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Entradas

EL ESPACIO DEL SILENCIO

Desde siempre he tratado de llenar los espacios. Creo que es una manía que nos inculcan de pequeños: tienes el cuaderno de dibujo frente a ti, tus ojos observan una hermosa figura delineada cuyos espacios interiores están en blanco. Sólo hay líneas negras con formas (payasos, muñecas, delfines, automóviles) y allí, tú, con el montón de lápices Prismacolor y las ganas de empezar la tarea de la escogencia, del trabajo del relleno cuidadoso de las formas hasta completar el dibujo colorido (no siempre bien combinado y delimitado); He allí: “la obra de arte”. Así comienzo con los espacios que instintivamente hay que llenar, sin contar las hojas de caligrafías, las páginas en blanco, y finalmente a donde quería llegar: los silencios. ¿Por qué siempre tenemos que hablar? Yo, siempre tengo que hablar. Algo en lo que pensé durante unos minutos mientras leía Sobre héroes y tumbas, cuando tenía 17 años, fue en el extraordinario silencio que existía entre Alejandra y Martín. Era un silencio pobla...

Crear ... el momento mágico: Un deseo

Tiempo sin escribir, tiempo sin aparecer. La ausencia, la desidia, el dejar siempre para después la escritura de una nota. No he cumplido del todo, no he saldado la deuda de mi propia inspiración y sé que no hay excusas. Le he huido a la creación y es que me cuesta confesar esto, pero siento que le tengo miedo, es el miedo el que me paraliza y me paralizo porque siento que lo que hago no tiene ninguna importancia y no podría satisfacerme. El tiempo de la creación es para mí mágico, yo no lo busco, sencillamente dejo que esa necesidad se haga poderosa, tanto, que mis ganas sean superiores a mi miedo. Es entonces cuando escribo, contra todo pronóstico. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo y que mis circunstancias se configuran en pasado-presente, yo me doy cuenta que desdeño mis propias ganas de crear y sucumbo en la indiferencia, el fastidio y el desmerecimiento propio. A estas alturas no sé quien tiene razón, no sé si tiene razón mi yo no-creador o mi yo-creador. Yo, como buena pes...

El incomprensible mecanismo de las circunstancias

Siempre he tratado de elaborar una teoría personal e incierta; vana, por quedarme en algo y justificarme; de cómo y por qué pasan las cosas. He pensado en las probabilidades, y he hecho, uso mis desmemoriados y desbandados recuerdos de la estadística para pensar que cada simple y estúpido hecho, por la vía pequeña, es el resultado de la multiplicación infinita de numerosas probabilidades que se unen como una red masiva e internáutica y arrojan como resultado la absoluta realidad de las cosas. Y entonces estoy, no sé por qué en este momento tecleando unas ideas locas para que sean publicadas en un blog, y esta realidad, simple, fortuita es producto de una multiplicación encadenada de circunstancias que se remontan a aquella vez, esa ocasión en la cual mi padre y mi madre coincidieron, y se miraron a los ojos, y se hicieron novios y por casualidad nací, y así, así y así hasta llegar hasta este momento. Pero, algo está claro, las circunstancias están allí siguiendo las reglas de la casa d...

CONTINUACIÓN DEL LIBRO MÁGICO 4TA ENTREGA

ADVERTENCIA NO ESPEREN EL PÁRRAFO ACABADO, LA PALABRA CORRECTA, ESE ALGO MARAVILLOSO QUE SE TRANSFORMA EN ALIENTO Y QUE EVIDENCIA QUE ALLÍ EN ESE PRECISO LUGAR, HAY LITERATURA. ESTO ES UN BORRADOR, SÓLO ESO. SALUDOS. 4TA ENTREGA. Sentía en su pecho, mientras manejaba hacia su apartamento, la intensidad sorprendente de su propia fuerza. Algo le perturbaba, un muro escalado, y el otro punto, la otra embajada, la empresa siguiente, su conjuro consumado. Un mechón de niña moribunda: aquella labor se presentó con cada vez más frecuencia, sólo pensaba en ello. Lo tenía todo muy claro, en el pasillo de su edificio, tras una puerta destartalada y herrumbrosa, salían día y noche los tenues quejidos de una niña que según los comentarios de los vecinos, había sido diagnosticada de cáncer linfático hace unos cuantos meses. Sufría de dolores continuos, sus quejidos chiquiticos, fragmentados, incongruentes; a veces, se salían de la puerta y lo que antes le había producido horror y lástima, ahora, s...

Una nueva vida

Los días y los acontecimientos han transcurrido, desde hace poco, de manera vertiginosa. Pienso a veces que mientras más cosas ocurren más oportunidades tenemos de meternos en problemas. Pensé en muchas ocaciones que no me ocurrían cosas y resulta que últimamente me ocurren demasiadas, tantas, que no me da tiempo de pensar, de detenerme, de ver la lenta gota de rocío que se desprende de la hoja que despierta en la mañana. Sólo tengo tiempo de ocuparme de cosas importantes, cruciales, y no he podido vivir esos momentos de cámara lenta a los que antes estaba bastante acoscumbrada. Desde la última vez que escribí, me ofrecieron trabajo en Maturín para dar clases de Comprensión y Expresión Lingüística I en la UDO. Tenía otro trabajo que no era muy seguro, dada la terrible situación social y educativa que vive el país. Decidí irme. Tuve que irme a la entrevista mientras hacía malabares con mi otro trabajo. Andaba trabajando en dos ciudades distintas a 3 horas de diferencia. Tuve que asisti...

Continuación del libro mágico. 3era entrega.

Después de respirar varias veces el hombre se dispuso a subir. Sus pies resbalaban por las piedras, apenas sobresalientes del paredón, mientras sus manos se aferraban cual garras a los pequeños relieves superiores. Sudaba y sentía el correr de su sangre apresurada. Un paso. No había escapatoria, tenía que seguir. El esfuerzo lo retorcía, renunciaba y reanudaba la empresa constantemente. A cada instante estaba más cerca de la meta. Sus manos se llenaban de esa cal mohosa que había predicho en sus desvariados deseos por conseguir el trofeo prometido. Por un momento desistió. Deslizó las uñas de sus pies apenas unos milímetros, un tumulto de rocas rodó hasta dar con el suelo. El hombre escuchó el sonido del golpe. Volvió a apoyar sus pulgares en un montoncito escarpado y se aferró mucho más con sus manos. Un aullido de tigre cantaba en su mente, nacía y se ondulaba con el correr del tiempo, acompasándose poco a poco. El canto desfilaba en medio de su furia frenética, era un rugir y una ma...

Ya nadie quiere leer

Vivo en una ciudad que se llama Cumaná, está en el oriente del país, en el Edo. Sucre, Venezuela. Cada día, a medida que pasa el tiempo, me empiezo a sentir cada vez más sola. Salgo al centro de la ciudad, camino por las calles abarrotadas de buhoneros, vendedores de CD compactos copiados, sentados al lado de esas cajas sonoras que emiten aireadamente esa contaminación sónica que me enloquece. Sólo reaggeton, sólo vallenato, nunca escucharás, jamás, un nocturno de Chopin, o algunos de los allegros de Vivaldi. Me topo con gente desaseada, con indigentes, y una vez, por casualidad, me encontré de frente con un tipo que me sacó un arma diciéndome que me iba a atracar y que le diera todo lo que tenía. Le pregunté qué le pasaba y se fue sin mayor explicación, con una sonrisita perversa. Es bueno escuchar a todo el mundo, lo sé, pero muchas veces sostengo conversaciones con gente que sólo puede decir cosas soeces, vulgares, llenas de carcajadas obscenas que buscan recalcar la banalidad de l...