
Cuando descubrí este extraordinario libro, vivía en Caracas y sabía muy poco de la vida. Era un persona inocente (aún), tenía más amigos que ahora y pensaba que la muerte era lo único que nos igualaba a todos (yo estaba convencida que el mundo era una bacinilla putrefacta con caca).
El libro me fue regalado y recomendado con bastantes aspavientos; se me obligaba prácticamente a leerlo en ese mismo instante puesto que: “había sido conseguido en un remate, por pura suerte de la vida…”. Como la edición era sumamente humilde---papel de prensa; un cartón débil, escueto; color chillón y un dibujo difuso en la portada--- no me llamó la atención ¡qué ignorante era! Sin embargo, pese a mi indiferencia, la insistencia de mi padre fue tal que decidí abordarlo en un viaje en autobús Cumaná- Caracas: Y ocurrió entonces mi revelación.
El señor Meursault se transformó para mí (una adolescente de 18 años) en alguien extraordinario que sabía mucho de la vida, aún y cuando sus valores fueran totalmente extraños y los resultados de su conducta, desastrosos; era un hombre acorde con el verdadero sentido de la existencia, alguien que podía ver más allá, que había internalizado lo que de verdad significaba vivir, que sabía de qué se trataba la mecánica del mundo, del universo e incluso de Dios.
El señor Meursault me desnudó la vida como cuando de un trancazo se corre la sábana para dar paso a una desfachatada y monstruosa escultura. Yo terminé el libro, llegué a Caracas y seguí pensando en el señor Meursault; vi el cielo lleno de luces, aquellos nacimientos trepados en los cerros; escuché los disparos en las noches de Catia, me levanté temprano, asistí a clases, hablé con mis amigos; comí lasaña y mientras hacía todo esto, siempre, pensaba en el señor Meursault. Por momentos lo envidaba, me parecía un ser listo, despojado de todas las emociones terribles de la vida. Le tenía rabia porque a él no le importaba la muerte como a mí. El señor Meursault sabía que no importaban las injusticias, que no importaba nada de lo que sucediera porque en realidad todos somos un trámite entre el nacimiento y la muerte.
Ahora, luego de casi 12 años de eso, volví a recordar a Meursault y decidí inmediatamente volver a leer este maravilloso libro de Albert Camus. No tenía la novela, la había prestado presa de un arrebato de emoción por mi descubrimiento (por supuesto, nunca me la devolvieron); la busqué entonces en internet.
Recorrí sus páginas de manera distinta a como lo hice en aquél viaje en autobús. En el fondo, ya había conocido en mi vida a algunos señores Meursault. Me pareció que el hombrecillo argelino seguía siendo un héroe, pero también como héroe-mártir- inocente--- por poseer el don maldito de la absoluta capacidad para ser sincero--- era un ser peligroso y amenazante. Ese ello solapado que se destapa en la conducta de Meursault fue, a mi modo de ver, una forma de descubrir nuevamente ¡Sí, una vez más! que somos todos peligrosos en esencia. Sin embargo, Meursault (ahora que lo veo) jugó un papel de anticristo en donde todos eran supremamente más blasfemos, hipócritas, incongruentes, crueles y absurdos que él. Y mientras leía y leía admiraba con cada palabra más y más a Camus, me daba cuenta de su genio, del poder de la palabra y de lo hermoso que es despertar a través de sus líneas el espíritu de admiración por la literatura. Quise que mis alumnos lo leyeran y ellos también se emocionaron como yo volví a hacerlo, fue realmente mágico infundirles mi emoción y contagiarles el interés por la historia, el personaje, la filosofía y la literatura: Nada hay más hermoso para mí que eso.
Comentarios
leí creo que todo, al menos los imprescindibles, pero luego de leerte me apetece volver.
y comparto tus aspavientos y los de tu padre, a mí también me emociona mucho poder compartir, por eso creo que ademas de terapeuta he sido docente.
no conocer a los 18 años a tu estimado no es de ignorantes, el 80% y aseguraría que aun más de los adultos venezolanos no tienen ni idea.
Te tocará pasar a La Peste, otra maravilla.
La verdad es que me hizo mucha gracia tu manera de percibirlo, creo que debe haber sido similar a la mía.
No entendí lo de la conección, pero lo que sí te puedo decir es que mi dialup está muchísimo pero, y al parecer ABA colapsó para los dichosos que la tienen.
Con suerte puedo visitar entre ninguno y 5 blogs por día.
Vuelvo en segunda ronda a ponerme al día
un abrazo
No formó parte de ningún trabajo, pero cambió mi modo de ver la vida.
Lamentablemente, nunca pude llegar a ser un Meursault aunque alguna vez lo quise.
Yo también le daría esta novela de Camus a mis alumnos.
Y me sentiría muy honrado que los tuyos leyeran mis escritos.
Gracias por tu comentario, pero creo que quedó incompleto, me ibas a dar un dato que podía interesar, ¿qué sería?
Bueno si tu conxión te lo permite, escríbeme.
Un abrazo.
Saludos cordiales.
Mi correo es negrisss007@hotmail.com, y mariaelisss@yahoo.es. Envíame la información a cualquiera de los dos, o mejor, a los dos.
Un abrazo.
Impecable y negra.
besos
musa
Un saludo!!!
Tù lo logras. Volverè a leerlo y me acordarè de ti.
Es un buen libro. Vale la pena darle una segunda lectura y estoy segura que la mirada serà diferente.
Abrazos.
Me gustó tu lectura. Camus es para mí el esposo ideal, como diría Sontag (eso está, creo, en Against Interpretation and Other Essays). Él es un pilar fundamental en mi escritura, en mi vida. El ensayo El mito de Sísifo no te lo puedes perder.
Un abrazo,
Natasha