
Quiero decir que ayer, sin razón alguna, he sentido la necesidad desesperada de buscar un libro y leer poesía. Tenía mis libros de la bibliotecas retrasados, pero no tanto, me fui hoy a la biblioteca del municipio de Salmanca (que es la que me queda más cerca de casa) y entregué la biografía de Erasmo escrita por Stefan Zweig para buscar libros de poesía. Como es de esperarse, en las bibliotecas municipales y del ayuntamiento de Madrid no hay Literatura Hispanoamericana, mucho menos contemporánea, alguna que otra antología y nada más.
Respiré tres veces porque aún no me siento del todo montada en el autobús de la ebriedad gozosa de lo que hay en materia de poesía aquí y saqué a Rosalía de Castro, un libro que se llama En las orillas del Sar.
No me gusta leerme las reseñas ni los estudios previos de un autor cuando leo por placer, así que me he metido en esta trayectoria de lectura tratando de profundizar, de verdad meterme, apagando todo aparato electrónico que exista en mi casa.
Creo que solo la poesía hará retroceder nuestras almas en esta ingente contaminación de sobre estímulos e informaciones abrumadoras.
*** La calidez de la llama...tenue...
*** Un silencio necesario una tarde de viernes...
*** Sin electricidad, haciendo uso únicamente a la luz del día.
*** El regocijo de atesorar el momento (que puede alargarse)
Para no perderme en tonterías, mientras mi barriga da tumbos y se retuerce, dejo esta miel del poeta mexicano Rubén Bonifaz Nuño
Qué llenará mis ojos, al abrirlos...
¿Qué llenará mis ojos, al abrirlos
desde el fondo del miedo; de qué trémula
boca salió la lengua que me lame?
¿Y habré de ver, si vuelvo la cabeza
de prisa, quién respira a mis espaldas?
Sólo de ácida sal, sólo preñada
acidez, mi bebida. Y lo que viene,
aquello que se acerca,
lo que camina en torno y embistiendo.
Cantando estoy, haciéndome
de valor con cantar bajo lo oscuro.
La pobreza, y el paso uniformado,
y el cartel de protesta.
Acaso inofensivo, acaso inútil,
no defensivo acaso. Y es un soplo
de burbujas quebrándose, un callado
grito de bestia bajo el agua,
un rescoldo de cuerpo que se ahoga.
Y suéltase la sangre convocada,
y su antídoto estrépito graniza,
crece por dentro de la oreja,
contra la mordedura de un silencio
que mata en tres segundos.
Bienvenido el que llega, si en las manos
tiene la sal augusta para el hueco
de mis cimientos despojados.
El caballo homicida, bienvenido
sea, con el galope mariguano
y la huella cuádruple hendida;
y el sueño adverso en orden de batalla,
y la saliva atroz que sobrevive
al suntuoso desorden del combate.
Y algo como el amor de mis hermanos
se despliega en mi contra, se abandera,
en contra mía prevalece.
Y lo que soy mañana, me recibe.
Y que sacie a quien lo necesite!
Comentarios
Besos
Besote y buen fin de semana.
Nina