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Entradas

Desde la distancia...

Ya no quiero ser lo que creí quería. Pienso en el aspecto siniestro de los académicos, de los profesores universitarios. Todos pasado el tiempo son recubiertos por un polvillo gris o amarillento, que es imperceptible a sus propios ojos. Me gustaba más leer literatura sin pensar en lo que la obra implicaba. En la filosofía de su construcción y su forma, no quería entenderla, solo sentirla. Sin embargo, muchas veces nos convertimos en lo que somos porque al elegir, no sabíamos en realidad los bemoles, las callejuelas, los recovecos que en realidad componían aquella cosa objeto de nuestro deseo. O tal vez sí, con el tiempo, desde la distancia, todo se ve más glamoroso e ilustre. Tal vez sólo quería aquello que se miraba a través del espejo del tiempo. Cuando nos vamos poniendo viejos nos volvemos más ciegos, empezamos a ver todo desde la distancia, la subjetiva distancia.

Un fragmento

“los hombres---pensé—cambian tan poco, siguen siendo tan ellos mismos, que sólo existe una historia de amor desde el principio de los tiempos, repetido al infinito sin perder su terrible sencillez, su irremediable desventura” Álvaro Mutis , La última escala del Tramp Streamer

La carta

Podría escribir un tratado de lo que pienso mientras la maldita raya vertical titila. El abismo de aparecer / desaparecer hace que mis pensamientos hayan de significar para mí un constante reto. Hay múltiples o tal vez más que múltiples infinitas opciones de comienzo. Me desespero con la intermitencia, que crece a medida que pasa cada segundo; un segundo que aumenta aún más mi sensación de infertilidad. Mis extremidades inferiores, suspendidas y tensas en mis sienes, se congelan y se duermen con el pasar del tiempo. La línea vertical negra, de aproximadamente 2 cm, sigue allí. Hay un reloj en mi interior que clama, pide y ruega porque yo me reproduzca, porque yo diga quién soy a través de las palabras. La sequedad, la sensación de torpeza que va extendiéndose por mi cuerpo; en eso me convierto. *** Han pasado dos horas, continúo enfrente a la portátil. Tengo que entregar un artefacto hecho de palabras, sin embargo, escucho una canción de moda por la radio, una canción que apesta, que...

EL VERDADERO FINAL

Teniendo en cuenta que en Madrid hay mucha gente friqui, quiero hablar hoy de la normalidad que sobrellevo desde hace algún tiempo. Por una extraña circunstancia soy llevada por un río urbano que me oprime dulcemente en la trayectoria del tiempo, de los días, de las horas y de los compromisos. Es curioso que ahora mismo piense en ese soneto de Quevedo y ese otro de Sor Juana en donde la reflexión del tiempo va magistralmente desarrollándose en los versos hasta llegar a una degradación sustancial de metáforas que son objetos y cosas de la vida diaria relacionadas con la palabra polvo. Se me ocurre entonces que esta normalidad es parte también de eso; un montón de partículas desparramadas en la nada de un tiempo que en algún momento solo será un recuerdo. Mi normalidad es natural, pero la naturalidad de la normalidad también tiene tufo hediondo; porque es un hongo descompuesto, que con el correr del tiempo se va transformando en lo que en realidad somos todos: degradación. Siento ser esc...

La mirada esquizoide

La silla se convirtió en una mujer sin cabeza con los brazos extendidos en la alfombra y las piernas abiertas. Las lianas tupidas se abrieron de par en par con un movimiento continuo, leve, como el de una cortina movediza, de allí fueron saliendo encajes que daban a luz una inmensa vagina palpitante. No era una mujer ¿o sí? , no tenía cabeza ¿La tenía? ; sugería su imagen la de un monstruo peligroso, silente y lerdo. Del cielo empezaron a manar montones de objetos: un carro de juguete de color rojo, un arco iris de plástico, una yanta; todos eran absorbidos por la siniestra y palpitante vagina. La lluvia cesó. La vagina dejó de latir, el cuerpo inerte de lo que fue antes una silla ¿O una mujer? había expirado: ya pronto cambiaría el ojo y la mente y transformarían al objeto en lo que antes era. La próxima vez sería (la silla o mujer) una discreta y tímida nínfula contorsionista con dotes políglotas y titiriteros.

invierno

Al principio todo era muy extraño, las cosas tenían formas, gustos y dimensiones diferentes. El aire era distinto, los árboles, las voces y sus tonos. En medio de todo esto trataba de conocer y familiarizarme; sobre todo con el gris del ambiente, la ausencia del sol, la tonalidad extensiva de todo cuanto veía. Aún intento entender el invierno, verlo como a alguien que ha vivido conmigo desde mi infancia y a quien le conozco todas las manías y exentricidades; pero el invierno o otoño ( estas distinciones aún no puedo percibirlas) se me muestra esquivo, como alguien extranjero con quien tengo que convivir. Yo sé que tarde o temprano terminaremos hablando el mismo idioma y este entendimiento seguro tendrá aun especial descubrimiento, porque tal vez sea este el único invierno que viva. A veces sueño con el trópico, saboreo el calor de la arena y el manso sonido de las olas. Estos sueños, aclaro, no son nostalgia, sencillamente son una parte de mi identidad, aquella de quien me he separado ...

Asesinan al Fast Food

Miro un programa de televisión, es de mañana, la presentadora dice: “por primera vez se obtiene una disminución en la incidencia de cáncer en EEUU”. Pienso entonces inmediatamente que esta es la mejor noticia de todas; sueño o divago, en pocos minutos, con las millones de lágrimas ahorradas, de angustias, de entierros y sufrimientos. La presentadora agrega: “Se cree que esta baja es debida a los mejores tratamientos, los avances en la ciencia, el desarrollo de la industria farmacológica y los cambios de los hábitos de vida de las personas, ahora, se han vuelto más saludables”. Por primera vez en mucho tiempo me siento feliz, imagino a muchas personas tirando el cigarrillo en la bacinilla, corriendo en parques y comiendo brócoli y tomate crudo. “Su tumor es benigno, señora” ---dice el médico--- Esta es la más dulce y epifánica sentencia que alguien le puede dar a otra persona---me digo yo---. Todo es transitorio, sin embargo. Como decía Héctor Lavoe todo tiene su final y lo tiene. Pero ...