Hoy me ha provocado ver cine japonés.
Me he estado preguntando últimamente qué es realmente ser normal. La campana de Gauss no pudo explicarme. Si yo soy normal (esto es un ejemplo) no puedo ser pureza normal porque ser pureza normal es estar metida en la barriga de la campana en todas las variables posibles que pueden definirme, entonces dudo que yo sea normal (esto es parte del mismo ejemplo). La normalidad, según mi humilde criterio, va de la mano del aburrimiento y el aburrimiento es lo más gris, uniforme y castigador que hay. Prefiero entonces no ser normal absolutamente; sin embargo, si tuviera que esperar a alguien que me haga compañía preferiría que lo fuera. La normalidad es predictiva, y en el fondo, aunque nos cueste aceptarlo, a nosotros, sí, también a mí (y aquí soy normal) no nos gusta sobresaltarnos con cosas anormales. Las cosas anormales causan incertidumbre y la incertidumbre continuada es una desdicha (al menos para la gente normal en este tema). Lo anormal tiene algo de divertido, desastroso y siniest...
Comentarios
Te leo y no me pareces ni lenta, ni torpe ni aburrida.
Todo lo contrario.
Me gusta la honestidad con que explicas lo que has vivido.
No es habitual y eso habla bien de ti.
Va pasando el tiempo y la vida se complica de forma casi insoportable... uno no se da cuenta y el mundo te va dejando atrás... en Alemania, en Venezuela, en Barcelona y en todas partes.
Saber aceptar eso es una tarea muy difícil... a mí me ayuda el poder escribir poemas donde gritar todo lo que me duele, eso no va a cambiar las cosas pero algo me alivia.
Todo mi ánimo para ti.
Un abrazo.