7.16.2009

balance

Cuando tenía 22 años creía que estaba vieja, tal vez porque hacía lo que no me gustaba y porque por hacer tal cosa me sentía estancada en la vida, fracasada, atrapada. Cuando tenía 25, creí morir, porque sentía que ya estaba muy vieja, que no tenía novio y que en consecuencia mi vida no podría cambiar para mejor. Era una persona algo obtusa, con muchos prejuicios e inseguridades (tal vez seré así siempre). Cuando tenía 28, pensé, por pocos instantes, que esa era la mejor edad, esa que condensaba la sabiduría y la juventud; un cuerpo joven, hermoso, con años encima para saber sopesar quiénes eran de verdad mis amigos y quiénes no, qué era lo importante, qué significaba la vida desde un todo, mi todo de 28 años. Cuando cumplí 30 años estaba montada en un avión para irme a Madrid y vivir los mejores meses de mi vida. Me había dejado mi ex novio de la peor manera posible, pero aquello no me importaba, yo cumplía 30 años y me veía de 28 y aquello era lo importante; tenía conciencia de las cosas, había tropezado con las amistades, a pesar de que a los 28 creía que todo lo sabía. Y con 30 años aún, termino por aceptar mi edad, ese nuevo pase de década que me atormentaba tanto, ese darme cuenta que aparecen las primeras canas, extraviadas entre el cabello fino, recordatorios terroríficos de cuán corto es todo, cómo el show se acaba tan pronto y cuánto hay por hacer, cuánto no he hecho. Me recuerdo de ese cuento de Onetti “Bienvenido ,Bob”, pero no me importa, la verdad, con la edad que tengo he aprendido a entender el mundo posible que se permite entender con mis experiencias y mis años; sé quiénes son mis amigos y a quiénes hay que borrar de la lista; sé más o menos sin saber mucho, sabiendo que nada puede ser perfecto y que más bien es mejor evitar el desastre, sonreír, y dar gracias por ver el sol de todos los días.

8 comentarios:

Ari dijo...

Cuando tenía 19 años creía que estaba vieja, tal vez porque hacía lo que no me gustaba y porque por hacer tal cosa me sentía estancada en la vida, fracasada, atrapada.

me siento asi, ahora desde hace un poco mas de un año

Petrusdom dijo...

Lo importante es darse cuenta en cada momento de la vida, los cumpleaños, que siempre queda la esperanza de algo mejor y mientras se llega a ello: disfrutar sin perder el norte.
Saludos cordiales.

b-esponja dijo...

muy bueno lo que escribiste... a veces me siento asi, como tu a los 22.
saludos y gracias por escribir.

Fogel dijo...

Cuando tenía 17 años, me sentía como de 44. Ahora que llegué hasta aquí, después de haber cruzado varias veces los límites que alguna vez me había impuesto, me siento otra vez de 17. La vida va en una sola dirección, mi pequeña tarantula, nosotros en varias.

Un abrazo enorme

Clarice Baricco dijo...

Exacto. En cada instante es un nuevo año de vida. No dejes de disfrutar la vida, y sobre todo, escribirla.


Muchos abrazos.

Graciela

Leonardo Melero dijo...

Mi muy querida Tarántula, la edad no es un asunto cronológico, una fecha que consta en los libros de registro civil, o en algunas exposiciones de un libro de fotos antiguo, la edad es un estado de ánimo, un estado de conciencia, de asumirse cada quien como es y de la manera que va siendo, de hecho hay un libro de poemas muy curioso, realizado por Arturo Úslar Pietri titulado: "El hombre que voy siendo" el cual acabo de recordar mientras te escribo.

Las canas a mí como en tu caso no me llegaron a los 30 sino a los 29, pero cada una de ellas refleja una vivencia, reflejo de un aprendizaje, que nos deja una mejora en nuestra relación con el entorno y con nuestra trascendencia como seres humanos, bendita sea tu edad mujer, benditas sean esas canas y tu talento María Inés.
Un beso.
Por siempre.
Leonardo.

Jairo Rojas dijo...

bonita reflexión porque va más allá de la obvia y lógica consecuencia de los años. Somos materia que le vamos hacer. Sin duda que es un escrito de alguién que ha vivido y que piensa seguir en ello. Es lo mejor, pues, como dices, y como uno termina confirmandolo, el tiempo es exageradamente corto.

Ophir Alviárez dijo...

Cuando pasa la tormenta y das una mirada al ayer, te das cuenta de que a pesar de que creías que morirías estás viva y que estarlo es la mejor prueba de que se vale crecer.

No podemos evitar el pasado, debemos sí no permanecer en él y habitar el hoy, es lo único que existe.

Un abrazote!

OA