Hoy parecía que todo salía mal, mi composición en alemán, a la que le dediqué una hora de tiempo, estaba absolutamente errada, mi incomodidad al llegar a la guardería a recoger a Nico y no poder saludar bien, preguntar bien, despedirme bien. Mi clase con mi alumno americano, que pintaba ser un desastre hasta que me valí de preguntas más o menos creativas, que no sé si lo eran, pero dieron resultado.
Sigo sintiéndome minúscula, temerosa, dominada por el torrente de lenguaje que escucho y no entiendo, que quiero expresar y no puedo, la forma que no alcanzo a abarcar, a entender, la torpeza que a veces es intermitente, a veces constante. Mis renuncias diarias me duelen y me hacen pensar en la punta de los dedos de una que fui y que se despidió por un tobogán oscuro a un destino incierto.
Todo esto y pienso que mañana es viernes y he sacado de la biblioteca unas revistas de cocina. Pienso en ellas. Ahora es de noche, Nico duerme, Raúl está en el curso de alemán, y yo pienso en la comida que vamos a disfrutrar mañana, en ese acto estratégico, logístico, creativo, que es cocinar para alguien, con cariño, para disfrutar del momento en la mesa, mirando Karlsruhe desde la ventana, sin sol, pero los tiempos cambian y el sábado promete salir, venir a nosotros después del frío invierno.
Comentarios
decir que estan los gestos
y la cocina
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