Teniendo en cuenta que en Madrid hay mucha gente friqui, quiero hablar hoy de la normalidad que sobrellevo desde hace algún tiempo. Por una extraña circunstancia soy llevada por un río urbano que me oprime dulcemente en la trayectoria del tiempo, de los días, de las horas y de los compromisos. Es curioso que ahora mismo piense en ese soneto de Quevedo y ese otro de Sor Juana en donde la reflexión del tiempo va magistralmente desarrollándose en los versos hasta llegar a una degradación sustancial de metáforas que son objetos y cosas de la vida diaria relacionadas con la palabra polvo. Se me ocurre entonces que esta normalidad es parte también de eso; un montón de partículas desparramadas en la nada de un tiempo que en algún momento solo será un recuerdo. Mi normalidad es natural, pero la naturalidad de la normalidad también tiene tufo hediondo; porque es un hongo descompuesto, que con el correr del tiempo se va transformando en lo que en realidad somos todos: degradación. Siento ser escatológica, barroca, siento ser incoherente e imprudente con este post. Pero los segundos progresan y yo quiero detener con la palabra a la descomposición, quiero echar un perfume desinfectante en lo hediondo del correr del tiempo, necesito que lo inconcluso sea…
Me he estado preguntando últimamente qué es realmente ser normal. La campana de Gauss no pudo explicarme. Si yo soy normal (esto es un ejemplo) no puedo ser pureza normal porque ser pureza normal es estar metida en la barriga de la campana en todas las variables posibles que pueden definirme, entonces dudo que yo sea normal (esto es parte del mismo ejemplo). La normalidad, según mi humilde criterio, va de la mano del aburrimiento y el aburrimiento es lo más gris, uniforme y castigador que hay. Prefiero entonces no ser normal absolutamente; sin embargo, si tuviera que esperar a alguien que me haga compañía preferiría que lo fuera. La normalidad es predictiva, y en el fondo, aunque nos cueste aceptarlo, a nosotros, sí, también a mí (y aquí soy normal) no nos gusta sobresaltarnos con cosas anormales. Las cosas anormales causan incertidumbre y la incertidumbre continuada es una desdicha (al menos para la gente normal en este tema). Lo anormal tiene algo de divertido, desastroso y siniest...
Comentarios
Todo huele, siempre es así.
Un abrazo,
OA
Lo inconcluso no es nunca, ahí radica su fugaz grandeza...
Besos desinfectados
un abrazo
elisa
No hay forma de detener nada, casi mejor, no?
Besos.
Un abrazo
Todo verdear es agosto ceniciento. De verdades como puños se caen los anillos, y los buenos pasos perdidos, en el correr del tiempo ni siquiera serán huellas.
Un abrazo
Cuando pensé que tu texto podría caer en lo sublime que alguna vez hemos criticado, me alegró el giro que le diste: "Mi normalidad es natural, pero la naturalidad de la normalidad también tiene tufo hediondo". Te sale bien eso de retomar sensibilidades con un twist irónico.
Un abrazo.
(Ese soneto de Quevedo...ya no puedo dejar de pensar en él)
Un abrazo.
y lo hedi0ondo nos pertenece
besos