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Unas llaves y todo lo que pienso mientras leo I

 



Ahora mismo leo a Antonio Machado, pero solo pienso en mis necesidades fisiológicas que al parecer se están volviendo más urgentes con cada minuto que pasa. Sé que el baño está en el segundo piso, pero me acabo de instalar en esta silla tan cómoda y la verdad que me da fastidio subir a menos que sea muy urgente. En esta biblioteca hay unos mullidos sillones, forman una larga hilera, y justo en el medio de cada dos de ellos, hay una pequeña tabla suspendida sobre el descanso de dos pies de amigo. Hoy he encontrado casi todos los sillones ocupados. Generalmente busco los sillones cercanos a la sección de libros de decoración porque casi nunca nadie repara en ellos y en sus alrededores hay casi siempre sillones vacíos. Frente al sillón donde me siento encuentro unas llaves, alguien seguramente las ha dejado olvidadas cuando se ha sentado (¿A leer un libro de decoración, tal vez?), las miro detenidamente y me doy cuenta que al dejarlas, su dueño se ha buscado un día de úlceras, de reclamos internos, de complicaciones, esperas; llegará a su casa, buscará sus llaves y no las encontrará. No sabrá a ciencia cierta que las ha dejado olvidadas, abandonadas en el sillón de la biblioteca que yo tengo enfrente. Puede que repase los lugares donde estuvo, la biblioteca será uno de ellos; pero como seguramente habrá estado en algunos otros tres o cuatro sitios, se lamentará de la torpeza de haberlas perdido, porque ante la variedad de posibilidades y alternativas que representa el salir a la calle, un objeto diminuto como un manojo de llaves es como un pez en el mar. Y yo, que no tengo nada que ver con sus Schlüssels (llaves en alemán), que no sé ni siquiera qué puerta abren, las estoy mirando, sin que nada me importe de ellas.

Comentarios

Winnie dijo…
,,,y unas llaves...pueden abrir tantas puertas!!!! Buen texto Tarántula Besos
Susana dijo…
Parece mentira lo que un objeto puede complicarnos la vida. Un beso.

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