
Al menos, los primeros requisitos podía cumplirlos. Debía en primer lugar escalar un alto muro. Éste debía ser mayor de cinco metros. El hombre buscó en su memoria dónde podía haber un muro cercano con esas características. No lo hallaba. Pensó de pronto en aquél bar donde todo era verde: las paredes, las sillas, las mesas, las botellas, el traje del barman, el de las camareras, el piso, los baños. Allí había conocido a un hombre muy bien vestido y gordo que le había hablado de un muro muy alto que no había podido saltar. Le había contado la aventura; él y sus amigos cuando eran muy jóvenes se habían decidido por brincar aquél muro para probar su valentía. Pero la fuerte estructura de cemento los había vencido, no sin antes dejarles a todos ellos costillas rotas, muñecas fracturadas, brazos escayolados. El hombre pensó entonces que él si podría saltarlo, esta vez sí. Buscó en su memoria las señales geográficas que él hombre gordo del bar le había dado en aquél momento. Recordó que estaría a tres kilómetros del pueblo, rodeando una antigua y abandonada fábrica de papel. Decidió saltarlo aquella misma noche. Se armó con su mochila, su equipo de escalada y se decidió a cumplir su primer requisito, tal como lo decía el libro mágico.
Comentarios
Supongo que continuará ¿o no?