12.01.2010

Lo que pienso de los españoles y de los venezolanos

No sé realmente qué tal la pasan el resto de los inmigrantes del mundo, pero yo, a pesar de todo lo bueno que tengo, la estoy maltripeando a medida que pasan los años y yo sigo del otro lado de la orilla. No sé si este sentimiento de transitoriedad incómoda dure para siempre. Hay veces que me desespero, porque siento que me hace tanta falta hablar con mis padres, abrazarlos, al menos, y no puedo.
La vida del inmigrante se teje con unos estambres de nostalgia e impotencia. No sé si esto sea igual para todas las personas que viven y sienten fuera de su tierra, para mí, se hace un poco más difícil porque entiendo que probablemente no haya posibilidad de regresar. Me gustaría hablar con aquellas personas que emigraron a otro país a partir los años sesenta, preguntarles qué se siente. Pero yo sé qué se siente, solo quiero espejarme, cuadrarme y verme con forma, sin distorsión desde el otro. Siento el miedo y un poco de rabia por entender secretamente que ese país de donde vengo es un patuque anárquico, donde se mal vive, donde no hay garantías. Aquí, en España, también se mal vive, cuando eres de fuera mal vives a la quinta potencia elevada a la X, te comes todos los cerros de mier... que puedan existir, te sientes intruso todo el tiempo, incluso, tienes que aguantar cuando te dicen que por culpa de los que son como tu, les han caído más males que glorias.

A los españoles no los defiendo en su totalidad, porque hay gente cabrona e ignorante. Hay gente maravillosa, es cierto. Tal vez el error fue haber nacido en un país que, seamos sinceros ¿Sirve? Pienso un poco en los españoles y me digo, vaya, son imposibles, intratables, soberbios; pero vamos, son...son...al menos tienen palabra y suelen cumplir lo que prometen, no andan tanto con la vivacidad del venezolano, que quiere siempre joderte, sentir que te doblegó, que te hizo verte la cara de guevón. En España no. Son un poco más honestos. No te dan confianza pero tampoco se aparecen en tu casa y te vacían la nevera, no te piden favores que te molesta hacerles, solo con la excusa de que somos panitas, no te dan la espalda cuando ya no te necesitan.
Estas cosas, son las que me hacen pensar que a veces son mejores que los venezolanos, y, con lo cab...que pueden llegar a ser (PORQUE lo son, lo juro, son peligrosos y tienen un humor negro destructivo). Pienso en el desastre de país en el que vivo y sé que en Venezuela hay sus excepciones: hay gente correcta, agradecida, generosa y honesta. Pobrecitos, Dios, cómo sufre esta gente en Venezuela, que quiere hacer el bien y va de derecho, cómo deben padecer a sol y a sombra, en navidad y semana santa, en carnavales y en el día de la raza. Me veo a mi como a una pendeja haciendo favores a gente malagradecida y coño de madre, creyendo en pajaritos preñados, pensando que la gente suele decir la verdad, la verdad, insisto, es un aparición paranormal en ese país, sí.

Concluyo, que aún y con Zapatero y la montaña de ridiculeces y mal sabores españoles, los prefiero a estos que volver al deplorable al país ruinoso en moral, ese en el que se convirtió mi país. Y aunque mal pague le extraño, pero no vuelvo.

11.14.2010

Por qué la fonética

De pronto me vi hace algunos meses con libro muy viejo de fonética. No es que me interesasen mucho las categorías en las cuales se clasifican los sonidos, no, la cosa es que necesitaba desesperadamente a través de ese capítulo componer a mi distraída memoria. Hace cinco años, lo recuerdo como si fuera hoy, que contrariedad, estudié fonética; me gustaba, he de aceptarlo, podía hacer transcripciones, clasificar cualquier sonido, hablar de diferencias, ahora, sin tener una certeza de porqué ocurrió ese borrón absoluto, me he visto ante el capítulo sin saber porqué son un montón de símbolos ininteligibles para mi. Creo que entener fonética en parte es como meterse en el solfeo, saber como se manejan estas notas que en realidad son letras y representan sonidos, conseguir identificar porqué nos diferenciamos de los demás al pronunciarlas, porque el sonido puede ser capaz de ser representado de una forma u otra, porqué las palabras son música, y son únicas.

En este caso vuelvo otra vez sobre el libro meses después, no exactamente por curiosidad, sino por obligación, debo hacer una descripción de sonidos del español. Miro con detenimiento estos símbolos que siguen sin entrarme en la cabeza y caigo que se han transformado en un reto para mi; el reto no radica en entenderlos como si los conociera por primera vez, sino en volver a recordarlos y que vuelvan a gustarme como antes.

A veces pienso que no siempre vemos a las cosas que nos deleitaban, pasado el tiemo, con la misma intensidad, amor o interés, nos encontramos con personas a quien antaño podíamos amar y luego, la magia se pierde, no sabemos cuándo ni dónde. Ese momento y lugar entonces se transforma para nosotros en una obsesión, y yo creo que no es lo que va a pasar conmigo y con la fonética, seguramente de tanto insistir el alfabeto fonético internacional volverá a serme familiar y yo estaré feliz de volver a encontrarme con él, como con un viejo amigo:ojalá todas las cosas que quisimos permanecieran inalterables, qué ilusión.

9.23.2010

Celia Cruz / Vieja luna



Como estoy nostálgica, aquí pueden disfrutar a Celia Cruz con su voz cristalina...

¡Maestra!

9.15.2010

El oficio del mártir


Todos hemos sido mártires. Cuando creemos que ya no cabe más injusticia en el mundo, que esta fue agotada secándose como un río maldito, se nos aparece multiplicada como los Gremlins. El ser mártir debe ser algo que hay que asumir y saber usar. Hay que internalizar que en el fondo ser mártir se nos muestra como una oportunidad de poder sentir el gusto de la víctima, el placer mazoca que todos llevamos dentro.

Pero esta martirización---aunque en verdad no la deseemos porque somos seres normales, incapaces de desear algo malo para nosotros mismos---aparece recurrentemente como esas fijaciones incoherentes que nos llegan siempre a la cabeza, esas de las cuales nos avergonzamos y no contamos a nadie.

¡Salve a la reina martirio! Dijo una bruja de la inquisición, que había elegido profesión después de darse cuenta que acabaría loca, “Mejor morir con dignidad de bruja a revolcarme entre mi mierda en una celda para dementes”. Hizo su ritual de iniciación; declarando a los cuatro vientos la existencia de una pócima mágica que haría quedar preñadas a las mujeres sin la ayuda del miembro masculino. La tildaron de feminista y la echaron a una celda de perros hambrientos. ¡Salve a la reina martirio! Repetía, y así siguió hasta que uno de los perros dio una dentellada en su cuello, justo en la yugular, sin darle mucho tiempo a pensar en los santos oficios de las brujas y en en los horrores del infierno.

9.04.2010

El chivo

En Araya hay chivos que comen... no sé qué comen los chivos. Yo siempre pensé que eran unos señores mayores, que sabían mucho de la vida, se tocaban la barbilla y pensaban en filosofía. Tal vez estos chivos habían leído a Kant, a Marx,a Shopenhauer. Siempre me dijeron que los chivos eran mayores que yo, por lo que no podía pensar en ellos como jóvenes criaturas nacidas hace pocos meses, comiendo tierra en Araya, en Uruguay, en Brasil.

Cuando era pequeña los vi por primera vez en la montaña misteriosa que se alzaba detrás del patio de mi abuela. Pienso en ese sitio ahora y no me puedo creer que fuese tan grande y con tantos árboles y tan inmenso como todas las cosas en América, llanas, espaciosas, jóvenes como un junco recién nacido.

Me alegra recordar, desde la distancia española, aquel sol de Araya y a los chivos. Creo aún que si tuviera algún problema y viera por casualidad a alguno de ellos comiendo un poco de tierra árida, rocosa, le pediría disculpas por interrumpir tan importante actividad para pedirle un consejo sobre qué hacer con mi vida. El chivo seguramente se quedaría mirándome con su cara cirscunspecta y me pediría detalles, yo le contaría todos mis cuentos: algunos felices, otros no tanto y finalmente esperaría una respuesta. El chivo seguiría mirándome a los ojos sin decirme nada y yo movería la cabeza hacia adelante, aupándolo, para que hablara de una vez, pero el chivo me miraría con indiferencia y metería su terrible y barbuda cabeza entre la tierra amarillenta dándome la espalda.

8.17.2010

Por un camino de flores


Es importante pasar revista de las cosas aprendidas.

Hoy trataba de aprenderme unas palabras de otro idioma y entonces recordé que una buena regla memotécnica podía ser asociar estas nuevas palabras (que no se parecen en nada a mi idioma materno) con mi vida.

Busqué y repasé, anduve por corredores, pasillos, zaguanes, descubrí que mi vida poco tenía de emocionante y que curiosamente había olvidado casi todo lo que me había ocurrido en mis tiempos de adolescencia y juventud. No sé si fueron buenos o malos pero los momentos más vívidos para mi recuerdo son los de mi infancia, más específicamente, aquellos que pasé con mi abuela materna en mis vacaciones de coclegio.

(**) La infancia no sé si es importante o lo es todo, no me quiero poner freudiana pero suspongo que la mía define mucho lo que soy.

(**) Me pregunto cómo sería la infancia de aquellos que de adultos creen que son los reyes del universo, se la saben todas, tienen la verdad absoluta, la verdad no es Dios, son ellos porque están en todas partes, todo lo conocen y lo han experimentado, no saben ni conocen qué es la equivocación y la falacia ¡He conocido a tanta gente así!

(***) También he conocido gente humilde y buena cuya vida está lejos de ser maravillosa, han hecho de un pedazo de papel tualé de lija una flor especial, una rosa, como la de este jardín de Madrid que visité esta semana mientras me iba a leer un libro en inglés que se llama The Dog y es de la escritora sueca Kerstin Ekman, a quien no conocía, por cierto, y de quien leí la traducción al inglés. Veredicto del libro: Francamente prefiero leer clásicos del siglo XIX últimamente, no sé si me he vuelto decimonónica pero me las llevo bien con ellos.


Saludos

8.03.2010

la contradicción

Cuando un violín hace ruido, y la cuerda se tensa, y entonces se prolonga durante mucho tiempo un ahogado chillido, un pellizco al tímpano, el estiramiento imposible del cuerpo, la disfonía.Así creo que muchas veces el dolor físico y espiritual de la soledad de muchas cosas hacen que muchos se comporten en contradicción con su sentido del desprecio.

En el hondo y oscuro lecho del corazón, donde descansan las pasiones, se albergan entonces los resentimientos. Despreciamos a los ángeles y a los demonios, cortamos las cabezas de los niños, empieza entonces a cocinarse en nosotros cierta maldad. Andamos así por la calle,con una bolsa de cuero cosida a nuestra piel, de nuestro mismo color, nadie sabe que la llevamos, allí se conservan refrigeradas las municiones de contradicciones, dispuestas a rescatarnos noblemente ante el contacto con el otro, igual de opaco y cansino que nosotros, con la misma bolsa,o distinta, pegada al cuerpo, lista, presta, esperando solo la señal que marca el ataque.

¡Un saludo!

6.28.2010

A guarda

La semana pasada estuve en Oporto, la verdad no tenía una idea específica de Portugal, su cultura, sus costumbres. Había escuchado a mi abuela hablar bien y mal de los portugueses. Ella vivió en Portugal un año en los tiempos de la guerra civil española, en medio de unas condiciones muy difíciles de hambre, necesidad y premura por conseguir el pan. Sus relatos orales siempre estaban acompañados por gestos obscenos y divertidos, dramáticos en extremo. Su histrionismo supongo provino de los muchos oficios y las acomodaticias adaptaciones vividas, supongo que cuando se acumulan muchos días de supervivencia, la gente desarrolla unos reflejos adicionales de respuesta, el carácter cambia para siempre, el mundo y la vida misma con sus placeres normales se vuelven más secundarios. Sus tiempos ,está claro, fueron turbulentos, mísera entre los míseros españoles que tenían que acostumbrarse a un país devastado por el egoísmo de unos pocos, el poder desmedido y la violencia fanática. Mi abuela tuvo 13 hermanos y su padre, un guardia civil mujeriego murió por accidente cuando un despreocupado enfermero le puso una inyección equivocada. Entonces ella tuvo que pedir pan, porque al ser la mayor tenía que cuidar de los pequeños hambrientos y descalzos hermanos. Mi bisabuela trabajaba en un hotel y no podía cuidar a los pequeños que fueron muriendo por enfermedades y accidentes a medida que crecían, borrándose del mapa de España, desparramados todos, llevados por la corriente de una diáspora de miseria. Entonces mi abuela se casó con mi abuelo (que tenía una posición privilegiada para los tiempos que corrían) ; pero a ella, por ser pobre le hicieron la vida imposible, porque mi abuelo no podía casarse con una mujer tocada por la orfandad y la mendicidad.

Los acontecimientos que siguieron a su embarazo y casamiento son propios de una novela de Corín Tellado, y a ella le gustaban mucho esas cosas, supongo le recordaban cuando era joven y guapa y vivía entre la miseria, insultada por una familia clasista. Hace un año murió en Venezuela, ya muy vieja, de 81 años, dolida por los achaques de la vejez. Yo pensé, cuando vi su ataúd, que el mundo había perdido a una mujer divertida y una narradora maravillosa de aquellos tiempos tan difíciles en un país relativamente desconocido para mí. Mi boda hace una semana, me hizo ir por casualidad a la aldea donde ella nació y se crió con sus trece hermanos por allá por los años 30 y 40 del siglo pasado. El pueblo fronterizo con Portugal me hizo entender muchas cosas de sus relatos de extraperlo, sus carácter rural, sus recreaciones narrativas, esas que finalmente se hacían realidad en un momento a cada kilómetro que el coche avanzaba por la carretera. Creo que es interesante conocer tu pasado y tus orígenes mucho tiempo después de haber nacido, ya , en mi treintena, encontrarme con el sitio de aquellos relatos de niñez fue una sensación divertida de reconocimiento, descubrimiento y comprensión de muchas cosas, como cuando entiendes finalmente aquel problema de matemáticas que se te hacía difícil, o cuando descubres una verdad histórica o una información que pone la pieza que faltaba en el rompecabezas.

6.13.2010

vuelta

A todas las personas que me han leído pido mil disculpas por no haber estado aquí. Mi blog ha decaído porque a veces estamos así, con pocas cosas que decir. Siento que mi vida se vuelve menos profunda, soy más simple y eso resuelve muchos problemas.

saludte

4.22.2010

solo recomendar

He estado leyendo un libro de viajes de Cees Nooteboom, y ahora que leo su nombre, pareciera que las vocales que lo componen se prolongaran como un eco escurridizo, que finalmente se pierde en una nube de polvo.

Un fragmento:

" Lo que en cualquier otro lugar era un sistema bipartidista, aquí era una lucha con veneno, mentiras, perjurios, difamaciones, escándalos. Los periódicos se tenían cogidos del cuello los unos a los otros, los jueces eran parte, el dinero fluía por cloacas subterráneas y, al mismo tiempo, todo era un teatro, ópera bufa: directores de periódico filmados con ropa interior femenina, el Estado como secuestrador fallido, ministros que eran juzgados pero que nunca acabarían en la cárcel. Era el gran guiñol, algo que siempre había formado parte del país, una adicción de la que uno sólo podía liberarse con dificultad, mientras que todo el mundo ya estaba harto. Los problemas reales se encontraban en otro lugar, en un pequeño grupo de enconados asesinos que dominaban la vida cotidiana con sus atentados con bombas, sus disparos en la nuca, sus secuaces poseídos por el odio. "

3.29.2010

Baterbly el escribiente (escribo sin enmiendas)

Hace unos días leí ese cuento de Melville, tan kafkiano, Baterbly el escribiente. En un principio no tenía muchas expectativas de terminarlo, lo había visto de reojo en una edición de textos paralelos que sacó la editorial Turner, la edición en cuestión la compré el año pasado, en aquella tarde lluviosa en Madrid, en la cual yo en medio de mi tesis, en mi punto más álgido de conclusiones sobre la novela "La nieve del almirante" de Álvaro Mutis, decidí ir a pesar del torrencial aguacero a la Casa de América a ver al autor que daría una conferencia rarísima a sus respetables 85 años. Emocionada me presento con los libros, deseosa de ver a Mutis estampar su firma en ellos (si aquello era posible) y cuando asomo la cabeza por el recinto, veo que no había movimiento de ninguna cosa. Entonces doy la vuelta, vuelvo a dar la vuelta a la casa y me decido a preguntar con verguenza de parecer tan tonta y entonces voy a la taquilla y la de la taquilla me dice que no va a venir Alvaro Mutis por la gripe porcina.

Y entonces yo me voy con el aguacero a la feria del libro del frente y recorro los anaqueles y no distingo a los libreros, todos me parecen iguales y entonces no compro nada, en un principio aunque lo quiero comprar todo en el fondo, y entonces miro, y miro, y encuentro dos ejemplares que tienen un título y dos pinturas muy bonitas cuyos pintores no sé quiénes son y veo que están en su idioma original y con sus respetables traducciones paralelas y entonces me siento con ganas de comprar los dos libros porque recuerdo que tengo que aprender a hablar inglés (algún día).

Me llevo los dos libros, empiezo a jugar con Rául en el autobús y con agradable sorpresa en ese momento entiendo el cuento de Mark Twain y lo dejo todo así porque tengo que hacer la tesis, y dejo los libros en España porque me voy a Venezuela y cuando vuelvo los sigo dejando así, encima de mi refrigerador, sin inmutarse hasta que hace dos semanas decido leerlos a propósito de que me he puesto a aprender inglés y a enseñarle español a un chico de Florida. Entonces leo Baterblay el escribiente y mi ignorancia no me dice nada, porque nunca había escuchado ese cuento hasta ahora. No creo que sea de Melville, pero sé que es Melville y sigo leyendo y me adentro en una historia que parece absurda pero es cotidiana en el fondo , un abogado, abrumado por el exceso de trabajo decide contratar a un copista extra. Tiene ya dos que le dan ligeros problemas, pero al ser buenos trabajadores perdona sus excentricidades. El tercer copista es Baterbly un tipo gris e inocuo hasta la desesperación. Pasados los días el abogado requiere a Baterbly para la revisión de una copia y Baterbly se niega diciendo que prefiere no hacerlo. Su respuesta callada, contundente y subversiva se repite cada vez con más frecuencia hasta que llega el punto en que Baterbly se niega sencillamente a hacer cualquier cosa. El jefe, desesperado, descubre en medio de el enigma que para él representa Baterbly que este ha estado viviendo en su oficina durante todo el tiempo en el cual ha prestado servicios a la oficina.
Pasado el tiempo, la situación de inutilidad de Baterbly le llevan al abogado a despedirlo, y , en consecuencia a echarlo de las oficinas, primero amablemente y luego por la fuerza. Baterbly sin inmutarle le dice sencillamente "Que prefiere no hacerlo". El abogado decide cambiarse de oficina y Baterbly se queda en las antiguas oficinas que antaño ocupara el abogado, como un fantasma en pena. Los nuevos inquilinos echan a Baterbly a la fuerza y lo llevan a la cácel donde muere.


El abogado, en afán de revelar el enigma real del libro, que es la identidad de Baterbly, solo averigua una vaga información, su relación al antiguo trabajo en la sección de cartas muertas. El cuento termina y te quedas esperando aunque en realidad su final sin mayores certezas te deja la sensación de haber leído un cuento fantasmagórico como el mismo Baterbly. Si Baterbly viviera ahora sería entonces un informático que manipula los archivos de correo de los muertos. Entonces, pensé en un chico con quien yo salía cuando era adolescente, que estaba enamorado de mí pero yo no de él. Lo primero que hizo fue darme su correo, me dijo que le escribiera que el siempre lo revisaba, era una de esas personas que tenía internet en su casa. Yo no me acuerdo si llegué a escribirle. Unos años después me enteré que había muerto ahogado en una playa. Recordé en ese momento que le gustaba el jazz y que yo tenía su correo, un correo que jamás sería revisado por nadie más o quién sabe, por Baterbly, quizás.

3.22.2010

Nataniel Hawthorn


Creo que era de Nataniel Hawthrn ese cuento tan inquietante, "El huésped ambicioso" últimamente los recuerdo tan intensamente, entonces las cosas dejan de tener importancia.

3.01.2010

Estimado candidato: NO

Hoy abrí mi correo ilusionada, pensando que tal vez podría tener allí una oportunidad. Pero no. Nuevamente otra negativa. Quise hacer un curso o taller literario con Juan Goytisolo, pensé que sería fácil conseguir una plaza a mi, que era una tía comprometida con las letras y los libros y todo eso. El correo decía que no había sido seleccionada en el curso, pero que me agradecían de corazón que hubiera intentado participar y me invitaban a la conferencia que iban a dictar sobre lo que habían hecho en el curso, esa sí era abierta y allí podían participar todos.

El año pasado quise participar en un curso en el Prado, al cual mis amigos habían accedido sin ningún problema el año anterior. Pero no, tampoco fui seleccionada.

He perdido la cuenta de cartas, currículos, entrevistas y peticiones he hecho para que siempre, siempre, siempre, siempre me digan que no.

Empiezo a pensar..o soy yo o es el mundo. Si fuera correcta e hiciera caso a la psicología cognitiva, trataría de pensar que soy yo, que he fallado en algo, y entonces, empezaría a poner en marcha la maquinaria mental que me permitiría, por medio de algoritmos lógicos y mentales, solucionar un problema que me causa estrés.


La maquinaria mental me dice que ya me he echado la culpa muchas veces diciéndome que soy yo, y entonces eso no me lleva a solucionar el problema.


Cuando estudié psicología y me iba mal, yo trataba de decirme que en algún momento las cosas se arreglarían, la maquinaria mental tendría que ponerse a trabajar y ofrecerme una solución que me permitiera salir del problema airosa. Pero no salí del problema, seguí intentándolo como un robot programado hasta que finalmente el carro de mi proyecto se fue por el barranco.

Ahora he aprendido, claro, voy a cumplir 32 años y la gente ha de aprender: ¿Aprender qué? A veces es mejor quedarse quieto.


Saludos.

2.16.2010

libro cerrado


No sé si ha llegado el momento, pero creo que sí, la duda me detiene porque es difícil separarse de aquello que antes día tras día hacía, sin descanso. Creo que he amado a la letra escrita con arte tanto como a las personas importantes en mi vida, como a mi misma en la plenitud de mi propio absoluto.
Entonces sucede que vengo y me doy el tortazo mayúsculo porque me doy cuenta que no sirvo para nada. Ningún libro que lea, de los tantos que he leído ya, me ayudará a encontrar un medio de subsistencia. Sé que no es nuevo este descubrimiento, pero que sea nuevo para mí lo hace suficientemente importante como para cortarme en pedazos. En este momento viene a mi mente un recuerdo que data de más de 12 años, tiempo suficiente para que hayan muerto muchas cosas de mí, en el cual yo a pesar de no saber lo que quería hacer sabía a quien podía amar. Entre esas cosas amadas estaban los libros y las historias que me transportaban de manera tan magnífica a cualquier lugar. Sabía en aquel tiempo que todo era congruente con algo que no era viable. Era como amar al mal muchacho que nunca va a servir.
Luego, tarde, decidí que debía seguir a mis afectos y me fue bien, porque hice lo que me gustaba. Pero ahora estoy ante algo que me impulsa a determinar un momento difícil, en el cual, definitivamente debo renunciar un poco a lo que quiero en pos de tener lo que necesito. No hay salidas para la gente como yo, la gente que ama a los libros y no tiene talento. Entonces, hay que renunciar y cerrar de un portazo la puerta de aquello que creí era sublime. Decir adiós para esperar otro momento de aldabas flexibles y más conciencia humanística, otro momento que seguramente llegará tarde o no llegará a la corta vida de una humana simple, sencilla, sin pretenciones, una humana de los tantos, esos que han existido y que pierden la conciencia una vez llega el segundo definitivo.

2.01.2010

y

Repito miles de veces la palabra congoja, como si de ella misma fuera a emanar la respuesta a los problemas que se afrontan en el mundo. Si en Haití hay congoja, también la hay en Ucrania y en China y en Estados Unidos. He salido estos días a caminar por Madrid (aun sin poder conseguir con qué sobrevivir) y veo en las caras de muchos jóvenes congoja. No es la misma que afecta a mi gente de allá que más que congoja los aqueja la desesperanza, tampoco es la de los italianos y su congoja presidencial.

No quiero seguir arrugando la falda, porque en realidad la congoja me parece una palabra arrugada, trasnochada y fútil. EL efecto terapéutico de la muerte es magnánimo. Creo que debería ser más utilizado en las reuniones de grupo.

1.20.2010

la misteriosa

A la misteriosa ( 1926 )

Tanto he soñado contigo que pierdes tu realidad.
¿Habrá tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo
y besar sobre esa boca
el nacimiento de la voz que quiero?
Tanto he soñado contigo,
que mis brazos habituados a cruzarse
sobre mi pecho, abrazan tu sombra,
y tal vez ya no sepan adaptarse
al contorno de tu cuerpo.
Tanto he soñado contigo,
que seguramente ya no podré despertar.
Duermo de pie,
con mi pobre cuerpo ofrecido
a todas las apariencias
de la vida y del amor, y tú, eres la única
que cuenta ahora para mí.
Más difícil me resultará tocar tu frente
y tus labios, que los primeros labios
y la primera frente que encuentre.
Y frente a la existencia real
de aquello que me obsesiona
desde hace días y años
seguramente me transformaré en sombra.
Tanto he soñado contigo,
tanto he hablado y caminado, que me tendí al lado
de tu sombra y de tu fantasma,
y por lo tanto,
ya no me queda sino ser fantasma
entre los fantasmas y cien veces más sombra
que la sombra que siempre pasea alegremente
por el cuadrante solar de tu vida.

Versión de Francisco de la Huerta

Robert Desnos

1.12.2010

winter


(Imagen nro.1)


Dejo a vuestras mercedes dos fotos:

1) la primera está borrosa, pero es más interesante así, podría ser un niño o un hombre pequeño, o un hombre grande que ha sido captado por un lente a mucha distancia.

2) La segunda es el invierno desde mi ventena. Como soy de Venezuela nunca había visto la nieve tan cerca, bueno sí el año pasado pero vivía en ese entonces en un piso 3.

1.04.2010

Un ovillo

Ayer vi a una vieja sentada en su silla de ruedas en la entrada del mercado de las Ventas. Me llamó la atención su figura y la prolija delicadeza con la que era llevada por alguien que probablemente era su hija o no.

Parecía un ovillo, encogidita, con un chal vinotinto, sus dedos casi tocaban sus labios estirados de 90 años de antiguedad. Recordé todas las barrabasadas inmaduras y los bochornos infelices a los cuales me vi expuesta por mi inexperiencia. Entonces me detuve a pensar si aquella viejecita de 90 seguía cometiendo errores, porque estaba claro de debía sabérselas todas. Entonces me dieron ganas de preguntarle a la que era su hija o no, si podía a su v ez preguntarle al ovillo de viejecita si sabía todo de la vida. Yo tenía muchos miedos (aún los tengo) y quería saber si al menos las arrugas y la curvatura de la columna servían para algo. No me atreví. Me quedé detenida mientras bajaban las escaleras y las ruedas de la silla giraban lentamente, con sumo cuidado, no fueran a romperse los recuerdos y las experiencias de 90 años.