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VIVIR EN VENEZUELA

Tal vez todos debimos escribir muchas cosas que no escribimos, debimos decir y debimos sobre todo “hacer”. Es innegable que actualmente vivir en Venezuela se ha vuelto un desafío a la calma, la serenidad y el sosiego. Siento como buena venezolana la falta de libertad moral, física, psicológica y ética. No es justo, no : estar todo el día pendiente de las puertas, postigos, cerrojos, el estado de las rejas, las personas que tienes al lado, delante, la actitud conveniente ante alguien amenazante, el alejamiento de cualquier lugar peligroso, la incómoda sensación de estar ante un peligro real y latente ¿La cantidad de gente que muere en las calles? No la entiendo, de ninguna manera la puedo entender, y tampoco, por decir algo, puedo procesar la cotidiana situación del “ajuste de cuentas”, “murió a manos del hampa”, “víctima de la inseguridad” estas etiquetas vergonzosas que buscan alejar de la manera más olímpica a estos hechos usuales de la categoría de inseguridad. No entiendo la i...

No puedo leer

Teniendo enfrente el libro, las condiciones ideales para echarle un vistazo y pasar mis ojos por sus letras, líneas, ideas y sensaciones me he dado cuenta que no puedo concentrarme. Tal vez haya puesto un título erróneo, pero es que es así. He sorteado toda una suerte de posibilidades y concluyo que puede ser una combinación del tipo de lectura que me he impuesto y mi propio estado espiritual y mental. Quisiera hacerlo, quisiera concentrarme y no puedo. Hay pocas cosas tan frustrantres como esas. EL libro en cuestión, mi víctima, se llama YO EL SUPREMO de Augusto Roa Bastos, e intento seguir, continuar, pero mientras leo me doy cuenta que empiezo a pensar en otras cosas, que no me voy con la lectura, que ella no me lleva como yo quisiera. He optado por elegir entonces otro libro, un poco más amable y menos denso, puesto que ya estoy a punto de hacer lo que pocas veces hago: dejar un libro por la mitad. El segundo elegido es "Los vagabundos del Dharma", de Jack Keruac; siempre...

CONTINUACIÓN DEL CUENTO

Los quejidos de la niña se escuchaban generalmente por las mañanas. El hombre había estudiado durante una semana los movimientos de la casa. La mujer salía presurosa, con los ojos enrojecidos, jadeante; era una mujer alta y fornida. Una noche, el hombre escuchó susurros en el pasillo, estaba impaciente, era la madre, la niña nunca estaba sola. El hombre empezó a estudiar los movimientos del apatamento de la niña. En la noche todo se calmaba y el hombre aprovechaba para acercarse al pasillo y posarse frente a la puerta. Por la tarde la madre traía medicinas, el hombre la observaba desde el ojo mágico de su departamento. El padre no vivía con ellas, pero las visitaba a diario. Se le veía triste, ausente. El hombre sintió que el tiempo de la niña se acababa y decidió no esperar más. Se presentó ante la madre y preguntó tímidamente por la salud de la enferma. La familia lo recibió triste pero amable, le dieron una tasa de café con leche y le contaron cosas sobre la enfermedad de la niña. E...

EL ESPACIO DEL SILENCIO

Desde siempre he tratado de llenar los espacios. Creo que es una manía que nos inculcan de pequeños: tienes el cuaderno de dibujo frente a ti, tus ojos observan una hermosa figura delineada cuyos espacios interiores están en blanco. Sólo hay líneas negras con formas (payasos, muñecas, delfines, automóviles) y allí, tú, con el montón de lápices Prismacolor y las ganas de empezar la tarea de la escogencia, del trabajo del relleno cuidadoso de las formas hasta completar el dibujo colorido (no siempre bien combinado y delimitado); He allí: “la obra de arte”. Así comienzo con los espacios que instintivamente hay que llenar, sin contar las hojas de caligrafías, las páginas en blanco, y finalmente a donde quería llegar: los silencios. ¿Por qué siempre tenemos que hablar? Yo, siempre tengo que hablar. Algo en lo que pensé durante unos minutos mientras leía Sobre héroes y tumbas, cuando tenía 17 años, fue en el extraordinario silencio que existía entre Alejandra y Martín. Era un silencio pobla...

Crear ... el momento mágico: Un deseo

Tiempo sin escribir, tiempo sin aparecer. La ausencia, la desidia, el dejar siempre para después la escritura de una nota. No he cumplido del todo, no he saldado la deuda de mi propia inspiración y sé que no hay excusas. Le he huido a la creación y es que me cuesta confesar esto, pero siento que le tengo miedo, es el miedo el que me paraliza y me paralizo porque siento que lo que hago no tiene ninguna importancia y no podría satisfacerme. El tiempo de la creación es para mí mágico, yo no lo busco, sencillamente dejo que esa necesidad se haga poderosa, tanto, que mis ganas sean superiores a mi miedo. Es entonces cuando escribo, contra todo pronóstico. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo y que mis circunstancias se configuran en pasado-presente, yo me doy cuenta que desdeño mis propias ganas de crear y sucumbo en la indiferencia, el fastidio y el desmerecimiento propio. A estas alturas no sé quien tiene razón, no sé si tiene razón mi yo no-creador o mi yo-creador. Yo, como buena pes...

El incomprensible mecanismo de las circunstancias

Siempre he tratado de elaborar una teoría personal e incierta; vana, por quedarme en algo y justificarme; de cómo y por qué pasan las cosas. He pensado en las probabilidades, y he hecho, uso mis desmemoriados y desbandados recuerdos de la estadística para pensar que cada simple y estúpido hecho, por la vía pequeña, es el resultado de la multiplicación infinita de numerosas probabilidades que se unen como una red masiva e internáutica y arrojan como resultado la absoluta realidad de las cosas. Y entonces estoy, no sé por qué en este momento tecleando unas ideas locas para que sean publicadas en un blog, y esta realidad, simple, fortuita es producto de una multiplicación encadenada de circunstancias que se remontan a aquella vez, esa ocasión en la cual mi padre y mi madre coincidieron, y se miraron a los ojos, y se hicieron novios y por casualidad nací, y así, así y así hasta llegar hasta este momento. Pero, algo está claro, las circunstancias están allí siguiendo las reglas de la casa d...

CONTINUACIÓN DEL LIBRO MÁGICO 4TA ENTREGA

ADVERTENCIA NO ESPEREN EL PÁRRAFO ACABADO, LA PALABRA CORRECTA, ESE ALGO MARAVILLOSO QUE SE TRANSFORMA EN ALIENTO Y QUE EVIDENCIA QUE ALLÍ EN ESE PRECISO LUGAR, HAY LITERATURA. ESTO ES UN BORRADOR, SÓLO ESO. SALUDOS. 4TA ENTREGA. Sentía en su pecho, mientras manejaba hacia su apartamento, la intensidad sorprendente de su propia fuerza. Algo le perturbaba, un muro escalado, y el otro punto, la otra embajada, la empresa siguiente, su conjuro consumado. Un mechón de niña moribunda: aquella labor se presentó con cada vez más frecuencia, sólo pensaba en ello. Lo tenía todo muy claro, en el pasillo de su edificio, tras una puerta destartalada y herrumbrosa, salían día y noche los tenues quejidos de una niña que según los comentarios de los vecinos, había sido diagnosticada de cáncer linfático hace unos cuantos meses. Sufría de dolores continuos, sus quejidos chiquiticos, fragmentados, incongruentes; a veces, se salían de la puerta y lo que antes le había producido horror y lástima, ahora, s...