![]() | ||
Máscara mortuoria de James Deam (1931-1955) |
Son
las 12.59 y me duele la cabeza. He estudiado durante 21 minutos
historia del español y la verdad gusta mucho, pero debo hacer una
intensa actividad mental para memorizarlo todo. Busco una de las
guías “El londes por menos de 10 libras” me pongo a leerla en
alemán, entiendo la mitad y deduzco la otra mitad. A los 10 minutos
me duele la cabeza, quiero descansar.
Miro
a mi izquierda, hoy me he sentado al lado de la sección de
biografías, por casualidad veo un libro que se llama “Das Letze
Porträt” se trata de una recopilación de fotografías de máscaras
mortuorias hechas a personajes célebres. Lo ojeo. Miro la cara de
Shakespeare y me asombro, jamás pude haber imaginado que Shakespeare
pudiera haber muerto así. Creo recordar que nunca había visto antes
una foto de William, su cara muestra signos de juventud, supongo que
una persona que muere a los 52 años aún posee rasgos juveniles, tal
vez sus pómulos y sus carrillos, su mandíbula no se ha convertido
en un pellejo que cuelga.
Richard
Wagner parece que riera, la máscara mortuoria de yeso o lo que sea está ligeramente inclinada, como cuando tienes cierta complicidad
con alguien y te acercas a él ligeramente con la cabeza, me impacta,
pero no es de ninguna manera truculento su efecto. Estas mascaras
mortuorias parecen no estar tristes- Me digo- a excepción de algunos
personajes que causan estupor por la infinita tristeza reflejada a
través del pedazo de yeso, tal es el caso de Pascal y de Rousseau.
Creo que Rosseau es definitivamente el más triste de todos, el yeso
refleja aún la dureza de los rasgos, el contraste de las líneas que
dan cuenta de la lucha forsoza e inútil con la muerte. Me conmuevo.
Pienso mientras lo miro que su sumisión es finalmente la sumisión
obligada de los esclavos ante el amo tirano, el apagamiento necesario
ante una rebeldía inútil. He visto estos ragos en la cara de los
hombres de muchas fotografías memorables, en personas impotentes que
he conocido, son los mismos ragos de aquél que ha sufrido una
tremenda injusticia, en el caso de Rosseau, la última.
Comentarios