
Montada en el autobús de Rodovías, en mi viaje de Caracas –Cumaná, me atreví tímidamente a abrir la cortina de la ventana. En estos autobuses se prohíbe terminantemente abrir las cortinas, las razones que dan los que confeccionaron este reglamento son varias: En el día; el sol penetra directamente con la cortina abierta y termina haciendo un calor enorme a pesar de que el eficiente aire acondicionado (no se sabe cómo pero siempre están a -3) hace de las suyas. Si cualquier distraído pasajero osa entreabrir con las yemas de sus dedos un diminuto ángulo de la cortina, inmediatamente, un copiloto trajeado con un uniforme de aviador deslucido hace su aparición y regaña humillantemente al pasajero prohibiéndole que abra la ventana.
De noche la cosa se pone intensa, la razón principal es una modalidad de delincuencia que consiste en el lanzamiento de una piedra de grandes magnitudes hacia una de las ventanas del autobús en marcha, con esto se busca que el accidente haga detener al autobús y por consiguiente pueda ser atracado con suma facilidad. Esta regla prolijamente confeccionada (sólo en este caso) sirve para exhortar a los pasajeros desprevenidos a cerrar hermética y claustrofóbicamente las ventanas del autobús con el fin de preservar sus integridades físicas. De esta manera se manejan las reglas viajeras en cualquier autobús de rutas extraurbanas en Venezuela (mi querido país).
Era de día, yo no puedo con estas normas, abrí la ventana poco después de sentir el autobús en marcha y respirar con alivio pensando que el deslucido copiloto estaba distraído. Observé entonces la colección de ranchos en los cerros caraqueños. Vi las sábanas, miles, oreándose en las tímidas ventanas de bloques rojizos, todas de colores vivos propios del trópico. Pensé en cómo se debe de vivir lavando aquellas sábanas, trepada una en rancho de esos, cómo puede alguien subir esas empinadas escalinatas todos los días, llegando a las once de la noche de un perro trabajo, con cuyo salario apenas se puede comprar el detergente para lavar y la carne pellejuda y grasienta para mal comer. Cómo se puede vivir en la noche, escuchando el silbido de los disparos, cómo con el miedo, la rabia y la impotencia de sentirse inocente, huérfano y tener que aceptar un destino (¿Es que hay otra forma de vivir?) no elegido.
Entonces el autobús pasó Guatire, Guarenas, y siguió adentrándose en las carreteras mirandinas, miraba entonces por la rendija de la cortina el escenario rural, sábanas y ropa vieja dispuestas en extensas cuerdas alargadas en los patios pobres, llenos de perros flacos, sillas viejas. Solo una palabra se me vino a la mente: deterioro con todos los recursos, con toda la bonanza genética territorial. Deterioro; social, urbano, moral, educativo; deterioro. Tal vez hubiera sido mejor que nunca hubiéramos tenido las cosas fáciles, tal vez la historia nos dé un castigo y nos haga aleccionarnos, tal vez seamos demasiado jóvenes en tradición, tal vez no hemos aprendido.
Comentarios
Tal vez un día alguien que también la abra le sirva de inspiración.
Tal vez eso ya pasó.
Pero casi siempre lo que veo me gusta..
Me agrada ver las casitas de colores.. los comerciantes ambulantes, las curvas peligrosas , el aire a ciudad, a campo a tierra..
Solo veo a mi gente a mi pais, pobre rico, desiguales.. pero es algo nuestro..
Que estes bien..
abrazos.
Tropezamos y decimos "la próxima vez, tal vez", pero la próxima vez es igual.
Es una lástima, con tanta belleza derramada.
Y por supuesto que no hemos aprendido; parece que nadie lo ha hecho.
Un beso
El subdesarrollo (detesto la palabra) no es superable. Un siglo de renta petrolera, centenares de miles de kilómetros de suelo cultivable y constituciones favorables a la causa democrática han creado más vicios que virtudes.
Pero uno más adelante se abstrae en esas llanuras fronterizas con el mar, por las que discurre la carretera...
Siempre habrá quien prefiera ver lo que imagina, sin siquiera cotejar la realidad.
Beso, Nos estamos leyendo.
Saintterriens.com.ar
El 80% de nuestra patria es lo que viste por esa hendijita, en las capitales s mucho peor.
Se agradece un poco de sensibilidad social
besos
Me encontré con esto...
El conocimiento no es más que un atrevimiento, hacen falta más sin verguenzas en el mundo.
Anda, pásate por mi blog si tienes tiempo (Que de paso comunico no te llego a los tobillos, mas intento crecer como escritora):
lapuertalateral.blogspot.com