
La historia de Jimena es simple: una mujer nació en una familia castradora padeciendo, por años, la terrible angustia de sentirse una abúlica, frígida e insípida solterona. Jimena nunca quiso verse allá abajo; no quería constatar que su sexo, tantas veces imaginado y comparado con el de otras solteronas, podría estar arrugado como una pasa.
Cuando la madre murió Jimena no quiso llorar, en el fondo, ante el duelo, había sentido cierta cosquilla de placer en la parte baja de su vientre, un ligero ardor en los labios inferiores, un encrespamiento y una lava que caía sin querer, que estaba allí, fangosa, moviéndose en la espesura de sus adentros. Había muerto su madre y por primera vez Jimena se atrevió a reconocer un deseo, unas ganas grandes de que algo la poseyera, o alguien.
Guardó luto cerrado por un año mientras practicaba en la soledad de su casa las distintas formas de divertirse con lo prohibido. Gimió, sus manos habían lamido, hurgado, tocado; se habían retorcido de amor y para su sorpresa, aquella vulva arrugada tenía sensaciones antes desconocidas para ella. Cuando hubo sentido aquello sin creer que era pecado; salió desesperada por la calle, miraba, olía el sudor de los hombres. Comprendió entonces que la tarea no sería fácil; no quería que fuese cualquiera, tenía que gustarle. Jimena se convirtió en un animal a la espera observando siempre el estímulo específico que pudiera llevarla hasta su propósito. Ella tenía esa certeza en el corazón: iba a suceder, lo sabía.
Y apareció él; atento, amable, colaborador. Era casado pero eso no tenía importancia para Jimena, no estaba interesada en tener una vida con alguien ¿Para qué? Él la miró con ojos sudorosos, ojos de deseo, constató que el culo aún estaba en buenas condiciones; ella captó la señal. Cuando llegó el ansiado momento él la trató con paciencia, comprendió su situación. Ella jadeó, se contorsionó, se abrió como una flor, sus manos se crisparon, sus pechos fueron manoseados, por primera vez. Terminado todo sintió que aquella nube densa, poblada de infinitas partículas de prejuicios estaba disipada. Se había quitado miles de toneladas que pesaban en su vulva y que reclamaron desaparecer desde su más tierna adolescencia cuando, incólume, las había acallado; primero con miedo, luego con amargura.
Se sentó en un sillón y buscó en su cajón escondido un cigarrillo que había reservado durante años para aquella ocasión. Lo encendió con avidez y se quedó pensando en su sexo húmedo mientras veía las matas de mango que poblaban el patio de su casa. Al cigarrillo le dio una calada y dos; la sensación de mareo era insignificante, estaba feliz. El aire estaba quieto, todo en silencio; entonces Jimena pensó en su madre, en su cara amancillada, en su diminuta boca apretada como un puño, siempre. La recordó largo rato muerta con los ojos cerrados detrás del cristal del féretro. El cigarrillo se acababa y Jimena apuró la calada para aprovechar el residuo antes de que llegara al filtro, advirtió que a pesar de todo seguía feliz. Estaba muerta, muerta, muerta. Y repitió esto largo rato hasta que cayó la tarde y el cielo fue pintándose de rosado amarillento, para luego oscurecerse y quedar azulado.
Comentarios
Pues chapeau!
Que abandone el cigarrillo asesino -¡habiendo mangos cerca!-, que se agarre muy fuerte al placer.
Grandes cambios en la telaraña.
Seguramente Camila me caería muy bien.
Pues Debussy también, lo que quise decir con Chopin fue que lamentablemente con la proliferación del reaggetón, el vallenato y demás géneros por el estilo, Chipin es realmente un bálsamo así como Mozart, Debussy, Coleman Howkins, Billy Holliday, John Coltraine, etc.
Julián:
No usaron, ella estaba perdiendo su virginidad y no sabía nada de eso del VPH, SIDA o la sífilis. Ya luego se iría poniendo a tono.
María Inés, este cuento tuyo es magnífico... Tienes talento, mucho talento, y será un placer volver por aquí para seguir leyéndote.
Un beso
A ratos recordé el monólogo de Luis Fernández: "No eres tú, soy yo"
Un beso.
Por siempre.
Leonardo.
Y yo con él. Gracias por eso.
Un abrazo
musa
Y bien por vos, por este cuento magnífico.
Un abrazo, Tarántula (tanto tiempo!!!!!).
:)
Te felicito, María Inés. Tu talento literario es innegable. Te deseo mucha suerte, en verdad.
Saludos cordiales
Gracias por tu elogio a mi cuento corto, he tenido conexión mala (esto va para todos) y se me ha hecho difícil comentar porque siempre escribo y escribo y se me cae la red.
Sabes que cada vez que veo tu nombre en mi buzón de comentarios me alegro muchísimo. Tu opinión vale mucho para mí, gracias de verdad. Por cierto ¿Qué tal el monólogo de Luis Fernández? No lo he visto, pero he leído ciertas opiniones.
3Musas:
Gracias, viniendo de ti el elogio pues claro que me siento halagada.Soy admiradora de tus escritos y de tu blog.
Arcángel:
Pues va lo mismo que lo que le dije a 3musas. Gracias por pasarte...
Oscar:
Un millón de gracias por tomarte el tiempo de escribirme esas palabras tan hermosas sobre mi cuento. De verdad has hecho que se avive un poco la fe que tenía perdida en lo que escribía. Gracias.
Anónimo:
Pues ¿Quién eres? Saludos cordiales para ti también.
Un abrazo.
Gracias.
Hay que liberarse de los Castradores.
y volar.
Buen cuento.
Abrazos
sige escribiendo
t
Si quieres participar...
Ahora que las musas COBRAN por sus derechos intelectuales, mucho viejo y ardido pirata comprenderá que algo huele mal en DinaMarca.
Te sugiero la lectura de mi poema estrafalario:
http://veintesonetospornograficosyunapasión.blogspot.com
Ahí verás que la Jime no es tan ingenua como parece.
Lu