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Entradas

invierno

Al principio todo era muy extraño, las cosas tenían formas, gustos y dimensiones diferentes. El aire era distinto, los árboles, las voces y sus tonos. En medio de todo esto trataba de conocer y familiarizarme; sobre todo con el gris del ambiente, la ausencia del sol, la tonalidad extensiva de todo cuanto veía. Aún intento entender el invierno, verlo como a alguien que ha vivido conmigo desde mi infancia y a quien le conozco todas las manías y exentricidades; pero el invierno o otoño ( estas distinciones aún no puedo percibirlas) se me muestra esquivo, como alguien extranjero con quien tengo que convivir. Yo sé que tarde o temprano terminaremos hablando el mismo idioma y este entendimiento seguro tendrá aun especial descubrimiento, porque tal vez sea este el único invierno que viva. A veces sueño con el trópico, saboreo el calor de la arena y el manso sonido de las olas. Estos sueños, aclaro, no son nostalgia, sencillamente son una parte de mi identidad, aquella de quien me he separado ...

Asesinan al Fast Food

Miro un programa de televisión, es de mañana, la presentadora dice: “por primera vez se obtiene una disminución en la incidencia de cáncer en EEUU”. Pienso entonces inmediatamente que esta es la mejor noticia de todas; sueño o divago, en pocos minutos, con las millones de lágrimas ahorradas, de angustias, de entierros y sufrimientos. La presentadora agrega: “Se cree que esta baja es debida a los mejores tratamientos, los avances en la ciencia, el desarrollo de la industria farmacológica y los cambios de los hábitos de vida de las personas, ahora, se han vuelto más saludables”. Por primera vez en mucho tiempo me siento feliz, imagino a muchas personas tirando el cigarrillo en la bacinilla, corriendo en parques y comiendo brócoli y tomate crudo. “Su tumor es benigno, señora” ---dice el médico--- Esta es la más dulce y epifánica sentencia que alguien le puede dar a otra persona---me digo yo---. Todo es transitorio, sin embargo. Como decía Héctor Lavoe todo tiene su final y lo tiene. Pero ...

Lo jut(S) t o

Es difícil encontrar una idea adecuada, que defina la siesta interminable del mundo. Porque todos duermen en mazmorras, porque todos sólo piensan en sí mismos. Tal vez sea mejor comprender que a veces es bueno el retroceso. El mundo debe servirse de la austeridad (pero esto ya no lo queremos), porque antes gastábamos más (esto queremos superarlo), teníamos demasiado a nuestra disposición (esto queremos mantenerlo). Ahora, ahora, ahora, manejamos entre velas, apagamos los impulsos de debajo de los mares, comprendemos la comodidad y el placer de lo justo ¿Qué es lo justo?

Retrato de la mujer de las uñas moradas

La mujer de las uñas moradas carcomidas, desconchadas y brillantes. Entró en el metro dando traspiés, su estatura era mediana, ensillaban la punta de su nariz un par de gafas grandes de grueso vidrio. Su boca medio pintada estaba crispada, su mirada ausente, nublada de entendimiento. El cuerpo, cubierto de una cantidad generosa de abrigos, se mecía constantemente con el temblor de los rieles del tren. La mujer de las uñas moradas cargaba una bolsa que contenía almohadas pequeñas, miraba de repente con una penetrante intensión asesina. Pensé que estaba trastornada y en ese momento, con mórbido estupor, empecé a imaginarla loca, en su piso diminuto, clavando el cuchillo en la carne de cerdo con vehemencia psicópata. Aquella mujer, una desequilibrada que más de una vez siente el deseo escandaloso de ahorcar a su propio hijo que llora chillón e inocente en la cuna. Supongo que no podría ser entonces una prostituta vestida de actriz, una ninfómana sadomasoquista o una satisfecha ama de casa...

Paseo de metro

He querido tomar fotos aquí en Madrid pero no tengo ninguna cámara fotográfica. A veces se me han presentado oportunidades inigualables para detener en el tiempo momentos memorables para mi visión; hombres vestidos estrafalariamente con cabellos achiclados y uñas gastadas, mujeres viciosas a flor de piel, deslumbrantes lectores de metro, paisajes encumbrados de hojas sepia, paseantes distinguidos, risas incongruentes, viejos particulares. La cámara no ha estado. Trato de retener en mi memoria todos estos acontecimientos cotidianos para los madrileños pero nuevos para mi. Es mi extrañamiento dentro de una nueva mecánica cotidiana a la que tengo que acostumbrarme temporalmente. Sé que mi perspectiva y mis deseos de fotografiar con mi memoria ciertas imágenes a medida que pasa el tiempo, conservando ciertas reminiscencias, son absolutamente subjetivos. Son mi lente y mi ojo los que remembran continuamente aquello visto, los que me impulsan a describir a toda esta gente extaña, a...

Aquí en Madrid

En Madrid es mejor acostumbrarse a las diversidades; la cantidad de gente friqui que vive en esta ciudad es inmensa, aparte el metro es una fauna de canciones mañaneras con gente que se concentra hasta la indencia en lecturas de diversas características. Mis impresiones de Madrid la verdad serían muy particulares, para mi las ciudades tienen el cariz que cada quien le impregna con sus predisposiciones psicológicas y sus movidas particulares. Creo que Madrid baila siempre y se contenta cuando el que vive en ella se contenta. Puede llorar también contigo cuando estás triste, te consuela. En Madrid no he tenido tiempo, me he visto como en medio de una lluvia de papelillos con un mensaje diminuto escrito en su diminuta también superficie. Todo me dice algo, pero no tengo tiempo de descubrirlo. Aquí si te conformas con lo la diversidad de lo cotidiano no te alcanza la vida para describir los millones de estímulos. Creo que estos nueve meses serán más cortos de lo que pensé.

Porque me voy

Estimados merodeadores Blogueros: Por motivos de mi viaje y futura estancia estudiantil en la capital española, dejaré de escribir por un período de tiempo incierto. En realidad tal vez (aclaro) todo esto sea pura bulla y yo no pueda separarme de mi blog y sobre todo de todos ustedes que me visitan. He escrito un texto un poco largo, está abajo en forma de entradas sucesivas, pueden comentar cuando gusten ( me gustaría que lo hicieran) y yo, que seguro no dejaré de escribir porque no puedo estaré pendiente. Esta despedida es de mentiritas y forsoza porque tengo que viajar, buscar una casa y hacer un montón de cosas. Mudarse a otro país es un chollo, una cosa del corazón y de papeles y trámites, algo muy estratégico y un poco acojonante, como dicen los españoles. Allí están entonces mis sucesivas entradas, y se les quiere mucho.