Los quejidos de la niña se escuchaban generalmente por las mañanas. El hombre había estudiado durante una semana los movimientos de la casa. La mujer salía presurosa, con los ojos enrojecidos, jadeante; era una mujer alta y fornida. Una noche, el hombre escuchó susurros en el pasillo, estaba impaciente, era la madre, la niña nunca estaba sola. El hombre empezó a estudiar los movimientos del apatamento de la niña. En la noche todo se calmaba y el hombre aprovechaba para acercarse al pasillo y posarse frente a la puerta. Por la tarde la madre traía medicinas, el hombre la observaba desde el ojo mágico de su departamento. El padre no vivía con ellas, pero las visitaba a diario. Se le veía triste, ausente. El hombre sintió que el tiempo de la niña se acababa y decidió no esperar más. Se presentó ante la madre y preguntó tímidamente por la salud de la enferma. La familia lo recibió triste pero amable, le dieron una tasa de café con leche y le contaron cosas sobre la enfermedad de la niña. E...
Desde el 2006 abrí este blog. Lo he dejado y he vuelto, es como un familiar querido, existía antes de mis hijos. Escribiré reseñas de libros aquí porque con el tiempo me he dado cuenta del poder sanatorio y pacificador de los libros en mi vida. Si puedo ayudar a otros a recomendar lecturas, podré decir que algo ha valido la pena del esfuerzo de escribir y colgar cosas.