3.05.2015

Emigrar de Venezuela . Basura. Quedarse en Venezuela, una Basura x 2.

Hoy no he podido dormir.

He pasado una noche mala.

Vi la hora en el despertador de al lado de la cama y marcaba las 3.46

Son las 5.49 y sigo aquí.

Lo he intentado todo.

He dado unas 300 vueltas en la cama, primero con cojines, segundo con la sábana.
Nico se despierta,  no me importa ir a ver qué le pasa.

Lo invito a venir a nuestra cama, de pronto con su calor y la sensación de tenerlo cerca me ayuda a dormir.

No funciona.

Algunos solo aspiran poder transportar unos cuantos litros de agua desde una gran distancia.

Algunos que no los maten un día más.

Otros poder ver la luz del sol.

Yo solo aspiraba algo que para mí era importante...

Tener oportunidades.

Sin embargo he tenido que aceptar como tras unos 3000 literales intentos no he podido obtener aquí en Europa una sola, pequeña, minúscula oportunidad.

Nunca pensé estar en esta situación.

Tal vez si mi país no se hubiese deteriorado tan rápidamente, tal vez hubiese sido mejor que hubiese estado siempre deteriorado.

Entonces siempre hubiese sido un sueño hermoso poder irse.

Mis padres hubiesen sido conscientes de ello, me hubiesen preparado desde que era niña, cuando de verdad lo aprendemos todo y podemos serlo todo.

Pero nunca nadie pensó que lo mejor que nos podía pasar era esto:

Intentar llegar a un país donde eres un intruso.

Solo por sentirte seguro.

Solo por tener qué cómer.

Solo por ir al supermercado y encontrar jabón y papel higiénico.

Solo por tener la oportunidad de comprar un Ibuprofeno.


Nadie lo supo. Si lo hubiese sabido, en vez de estudiar frenéticamente psicología o letras, o qué se yo todo lo que hice allá, para trabajar en mi país, me hubiese preparado concienzudamente para huir.

Nadie creyó que sería apremiante huir.

Nadie se imagina que ese país (en donde nadie se preocupa por obtener su liberación) sería tan terrible...

Y el futuro...lo puedo saber, ahora sí.


La opresión será mayor, la necesidad de salir cada vez mayor, la basura que es emigrar a Europa será cada vez la representación del paraíso  y la libertad.

Si lo hubiésemos sabido hubiésemos hecho un poco más.

¿Verdad?

2.05.2015

Mi nueva página de clases de español en Karlsruhe

Mi espacio de trabajo
Solo quiero presentar mi nuevo proyecto, uno que me está costando un mundo, porque con dos niños no se puede hacer mucho Spanisch Karlsruhe

Como sabrán mi camino por Europa no ha sido fácil. Estudié literatura, qué se le va a hacer, hay tantos literatos como estrellas brillantes en el firmamento...

He estado 3 años aprendiendo alemán y ahora puedo considerarme con un nivel aceptable del idioma aunque aún sufro, pero bueno, hay que lanzarse.

La cosa es que estoy trabajando en esta página que está principalmente dirigida a personas alemanas que estudian español. He decidido incluir bastantes textos en alemán, pero los textos correspondientes a niveles más altos están, por supuesto, en español.


Si pueden ayudarme a difundir esta página, se los agradezco enormemente. La he hecho principalmente con inicio de un proyecto que he querido montar aquí en Alemania y transformarlo en negocio. Creo que es una forma de poder darme a mí misma trabajo y , por qué no, emplear en un futuro a gente que quiera también dedicarse a esto.

Por ahora, he dispuesto una oficina en mi casa y estoy pensando en irme a Ikea y comprar algunos muebles que sirvan a los alumnos para dar mis clases.


Es un proyecto en el que tengo un año trabajando y lo hecho principalmente entre las cinco y las 7 am porque es el único momento en el que mis hijos me dejan libre y en el que funciono mentalmente mejor.

Mi ilusión es por supuesto poder conseguir suficientes alumnos para pagar los gruesos impuestos alemanes y de paso tener un dinero con el que me pueda sentir útil.

Pero bueno, el proyecto lo he empezado prácticamente a ciegas, mis alumnos particulares siempre han estado contentos conmigo, así que no veo por qué buscar más una vez mis niños vayan al colegio.

En fin, quiero darles las gracias por haber llegado hasta el final de este post. Gracias por el apoyo que me brindan entrando a esta página. Me encanta que entren a mi blog, no sé si lo he dicho antes abiertamente.




2.03.2015

La pastilla

Voy a una farmacia aquí en Karlsruhe. Quiero una caja de Paracetamol, tengo últimamente fuertes dolores menstruales.

La mujer me da una caja. Pregunto cuánto cuesta. Pasa el código de barras de la caja por un lector. Veo el número en letras verdes, son exactamente 2,78 (dos euros con setenta y ocho céntimos). Pregunto si puede darme otra.

Me dice que no. 

No quiero otra caja para tomarme las pastillas como si fuera coca cola. En realidad es para mis padres. En Venezuela no hay medicinas.  Estoy por mandar una caja a mi familia. Cuando comencé a vivir en Europa no mandaba a Venezuela absolutamente nada. Luego, con el tiempo, cuando la situación política se fue pareciendo más a lo que habían prometido, empecé a mandar pequeñas cosas esporádicamente. Me daba cuenta que mis padres aprovechaban y compraban ropa y zapatos cuando venían a visitarme, me decían que allá no había mucho. 

Ahora mismo, veo  que las promesas de crear el comunismo del hombre del siglo XXI se han hecho realidad. Todo se me parece cada vez más a los cuentos de ciencia ficción que nos llegaban de Cuba, por allá en el 95. Las realidades absurdas de limpiar una poceta con una concha de naranja. 

Me miro haciendo la caja. Instalo ordenadamente chocolates, champús, tubos de detergente, jabones, desodorantes, pequeños paquetes plásticos de crema de maní (estos para mi tía que gana un sueldo mísero y no llega a fin de mes), lavaplatos. 

Ese día el alemán me sale mejor. Soy muy tímida, normalmente no digo la mitad de las cosas que pienso, y no me atrevo a hacer ni el 10 % de lo que quiero hacer. Soy una persona bastante retraída.
Me atrevo a decirle a la mujer que vengo de Venezuela y que por favor, las pastillas no son para tomármelas yo sola, sino que tienen un destino altruista, son para mis padres, pobres personas, que viven en Venezuela y que no tienen paracetamol por si les duele algo. 

La mujer creía que Venezuela era un paraíso tropical.

Yo le digo que sí, que sí lo es, pero que allí no se consiguen medicinas, ni ropa, ni comida, y hay mucha violencia.

Se me queda mirando largamente, dentro de su mente alemana calcula las posibilidades de darme una nueva caja de Paracetamol. Toma la caja y me la vende. 


Yo salgo triunfal de la farmacia, aunque el significado de mi triunfo no sea la victoria sino la tragedia.

1.08.2015

Vecinos inconclusos

Mi hijo va a un Kindergaten justo debajo de mi edificio. Vivo en una construcción respetable de 17 pisos. Todas las mañanas bajo al pequeño que llora y se resiste con un pretexto distinto según el día. A las 13.30 de la tarde con extrema puntualidad se reúnen los padres de los infantes a esperar que se abra una puerta eléctrica y se agolpan desesperados tratando de llegar primero y así poder sacar de las sillas en corro a los impacientes niños. Mueven la cabeza de un lado a otro, soy una entre una multitud. Los alemanes suelen ser altos, a veces no consigo estirar suficientemente la cabeza para que Nicolás me vea.


En el edificio de al lado vive una mujer desgreñada con la que me he encontrado algunas veces. Al principio la vi arrastrar a tumbos a dos varones. Uno de ellos  con pies tremendamente torcidos y el otro siempre con un jolgorio, atolondrado, parece buscar unos pájaros imaginarios que le revolotean encima de la cabeza. Hace unos meses descubrí que uno de sus hijos va al mismo Kindergarten de mi hijo. Algunas veces cruzaba mi mirada con ella pero advertía que la mujer me esquivaba tenazmente. Su mensaje era de fastidio. En mi desesperada necesidad de hacer amigos pensé que hubiese sido una buena idea abordarla y preguntarle sencillamente "qué tal" pero desistí inmediatamente de la idea al reconocer que no había por su parte ningún tipo de simpatía y por otro lado  mi alemán era tan penoso que no lograría conversar con nadie cuya paciencia no fuese su gran virtud.

Hoy me he encontrado otra vez con ella y la he forzado a decirme los buenos días. No sacaré nada más que eso, pero en estos días de viento (que odio) y de ausencia absoluta de luz empiezo a imaginármela como una escritora atormentada, con esas canas repartidas, los pelos sin peinar a causa de una noche de desvelos, siempre usando el mismo abrigo de invierno. Se me ocurre esto y siento una especie de felicidad. La imaginación es sencillamente una droga poderosa.

Y pienso más cosas.

Es una auténtica artista incomprendida. Tiene 5 libros publicados. No concede entrevistas. Prepara en estos momentos la novela de su vida. Esta vez quiere abarcar el tema de la DDR porque extraña su lejana Dresden. Es sumamente tímida pero piensa en mí como un posible personaje para sus próxima novela sobre los inmigrantes. Soy una heroína.