
Las escaleras suben, o bajan, son absolutamente ambiguas, a veces enfurecen: como la vida.
Los tramos de colores, los sueños, las escaleras.
Las escaleras suenan con los tacones que se golpean y resuenan, y luego, muere el ruido intermitente, y quedan allí.
La vida sube, baja, y esta allí, hasta que se acaba, se finiquita y dice adiós.
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