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La pelirroja y su amigo, Bótox e Imanol Arias.


Lo dicho es cierto y la conversación es transcrita tal cual sucedió.


Al lado de mi mesa hay una bandeja con los restos de lo que fue antes un canapé lleno de dandis y caramelos de chocolate. Estoy en una cafetería. Pido un pedazo café de canela que llaman Panna Canela, no sé pronunciar el nombre y mi timidez me impide pedir cosas que tienen nombres que nunca antes había escuchado. Acabo de hacer un amago de ponerme los audífonos, pero he desistido de la idea de manera automática. A mi lado hay una pareja de amigos que conversan. La mujer es muy llamativa, tiene el cabello ensortijado y rojo, los labios son gruesos, probablemente productos de la cirugía y la vanidad; sus ojos, coloreados de sombra negra obscura, hacen a su boca muy expresiva, al igual que a sus pestañas que se mueven constantemente mientras hace cada afirmación. Podría decir que es atractiva, sin embargo, tiene ese tipo de belleza y carisma variable, dependiendo del receptor, la situación y la cantidad de maquillaje. El hombre está de espaldas a mí por lo que no puedo advertir su cara, es mucho más viejo que la mujer, y por lo que habla un evidente soñador.
No sé qué haría ella si en este preciso instante yo le dijera que estoy copiando absolutamente todo lo que dice. Ha hablado de todo: del amor de Cristo, del amor, de la locura, del trabajo, de las amenazas y el maltrato doméstico, ante todos estos temas metafísicos y terrenales me decanto por una profesión vulgar, es abogada.

Mujer y hombre hablan de la vida. Ella es una romántica, y él se ha enamorado de una mujer más joven, mucho más joven. En este preciso instante le dice que le va a presentar una amiga al hombre:
---- Ojalá y seáis amigos, de verdad que deberían ser pareja. Tiene mi edad, es cuarentona, llevamos 18 años de amistad, era mi alumna y no paró hasta ser amiga mía. Esta chica…lo consiguió y de qué manera y con qué perseverancia. Es una tía sin defectos, tiene un solo defecto, uno solo: no sabe amar, es demasiado buena. Físicamente…déjame buscar que tengo una foto aquí…a ver… no es guapa pero tampoco tú lo eres… seamos claros…vas a conocer a José (su marido que según ella se parece a Imanol Arias) y todo, a ver…mi hija pequeña y mi hija mayor.

Este es José…
--- Pero mira que…
--- ¿Es esta?---pregunta.
--- No , pero qué dices, venga que es mi hija. No estoy tan vieja, Juan, por favor…la cuarentona es esta. Mi hija se ve jovencísima, cómo la vas a confundir, Juan, pero mira qué despistado eres…
--- ¡Lo siento, Lo siento!
--- Pero mira como eres, Juan, que me llamas vieja y no lo soy.

Que me llamas vieja… Juan… Vieja y no lo soy, no lo soy, no lo soy, por favor ¡No lo soy! ¿Tú crees que estoy vieja, Juan? Juan, dime la verdad…y sus súplicas perpetuas se extendieron hasta que dejé de escucharla y me fui a caminar por el retiro olvidándola, sin olvidarla…imaginando qué locos seguimos siendo todos, cuán locos seguiremos siendo todos.

Comentarios

Raúl dijo…
Trataré de volver con más tiempo, creo que tu propuesta s elo merece. De momento, agradecerte tu visita y tus palabras en mi blog.
Fogel dijo…
Querida tarantula, si no estuvieramos todos tan locos, cómo podríamos seguir levantandonos cada día, sin esa pequeña ayuda que te da la locura...

Beso
Gracias Raúl por visitarme, seguiré haciendo lo propio.

Fogel: De eso precisamente se trata, la locura nos alimenta y nos divierte. COn decirte que la pasé muy bien escuchando el diálogo.

Saludotes
Yo no quiero llegar a eso.
Yo no quiero bótox. Quiero que todo sea más relajado. Más como debe ser. ¿Se me caerán las tetas? Debe ser así.
Dante Bertini dijo…
a mí ya se me cayeron varias cosas, entre ellas las ganas de no envejecer...
los relojes pueden detenerse, el tiempo no.
Leonardo Melero dijo…
Cada quien y cada cual, tienen ese qué que le hace click, ese lugar oculto, ese temor añejo que le persigue desde siglos atrás, qué importa que se caigan las tetas, qué importa que el espejo refleje en este instante una cana más, todo pero todo, es reflejo de una idea, de una manera de asumirse, y es muy propio de la condición postmoderna sentirse o tratar de sentirse como en verdad no te sientes, qué terror evidencia la dama del relato verídico que nuestra querida tarántula nos acerca por efecto de los bytes y el código html, qué tiempo precioso pierden los interlocutores, no era el deseo de presentarle a la otra mujer, lo que había, era el deseo de ser reconocida como vigente, como que todavía podía estar en el tapete, el que consumía a la mujer de cabello rojo. Si tan sólo siguieran el consejo de Benedetti:

"Varón urgente
hembra repentina
no pierdan tiempo
quiéranse."

Un gran saludo desde este lado del charco María inés.
POr siempre.
Leonardo.
La Gata Insomne dijo…
Pobre Juán!!!

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