9.06.2013

Por los espacios vacíos o Francesca Woodman

Cuando hice mi tesis en el CSIC, se suponía que debía hablar de algo que me apeteciera, escribir sobre un libro, comprenderlo, relacionarlo con teorías, decir algo nuevo.
De allí se me ocurrió que Álvaro Mutis era el autor sobre el que trabajaría. Leí todas sus novelas, sus libros de poemas, siempre maravillándome de su exotismo, de su capacidad de condensar la filosofía con lo caribeño, el melancólico estado de ánimo con el sol denso, furibundo que traspasa los árboles, y llega como sombra de luz a los cáñamos de los ríos profundos y majestuosos de Suramerica.
El personaje Maqroll el Gaviero se encuentra al final del libro "La nieve del Almirante" con el espacio destruido, inhabitable nunca jamás de aquella choza con la que había compartido momentos memorables con su gran amor. Después de un viaje casi suicida, solventando miles de obstáculos, solo se mira ante el desastre y las ruinas.
Yo no me acuerdo totalmente de mi tesis, tengo ya tres años alejada del mundo académico, pero sí me acuerdo de la sensación de lectora al entender la transcendencia del significado de los espacios escamados por el tiempo, pero donde aún queda un sedimento de los rastros dejados por los antiguos habitantes.
Conecté aquello con la tragedia de Chernobyl, e incluso, me vi un vídeo donde se mostraban los espacios afectados por la radiación, absolutamente vacíos, allí me maravillaron las escuelas llenas de muñecas, cuadernos, pupitres rotos, las casas llenas de objetos para tomar el café, intactos aún, llenos de polvo, de abandono.

Y por mera casualidad fui a Madrid y leí un artículo de Vila Matas que recomendaba una exposición de fotografía. Decía encarecidamente "vayan", y entonces me di cuenta que podía ir, podía verla, y me encontré que el  Círculo de Bellas Artes de Madrid tenía una exposición adicional a la que Vila Matas había dicho,   sobre fotógrafas de vanguardia de los años 70. 


Entonces miré las fotos de Francesca Woodman,




La Francesca era una chavala cuando hizo estas fotos, una muchacha intensa, enamorada de la fotografía. 

Maneja el concepto poético y surrealista de los espacios abandonados y se coloca entre ellos, invirtiendo el abandono, transformando su significado.

Se hace fantasma, se difumina. Y a mi me fascinan también las fotos del siglo XIX, la recuperación de los que antes ocupaban nuestros lugares, porque todos somos suplentes de los idos.

Y a pesar de todo está la luz, incólume entre la inevitable tragedia que llegamos a ser siempre.
Y vuelve aparecer, con cubiertos heredados, que han sido lamidos por los que no están.

  y finalmente ella, desaparecer entre la luz.

Francesca Woodman 1958-1981



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