
Pensé escribir hace unos días un post sobre mi inquina febril hacia cierta actitud que algunos amigos me profesaron al llegar a Venezuela. Nunca he sido de esas personas que a flor de conversación sacan a relucir sus logros académicos, los libros leídos, los viajes hechos, los lujos permitidos, las bondades de la pareja de turno. No me gusta, aparte me parece aburrido y turbio teniendo en cuenta que muchas veces, a mis ojos, quedas más por un charlatán que por una persona digna de admiración. Por la misma razón no puedo soportar que gente insolente y desprovista de cualquier brillo intelectual tenga que remarcar a diestra y siniestra sus orgullos académicos, mirándote con aquella suficiencia perdona vidas, montados en el pedestal de su ilusoria superioridad. Esta descripción de personaje no la hago ciertamente por mis malos amigos, aquellos que inconsciente (o conscientemente, ¿por qué no?) me odian; sino porque después de estar aquí dos meses, metiendo SOLO la barbilla en el mundillo académico, me he dado cuenta que todo es un revoltijo de egos exacerbados, junto con envidias y malas intenciones. Que he sido maltratada por mis malos amigos es cierto, que en mi más recóndito escondrijo han herido mi orgullo, cierto es también, que los perdono a todos es cierto, porque al fin y al cabo, he descubierto que una habilidad imprescindible de la vida es saber quién te quiere bien.
Comentarios
Un Besote
Le damos categoría de tal a personas que no lo merecen.
Eso creo.
Saludos.
Gracias hermosa Tarántula por pasar a visitar mi Patagonia. Cuando te canses del caraqueño no tienes más que ir para allá. Besos
Un beso muy grande de azpeitia
Un beso. Y las gracias por pasar por mi blog. Leeré otro post para ver que más hay.
Un saludo!
Me he cubierto de gloria.
Pero lo asumo eh!!!
Besos.
Saludos!