4.22.2009

Epitafio




Las fotos de arriba corresponden:
uno) la cara de quien fuera en vida el poeta prusiano Henry von Kleist
dos) La tumba que contiene uno de los mejores epitafios de poetas. Kelist una buena mañana, luego de haber hecho un balance de su vida difícil( lo del balance son suposiciones de los cronistas), llena de injusticias, privaciones de libertad y frustraciones; ante el iminente desastre en la recepción de su última obra decide junto a su mujer (acosada por un cáncer en etapa avanzada) irse a la orilla de un río y pegarle un tiro para luego pegárselo él.

La romántica y shakespereana "realidad" histórica inmortalizó a este poeta: primero por haberse programado el romántico suicidio. Luego, como receptores de su obra, por nuestras morbosas esencias y el resultado de su furiosa, destellante y avasallante y legendaria defunsión.

Uno de los versos de su obrael príncipe de Hamburgo fue puesto en su epitafio.

Una contradicción y certeza, una paradoja aterradora y descomunalmente sabia que dice para siempre:


Ahora, ¡oh inmortalidad!, eres toda mía.

6 comentarios:

Fogel dijo...

Parece que siempre el sino del poeta es morir suicidado. Quizás por eso el vertigo, la desesperación de saber que tarde o temprano seremos nuestros propios ejecutores.
Un placer visitarte.
Abrazos

Elisa dijo...

coincido con el comentario anterior, podemos convertirnos en nuestros propios verdugos... el suicidio programado es algo tan complicado, meticuloso y aunqueno parezca racional, en este caso todo por amor. brillante su epitafio

cacho de pan dijo...

mierda!
tr3s veces ¡mierda!

a veces la vida sólo se merece insultos.

Jorge Ampuero dijo...

Interesante, aunque nunca he creído en aquellos que se quitan la vida.
Buen blog.

Saludos...

malditas musas dijo...

Un enorme placer pasar por aquí.

Abrazos!
musa

RAQUEL BARBIERI dijo...

Pasé por aquí mirando la lista de linkeados de Dante, y leyendo esto, lo primero que pienso es en qué terrible y qué valiente la decisión que Kelist tomó para terminar con el dolor de su esposa y el suyo propio al verla así.

El epitafio es impactante.

Saludos