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Por un camino de flores


Es importante pasar revista de las cosas aprendidas.

Hoy trataba de aprenderme unas palabras de otro idioma y entonces recordé que una buena regla memotécnica podía ser asociar estas nuevas palabras (que no se parecen en nada a mi idioma materno) con mi vida.

Busqué y repasé, anduve por corredores, pasillos, zaguanes, descubrí que mi vida poco tenía de emocionante y que curiosamente había olvidado casi todo lo que me había ocurrido en mis tiempos de adolescencia y juventud. No sé si fueron buenos o malos pero los momentos más vívidos para mi recuerdo son los de mi infancia, más específicamente, aquellos que pasé con mi abuela materna en mis vacaciones de coclegio.

(**) La infancia no sé si es importante o lo es todo, no me quiero poner freudiana pero suspongo que la mía define mucho lo que soy.

(**) Me pregunto cómo sería la infancia de aquellos que de adultos creen que son los reyes del universo, se la saben todas, tienen la verdad absoluta, la verdad no es Dios, son ellos porque están en todas partes, todo lo conocen y lo han experimentado, no saben ni conocen qué es la equivocación y la falacia ¡He conocido a tanta gente así!

(***) También he conocido gente humilde y buena cuya vida está lejos de ser maravillosa, han hecho de un pedazo de papel tualé de lija una flor especial, una rosa, como la de este jardín de Madrid que visité esta semana mientras me iba a leer un libro en inglés que se llama The Dog y es de la escritora sueca Kerstin Ekman, a quien no conocía, por cierto, y de quien leí la traducción al inglés. Veredicto del libro: Francamente prefiero leer clásicos del siglo XIX últimamente, no sé si me he vuelto decimonónica pero me las llevo bien con ellos.


Saludos

Comentarios

Winnie dijo…
Me gusta lo que piensas y estoy bastante contigo..La infancia hace mucho en las personas que luego llegaremos a ser....Un beso
Belén dijo…
Siempre es cuestión de ir aprendiendo... eso es buena

Besicos
sunny dijo…
h0la me gusto el contenido :) mucha suerte estare leyendo tu blog saludos :)





switsait.blogspot.com
Ophir Alviárez dijo…
Las cosas aprendidas nos hacen ser -en parte- aquello que somos y que de una manera u otra nos define. Diría mi abuela, de la que también guardo gratísimos recuerdos que de todo hay en la viña del señor y que lo más importante es reconocerlo y aceptarlo, aceptarnos.

Te leo, sonrío, me hago eco y agradezco la constancia y el buen rato.

Un abrazote y cariños,

Ophir
El Litos dijo…
mmmmmm, ¿pudiera ser el parque del oeste?

/ \
No, es el parque que está justo en la zona de Ventas, super bonito, deberías visitarlo.
Ynés María dijo…
tu infancia y mi juventud, Mari... Yo también estoy en esos recuerdos, seguro... Que Dios te bendiga siempre, como siempre...
Creo que fue Manuel Vicent ( o lo citaba de otro) quien dijo que la única patria que tenemos es la infancia. Es lo único por lo que, a veces, merece la pena vivir, por recordarla y ser dignos de ella.
Saludos
Anónimo dijo…
Querida, como siempre tu escritura me revela varias ideas. Primero, de la gente que se las sabe todas, me recuerda mucho al juego que hace Cortázar con los Famas. Los que poco saben, los que siempre cometen errores pero son buenas personas son los Cronopios. Yo me siento más como un Cronopio, aunque ande por la vida buscando saber y conocer las verdades. Nunca se llega a ninguna verdad, solamente el archisabido "lo único certero es la muerte".
Comparto el que te haya vuelto decimonónica; los escritores del XIX nos dejaron harto más que los contemporáneos, aunque una Woolf, un Joyce, un Thomas Mann o un William Faulkner siempre me abre el apetito por leer. El siglo XX, como es lógico, no se explica sin su pariente, el XIX. Aunque eso parezca verlos aislados, yo creo que están muy unidos, y creo que el puente que los une es el Realismo y el Romanticismo. El siglo XX destruyó al XIX, pero nos sigue encantando, emocionando. Hay que volver a Flaubert, aunque mi pasión por Conrad sea la misma de siempre, o más.

Un abrazo cálido y cariñoso,

Javi

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