
Vivo en una ciudad que se llama Cumaná, está en el oriente del país, en el Edo. Sucre, Venezuela. Cada día, a medida que pasa el tiempo, me empiezo a sentir cada vez más sola. Salgo al centro de la ciudad, camino por las calles abarrotadas de buhoneros, vendedores de CD compactos copiados, sentados al lado de esas cajas sonoras que emiten aireadamente esa contaminación sónica que me enloquece. Sólo reaggeton, sólo vallenato, nunca escucharás, jamás, un nocturno de Chopin, o algunos de los allegros de Vivaldi. Me topo con gente desaseada, con indigentes, y una vez, por casualidad, me encontré de frente con un tipo que me sacó un arma diciéndome que me iba a atracar y que le diera todo lo que tenía. Le pregunté qué le pasaba y se fue sin mayor explicación, con una sonrisita perversa.
Es bueno escuchar a todo el mundo, lo sé, pero muchas veces sostengo conversaciones con gente que sólo puede decir cosas soeces, vulgares, llenas de carcajadas obscenas que buscan recalcar la banalidad de lo antes dicho. Yo me deprimo. No quiero ser racista, no quiero, lo juro, no me importa y no juzgo a nadie por eso, pero siempre me toca pensar, tras todo eso, en algo mucho más grave: la incultura progresiva, vertiginosa, veloz, de la población. Es prácticamente un pecado decir que te divertiría tener una velada que consista en leer a Rambaud, Boudelaire, René Char, Alfonsina Storni, por ejemplo . Es prácticamente un pecado decir que prefieres quedarte en tu casa leyendo un buen libro a escuchar una sarta de idioteces que se superponen unas a otras enfrente de una botella de Solera o Regional Light. No digo que la vida social no sea necesaria, pero, es que muchas veces la rutina discursiva se repite y yo terminé por concluir que no estoy hecha para eso, que soy diferente y que prefiero; en resumidas cuentas, quedarme en casa.
Tal vez es que mis gustos no son iguales a los de los demás. Pero hay algo que me preocupa aún más: a casi nadie le gusta leer. Mis alumnos se horrorizan cuando les digo que ellos, unos niños de 13 años, pueden ser capaces de leer un libro y disfrutarlo. Y al comentar con otros profesores de Castellano y Literatura, que les mandé a leer un cuento de Frank Stockton, ¿La Dama o el Tigre?, de unas escuetas 12 páginas, se horrorizaron: “Eso es demasiado”―me dijeron―. Pero ¿Qué va a ser demasiado? si un muchacho de esos debería estar leyendo una novela por trimestre, por la vía pequeña. Pero, en el fondo, ellos tienes razón: el círculo es vicioso y no es buena idea mandarles a leer a Frank Stockton.
Ni ellos mandan a leer porque los niños no tienen capacidad, ni los estudiantes son capaces de leer si ellos los mandan ¿Es que hay que esperar hasta que tengan 15 años para exigirles leer el primer libro? No me parece. Pero no sé quien es el culpable. Es tan grande la lista de a quién habría que echarle la culpa de lo que está pasando en Venezuela que no sé ya quien la tiene. La culpa se diluyó, se esfumó porque el patuque fue tal que al final todos contribuimos todos los días a que la cosa siga igual. No hay un culpable pero la gente sólo escucha vallenato. No hay un culpable pero nadie se preocupa por ser culto. No hay un culpable pero muy, muy pocas personas disfrutan leer.
La realidad es esa. Yo me quedo siempre en mi casa, salvo contadas ocasiones en las que salgo y la paso francamente bien, remitida únicamente a un escaso grupo de amigos con quien disfruto conversar de muchas cosas sin aburrirme.
PD. Ayer me conmovió algo: tras haberles contado la historia de Ana Frank a mis estudiantes y haberles obsequiado fotocopias con fragmentos del diario, una alumna se me acercó y me preguntó dónde vendían el diario porque lo quería leer. Me dieron ganas de llorar, lo juro, fue para mí un momento mágico, sin palabras. Y lo fue porque es un colegio donde muchos niños pertenecen a bandas de delincuentes y donde prácticamente ningún estudiante se preocupa por siquiera comprender un párrafo.
Comentarios
Leer bajo presion es horrible, a mi me apasiona leer, asi que nunca me presionaron, pero es verdad a la mayoria no le gusta y es dificil encontrar la forma de motivarlos a eso cuando todos tienen algo mas "interesante" que hacer.
Pero tú disfrutalo y deja que los demas disfruten de lo suyo. No te cargues por eso.
No eres rara, -no lo somos-, sencillamente traspasamos la ¿barrera? y dejamos de pastar en el mismo rincón.
No te desanimes, como dice Héctor, con uno que lea tras escucharte, la tarea no está perdida.
Saludos,
OA