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Mostrando las entradas con la etiqueta Historias de vida

Unas llaves y todo lo que pienso mientras leo I

  Ahora mismo leo a Antonio Machado, pero solo pienso en mis necesidades fisiológicas que al parecer se están volviendo más urgentes con cada minuto que pasa. Sé que el baño está en el segundo piso, pero me acabo de instalar en esta silla tan cómoda y la verdad que me da fastidio subir a menos que sea muy urgente. En esta biblioteca hay unos mullidos sillones, forman una larga hilera, y justo en el medio de cada dos de ellos, hay una pequeña tabla suspendida sobre el descanso de dos pies de amigo. Hoy he encontrado casi todos los sillones ocupados. Generalmente busco los sillones cercanos a la sección de libros de decoración porque casi nunca nadie repara en ellos y en sus alrededores hay casi siempre sillones vacíos. Frente al sillón donde me siento encuentro unas llaves, alguien seguramente las ha dejado olvidadas cuando se ha sentado (¿A leer un libro de decoración, tal vez?), las miro detenidamente y me doy cuenta que al dejarlas, su dueño se ha buscado un día de úl...

¿Debemos algunas personas salirnos del facebook?

No podía dejar de saludar y pasar por aquí, al fin y al cabo, la internet me quita el poco tiempo que tengo para concentrarme. Hoy he leído un artículo interesante que les recomiendo pincha aquí y trata sobre cómo la información sobrecargada de la internet nos está haciendo perder el norte de la concentración en cosas en las que no bastan unos breves segundos de lectura. He pensado en salir del facebook, lo pienso al menos una vez a la semana, pero finalmente siempre sucumbo y vuelvo a entrar para enterarme de esas fotos (llenas de cotidianidad) de mis contactos. Si me pongo a analizar qué he sacado de facebook, probablemente no tenga ninguna respuesta en limpio, nadie me ha aportado nada interesante y me empiezo a cansar de ver a la misma gente poniendo mensajes que circundan sobre lo mismo. Es un pesimismo, ya sé, pero creo que facebook para mi es una máquina diabólica que me quita al menos media hora de mi tiempo. Lo sigo pensando y supongo que es probable que termine permaneciendo...

Lo que pienso de los españoles y de los venezolanos

No sé realmente qué tal la pasan el resto de los inmigrantes del mundo, pero yo, a pesar de todo lo bueno que tengo, la estoy maltripeando a medida que pasan los años y yo sigo del otro lado de la orilla. No sé si este sentimiento de transitoriedad incómoda dure para siempre. Hay veces que me desespero, porque siento que me hace tanta falta hablar con mis padres, abrazarlos, al menos, y no puedo. La vida del inmigrante se teje con unos estambres de nostalgia e impotencia. No sé si esto sea igual para todas las personas que viven y sienten fuera de su tierra, para mí, se hace un poco más difícil porque entiendo que probablemente no haya posibilidad de regresar. Me gustaría hablar con aquellas personas que emigraron a otro país a partir los años sesenta, preguntarles qué se siente. Pero yo sé qué se siente, solo quiero espejarme, cuadrarme y verme con forma, sin distorsión desde el otro. Siento el miedo y un poco de rabia por entender secretamente que ese país de donde vengo es un patu...

libro cerrado

No sé si ha llegado el momento, pero creo que sí, la duda me detiene porque es difícil separarse de aquello que antes día tras día hacía, sin descanso. Creo que he amado a la letra escrita con arte tanto como a las personas importantes en mi vida, como a mi misma en la plenitud de mi propio absoluto. Entonces sucede que vengo y me doy el tortazo mayúsculo porque me doy cuenta que no sirvo para nada. Ningún libro que lea, de los tantos que he leído ya, me ayudará a encontrar un medio de subsistencia. Sé que no es nuevo este descubrimiento, pero que sea nuevo para mí lo hace suficientemente importante como para cortarme en pedazos. En este momento viene a mi mente un recuerdo que data de más de 12 años, tiempo suficiente para que hayan muerto muchas cosas de mí, en el cual yo a pesar de no saber lo que quería hacer sabía a quien podía amar. Entre esas cosas amadas estaban los libros y las historias que me transportaban de manera tan magnífica a cualquier lugar. Sabía en aquel tiempo que...

Un ovillo

Ayer vi a una vieja sentada en su silla de ruedas en la entrada del mercado de las Ventas. Me llamó la atención su figura y la prolija delicadeza con la que era llevada por alguien que probablemente era su hija o no. Parecía un ovillo, encogidita, con un chal vinotinto, sus dedos casi tocaban sus labios estirados de 90 años de antiguedad. Recordé todas las barrabasadas inmaduras y los bochornos infelices a los cuales me vi expuesta por mi inexperiencia. Entonces me detuve a pensar si aquella viejecita de 90 seguía cometiendo errores, porque estaba claro de debía sabérselas todas. Entonces me dieron ganas de preguntarle a la que era su hija o no, si podía a su v ez preguntarle al ovillo de viejecita si sabía todo de la vida. Yo tenía muchos miedos (aún los tengo) y quería saber si al menos las arrugas y la curvatura de la columna servían para algo. No me atreví. Me quedé detenida mientras bajaban las escaleras y las ruedas de la silla giraban lentamente, con sumo cuidado, no fueran a ro...

los avioncitos

A mi y creo que a todos nos fastidian los viajes largos, esos que se prolongan por horas y horas interminables. Esta semana he hecho un viaje largo, desde Cumaná hasta Caracas (donde dormí) pasando por Sao Paulo--- a cinco horas de distancia de Caracas en avión--- luego esperar allí 3 horas para montarme en otro avión que me llevaría ( con bastantes turbulencias) a Madrid. Mi miedo a los aviones antes era ínfimo, solía reírme de la gente mofándome de aquellas calenturas y mareos irraciones ante la posibilidad de abordar un medio de transporte que se considera muy seguro. Ahora, atacada por el terror, me monto en aquellas sillas en donde antes del despegue una aeromosa raquítica y vertiginosa me recita como una tabla de multiplicar lo que hay que hacer en caso de un desastre (póngase la mascarilla, agarre el salvavidas por si se cae el avión en el mar, como si fuera esto útil si el avión se cayera al mar). No sé de dónde viene el terror, si de los anteriores accidentes del año pasado ...

La experiencia de despedirse

En la película "Y tu mamá también" dos amigos se encuentran después del tiempo vivido y las verdades dichas en un café de ciudad de México. Prometen encontrarse,pero, como dice uno de ellos en una narración en off, ambos saben que no lo harán. El ejercicio de la conciencia engañada que tantas veces ponemos en práctica, y que hace que cada vez que lo repitamos, sintamos, sin darnos cuenta, que los placebos de las promesas hechas son un aliciente que nos permite vivir. Sabes que no me despido de verdad pero lo hago: Hasta luego, ya te veo pronto, sí, haremos ese viaje juntos, adiós, adiós y sé, en el fondo, que nunca volveré a verte. ¿Con cuántos habremos sido así, despidiéndonos?

La pelirroja y su amigo, Bótox e Imanol Arias.

Lo dicho es cierto y la conversación es transcrita tal cual sucedió. Al lado de mi mesa hay una bandeja con los restos de lo que fue antes un canapé lleno de dandis y caramelos de chocolate. Estoy en una cafetería. Pido un pedazo café de canela que llaman Panna Canela, no sé pronunciar el nombre y mi timidez me impide pedir cosas que tienen nombres que nunca antes había escuchado. Acabo de hacer un amago de ponerme los audífonos, pero he desistido de la idea de manera automática. A mi lado hay una pareja de amigos que conversan. La mujer es muy llamativa, tiene el cabello ensortijado y rojo, los labios son gruesos, probablemente productos de la cirugía y la vanidad; sus ojos, coloreados de sombra negra obscura, hacen a su boca muy expresiva, al igual que a sus pestañas que se mueven constantemente mientras hace cada afirmación. Podría decir que es atractiva, sin embargo, tiene ese tipo de belleza y carisma variable, dependiendo del receptor, la situación y la cantidad de maquillaje. ...

La historia de Nicolás

He decidido escribir algo sobre alguien que nunca conocí. No quiero ser una intrusa, realmente no creo que alguien me castigue por escribir esto, estoy siendo simplemente una persona que quiere exteriorizar de alguna manera el gran impacto que le produjo la lectura de una historia contada por su protagonista. No leí sus palabras en las páginas de un libro, sencillamente encontré su pista accidentalmente. Buscaba a Cortázar, me encanta Cortázar y he de admitir mi vicio y mi veneración hacia este autor argentino nacido en Brusselas. Rayuela, para qué negarlo, es uno de mis libros favoritos y sus maravillosos relatos han acompañado mi existencia desde que era adolescente y quedé fascinada con la lectura de La autopista del sur. Ayer entonces era el día de Cortázar y mi búsqueda por Internet, leí una entrevista suya ---muy amena, por cierto--- y pasé a saltar de página en página, hasta que encontré su biografía; salté, salté de página en página nuevamente y me fui a un relato de la revist...