Ir al contenido principal

Entradas

Noche de rabia

Escala de factores.  lo que pude haber afectado a una mujer loca. El otro día  miraba por la ventana mientras el tranvía rodaba; las mismas tiendas de todos los días; para qué negarlo: Karlsruhe es anodina. El día estaba gris, nada que remarcar, y entonces me puse a pensar si yo realmente no estaba malgastando mi vida odiando al mundo. Tópico de cualquier ser que ha vivido. Esos días en los que odiamos hasta los ángeles vestidos con batolas.  Te quedas amargada, claro, hay un cúmulo de factores para eso. En principio vas siempre en el mismo tren y piensas en cosas estúpidas y unos viejos te quedan mirando, te ven con desprecio, miras el espejo del tren y te das cuenta que tu aspecto es tan poco atractivo... ¿quién podría siquiera fijarse en ti con esas ojeras y ese pelo en este país de blancos? El caso es que nada en ti significa nada interesante, inclusive tu vida termina siendo un rosario aburrido de malas casualidades.   Siempre que voy en el tren ...

Emigrar de Venezuela . Basura. Quedarse en Venezuela, una Basura x 2.

Hoy no he podido dormir. He pasado una noche mala. Vi la hora en el despertador de al lado de la cama y marcaba las 3.46 Son las 5.49 y sigo aquí. Lo he intentado todo. He dado unas 300 vueltas en la cama, primero con cojines, segundo con la sábana. Nico se despierta,  no me importa ir a ver qué le pasa. Lo invito a venir a nuestra cama, de pronto con su calor y la sensación de tenerlo cerca me ayuda a dormir. No funciona. Algunos solo aspiran poder transportar unos cuantos litros de agua desde una gran distancia. Algunos que no los maten un día más. Otros poder ver la luz del sol. Yo solo aspiraba algo que para mí era importante... Tener oportunidades. Sin embargo he tenido que aceptar como tras unos 3000 literales intentos no he podido obtener aquí en Europa una sola, pequeña, minúscula oportunidad. Nunca pensé estar en esta situación. Tal vez si mi país no se hubiese deteriorado tan rápidamente, tal vez hubiese sido mejor que hubiese estado siempr...

La pastilla

Voy a una farmacia aquí en Karlsruhe. Quiero una caja de Paracetamol, tengo últimamente fuertes dolores menstruales. La mujer me da una caja. Pregunto cuánto cuesta. Pasa el código de barras de la caja por un lector. Veo el número en letras verdes, son exactamente 2,78 (dos euros con setenta y ocho céntimos). Pregunto si puede darme otra. Me dice que no.  No quiero otra caja para tomarme las pastillas como si fuera coca cola. En realidad es para mis padres. En Venezuela no hay medicinas.  Estoy por mandar una caja a mi familia. Cuando comencé a vivir en Europa no mandaba a Venezuela absolutamente nada. Luego, con el tiempo, cuando la situación política se fue pareciendo más a lo que habían prometido, empecé a mandar pequeñas cosas esporádicamente. Me daba cuenta que mis padres aprovechaban y compraban ropa y zapatos cuando venían a visitarme, me decían que allá no había mucho.  Ahora mismo, veo  que las promesas de crear el comunismo del hombre del s...

Vecinos inconclusos

Mi hijo va a un Kindergaten justo debajo de mi edificio. Vivo en una construcción respetable de 17 pisos. Todas las mañanas bajo al pequeño que llora y se resiste con un pretexto distinto según el día. A las 13.30 de la tarde con extrema puntualidad se reúnen los padres de los infantes a esperar que se abra una puerta eléctrica y se agolpan desesperados tratando de llegar primero y así poder sacar de las sillas en corro a los impacientes niños. Mueven la cabeza de un lado a otro, soy una entre una multitud. Los alemanes suelen ser altos, a veces no consigo estirar suficientemente la cabeza para que Nicolás me vea. En el edificio de al lado vive una mujer desgreñada con la que me he encontrado algunas veces. Al principio la vi arrastrar a tumbos a dos varones. Uno de ellos  con pies tremendamente torcidos y el otro siempre con un jolgorio, atolondrado, parece buscar unos pájaros imaginarios que le revolotean encima de la cabeza. Hace unos meses descubrí que uno de sus hijos v...

diario Cien años de soledad

Diario de cien años de soledad. Hace algún tiempo comencé a leer por tercera vez la novela. la primera vez la terminé y puedo recordar con precisión cómo afectó mis días cuando tenía 17 años y me sumergí una noche estival en las páginas y los años de Macondo. Recuerdo haberla terminado a las 5 de la mañana. Apagué entonces la luz y me acosté dormir sin que importara mucho el mundo, sin que nada externo hubiese cambiado. Había cambiado yo y mucho. Pasé los días siguientes alejada a todo, pensando en la estirpe de los Buendía, en Macondo, en Mauricio de Babilonia y los manuscritos de Melquíades. La segunda vez la tomé y me pareció anodina. Creo que por aquel entonces estudiaba literatura en la universidad. No pude pasar de la página 20. Las tardes de calor me pedían libros donde yo me transportaba a espacios más bien románticos, yo estaba en la época descabellada en la que se busca el amor.  La tercera vez la comencé a leer por un proyecto de trabajo con un al...

Vejez

Por qué te quejas de dejar a tus hijos solos, abandonados, si algo te pasase. La vida es tan cruel que mermando ya en tus energías, en el término de tus edades, tu piel llena de surcos, tus ganas abandonadas, tus pañales, tu visión contenida en esa pequeña cuadratura, la de tus casi nulas posibilidades, no hay besos. Qué dirían si pudiesen verte trepidando en tu respiración cansada, en tu silla de ruedas, mientras una inmigrante pobre te alimenta y cuenta los minutos para que termine su turno. Podrías subirte a un árbol y volverte una hoja que cae descuidadamente en el sombrero de tu descendencia. Una ráfaga de aire haría invisible entonces tu delicada caída. Afortunadamente, no están tus padres para verte. Qué ilusos fueron pensando que siempre todo sería así como cuando eras niño. Lo Cruel en realidad es lo más hermoso