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Lo que pienso de los españoles y de los venezolanos

No sé realmente qué tal la pasan el resto de los inmigrantes del mundo, pero yo, a pesar de todo lo bueno que tengo, la estoy maltripeando a medida que pasan los años y yo sigo del otro lado de la orilla. No sé si este sentimiento de transitoriedad incómoda dure para siempre. Hay veces que me desespero, porque siento que me hace tanta falta hablar con mis padres, abrazarlos, al menos, y no puedo.
La vida del inmigrante se teje con unos estambres de nostalgia e impotencia. No sé si esto sea igual para todas las personas que viven y sienten fuera de su tierra, para mí, se hace un poco más difícil porque entiendo que probablemente no haya posibilidad de regresar. Me gustaría hablar con aquellas personas que emigraron a otro país a partir los años sesenta, preguntarles qué se siente. Pero yo sé qué se siente, solo quiero espejarme, cuadrarme y verme con forma, sin distorsión desde el otro. Siento el miedo y un poco de rabia por entender secretamente que ese país de donde vengo es un patuque anárquico, donde se mal vive, donde no hay garantías. Aquí, en España, también se mal vive, cuando eres de fuera mal vives a la quinta potencia elevada a la X, te comes todos los cerros de mier... que puedan existir, te sientes intruso todo el tiempo, incluso, tienes que aguantar cuando te dicen que por culpa de los que son como tu, les han caído más males que glorias.

A los españoles no los defiendo en su totalidad, porque hay gente cabrona e ignorante. Hay gente maravillosa, es cierto. Tal vez el error fue haber nacido en un país que, seamos sinceros ¿Sirve? Pienso un poco en los españoles y me digo, vaya, son imposibles, intratables, soberbios; pero vamos, son...son...al menos tienen palabra y suelen cumplir lo que prometen, no andan tanto con la vivacidad del venezolano, que quiere siempre joderte, sentir que te doblegó, que te hizo verte la cara de guevón. En España no. Son un poco más honestos. No te dan confianza pero tampoco se aparecen en tu casa y te vacían la nevera, no te piden favores que te molesta hacerles, solo con la excusa de que somos panitas, no te dan la espalda cuando ya no te necesitan.
Estas cosas, son las que me hacen pensar que a veces son mejores que los venezolanos, y, con lo cab...que pueden llegar a ser (PORQUE lo son, lo juro, son peligrosos y tienen un humor negro destructivo). Pienso en el desastre de país en el que vivo y sé que en Venezuela hay sus excepciones: hay gente correcta, agradecida, generosa y honesta. Pobrecitos, Dios, cómo sufre esta gente en Venezuela, que quiere hacer el bien y va de derecho, cómo deben padecer a sol y a sombra, en navidad y semana santa, en carnavales y en el día de la raza. Me veo a mi como a una pendeja haciendo favores a gente malagradecida y coño de madre, creyendo en pajaritos preñados, pensando que la gente suele decir la verdad, la verdad, insisto, es un aparición paranormal en ese país, sí.

Concluyo, que aún y con Zapatero y la montaña de ridiculeces y mal sabores españoles, los prefiero a estos que volver al deplorable al país ruinoso en moral, ese en el que se convirtió mi país. Y aunque mal pague le extraño, pero no vuelvo.

Comentarios

pido perdón sinceramente a todos aquellos españoles y venezolanos que no entran en esta vomitiva lista de malas personas. Entiendo que alguno se ofenda, pero...es que hay que comprender que no todos somos iguales por vivir en la misma tierra.

Salud!
Thessa dijo…
Yo no me siento ofendida en ningún aspecto. Entiendo cómo debe sentirse una persona cuando está lejos de su casa y entiendo que lo estés pasando mal. En España, como en Venezuela, como en Argentina y en cualquier país, vas a encontrar todo tipo de gente. Sólo podemos pedir cada cual que tengamos la suerte de dar con las buenas personas que hay por ahí, y que son mucho más que las malas. Sólo que éstas últimas se hacen oír mucho más.
Deseo que tengas suerte y que te encuentres siempre con buena gente, entre otras cosas, porque ninguno sabemos lo que nos va a deparar el destino y no sabemos si alguna vez vamos a necesitar de la bondad de la gente a la que hemos hecho daño.
Besos

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