8.19.2012

Mis zapatos descalzos en el invierno


Tal vez no tenga mucha coherencia este título, en realidad, las contradicciones imposibles y las inverosimilitudes que creo nos tragamos todos los días diciendo amén son tantas que valga este título bien como una misa o como nuestra filosofía de vida.
Siento un poco de pesar por el tiempo que perdí en mi juventud, no sé si esto lo siente todo el mundo (seguro que sí), pero hace unos cuantos años, desde que cumplí la maravillosa cifra de los 30, empecé a darme cuenta de todo el tiempo valioso que había malgastado malamente durante mi vida. Recordé con rabia a aquellas personas que me habían hecho perderlo, sintiendo unas ganas tremendas de coger un avión para zarandearles y darles bofetadas. No, ellos no tenían la culpa, me decía después,  la culpa la tenía yo misma que permitía situaciones de estupidez infinitas y las dejaba infiltrar en mi vida hasta un punto tan extremo, que finalmente, desde la perspectiva del recuerdo, solo me dejaban la amarga sensación de magia, sí, esa magia que hizo que yo llegara  a esta edad sin haber hecho lo contrario, es decir, aprovechar el die Zeit (tiempo en alemán).
Entonces, la inverosimilitud, la culpa, la vergüenza propia, de haberme visto en medio de situaciones tan ridículas, tan idiotas, habiendo malgastado mis horas de una manera tan absurda ¿eso es posible?, sí,  zapatos descalzos en el invierno gris del verano, y la contradicción propia, cabalgando la marea de mis indecisiones y mis horas inútiles de televisión.
Hasta que en un momento de mi vida, que seguramente seguía a una frustración, me di cuenta de que habían cosas que no había hecho bien, no, había cosas que tenía que cambiar, y esas cosas empezaban por dejar de malgastar el tiempo perdido, conociendo primeramente qué era tiempo perdido y qué no. Allí entonces se concentraron mis reflexiones y después de muchos vaivenes llegué a la conclusión de que tiempo perdido lo seguiría siendo si seguía lamentándome de todo aquello, porque, la vida continúa  ¿O no es verdad? Y de allí la pregunta obligada, ¿Hay algún momento en el que se determine que es demasiado tarde o temprano para perder el tiempo?
Y seguí reflexionando, pero esa es otra historia, que ahora no quiero contar.


7 comentarios:

susana dijo...

Realmente el tiempo que ocupas lamentándote es tiempo perdido, pero a veces no puedes evitarlo. Un beso.

Garriga dijo...

el tiempo no existe. Lo unico que tenes es ese segundo que pasa delante de tus ojos. La mente se obstina en no estar en el presente, o va para delante o va para atrás. Y lo unico que tenemos, es el presente. Adios

Andrea dijo...

Esa reflexión, uno la hace cuando decide tomar su propia vida en sus manos. Quizás antes, dejarla en manos de otros resultara más fácil o cómodo. Es una reflexión al progreso y al cambio. Bien por ella!! Por aqui me quedo Abrazo!

TORO SALVAJE dijo...

A veces me ocurre lo mismo y pienso que debería haber aprovechado mejor el tiempo pero entonces me doy cuenta de que yo era otro. No tenía la madurez de ahora y por supuesto también eras otras mis circunstancias.
Quizás en aquel tiempo no podía hacer otra cosa.
No te lamentes por el pasado y mira hacia adelante.

Besos.

mientrasleo dijo...

Creo que perder el tiempo es síntoma de ociosidad, no suelo hacerlo, pero cuando lo hago me convenzo a mi misma de que es porque tenía todo el trabajo hecho.
Besos

Myriam dijo...

Somo humanos llenos de contradicciones, Tarántula, y nos vamos descontradienciendo por el camino de la vida al ir aprendiendo a vivir. Lo malo no es haber perdido tiempo de niños o jóvenes, lo malo es lamentarse hoy y asi perder más tiempo todavía. El lamento no es productivo.

Lo que realmente sirve es: parase, observar, meditar, tomar consciencia y rectificar.

Besos con buen ZEIT

Naty y Eve dijo...

Buenas, les dejo mi blog, http://somosnosotrosyvos.blogspot.com