
Estuve escuchando en el History Chanel que los siete pecados capitales se habían delimitado con Gregorio I quien, siendo papa de la Santa Iglesia Católica, ideó un artífice que estableció, a través de siete categorías, las maldades y malversaciones humanas. No sé si la expiación o el chisme podrían inmiscuirse en algunas de estos estándares (sino pregúntale a FACEBOOK); la Iglesia, que siempre se encarga de medir hasta lo inmedible, inmiscuye en el estándar de pecado cualquier cosa. Me han dicho algunas enteradas personas que tienen unos posticks clasificatorios (esto es un secreto, por favor) de escalas cromáticas infinitas, que ejecutan la función de etiquetar las actitudes, conversaciones, miradas, roces, fornicaciones, mentiras blancas, negras, amarillas, actos obscenos, frivolidades y picadas de ojo de cualquier mortal. Los posticks tienen censores de movimiento y de pensamiento, son asombrosos, y el servidor que los programa está en el vaticano, de hecho, los curas tienen un número secreto de agentes informáticos que identifica estas lavativas pecaminosas. Un pajarito me dijo que todos estamos siendo controlados por la Iglesia sin saberlo y desde ese entonces me he asustado una barbaridad: duermo con un ojo abierto y otro cerrado.
De cualquier manera, y viajando a mi nuevo continente, hay pecados que nacen de nuestros ancestros, inocentes seráficos de la lista de Gregorio I. Me refiero con esto a la historia del tabaco (objeto pecaminoso), que data 3000 años antes de Cristo. A decir verdad nuestros antepasados Incas fumaban de lo más tranquilos, ofrecían su caladita a los dioses y hasta se echaban humo en la cara, no para incitar sexualmente a las féminas, sino para darse valor antes de las batallas. Así estuvieron de lo más relajados hasta que los españoles llegaron y descubrieron que aquellas hojitas se podían fumar ¡Oh Sorprise! Trayendo como consecuencia que algunos, mejor llamados, conquistadores come flor, disfrutaran de sus veleidades y se quedaran obnubilados con ellas. El pobre Rodrigo de Jerez, un españolito con aspiraciones de yonqui, que se fumaba su cigarrito para hacer la digestión, pasó las de Caín cuando la Iglesia lo acusó de brujo metiéndolo a la cárcel. Así que, imaginen ustedes cómo la Iglesia siempre se ha metido donde no la llaman juzgando a la gente hasta por...fumar, de esta manera queda establecido que con sus prácticas censoras contradijeron a los Incas, unos sabios señores que sí sabían menear la vida.
Ahora, después de siglos sin querer recapacitar, fumar no es un motivo para penitencia, sin embargo, no se crean, estos posticks lo anotan todo y Dios tiene una computadora mejor que la de Bill Gates donde registra los emails que le manda el vaticano, incluso, los paquetes que, por débiles mortales, nos hemos osado fumar creyéndoos corderos, sufrientes y santos.
Comentarios
Si es que....hasta en la sopa.
Me gusto mucho tu blog y tu manera de escribir.
Un saludo!
El primero es muy divertido.
Besos.
o también "Huye del pecado, pero desacio para que te alcanze"
Hoy estás en mi blog XD.
Un Besote!
Saludos sin malos humos.
NO