1.21.2009

EL VERDADERO FINAL

Teniendo en cuenta que en Madrid hay mucha gente friqui, quiero hablar hoy de la normalidad que sobrellevo desde hace algún tiempo. Por una extraña circunstancia soy llevada por un río urbano que me oprime dulcemente en la trayectoria del tiempo, de los días, de las horas y de los compromisos. Es curioso que ahora mismo piense en ese soneto de Quevedo y ese otro de Sor Juana en donde la reflexión del tiempo va magistralmente desarrollándose en los versos hasta llegar a una degradación sustancial de metáforas que son objetos y cosas de la vida diaria relacionadas con la palabra polvo. Se me ocurre entonces que esta normalidad es parte también de eso; un montón de partículas desparramadas en la nada de un tiempo que en algún momento solo será un recuerdo. Mi normalidad es natural, pero la naturalidad de la normalidad también tiene tufo hediondo; porque es un hongo descompuesto, que con el correr del tiempo se va transformando en lo que en realidad somos todos: degradación. Siento ser escatológica, barroca, siento ser incoherente e imprudente con este post. Pero los segundos progresan y yo quiero detener con la palabra a la descomposición, quiero echar un perfume desinfectante en lo hediondo del correr del tiempo, necesito que lo inconcluso sea…

13 comentarios:

Ophir Alviárez dijo...

Se me ocurre que lo único que puede detener la descomposición -léase como cotidianidad, quizá- es la acción y ésta debe trascender a la palabra para reforzarla y hacerla que vuele..

Todo huele, siempre es así.

Un abrazo,

OA

Noemí Pastor dijo...

Lo siento, querida Tarántula, pero tú no eres normal. Lees, escribes... Eso no abunda. Viva la anormalidad.

Kay dijo...

Creo que nada puede detener la descomposición, por suerte o por desgracia. Lo que sí podemos hacer en frenar la descomposición mental. Y en eso, Tarántula, no eres normal (según los cánones de autoimpuestos de la sociedad) si te dejas acunar por un soneto barroco...
Lo inconcluso no es nunca, ahí radica su fugaz grandeza...
Besos desinfectados

Elisa dijo...

Tarántula, te comprendo, yo trato de perfumar todo para evitar que el vapor de la descomposición llegue a mi, pero de una u otra forma llega. La normalidad que no se si es tan normal y ahora que lo escribo no se si es coherente pero en mi mente (absurda quizás) si lo es. Las horas, los minutos... quisiera hacer algo con ellas, pero siempre termino escondida en los insólitos pensamientos que produce mi cabeza.
un abrazo
elisa

Margot dijo...

En fin, los colores degradados pueden producir un delicioso cuadro. Aunque también llegue a ser inconcluso...

No hay forma de detener nada, casi mejor, no?

Besos.

Agustin dijo...

Sr normal es ser igual a la mayoría. ¿Quién quiere ser normal? Es una aberración más del pensamiento políticamente correcto.

Petrusdom dijo...

Lo importante es no dejar de ser uno mismo, el que uno conoce, el que se acepta, lo demás sobra.
Un abrazo

Sirena Varada dijo...

¿Barroca? ¿escatológica? No, querida Mª Inés.

Todo verdear es agosto ceniciento. De verdades como puños se caen los anillos, y los buenos pasos perdidos, en el correr del tiempo ni siquiera serán huellas.

Un abrazo

Tarántula dijo...

qué poesía de todos, gracias por visitarme.

Natasha Tiniacos dijo...

María Inés,

Cuando pensé que tu texto podría caer en lo sublime que alguna vez hemos criticado, me alegró el giro que le diste: "Mi normalidad es natural, pero la naturalidad de la normalidad también tiene tufo hediondo". Te sale bien eso de retomar sensibilidades con un twist irónico.

Un abrazo.

Humanoide dijo...

El tiempo no existe. La realidad es un holograma.

hombrepez dijo...

No sé si es la normalidad de los días o la rutina la que huele mal.


(Ese soneto de Quevedo...ya no puedo dejar de pensar en él)



Un abrazo.

La Gata Insomne dijo...

al final polvo somos

y lo hedi0ondo nos pertenece

besos