloviosos es frío, pero ahora está fresco y agradable, hay dos mujeres conversando: una se ríe de repente y la otra susurra cosas interminablemente mientras esboza sonrisas astutas, malignas. De repente; risas, carcajadas al unísono. Andrea piensa en la vida y su fugacidad, no quiere que se acabe nunca, no imagina cómo pudiera ser la muerte. Mira las hojas desnudas y desvalidas de las copas de los árboles que tiene enfrente, dos viejos están sentados en los extremos de un mismo banco. Hay brisa. Andrea siente envidia de las dos mujeres, quiere ser como ellas y divertirse, tener algo importante, interesante qué decir, se da cuenta que no hay nada que valga para ella en esos momentos.

Un rato después un hombre apuesto desfila frente a la plazoleta del parque Lloviosos. Espera a alguien. Andrea lo mira, lo observa detenidamente y se da cuenta que su corazón, sin comprenderlo, se sobresalta; algún rasgo ha visto en él, un dejo en su mirada, un brillo, un gesto, algo, le gusta. El hombre mira hacia el suelo y luego hacia el cielo---Es increíblemente apuesto--- se dice Andrea.

El tiempo transcurre y quiere luchar contra él, Andrea cierra los ojos, los aprieta fuertemente, no desea que llegue a quien espera, no desea que el hombre decida levantarse de donde se ha sentado y se vaya, rumbo a un sitio que ella desconoce, no quiere despedirse para siempre.

Abre los ojos, siente que la miran, el hombre ha desaparecido; en su lugar hay un viejo indigente que está frente a ella, le extiende la mano en señal de pedirle dinero, Andrea se horroriza, no sólo se siente increíblemente decepcionada sino amargada, no la vayan a asaltar tan temprano. Se levanta, busca, acomoda la cartera y sale caminando rápidamente después de darle una moneda. De regreso a su casa, recuerda al hombre; rememora sus ojos, su boca, y siente que ya se desdibujan de su mente los rasgos antes admirados, se siente un poco triste --- Un desencuentro más—piensa--- tal vez mañana en el parque pueda imaginarlo distinto, un poco más rubio, tal vez, un poco más apuesto, tal vez mañana haga frío.

11.26.2007

Maturín: la ciudad donde hago voluntariado académico ( es decir, trabajo)


La ciudad; realmente no la conozco mucho, tiene muchos árboles, sobre todo mangales de hojas afiladas, verde aceituna. Hay una iglesia que es emblemática y es un punto obligado de referencia en el centro de la ciudad.

Los supermercados de chinos son abundantes, están en todos lados, y hay más chinos que en cualquier otra ciudad de Venezuela, bueno, a mi parecer. A pesar de ser una ciudad venezolana aún en ella se puede respirar un aire de salubridad ciudadana. Esto más antes que ahora puesto que en mis escasas salidas he podido advertir con frecuencia individuos de corte malandril. A pesar de todo Maturín guarda aún un encanto, e incluso, por momentos me gustaría vivir en ella. Lo malo es que uno debe estar siempre donde estén los afectos y la verdad es que aquí no tengo ninguno.

Me he desplazado ya de tantos sitios que empiezo a creer que no tengo lugar en ninguna parte. No sé cuándo es mejor mudarse, cuándo quedarse; por lo pronto y hasta ahora he llevado una vida algo errante. Supongo que no he madurado lo suficiente y por eso he escogido este camino. A veces me hubiera gustado tener otra vida, pero sé que inconcientemente esta fue la que escogí.

Cuando voy al trabajo, en la mañana, me siento feliz. Tal vez sea el clima o el sólo hecho de disfrutar de la ciudad a esa hora del día. Me gusta la mañana, me gusta mucho.

11.19.2007

ÁRBOL ADENTRO. OCTAVIO PAZ


Creció en mi frente un árbol.
Creció hacia dentro.
Sus raíces son venas,
nervios sus ramas,
sus confusos follajes pensamientos.
Tus miradas lo encienden
y sus frutos de sombras
son naranjas de sangre
son granadas de lumbre.
Amanece

en la noche del cuerpo.
Allá adentro, en mi frente,
el árbol habla.

Acércate, ¿Lo oyes?


Tomado de Árbol Adentro. Octavio Paz. Seix Barral: 1990.

Porque a veces los poemas valen más que mil palabras.

Chávez debería escribir poesía ...

11.15.2007

Escribir en Laptop, máquina, lápiz y papel



Hace algún tiempo vengo pensando en una incógnita ¿Dónde es mejor escribir? Esta pregunta es ambigua puesto que aquí puedo estar refiriéndome al sitio donde se escribe o la superficie donde se colocan las letras que forman palabras, las palabras que forman oraciones ,las oraciones que forman párrafos, capítulos, etc. Pero yo, tal como usted ha podido advertir en el título de este post, aludo al instrumento en donde se posan nuestros pensamientos lingüísticos.

¿Dónde, entonces?

Me parece súper romántico escribir con una pluma fuente, en un montón de hojas blancas tipo carta, escribir mucho, cosas absolutamente geniales que salgan de buenas a primeras, no corregir, tenerlo todo en la cabeza, sin pestañar, uno, dos, tres ¡vua la! .

Por ahí escuché que Vargas Llosa siempre escribe a mano en unos cuadernos. A Ana Enriqueta Terán no le gustan las computadoras y mucho menos las máquinas de escribir. Y Álvaro Mutis, mi poeta estudiado para poder licenciarme, no puede utilizar por nada del mundo una computadora, continúa fiel a su Remington. Supongo que muchos escritores se han modernizado ya, y se han lanzado a la tecnología, abordando sin miedo todos estos nuevos instrumentos que facilitan el oficio. Pero vuelvo a hacerme la pregunta ¿Dónde? Hay gente que prefiere a mano, otra a computadora, otra en máquina de escribir.

En la arena por supuesto sería un trabajo al mejor estilo Sísifo; en el aire, nunca, si queremos que quede; y en los papeles, cómo; en las pantallas ¿Sí? ¿No? A mi me gusta escribir directamente en la computadora. Cuando tenía ocho años y empecé a escribir cuentos malísimos, escribía en una agenda blanca con números de teléfonos que de pronto irrumpían en mitad de un relato, podían estar el 16 de septiembre, el ocho de noviembre, o tal vez el 21 de enero, pero siempre estaban. Luego, dejé de escribir, empecé entonces a dibujar y me inventaba las historias a través de los bosquejos; hasta que mi padre compró una computadora Acer 3.86, jeje, todo un dinosaurio, y bueno allí empecé a escribir, y nunca, nunca pude acostumbrarme bien a escribir en hojas sueltas, a excepción de las cartas de despecho que siempre le hacía a mis ex novios o amores imposibles, de quienes por supuesto, me enamoraba perdidamente.

Así que yo, como es de esperarse, me adapté de manera aberrante a la tecnología y no puedo vivir sin ella. Ahora que trabajo y no tengo computadora, he pensado nuevamente en volver a escribir a mano, de hecho, mi cuento actual, en el cual estoy trabajando todo lo que puedo, he decidido terminarlo a mano. Pero se me hace difícil, no puedo acostumbrarme, soy una desordenada nata, de las que editan y se equivocan, yerran y a veces introducen en un párrafo maravilloso una oración terrible, desencajada, que representa un sacrilegio y entonces ¿Cómo la quito? Pero he de obligarme a escribir a mano, si quiero producir algo. Cuando me tenga que ir nuevamente a dar mis clases universitarias, sólo tendré el cuaderno. De hecho, el cuaderno está allí siempre, hasta en la orilla de una piscina, justo al lado de una margarita. Así que me acostumbraré, empezaré a hacerme la idea y me aclimataré a los tiempos de antes, donde no habían estos magníficos adelantos tecnológicos; después todo, las mejores obras literarias, para mis gustos, se han escrito en papel y con pluma. Y usted ¿Dónde?

11.12.2007

Las perspectivas...


La vida es un prisma de muchos colores, creo que esta oración está trilladísima, pero de alguna manera ilustra la verdadera realidad, de la misma manera en que un cuadro intenta representar varias perspectivas aún y cuando la base de trabajo sólo contiene dos, de la misma forma la vida puede apreciarse dependiendo del punto de ubicación en donde nos encontremos, del color con que la miremos, del momento que vivamos, de la persona que tengamos al lado, etc. Lo que quiero ilustrar es algo simple: un mismo acontecimiento puede ser mirado por una persona o otra de una manera totalmente diferente ¿ Es nuevo lo que digo? Para nada, esto es más viejo que Matusalén. Yo sólo lo recuerdo porque aunque siento que no hay que ser conformistas, me cambian un poco las cosas cuando pienso que hay situaciones importantes que no pensamos y no agradecemos, es absurdo preocuparse por nimiedades idiotas, por cosas pasajeras, hay que hacer arte, ser feliz, vivir con la naturaleza y hacer el bien.

Pd. : No estoy militando en ninguna religión, que quede claro.

Ahí los dejo con un pasaje que me gustó mucho de la novela que leo actualmente:

“Vivimos─ escribe Puserwarden─ vidas que se basan en una selección de hechos imaginarios. Nuestra visión de la realidad está condicionada por nuestra posición en el espacio y en el tiempo, no por nuestra personalidad, como nos complacemos en creer. Por eso toda interpretación de la realidad se funda en una posición única. Dos pasos al este o al oeste, y todo el cuadro cambia…” Lawrence Durrel, 1993, El cuarteto de Alejandría, Balthazar, Sudamericana: Buenos Aires.

11.07.2007

La historia de Nicolás

He decidido escribir algo sobre alguien que nunca conocí. No quiero ser una intrusa, realmente no creo que alguien me castigue por escribir esto, estoy siendo simplemente una persona que quiere exteriorizar de alguna manera el gran impacto que le produjo la lectura de una historia contada por su protagonista. No leí sus palabras en las páginas de un libro, sencillamente encontré su pista accidentalmente.

Buscaba a Cortázar, me encanta Cortázar y he de admitir mi vicio y mi veneración hacia este autor argentino nacido en Brusselas. Rayuela, para qué negarlo, es uno de mis libros favoritos y sus maravillosos relatos han acompañado mi existencia desde que era adolescente y quedé fascinada con la lectura de La autopista del sur.

Ayer entonces era el día de Cortázar y mi búsqueda por Internet, leí una entrevista suya ---muy amena, por cierto--- y pasé a saltar de página en página, hasta que encontré su biografía; salté, salté de página en página nuevamente y me fui a un relato de la revista Espéculo donde se hablaba de los últimos momentos del autor, ahí supe de la calidad de su convalecencia y los terribles últimos días que acompañaron su enfermedad. Seguí saltando hasta que por “destinos” de la Web, me encontré con una introducción que me llamó la atención “Yo y la aplasia medular”, entonces entré y hallé un título sugerente, bastante apegado a la ley de Murphy, pesimista, mi estilo: “La vida es una constante patada en las bolas”. Pasé al post que se había abierto con la página, leí: aquello era la narración de una persona que empezaba a enterarse de que estaba gravemente enferma.

A través de una serie de descripciones bastante ilustrativas, Nicolás, al que yo denominaré arbitrariamente héroe, describe sus inicios por el arduo y tortuoso camino de un enfermo de aplasia medular. Sus biopsias, sus quimioterapias y sus dudas existenciales acerca de lo duro que es enfrentarse a una enfermedad como esa cuando cuentas con escasamente 21 años. En contracorriente con todo esto héroe, siempre tiene una broma y una frase graciosa para describir algo que con sus respetos debe ser realmente acojonante.

Creo que ha sido duro leer a Nicolás y también vivir con él(a través de la lectura) toda esta serie de terribles acontecimientos pero vistos siempre con temple, con buen humor e incluso sorna frente a una situación tan angustiante y desafortunada.

Nicolás en su blog, por supuesto, no siempre estuvo enfermo; en los años anteriores se descubre el semblante de anhelos, sueños, frustraciones, tristezas y alegrías de un chico que registró en esta página personal con bastante esmero casi todos los acontecimientos vividos en los últimos dos años.

Nunca en la vida podré hablar con Nicolás, supe por un amigo suyo que falleció el 13 de octubre de este año, su último post, paradójicamente, fechado el 30 de julio, es una carta dedicada a la muerte, y en ella, Nicolás enumera todas las razones que tenía para vivir, la garra que le pondría a la enfermedad y la negación a verse vencido por ella. Lamentablemente Nicolás perdió una batalla contra la vida, pero héroe, realmente no creo que haya muerto; ha dejado su blog, para todos nosotros, para mí, para usted, para cualquiera que quiera leerlo.
Hubiéramos querido todos que Nicolás se recuperara, hubiera querido siquiera felicitarlo y darle una palmada en la espalda por la inmensa fuerza y valentía que tuvo; por haber tenido los cojones de enseñar a través de sus palabras el aliento que debe tenerse siempre, el sociego y la calma, la entereza y el buen humor; aún estando en las peores circunstancias.

Un saludo y mis respetos a Nicolás, donde quiera que esté.

11.05.2007

Sin saber qué hacer

Toda la vida he sido una persona indecisa. Según los astrólogos, las personas nacidas bajo mi signo (libra) no saben bien si ir por un camino o por otro. Sé que la vida esta marcada siempre por decisiones. Si decides algo tendrás que desechar las otras opciones que tenías, sufrirás las consecuencias o lo abandonarás, de cualquier manera la decisión acarrera trances y momentos, y por qué no,configurará la vida que se tiene ahora y la que se tendrá en un futuro.

Decidimos siempre y somos infelices o felices porque hemos tomado las equivocadas o acertadas decidiones. A veces, llega un determinado momento en el cual no se sabe qué decidir: porque las opciones, todas, son muy buenas o porque por el contrario todas son muy malas.

Ahora estoy pasando por ese trance, mi experiencia como profesora en la Universidad de Oriente ha sido realmente una decepción, no porque no me haya sentido a gusto en mis clases sino porque el sistema universitario venezolano es una absoluta basofia. Trabajar cinco meses y después de ocho no haber recibido ni un centavo es algo realmente indignante. Tener la opción de trabajar sin contrato, sin beneficios, con horas extras y con una promesa de pago incierta ( me pagarían supuestamente lo que trabaje ahora en ocho meses) es un absoluto dolor de cabeza. Pero entonces se piensa en la experiencia, en las clases y toda la gratificación vocacional que esto conlleva y es aquí cuando no sé qué decidir. Ganar 300 dólares mensuales ( al cambio oficial) es una burla, no tener cómo comprar libros, ni cómo pagar un postgrado es una verdadera calamidad. De cualquier manera una persona sin trabajo como yo, que ha sido explotada con secciones de 70 estudiantes, con horarios realmente deprimentes no tiene muchas opciones.

La educación en Venezuela es una basura porque mi problema no es único y porque las aberraciones educativas se suceden todos los días. Se necesita demasiada paciencia y buena voluntad para trabajar sin obtener remuneración, para ver gente mediocre que comete barrabasadas y que está allí porque era amigo del tipo que contrata,porque no se necesita y no sirve para nada graduarse con honores, sirve más bien jalar bola y ser chupa medias. Tomar con verdadera seriedad y entrega la responsabilidad que se tiene, no sirve para nada.
Por otro lado, nadie quiere enseñar bien porque no hay buenas condiciones de trabajo, porque para qué trabajar y hacer exámenes individuales si lo que pagan es una miseria.
Es una lástima, una verdadera lástima y lo peor es que las generaciones del futuro serán las más perjudicadas. No quiero pensar en lo que ocurrirá, ya el desgaste en la educación media es una verdadera tragedia, quedaba la calidad educativa universitaria, y tal vez aún persista en algunas casas de estudio, sin embargo, me duele el corazón, el alma y sobre todo me deprime y decepciona que al paso que vamos estemos condenados a sufrir el atraso,el desgaste social y educativo.

Somos barbarie y eso es lo que se aplaude. Quien sea más ordinario, más maleducado y menos iletrado es más chévere. La civilización se aleja de nosotros, algún día tendremos garrotes y utilizaremos sólo un lenguaje limitado, pobre, que no nos permitirá comprender la realidad que nos rodea, mucho menos podremos ser críticos y pensantes, nos veremos guiados, domidados, seremos irremediablemente dóciles corderos marchantes hacía un patíbulo que creemos nos dará la vida eterna.

Aún no decido y no creo que lo haga.

10.28.2007

INSPIRACIÓN

He estado mucho tiempo tratando de escribir un post para este blog y no lo consigo. Creo que mi inspiración puede haberse visto afectada por mi incapacidad para concentrarme y porque mis esfuerzos de escritura se han concentrado en nuevo cuento en el que estoy trabajando y del cual tengo ya el final ( en la mente) . Ahora, mientras escribo sin tal vez ningún lineamiento discursivo y temático, me viene a la mente esa interrogante que alude al origen de la inspiración.

Estoy convencida que las experiencias son la principal fuente de inspiración, también podemos agregar como variable posible los estados de ánimo y la personalidad del inspirado que luego materializa en arte ( si es que nos remitimos sólo a los artistas) sus ideas. Tal vez unas personas sean más afortunadas que otras con este tema de la inspiración, algunas habrán tenido más experiencias impactantes, otras, sin embargo, son atesoradotes de experiencias y aunque efímeras e insignificantes para algunos, se transforman para ellos en minas de ideas. Con respecto a las musas dudo de su existencia, tal vez estuvieron con nosotros, son sólo metáforas, para mí es el contacto directo de un ser específico con una experiencia específica el germen indispensable de una obra.

Sé que no estoy siendo lo suficientemente exhaustiva con estas ideas, pero agrego, finalmente, que independientemente de la experiencia es la persona, esa, la que hace de un acontecimiento ocurrido en su vida, una fuente que se transforma luego en inspiración.
Con un ánimo sombrío, he escrito esto como oración, sí : ojalá pueda escribir sobre cosas mejores en mi blog, saludos a todos mis lectores, les quiero mucho.

9.14.2007

VIVIR EN VENEZUELA




Tal vez todos debimos escribir muchas cosas que no escribimos, debimos decir y debimos sobre todo “hacer”. Es innegable que actualmente vivir en Venezuela se ha vuelto un desafío a la calma, la serenidad y el sosiego. Siento como buena venezolana la falta de libertad moral, física, psicológica y ética. No es justo, no : estar todo el día pendiente de las puertas, postigos, cerrojos, el estado de las rejas, las personas que tienes al lado, delante, la actitud conveniente ante alguien amenazante, el alejamiento de cualquier lugar peligroso, la incómoda sensación de estar ante un peligro real y latente ¿La cantidad de gente que muere en las calles? No la entiendo, de ninguna manera la puedo entender, y tampoco, por decir algo, puedo procesar la cotidiana situación del “ajuste de cuentas”, “murió a manos del hampa”, “víctima de la inseguridad” estas etiquetas vergonzosas que buscan alejar de la manera más olímpica a estos hechos usuales de la categoría de inseguridad.

No entiendo la injusticia, ni abogo por el dolor ajeno y no me es indiferente el hecho de que día a día, minuto a minuto la lista de asesinados en todo el país tenga que abultarse. Mi bisabuela decía siempre “La mayor novedad dura ocho días” y tal parece que dura menos el efecto de un muerto a balazos para los cuerpos de seguridad ¿Es que acaso una persona que ha sido criada con esfuerzo, que ha sido querida, amada, que tiene un doliente que le llore tiene que ser olvidada sólo por el hecho de que ha sido asesinada por un ajuste de cuentas, por poner un ejemplo?

Esto no es sólo lo que me angustia. No tengo ahora las palabras acertadas para expresar por medio del lenguaje toda la injusticia, la infamia y la ligereza con la que se ha manejado el problema de la inseguridad en Venezuela. Cuando estuve en España el año pasado me sorprendió sobre manera el hecho de andar por las calles de Madrid a las 3 de la madrugada sin preocuparme por mi vida. Me sentí extraña, libre, y con una sensación difícil de explicar. En el fondo, muy en el fondo, me dio tristeza, y sentí envidia de no haber nacido en un país realmente franco, de no poder estar en mi propia tierra sin preocuparme por el personaje que tengo en el costado o por la hora de llegada a mi casa, o por las pertenencias que ostento. No creo que sea yo sola, siento que muchas personas habrán sentido la dolida frustración de sentirse atrapados en sus casas, de no poder disfrutar de la vida como es debido, de tener que limitarse, abstraerse, irse plegando a cada momento, encogiéndose, empequeñeciéndose…

No hablo hoy de literatura, no porque lo que pasa en el país debe ser dicho, la literatura definitivamente la voy a dejar a un lado, por este post, y voy a desahogarme. Sé que ella, en algún momento registrará de manera fiel e imparcial todos los acontecimientos que ahora ocurren, pero no será ahora, no seremos nosotros quienes escribamos y juzguemos nuestra verdadera historia, tal vez no llegue a ser nadie.

Siento, confío en que finalmente todos y cada uno de los muertos que han perecido víctimas del hampa tengan la justicia que merecen. Me fío en que cada persona culpable, cada ser responsable tenga su merecido y espero verlo. Tal vez esté escribiendo una utopía, tal vez tenga una justa e inocente esperanza que espera algún día verse recompensada.

9.11.2007

No puedo leer


Teniendo enfrente el libro, las condiciones ideales para echarle un vistazo y pasar mis ojos por sus letras, líneas, ideas y sensaciones me he dado cuenta que no puedo concentrarme. Tal vez haya puesto un título erróneo, pero es que es así.

He sorteado toda una suerte de posibilidades y concluyo que puede ser una combinación del tipo de lectura que me he impuesto y mi propio estado espiritual y mental. Quisiera hacerlo, quisiera concentrarme y no puedo. Hay pocas cosas tan frustrantres como esas.

EL libro en cuestión, mi víctima, se llama YO EL SUPREMO de Augusto Roa Bastos, e intento seguir, continuar, pero mientras leo me doy cuenta que empiezo a pensar en otras cosas, que no me voy con la lectura, que ella no me lleva como yo quisiera.

He optado por elegir entonces otro libro, un poco más amable y menos denso, puesto que ya estoy a punto de hacer lo que pocas veces hago: dejar un libro por la mitad. El segundo elegido es "Los vagabundos del Dharma", de Jack Keruac; siempre lo había tenido en mi biblioteca y nunca había sentido la suficiente pulsión para tomarlo, abrirlo y leerlo. Ahora me he puesto con él, es un libro con ángel que te atrapa y te transporta a ese cúmulo de seres de la generación Beat que tanto me encantan. He de describir mi sensación al leerlo: me gusta la lectura y no puedo entender cómo algunos críticos literarios han dicho que Keruac no era un escritor y que sus textos no eran literatura, lo comparaban simplemente con un simple que escribía en telas de papel higiénico de un tirón, podría decirse. Para mí, "Los vagabundos del Dharma" es otra cosa, es algo más profundo que una opinión tan ligera acerca de un producto literario que personalmente me parece genial.

No estoy a un ritmo bueno, apenas he llegado a las 20 páginas por día (lo sé, dejo mucho que desear, teniendo en cuenta que estoy de vacaciones recluídas) pero soy optimista, espero conseguir "Por el camino" y algún día, no muy lejano, continuar leyendo YO EL SUPREMO.

9.07.2007

CONTINUACIÓN DEL CUENTO

Los quejidos de la niña se escuchaban generalmente por las mañanas. El hombre había estudiado durante una semana los movimientos de la casa. La mujer salía presurosa, con los ojos enrojecidos, jadeante; era una mujer alta y fornida.

Una noche, el hombre escuchó susurros en el pasillo, estaba impaciente, era la madre, la niña nunca estaba sola. El hombre empezó a estudiar los movimientos del apatamento de la niña. En la noche todo se calmaba y el hombre aprovechaba para acercarse al pasillo y posarse frente a la puerta. Por la tarde la madre traía medicinas, el hombre la observaba desde el ojo mágico de su departamento. El padre no vivía con ellas, pero las visitaba a diario. Se le veía triste, ausente.

El hombre sintió que el tiempo de la niña se acababa y decidió no esperar más. Se presentó ante la madre y preguntó tímidamente por la salud de la enferma. La familia lo recibió triste pero amable, le dieron una tasa de café con leche y le contaron cosas sobre la enfermedad de la niña. El hombre no se inmutó en su corazón, en lo único en que podía pensar era en el mechón de cabello, aquél, el que necesitaba.

La niña tenía leucemia y no había recibido quimioterapias recientes, podría tener un poco, al menos de cabello. EL hombre fingió interés y preocupación ante la madre quien lo catalogó como un hombre comprensivo y solidario.

Visitó la casa todos los días, llevaba galletas, gatorades y hasta medicinas que creía serían útiles para la niña. La familia en poco tiempo fue dándole confianza. El hombre se sentía cada vez más cerca de su meta, aquél mechón de cabello. Pronto podría verla, finalmente.

8.20.2007

EL ESPACIO DEL SILENCIO


Desde siempre he tratado de llenar los espacios. Creo que es una manía que nos inculcan de pequeños: tienes el cuaderno de dibujo frente a ti, tus ojos observan una hermosa figura delineada cuyos espacios interiores están en blanco. Sólo hay líneas negras con formas (payasos, muñecas, delfines, automóviles) y allí, tú, con el montón de lápices Prismacolor y las ganas de empezar la tarea de la escogencia, del trabajo del relleno cuidadoso de las formas hasta completar el dibujo colorido (no siempre bien combinado y delimitado); He allí: “la obra de arte”. Así comienzo con los espacios que instintivamente hay que llenar, sin contar las hojas de caligrafías, las páginas en blanco, y finalmente a donde quería llegar: los silencios.

¿Por qué siempre tenemos que hablar? Yo, siempre tengo que hablar. Algo en lo que pensé durante unos minutos mientras leía Sobre héroes y tumbas, cuando tenía 17 años, fue en el extraordinario silencio que existía entre Alejandra y Martín. Era un silencio poblado de reflexión, de contenido semántico, de sustancialidad; ese silencio que me reprocho por no poder mantener, el silencio incómodo que siempre tengo que llenar así no sea necesario.

Me ocurre también en mis relaciones amorosas, creo que he tenido la desdichada suerte de ser atolondrada por no poder mantener en pie al silencio, es para mí tan incómodo como la visión de una bailarina que lucha por mantenerse en equilibrio con la punta de los dedos de sus pies. No puedo. Me conformo con decir banalidades, estupideces e imprudentes comentarios que al fin y al cabo no llegan nunca a nada y se pierden en un silencio más incómodo.

Tal vez la gente como yo ha desarrollado sin darse cuenta una fobia al silencio, fobia que se presenta cuando se empieza a observar el titilar iridiscente e implacable de la terrible señal de que algo anda mal, de que ya nada hay que decir, que todo se ha desvanecido y que quedamos como seres inconclusos que se esfuerzan en vano por llenar una laguna con un agua que no existe. Creo que quedarse sin nada que decir es ser infértil, y la infertilidad cuando no se desea es sumamente frustrante.

Prefiero el silencio mío, el que me doy a mí misma, no soporto el silencio con los demás.

No sé si aprenda algún día a convivir con el silencio incómodo, ante la presencia del ser amado, o ante un conocido pero no íntimo, con quien tengo que sostener una conversación ingeniosa de cosas que no tienen nada en común conmigo. No sé si algún día pueda tener el tupé de ser como Alejandra con Martín y quedarme tranquila, impasible, displicente, ante la incómoda oportunidad de no llenar nada, de dejar la página en blanco y observar el dibujo cuyas líneas al fin y al cabo, representan la esencia de la forma.

8.17.2007

Crear ... el momento mágico: Un deseo

Tiempo sin escribir, tiempo sin aparecer. La ausencia, la desidia, el dejar siempre para después la escritura de una nota. No he cumplido del todo, no he saldado la deuda de mi propia inspiración y sé que no hay excusas. Le he huido a la creación y es que me cuesta confesar esto, pero siento que le tengo miedo, es el miedo el que me paraliza y me paralizo porque siento que lo que hago no tiene ninguna importancia y no podría satisfacerme.

El tiempo de la creación es para mí mágico, yo no lo busco, sencillamente dejo que esa necesidad se haga poderosa, tanto, que mis ganas sean superiores a mi miedo. Es entonces cuando escribo, contra todo pronóstico. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo y que mis circunstancias se configuran en pasado-presente, yo me doy cuenta que desdeño mis propias ganas de crear y sucumbo en la indiferencia, el fastidio y el desmerecimiento propio.

A estas alturas no sé quien tiene razón, no sé si tiene razón mi yo no-creador o mi yo-creador. Yo, como buena pesimista siento que tendría tal vez razón mi yo no-creador.

Mi deseo más cándido: que algo hermoso y sorprendente pase para recuperar las ganas de seguir escribiendo.

PD: ¿Será que desde el momento en que lo escribo mi deseo se transforma en irrealizable?

6.07.2007

El incomprensible mecanismo de las circunstancias

Siempre he tratado de elaborar una teoría personal e incierta; vana, por quedarme en algo y justificarme; de cómo y por qué pasan las cosas.

He pensado en las probabilidades, y he hecho, uso mis desmemoriados y desbandados recuerdos de la estadística para pensar que cada simple y estúpido hecho, por la vía pequeña, es el resultado de la multiplicación infinita de numerosas probabilidades que se unen como una red masiva e internáutica y arrojan como resultado la absoluta realidad de las cosas. Y entonces estoy, no sé por qué en este momento tecleando unas ideas locas para que sean publicadas en un blog, y esta realidad, simple, fortuita es producto de una multiplicación encadenada de circunstancias que se remontan a aquella vez, esa ocasión en la cual mi padre y mi madre coincidieron, y se miraron a los ojos, y se hicieron novios y por casualidad nací, y así, así y así hasta llegar hasta este momento.

Pero, algo está claro, las circunstancias están allí siguiendo las reglas de la casa del mundo que nos rodea ¿La muerte es una circunstancia?

Me asusta pensar en ella, me asusta pensar en que todos, todos tenemos esa probabilidad terrible igual a 1, que no hay nada que la desaparezca y que por eso, el hombre, pobre, como diría Vallejo, se conforma con inventar ideas sobrenaturales de el renacimiento del ser, de la reencarnación, del nuevo nacimiento del alma o de su supervivencia eterna. El hombre se las inventa pero no está seguro. Tampoco está seguro de por qué hace las cosas que hace, ni de por qué en algún momento se me ocurrió a mí, teclear en esta computadora estas ideas locas. El hombre no sabe los orígenes de las cosas. El hombre vive al día y desconoce todo, es pequeño y limitado, lamentablemente.

5.25.2007

CONTINUACIÓN DEL LIBRO MÁGICO 4TA ENTREGA


ADVERTENCIA
NO ESPEREN EL PÁRRAFO ACABADO, LA PALABRA CORRECTA, ESE ALGO MARAVILLOSO QUE SE TRANSFORMA EN ALIENTO Y QUE EVIDENCIA QUE ALLÍ EN ESE PRECISO LUGAR, HAY LITERATURA. ESTO ES UN BORRADOR, SÓLO ESO.
SALUDOS.

4TA ENTREGA.

Sentía en su pecho, mientras manejaba hacia su apartamento, la intensidad sorprendente de su propia fuerza. Algo le perturbaba, un muro escalado, y el otro punto, la otra embajada, la empresa siguiente, su conjuro consumado. Un mechón de niña moribunda: aquella labor se presentó con cada vez más frecuencia, sólo pensaba en ello. Lo tenía todo muy claro, en el pasillo de su edificio, tras una puerta destartalada y herrumbrosa, salían día y noche los tenues quejidos de una niña que según los comentarios de los vecinos, había sido diagnosticada de cáncer linfático hace unos cuantos meses. Sufría de dolores continuos, sus quejidos chiquiticos, fragmentados, incongruentes; a veces, se salían de la puerta y lo que antes le había producido horror y lástima, ahora, significaba para él una tremenda oportunidad.

Tendría que entrar en el departamento que casi nunca estaba solo, acercarse a la niña cancerosa que seguro tenía ya pocos cabellos y le arrancaría, con disimulo extremo el preciado mechón. Lo haría, no sabía cómo pero lo haría.

5.12.2007

Una nueva vida

Los días y los acontecimientos han transcurrido, desde hace poco, de manera vertiginosa. Pienso a veces que mientras más cosas ocurren más oportunidades tenemos de meternos en problemas. Pensé en muchas ocaciones que no me ocurrían cosas y resulta que últimamente me ocurren demasiadas, tantas, que no me da tiempo de pensar, de detenerme, de ver la lenta gota de rocío que se desprende de la hoja que despierta en la mañana. Sólo tengo tiempo de ocuparme de cosas importantes, cruciales, y no he podido vivir esos momentos de cámara lenta a los que antes estaba bastante acoscumbrada.

Desde la última vez que escribí, me ofrecieron trabajo en Maturín para dar clases de Comprensión y Expresión Lingüística I en la UDO. Tenía otro trabajo que no era muy seguro, dada la terrible situación social y educativa que vive el país. Decidí irme. Tuve que irme a la entrevista mientras hacía malabares con mi otro trabajo. Andaba trabajando en dos ciudades distintas a 3 horas de diferencia. Tuve que asistir al acto de grado, me tocó dar el discurso, fue un estrés total, pero sumamente emotivo y hermoso. No me aceptaban la renuncia en el colegio donde trabajaba. Lo hice a la fuerza.
Y ahora, bueno, ahora, la mudanza, el irme de mi casa. No quiero. Ahora otro problema. Quiero ver mil gotas de rocío detenidas, quiero descansar con la cabeza tranquila, quiero dormir ¿Se puede? no sé cómo descansar, es la vida, es el tiempo, son las circunstancias.

Quiero salir de todo, el lunes debo dar clases. Aún no me he leido los tres libros que tengo programados leerme para dar la clase, tampoco tengo ganas, dormir, ser una vaga cínica que se burla de los problemas, no quiero más, chao, la gota de rocío, y ya, no sé, mañana debo levantarme temprano para pasar una verguenza enorme porque le di a dos profesoras a que me firmaran el título, y ahora la profe que me gestionó el trabajo me dijo para firmar y yo no se lo puedo dar y tengo que explicarle que le di a otras dos y no a ella, y me muero de la verguenza, ahora sí, qué verguenza. Hasta pronto.

4.25.2007

Continuación del libro mágico. 3era entrega.


Después de respirar varias veces el hombre se dispuso a subir. Sus pies resbalaban por las piedras, apenas sobresalientes del paredón, mientras sus manos se aferraban cual garras a los pequeños relieves superiores. Sudaba y sentía el correr de su sangre apresurada. Un paso. No había escapatoria, tenía que seguir. El esfuerzo lo retorcía, renunciaba y reanudaba la empresa constantemente.
A cada instante estaba más cerca de la meta. Sus manos se llenaban de esa cal mohosa que había predicho en sus desvariados deseos por conseguir el trofeo prometido.
Por un momento desistió. Deslizó las uñas de sus pies apenas unos milímetros, un tumulto de rocas rodó hasta dar con el suelo. El hombre escuchó el sonido del golpe. Volvió a apoyar sus pulgares en un montoncito escarpado y se aferró mucho más con sus manos.
Un aullido de tigre cantaba en su mente, nacía y se ondulaba con el correr del tiempo, acompasándose poco a poco. El canto desfilaba en medio de su furia frenética, era un rugir y una marca de la fuerza tenebrosa de su propósito.
El sol lo abarcó todo, ya era de día. El hombre se encontraba en la delgada superficie del muro. La emoción y la canción del tigre lo habían llevado hasta allí, con sus propias manos y pies había logrado alcanzar su meta. Un grito desgarbado, astroso, se escuchó en la inmensidad del silencio.
―¡Trabiiiiiiiiiiiii sooooooo mieablo cuscumilao sonen!―

4.18.2007

Ya nadie quiere leer


Vivo en una ciudad que se llama Cumaná, está en el oriente del país, en el Edo. Sucre, Venezuela. Cada día, a medida que pasa el tiempo, me empiezo a sentir cada vez más sola. Salgo al centro de la ciudad, camino por las calles abarrotadas de buhoneros, vendedores de CD compactos copiados, sentados al lado de esas cajas sonoras que emiten aireadamente esa contaminación sónica que me enloquece. Sólo reaggeton, sólo vallenato, nunca escucharás, jamás, un nocturno de Chopin, o algunos de los allegros de Vivaldi. Me topo con gente desaseada, con indigentes, y una vez, por casualidad, me encontré de frente con un tipo que me sacó un arma diciéndome que me iba a atracar y que le diera todo lo que tenía. Le pregunté qué le pasaba y se fue sin mayor explicación, con una sonrisita perversa.

Es bueno escuchar a todo el mundo, lo sé, pero muchas veces sostengo conversaciones con gente que sólo puede decir cosas soeces, vulgares, llenas de carcajadas obscenas que buscan recalcar la banalidad de lo antes dicho. Yo me deprimo. No quiero ser racista, no quiero, lo juro, no me importa y no juzgo a nadie por eso, pero siempre me toca pensar, tras todo eso, en algo mucho más grave: la incultura progresiva, vertiginosa, veloz, de la población. Es prácticamente un pecado decir que te divertiría tener una velada que consista en leer a Rambaud, Boudelaire, René Char, Alfonsina Storni, por ejemplo . Es prácticamente un pecado decir que prefieres quedarte en tu casa leyendo un buen libro a escuchar una sarta de idioteces que se superponen unas a otras enfrente de una botella de Solera o Regional Light. No digo que la vida social no sea necesaria, pero, es que muchas veces la rutina discursiva se repite y yo terminé por concluir que no estoy hecha para eso, que soy diferente y que prefiero; en resumidas cuentas, quedarme en casa.

Tal vez es que mis gustos no son iguales a los de los demás. Pero hay algo que me preocupa aún más: a casi nadie le gusta leer. Mis alumnos se horrorizan cuando les digo que ellos, unos niños de 13 años, pueden ser capaces de leer un libro y disfrutarlo. Y al comentar con otros profesores de Castellano y Literatura, que les mandé a leer un cuento de Frank Stockton, ¿La Dama o el Tigre?, de unas escuetas 12 páginas, se horrorizaron: “Eso es demasiado”―me dijeron―. Pero ¿Qué va a ser demasiado? si un muchacho de esos debería estar leyendo una novela por trimestre, por la vía pequeña. Pero, en el fondo, ellos tienes razón: el círculo es vicioso y no es buena idea mandarles a leer a Frank Stockton.

Ni ellos mandan a leer porque los niños no tienen capacidad, ni los estudiantes son capaces de leer si ellos los mandan ¿Es que hay que esperar hasta que tengan 15 años para exigirles leer el primer libro? No me parece. Pero no sé quien es el culpable. Es tan grande la lista de a quién habría que echarle la culpa de lo que está pasando en Venezuela que no sé ya quien la tiene. La culpa se diluyó, se esfumó porque el patuque fue tal que al final todos contribuimos todos los días a que la cosa siga igual. No hay un culpable pero la gente sólo escucha vallenato. No hay un culpable pero nadie se preocupa por ser culto. No hay un culpable pero muy, muy pocas personas disfrutan leer.

La realidad es esa. Yo me quedo siempre en mi casa, salvo contadas ocasiones en las que salgo y la paso francamente bien, remitida únicamente a un escaso grupo de amigos con quien disfruto conversar de muchas cosas sin aburrirme.

PD. Ayer me conmovió algo: tras haberles contado la historia de Ana Frank a mis estudiantes y haberles obsequiado fotocopias con fragmentos del diario, una alumna se me acercó y me preguntó dónde vendían el diario porque lo quería leer. Me dieron ganas de llorar, lo juro, fue para mí un momento mágico, sin palabras. Y lo fue porque es un colegio donde muchos niños pertenecen a bandas de delincuentes y donde prácticamente ningún estudiante se preocupa por siquiera comprender un párrafo.

4.10.2007

Ahora sí, corrección y adelanto de "El libro mágico"

La versión de un apócrifo libro de mutaciones corporales ha caído en manos de un oscuro personaje, un hombre excesivamente tímido, indiligente, anónimo. Se sabe que es peligroso porque, secretamente, el narrador tierno que cuenta esta historia conoce su pasado. No vamos a decir qué es lo que hay detrás de su vida porque eso no nos importa en estos momentos.
El libro vino a parar en su poder después de haber sido dado a la venta en un mercado de pulgas. El hombre tomó el libro, le acarició el lomo viejo y desteñido, rozó las páginas con sus dedos; al principio sin ningún fin, luego, con una tenebrosa motivación. Después de pagarle al gordo pelirrojo y fastidiado que lo tenía en venta, lo tomó entre sus manos (ya sabiéndolo suyo) y lo llevó a su casa sin siquiera otorgarle una escueta mirada.

Aquella noche encendió la lámpara de su mesa de estudio y leyó las primeras páginas. Se exponían las recetas más extravagantes para cambiar de sexo, de cuerpo y de mente con arcanos conjuros. Recordó entonces que, al menos, los primeros requisitos de una de las recetas podía cumplirlos. Debía, en primer lugar, escalar un muro mayor de cinco metros. El hombre buscó en su memoria dónde podía haber un paredón cercano con esas características. No lo hallaba. Empezó a pensar en aquél bar que él visitaba donde todo era verde: las paredes, las sillas, las mesas, las botellas, el traje del barman, el de las camareras, el piso, los baños, todo. Allí, había conocido a un hombre muy bien vestido y gordo que le había hablado de un muro muy alto al cual él no había podido saltar. Le había contado la aventura; él y sus amigos cuando eran muy jóvenes se habían decidido escalar aquél muro para probar su valentía. Pero la fuerte estructura de cemento los había vencido, no sin antes dejarles a todos ellos costillas rotas, muñecas fracturadas, brazos escayolados. El hombre pensó entonces que él sí podría saltarlo. Se armó de su mochila, su equipo de escalada y se encaminó al amplio paredón de cemento que bordeaba una fábrica abandonada a veinte kilómetros de allí.
Se fue al amanecer, las luces del pequeño auto contrastaban deslumbrantes en medio de la oscuridad. El coche ronroneaba, el hombre pensaba en lo que podría conseguir con la consecución de aquella meta; “primero el muro”―se decía― y una oscura felicidad lo traspasaba. Al alba el auto se detuvo: había llegado el hombre a su destino.
Una fuerza indescriptible lo sobrecogió, era como si todo su interior se desprendiera de lo que él era y renaciera continuamente bajo el embrujo de una extraña fuerza. Lo saltaría sin ayuda de ningún equipo de escalda, se adheriría a las paredes, le saldrían uñas largas y negras por el sudor de la tierra, impregnadas de cal y humedad, sus pies no resbalarían, encontrarían piedras pequeñas en donde poder apoyarse, y así iría, un paso, otro y llegaría a la meta; la delgada superficie del muro, allí conservaría el equilibrio y gritaría la primera parte del conjuro, estaría entonces más cerca de lograr su ansiado premio.

¿Cómo construyo mi cuento? Explicación

Un experimento. No sé qué salga de este cuento pero es un experimento. Las anteriores entregas eran un engaño, de ninguna manera pretenden ser un producto acabado. He querido, a través de esta prueba de ensayo y error hacer público mi intento de escribir. En realidad no pienso que haya escrito nada interesante y valioso. Tengo problemas de atención, por lo que se me hace sumamente difícil cuidar los detalles en la escritura, cosa que me ha traído numerosos problemas en mis tesinas, mis trabajos y mis exámenes en la universidad. Siempre me han puesto buenas notas no sin antes advertirme mis numerosos errores formales, descuidos, impertinencias y olvidos. Creo que por concentrarme siempre en las historias de los libros que leo, sólo en ellas, había olvidado darme cuenta de cómo se escribían las palabras, las oraciones, los párrafos. Hace cosa de unos pocos años ( por haber estudiado la carrera que estudié) me empecé a fijar en la formalidad, descubrí como una niña que crece los nuevos secretos de la vida adulta.

Sé que suena un poco loco todo ésto, pero no me importa lo que piense nadie. Yo sé que no es una excusa para escribir sin una total corrección ortográfica. Prometo mejorar, y seré muy cuidadosa con mis alumnos, como lo fui en mis prácticas docentes.

Lo que presento es un experimento, un ensayo de cuento. Tal vez la versión final no se parezca a la que voy a presentar ahora. Tampoco lo que estoy presentando está completo, es un cuento largo. Mi amigo, el escritor Rubi Guerra, me dijo que yo era mejor escribiendo cuentos largos. Tendré que tomarlo en cuenta porque con las minificciones no encontraba una salida satisfactoria.

Presento entonces un adelanto y una remozada versión de mi cuento "El libro mágico"

Espero la disfruten.

4.07.2007

¿por qué los perros son más felices que nosotros?


Tengo que hacer una aclaratoria muy importante antes de empezar esta cadena de pensamientos discursivos: los perros únicamente no son más felices; también los gatos, los chivos, las lombrices, los cuervos, las palomas, los leones, los loros, los mandriles, los dinosaurios (en su tiempo, claro), y pare usted de contar a toda la especie animal (al menos, por lo que respecta a esta entrada).

Ahora leo una novela de Juan Carlos Onetti que se titula "Cuando ya no importe"; la historia es apacible pero atróz, inmensa; y devela una profundidad que va más allá del discurso, de la ficción y de todo lo que está alrededor. Las palabras de Onetti (y esto es muy suyo) se expanden mucho después de haberse extinguido en el transcurrir del lector; ya nada vuelve a ser lo mismo cuando el silencio le sigue a la palabra, como diría Braudillard. Nada vuelve a ser lo mismo cuando leemos a Onetti. Tal vez cruel, real como una bofetada, Onetti nos transforma sin querer a medida que leemos sus novelas y relatos. Y es que para no ser la excepción Cuando ya nada importe, nos remite al fastidio de la existencia, a esa inmensidad y ese fracaso de la vida que en el fondo siempre nos ha tocado a todos.

Pero para seguir con las mascotas y los perros, debo recordar una idea de Onetti que leí hace un par de días y que me marcó profundamente, porque sus palabras se agrandaron y no cesaron de moverse, de deambular en mi mente, haciendo que ya nada fuera lo mismo. El médico Díaz Grey o Carr, no recuerdo en estos momentos con exactitud, expone que los perros a diferencia de los humanos pueden vivir con felicidad, sin preocupaciones reales porque realmente no saben que van a morir. Y estas palabras, que las había merodeado tanto en mis reflexiones, viendo a mi perra Camila, pensando en ella más allá de la idea de que fuera sólo un perro.

Los perros no saben que van a morir, y entonces ¿Qué pasaría si los seres humanos tampoco lo supiéramos? Es una idea abismal para mí; pensar que puedo vivir sin saber que voy a morir algún día. Pero es algo imposible. Lo sabemos y lo sabremos, a menos que pensemos en la muerte de otros como algo ajeno, distinto a nosotros mismos. Vivir ignorando que somos mortales, vivir la misma vida, los mismos exactos días, con las mismas miserias y las mismas alegrías pero sin esa punzante afirmación, superior a todo, infinitamente más real que cualquier cosa que nos aqueja, que nos rodea y que nos ciñe. La muerte es un Sí, y está en nuestra mente. Podemos olvidarla, creer que no existe, pero ésto sólo es momentáneo. Indefectiblemente, mientras vivimos, retornamos una y otra vez, cada cierto tiempo, muy esporádicamente (según sea el caso) a esa aseveración que es parte de nosotros mismos.

Pero los perros no lo saben, ellos no lo piensan, ni siquiera se lo plantean, y viven su vida; inmensa para ellos aunque sea más corta. Nosotros miramos en las tardes de lluvia a las carrozas fúnebres pasar por las avenidas transitadas, y nos lamentamos del horrendo tráfico, y todo el mundo dice “Un entierro, que fastidio, ahora sí llego tarde al trabajo”, y, entonces tú sabes secretamente que algún día serás tú, aunque no lo menciones, y te entristeces de ti mismo y de tu insoportable destino. Los piensas, si, seguro que todos lo piensan, que no sólo es el tráfico, alguna idea te ronda y te preguntas por qué vas a ir al trabajo, qué significa la vida en resumidas cuentas, todo para siempre morirse.

Pero los perros no lo saben, aunque se mueren, ellos no se lo piensan, viven, viven y mueren y esa idea les resbala, comen felices y apacibles creyendo que serán eternos.

CONTINUACIÓN DEL LIBRO MÁGICO (ENTREGA 2)


Al menos, los primeros requisitos podía cumplirlos. Debía en primer lugar escalar un alto muro. Éste debía ser mayor de cinco metros. El hombre buscó en su memoria dónde podía haber un muro cercano con esas características. No lo hallaba. Pensó de pronto en aquél bar donde todo era verde: las paredes, las sillas, las mesas, las botellas, el traje del barman, el de las camareras, el piso, los baños. Allí había conocido a un hombre muy bien vestido y gordo que le había hablado de un muro muy alto que no había podido saltar. Le había contado la aventura; él y sus amigos cuando eran muy jóvenes se habían decidido por brincar aquél muro para probar su valentía. Pero la fuerte estructura de cemento los había vencido, no sin antes dejarles a todos ellos costillas rotas, muñecas fracturadas, brazos escayolados. El hombre pensó entonces que él si podría saltarlo, esta vez sí. Buscó en su memoria las señales geográficas que él hombre gordo del bar le había dado en aquél momento. Recordó que estaría a tres kilómetros del pueblo, rodeando una antigua y abandonada fábrica de papel. Decidió saltarlo aquella misma noche. Se armó con su mochila, su equipo de escalada y se decidió a cumplir su primer requisito, tal como lo decía el libro mágico.

3.31.2007

El libro mágico


La versión de un apócrifo libro de mutaciones corporales ha caído en manos de un oscuro personaje, un hombre excesivamente tímido, indiligente, anónimo. Se sabe que el hombre es peligroso porque secretamente, este narrador tierno que cuenta esta historia, conoce su pasado. No vamos a decir qué es lo que tiene detrás porque eso no nos importa en estos momentos. El libro vino a parar en su poder después de haber sido dado a la venta en un mercado de pulgas.
El hombre, sin pestañar, acarició el lomo viejo y desteñido, rozó las páginas con sus dedos, al principio sin ningún fin, luego, con una tenebrosa motivación. Después de pagarle al gordo pelirrojo y fastidiado que lo tenía en venta, lo tomó entre sus manos (ya sabiéndolo suyo) y lo llevó a su casa sin siquiera otorgarle una escueta mirada.

Aquella noche encendió la lámpara y leyó las primeras páginas. No podía creer lo que estaba leyendo. Allí, se exponían las recetas más extravagantes y jamás vistas para cambiar de sexo, de cuerpo y de mente con un arcano conjuro. El hombre pensó y advirtió que para él no habría problema de llevar a cabo tal proceso.

Continuará…

Y ahora qué hay para estudiar...



Después de haber pasado la mayor parte de mi vida estudiando, ayer, finalmente, terminé de hacer mi último trabajo de pregrado. Yo sé que tal vez esto sea algo sin importancia para muchas personas que han pasado por esto. Para mí sí lo es. Estuve estudiando psicología durante cuatro años, antes, y luego de un fracaso estruendoso en las asignaturas, tuve que abandonar la carrera.

Después tuve que mudarme de una gran ciudad como Caracas a un triste pueblo, debastado por la incultura, la ignorancia y la excesiva tranquilidad: Cumaná. Aquí, luego de pensarlo (la verdad es que no quería seguir estudiando nada más), elegí estudiar una carrera, carrerita, por así decirlo, Licenciatura en Educación mención Castellano y Literatura. La elegí sabiendo que nunca iba a ganar dinero con eso, pero teniendo en cuenta que mi vocación, desde niña, siempre había estado orientada al placer de escribir y a la lectura.
Allí pasé cinco años exactos, sacando buenas notas, sin preocuparme mucho por lo que me iban a evaluar, sólo estudiando porque me gustaba y porque descubría cosas que me hacían más culta. Y ahora, luego de cinco años, he terminado mi último trabajo de seminario de grado (no tuve que hacer tesis de grado, a cambio hice cuatro seminarios con sus respectivos trabajos de investigación) y bueno, aquí estoy, finalmente, con un vacío inmenso porque la verdad es que me quedé como esperando ...¿y ahora qué tengo que estudiar?. Lo sé, existen los postgrados, las especializaciones, pero eso es otro nivel al cual no puedo acceder por razones económicas, al menos en un futuro inmediato.

Y ahora, no sé qué estudiar, qué pensar y qué decir. Me he quedado un poco en blanco, esperando la próxima etapa, que no sé cómo será, pero está claro algo, eso sí, que cambiar es un poco complicado, y que siempre los comienzos son duros.

3.20.2007

ESA MANÍA DE PENSAR QUE TODO ES PARA SIEMPRE

Es curioso, pero cuesta. Realmente cuesta. Aceptar, internalizar instropectivamente acerca de las cosas que estarán con nosotros y las cosas que no. Realmente nada estará con nosotros, porque nosotros mismos no estaremos con esas cosas que pensamos que estarán con nosotros. La condición para estar con algo o alguien debe ser que ambas partes, eso o ella/el, eso-eso, ellos- el, etc, estén juntos, en el mismo espacio geográfico al mismo tiempo. Entonces, tenemos una verdadera historia de reciprocidad. Para que dos cosas estén juntas tienen que estar las dos, o las tres, las cuatro, o las miles. En fin...

¿Qué manía tenemos de pensar que todo debe ser para siempre? Si nada lo es ¿Por qué nos empeñamos en revivir recuerdos de lo pasado, en creer locamente que los seres queridos nunca morirán o que nunca moriremos nosotros? ¿Por qué pensar que todo estará siempre en el mismo lugar, a la misma hora, así todo aquello esté en completo desorden, así lo que haya no nos guste o no nos agrade?

Pero, siempre, sabemos decirles a todos que no nos importa, y sin embargo, pues si, nos importa. A nadie le gusta cambiar. Y a veces, las cosas son inconvenientes, pero no podemos, hay algo más fuerte que nosotros que nos impide hacerlo.

Y nos aferramos y aunque no haya compatibilidad geográfica y temporal, recordamos y traemos a colación algo que no queríamos que cambiara, porque queríamos, vuelto y repito, que todo fuera para siempre.

Es difícil dar el paso, no digo que no lo hagamos, simplemente, señores, que cuesta, cuesta.

3.18.2007

Lecturas Nuevas

Hola,

Quisiera recomendar la lectura del poeta colombiano Álvaro Mutis. Estoy trabajando sobre él y me parece interesante su poesía, exótica y llena de imágenes deslumbrantes y extrañas. No pueden perderse sobre todo el poema "Programa para una Poesía", "Caravanzary" y la "Nieve del Almirante", porque están realmente excelentes. Espero tengan en cuenta mi sugerencia aquellos que decidan leerla.

En la próxima entrega, cuando tenga un poco más de tiempo haré un comentario acerca de la lectura de "LA TIA JULIA Y EL ESCRIBIDOR" del escritor peruano-español, Mario Vargas Llosa, así como la relación con el libro que luego escribió la Tía Julia, en respuesta a este excelente libro de Vargas Llosa, que se llama "Lo que Varguitas no dijo", los dos están muy interesantes, pero lo mejór sería comentar un poco lo que dijo Varguitas y lo que dijo Julia, y relacionarlo. Les prometo un buen y largo comentario cuando tenga tiempo. Un saludo a todos!!